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Relato: Mi amiga Beatriz, embarazada



Relato: Mi amiga Beatriz, embarazada

Beatriz es una amiga mia de hace tiempo. De siempre nos hemos
llevado muy bien en todos los aspectos, aunque, curiosamente, no tuvimos
relaciones sexuales hasta 3 o 4 años después de conocernos y además, de un modo
muy casual. Pero no nos enrollamos, simplemente seguimos siendo amigos con un
punto más de intimidad. Hace 5 años conoció a un chico y al poco tiempo
decidieron irse a vivir juntos. Seguimos quedando, a veces con él y a veces sin
él. Y, en estas veces, hubo ocasiones en las que surgió echar un polvo. Yo no sé
si él lo sabía o no. Mi amiga es ella, y, aunque me llevo bien con Augusto,
siempre he pensado que su vida debía llevarla ella como le diese la gana.


Últimamente hablábamos por teléfono o por email, pero parecía
no querer quedar conmigo en persona, o si quedábamos era con la presencia de
Augusto. Hasta que me enteré de que estaba embarazada. Así que un día la llamé
para felicitarla y le dije que quería verla en su nuevo estado, antes de que
tuviese al niño o a la niña:




Vale, pués mira esta semana voy a estar un poco liada,
asi que te llamo la semana que viene, a mediados, ¿de acuerdo?


Muy bien, hablamos entonces la semana que viene.




Y me llamó:




Hola, soy Beatriz.


Hola, ¿qué tal?


Bien, ¿y tú?


Bien tambien. ¿Qué? ¿Cómo quedamos?


¿Me invitas a un café en tu casa?


¡Claro! ¿Hoy?


Si. Sobre las 4,30 o 5,00 estoy ahí


De acuerdo. ¡Tráete al niño!.


Ja, ja. No te preocupes que no se me olvida. Hasta luego


Hasta luego.




Llegó puntual. Estaba ya de casi 7 meses, así que su tripa
era bastante evidente. Nos saludamos con un par de cariñosos besos en las
mejillas. Estaba muy guapa, llevaba un vestido suelto algo ceñido bajo los senos
que, por cierto, estaban tremendos; y que le llegaba hasta algo más debajo de
las rodillas. Era verano y hacía calor, así que el vestido era de una tela muy
ligera, pero no transparente, aunque podía adivinarse sin mucha dificultad que
no llevaba nada debajo, salvo unas bragas, tal vez. Su pelo rubio, sus ojos
azules y su piel blanca, algo sonrosada en los mofletes le daban una apariencia
de niña aún más acusada que de costumbre.


Nos sentamos en el sofá y serví el café. Hablamos de muchas
cosas, de nuestras vidas y tocamos el tema "sexo durante el embarazo". Beatriz
siempre ha sido una chica que no se lo piensa dos veces, quiero decir, que le
gusta mucho follar. Me dijo que era un poco más incómodo pero igual de
placentero. Ella seguía teniendo las mismas ganas y Augusto igual. Hablamos de
posturas y de los cambios en su anatomía. En un momento dado le dije:




¡Enséñame la tripa, anda!




Se me quedó mirando, como indecisa:




Lo que pasa es que, ¡con este vestido...!




Dijo dudando y como imaginándose la situación. En un instante
bajó la vista al suelo y, recuperando la sonrisa, me volvió a mirar con unos
ojos algo pícaros, al tiempo que comenzaba a levantarse apoyándo una mano en mi
rodilla, que terminó en algo parecido a una caricia. Sin dejar de mirarme ni de
sonreir, y ya de pié frente a mí se quitó los zapatos con los pies y, levantando
los brazos me dijo:




¿Me ayudas?


¡Claro!




Dije con algo de sorpresa, y levantándome. Quedé de pié, a su
lado y muy pegados. Ella no se separó, seguía brazos en alto y manteniendo su
vista fija en mis ojos, como si no quisiera perderse ni un detalle de las
expresiones de mi cara. Me agaché un poco para agarrar la parte de abajo del
vestido y empecé a subírselo despacio, rozando sin querer la parte externa de su
muslo. Al llegar a la parte de la cabeza fui con más cuidado y mientras su cara
quedó tapada en la maniobra eché una rápida mirada a su cuerpo desnudo,
especialmente a sus pechos, que, con los brazos aún levantados aparecían
espléndidos; y a su inmensa tripa, ¡como no!


