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Relato: Me encanta trincar culos gordos (02)





Relato: Me encanta trincar culos gordos (02)

Me encanta trincar culos gordos. (2)


Por Lado Oscuro 4
.



Esa mañana llegué temprano a la playa para ver si podía
entablar conversación con un señor gordito con un hermoso culo que se me había
puesto entre ceja y ceja. El problema era que este hombre solía estar rodeado de
su familia. Yo iba a tener que idear algo para llevármelo a algún lugar aislado
y cogerle el culo.


No habían llegado a su carpa. Así que decidí dar una caminata
por la playa, para estirar las piernas y respirar un poco de aire marino. Y me
encaminé en dirección sur. Las playas de Necochea son extensísimas y se extiende
hasta Comodoro Rivadavia, lo cual es decir por cientos de kilómetros. Cientos de
kilómetros de playas desiertas.


Apenas había iniciado mi caminata, cuando veo lejos adelante
un gran culo enfundado en unos jeans ajustados. Apuré el paso. A unos diez
metros por detrás pude apreciar mejor ese soberbio culazo. Era una chica tipo
boliviana, bajita, morena, de piel oscura y más bien gordita. Pero su culo era
decididamente un culo gordo. Tremendo.


La chica, como advertida por un sexto sentido, dio una breve
mirada hacia atrás. Detectandp mi presencia. Llevaba el cabello cortito,
acentuando la bonita femenidad de su cabeza. Caminaba arrastrando los pies de un
modo sensual, pues a cada paso su espléndido trasero enfatizaba su atracción,
como diciendo "mirame, ¿te gusto?" Era un andar de puta.


Y así seguimos, siempre a la misma distancia, yo viéndole su
gran culón y ella ostentándolo como una zanahoria ante mis narices.


Ya nos habíamos alejado bastante de la zona de carpas, cuando
ella hizo algo insólito. Se bajo la cintura elástica del jean hasta debajo de
las nalgas, y siguió moviéndose con un provocador desenfado. En cada paso sus
tremendos glúteos se movían impúdicamente capturando mi atención. Todo ese
espectáculo era obviamente en mi honor. La muy puta me estaba mostrando su gordo
y bien formado culo moreno al aire, como diciéndome "es para vos, vení nenito".
La lúbrica situación me había hecho parar la pija. Y cuando la buscona volvió la
cabeza para echarme una mirada que parecía decir "¿te gusta lo que te estoy
mostrando?" acorté en unos cuantos trancos la distancia que nos separaba y me
puse a la par. Ella me sonrió desenfadadamente. "¿Te gusta pasear por la playa?"
"Si me encanta mirar el paisaje". "¿Ah sí?" había captado la segunda intención
(que era en realidad la única) de mi comentario. "Yo conozco un lugar en el cual
vas a poder disfrutar del paisaje..." "Y ¿es lejos?" "No, ahí detrás de esas
dunas" señalándome unas enormes dunas que, a un costado de la playa, tapaban el
horizonte. Nos fuimos encaminando hacia ellas. Yo no podía más por la calentura
que me provocaban tanto la situación como ella. Tenía unos atractivos ojos
negros y una linda nariz, pero lo que me enloquecía de ella era su boca, gorda,
carnosa, un poco en trompita. Su piel morena se continuaba en un cuello
maravilloso que desembocaba en un pecho cubierto por su blusa blanca. No parecía
tener grandes tetas, pero la exhibición de culo al aire seguía y yo estaba a
mil.


No pude más y mientras íbamos hacia la duna le empecé a meter
mano en el culo. Era tal como prometía, gordo suave y lujurioso. Ella se dejaba
manosear los glúteos como si tal cosa. Y en un momento, poniéndose frente a mí,
me dio un beso de lengua, mientras su mano me apretaba la garompa. Ya no dábamos
más y trepamos la duna ferozmente hasta estar del otro lado. El lugar era
apropiadísimo, ya que estaba entre dunas que bloqueaban totalmente el acceso
visual. ¡La muy puta se lo conocía muy bien! ¡Quién sabe a cuantos había llevado
hasta ahí la muy atorranta! Pero a mí tenía atrapado con su sensualidad, su
desenfado promiscuo y sobre todo con ese tremendo culo que no solo me venía
mostrando, aún sin conocerme, sino que me venía dejando magrearlo a mi gusto.