El vestido salió del todo. Movió su cabeza para reordenar un
poco su cabello rubio y bajó sus brazos para recoger su arrugado vestido y
doblarlo de manera que se arrugara lo menos posible. Yo mientras la observaba
inmóvil. Sólo vestida con una braguita muy fina de algodón blanco, que le tapaba
bien sus nalgas y el pubis, aunque la mata de pelos se dejaba ver con la
transparencia. De lado y agachada mientras dejaba el vestido en el sofá, sus
tetas y su tripa seguían siendo lo más notable en los cambios de su anatomía, si
bien sus muslos estaban tambien más rollizos, pero no obesos sino tal vez ahora
en su punto justo de volumen. Lo demás permanecía como siempre: su piel blanca y
suave, con algo de color ahora por el sol del verano; su pelo liso y rubio,
suelto y cayéndole hasta los hombros, sus manos delicadas y de cutis perfecto,
con unas cuidadas uñas sin pintar, sus redondos hombros, en fin, una mujer de lo
más atractiva...


Se volvió hacia mí. Me indicó que me sentara y acercó su
tripa a mi cara, metiendo una de sus piernas entre las mías y apoyándose
tiernamente en mi cabeza. Me miraba sonriente y con dulzura, pero sin
desaparecer del todo ese toque pícaro.




¿Qué te parece?


¡Qué pedazo de tripa!




Lo dije con admiración pero sin que pudiera parecerle una
grosería. Ella abrió más su sonrisa y casi riendo y acariciando mi cabello me
dijo:




¿No vas a tocarla?




Levanté la mano lentamente y ella, con su otra mano, me la
llevó a su vientre. Yo me dejé hacer. Me restregaba suave y lentamente la mano
por todo su embarazo, en círculo primero, hasta casi tocar sus pechos por arriba
y sus braguitas por abajo. Esos roces me empezaron a disparar mi miembro y, con
la ropa que llevaba puesta, el tema se hizo bastante evidente, apareciendo bajo
mi pantalón de deporte un bulto bastante notable. Ella seguía con sus caricias
y, en un momento dado, paró su mano y dijo:


- ¿Lo has notado?




¿El qué? Dije algo sorprendido.


¡Se ha movido! Me miraba abriendo sus ojos todo lo que
podía


¡Ahora sí! Es verdad, se mueve.


¡Ven, pon la oreja! Dijo llevando mi cabeza hacia su
tripa.




Le agarré por las caderas. Su piel era muy suave en todo su
cuerpo y estaba cálida y como agradecida de cualquier caricia. Ella me mantenía
agarrada con sus dos manos mi cabeza y, en un momento dado, comenzó con una de
ellas a acariciarme el pelo, apretándome, al mismo tiempo, contra su vientre.
Era una caricia tierna pero tambien excitante. Yo empecé, a su vez, a acariciar
tambien sus caderas con mis manos, justo por donde pillaba la parte superior de
las braguitas. Lentamente giré la cabeza y le dí un beso muy sensual, casi con
la parte interna de mis labios, en el lugar dónde antes estaba mi oreja. Ahora
eran sus dos manos las que, más que acariciar, me revolvían el pelo; mientras
las mías seguían recorriendo ahora todo el elástico superior de sus braguitas
por la parte de atrás.


Mis besos seguían y empezaron a extenderse por su barriga,
sus manos recorrían ya sin pudor toda mi cabez, hasta la nuca y hombros. Oí el
primer tímido y ahogado jadeo. Su respiración se aceleraba rápidamente y la mía
también. Mis dedos penetraban ya poco a poco las braguitas y mis manos, ya en su
interior, empezaron a masajear sus nalgas. Al mismo tiempo mis labios fueron
bajando hacia el pubis. Lentamente le bajé las bragas hasta el suelo. Ella
levantó una pierna y luego la otra y las dejó algo más separadas que antes,
mientras yo agarraba las braguitas y comprobaba lo empapadas que estaban.


Por fin acerqué mi boca a su chocho al tiempo que mis manos
masajeaban intensamente las nalgas y el ano. Los labios mayores estaban
chorreando y empecé a chuparlos y lamerlos. Eso le provocó el primer gemido y
empezaron a temblarle un poco las piernas. Yo le sujetaba por detrás y empecé a
pasarle un dedo por el exterior del ano, dejando que entrara un poco de vez en
cuando. Esto era ya demasiado. Casi se me derrumbó encima, pero pude sujetarla
bien y cambiamos de sitio. Se sentó casi con el culo en el borde, dejando su
agujerito libre para manipulaciones. Estaba jadeando, con los ojos semicerrados
y una cara de auténtica satisfacción. Yo, ya de pié, aproveché para,
rápidamente, quitarme la poca ropa que llevaba y quedarme totalmente desnudo,
como ella. Me vió y acertó a decir:




¡Eres un pillo! Mira como me tienes...