Y ella sabía que me había atrapado con su culo. Me sacó la
pija afuera, "¡Qué hermosa poronga, nene...!" me dijo con voz ronca mientras me
la apretaba en forma acariciante. "¿Querés metérmela en el orto?" me dijo con
voz ronca. Y dándose vuelta me ofreció el culo que sobresalía como un fruto
impúdico por afuera de sus jeans bajados. Mis ojos no alcanzaban para recorrer
toda la superficie de ese espléndido culo moreno. Guió mi nabo hasta la entrada
de su ojete. "¡Dámela así, con el jean apenas bajado, como me veías el orto
cuando venías detrás de mío...!" Yo había comenzado a meterle mi tranca, y ella
lanzó un jadeo de placer. Era un ojete cálido y apretado, pero no imposible, se
notaba que había sido bastante transitado. Era un orto decididamente abierto,
pero que se agarraba a mi barra con entusiasmo. Ella gemía, enloquecida de
placer. Y yo le daba al serrucho, extasiado por la lujuria que me provocaba esa
mujer tan putona. No tardé mucho en sentir que la leche subía imperiosa por mi
tranca y salía para inundarle ese maravilloso orto. Ella acabó al unísono entre
troncos gemidos y jadeos. Nos quedamos así, como dos perritos, mientras su culo
seguía estremeciéndose con apretones que terminaron de sacarme hasta la última
gota. "Quedate así" me pidió, "quiero seguir sintiéndola adentro..." Y yo no
tenía ningún apuro por salir, así que se la dejé enterrada en el culo.


Las paredes internas de su ojete continuaban haciéndome un
suave masaje, que le fue devolviendo la rigidez, pero ella no apuró la cosa.
Siguió con su dulce masaje hasta que empecé a mover el nabo nuevamente. Al
principio lentamente ¡Qué manejo del orto que tenia esa yegua!, y poco a poco
empecé a moverla con más entusiasmo "¡Así, mi nene, volvé a cogerme el
ortito...!" Mi barra entraba y salía de ese maravilloso culo, cada vez más
rápido. "¡Qué ímpetus mi macho...!" "¡me la estás haciendo sentir hasta la
garganta...!" Y yo continué recontracogiéndomela entregándole toda mi lujuria.
Habré estado serruchando por cosa de veinte minutos, hasta que le lancé todos
mis chorros que ella recibió separando sus nalgas con las manos para sentir una
mejor penetración, que mi tranca aprovechó enterrándose hasta frotar su ojete
con mis pendejos. Estuvo saltando dentro con cada chorro y ella acogía cada
pulsación con gemidos de placer.


Caí sobre la arena exhausto, con mi nabo todavía gordo pero
ya vencido, sobre mi estómago.


Entonces ella se dio vuelta, y ya de pié frente a mí terminó
de bajarse los jeans dejando ante mi vista un gran choto bien parado -¡me
había cogido a un travesti!-
"¡No te asustes, papi, que no te la voy a
meter! ¡Solo quiero que me la chupes un poquito..! Me lo merezco ¿no?" Y
arrodillándose con una pierna a cada lado de mi pecho me puso su bamboleante
nabo frente a mi boca. La verdad es que se veía y olía tentador. Y yo me dije
"tiene razón, en verdad se lo debo..." y abriendo la boca le di un lengüetazo en
la punta del prepucio que rezumaba líquido lubricante. Y la englullí hasta
abarcar todo el glande a través del prepucio. ¡Mmmmhh...! me encantó el sabor. Y
empecé a darle a la lengua y agarrándole la tranca con la mano le fui dejando el
glande al descubierto dentro de mi boca. "¡Ahhh, que maravilla mi nene! ¡Se ve
que te gusta chuparla!" Y empezó a cogerme la boca. Yo con mi mano agarrada a su
grueso fierro se lo mantenía apretado, evitando que me llegara hasta la
garganta. "¡La de vergas que te habrás chupado, corazón...!" me decía desde su
posición dominante. ¡Como se habían invertido las posiciones...! Bueno, que me
llenó la boca de su espeso semen que tragué como pude, mientras seguía
succionándole el nabo. Hasta la última gota. Él me la dejó en la boca y yo se la
seguí chupando suavemente, lamiéndolo con gusto. Cosa que se le volvió a parar.
"¡Ahora sí!, quiero que me des el culo, no te asustes que te lo voy a hacer con
suavidad y cuidado...! ¡Pero que te lo voy a hacer, te lo voy a hacer, de esta
no te escapás!" Y me puso en cuatro patas.


Yo sabía que nadie nos podía ver y nadie me podía salvar de
ese travesti decidido. ¡Quién sabe a cuantos incautos se habría culeado entre
esas dunas...! Así que me entregué a mi destino, dominado por lo imperioso de su
deseo. "Sé suave, por favor..."



Cuando volví a la zona donde comenzaban las carpas, tenía el
culo bastante dolorido y lleno de semen que me iba chorreando. Pero me sentía
muy satisfecho, ya no tenía nada que temer...


Al pasar frente a la carpa del señor del hermoso culo gordo,
vi que estaba rodeado de su familia. Los saludé con un gesto de mano y seguí mi
camino. "Tendrá que ser otro día..." pensé con resignación.



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