¡Y tú una zorrilla!




Nos miramos con cara de buen rollito y nos besamos en la
boca, en uno de los besos más lascivos y excitantes que recuerdo.


Le agarré de las piernas, se las subí por encima de mis
hombros y me hundí en sus jugos vaginales. Le empecé a chupar y besar los labios
y el clítoris, le pasaba la lengua muy despacio por todo el exterior de su
vagina y terminaba dándole un pequeño masaje con la punta de mi lengua en el
clítoris. Estaba todo húmedo, tierno y caliente. Ella, inmóvil y con los ojos
cerrados, gemía y me animaba a seguir. Mi mano derecha había agarrado con fuerza
una de sus nalgas y la amasaba una y otra vez, movimiento que, a juzgar por sus
jadeos, parecía gustarle bastante. La otra mano estaba dedicada al su agujero
anal. Había empezado dándole un masaje circular con presión con mi dedo corazón
sobre el esfinter, aprovechando la lubricación de sus jugos vaginales. El gusto
que le estaba dando estaba relajándola rápidamente, haciendo que el dedo la
penetrara, pero siguiendo con el movimiento circular, ahora ya en su interior.
Ella seguía gimiendo, jadeando, rogándome :




¡¡Sigue así por favor!!


¡¡Si!!, ¡¡si!!, ¡¡¡Ooohhhh!!!!




Empezó a moverse compulsivamente, mi lengua penetró en su
vagina, saboreando su salado y sabroso jugo y mi dedo avanzó hasta el final en
el ano. Fue suficiente para provocarle un sonoro orgasmo:




¡¡¡Aaaaaaahhh!!! ¡¡¡Aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!!


¡¡¡Ouuuuuufffffff!!!!!! ¡¡Aahh!! ¡¡Aahh!! ¡¡Aaahh!!!




Me tiraba del pelo y sus piernas temblaban
descontroladamente. Imaginé al feto preguntándose que estaba pasando y pidiendo
el libro de reclamaciones y le hice un comentario al respecto que le hizo
cambiar los gritos por un ataque de risa.


Con sus piernas ya en el suelo la volví a besar. Estaba
entregada y feliz. Me senté a su lado cogido de su mano. Me miró y me volvió a
besar. Me dijo:




Eres un gran amigo y te quiero.


Gracias preciosa. Vas a tener el niño más guapo y más
salido del barrio.


La niña, querrás decir..




Bajó la vista a mi pene, que estaba todo tieso y excitado.




Pero bueno, ¡tú no te vas a quedar así!




Lo agarró con la mano del prepucio, lo meneó un poco y al ver
la potente erección que tenía bajó su cabeza y poniéndose de lado, para que no
le molestara su barriga, se lo introdujo en la boca.


-¡¡Oooohhh!! ¡Qué bueno, tía!


Para cualquier tio la sensación de una mamada es
impresionante, sobre todo si te la hacen con la suavidad y el cariño de ésta.
Sus labios bajaban y subían lentamente por una polla que casi le llenaba la
boca, mientras con una mano la sujetaba de la base y con la otra me acariciaba
los testículos. Saboreando el placer, le acaricié el pelo con una mano y se lo
recogí por detrás de la oreja, dejando su cara a la vista. Ella no me miraba,
seguía dedicada a su chupada y su masaje. Con una mano le seguí acariciando el
pelo, y la otra se fue, acariciando la espalda, hasta el culo. Llegué a tocar su
ano y bajé a su vagina, que seguía caliente y mojada. Le metí un dedo dentro,
luego otro y empecé un ligero movimiento con el mismo ritmo que llevaba ella en
su mamada. Empezó a jadear de nuevo, acelerando y acercándome el culo a mi mano,
que ahora podía llegar ya hasta el clítoris. Mientras mantenía dos dedos en su
interior, le metí, sin mucho esfuerzo, el pulgar por el culo. Sus jadeos
aumentaron. Yo estaba en la gloria, para correrme de un momento a otro,
levantando incluso un poco el culo en cada movimiento de su boca. Pero su placer
era mayor, y para no ahogarse con sus gritos dejó escapar mi polla:




¡¡OOOoooohhhh!!! ¡¡¡No puedo parar!!!! ¡¡Me corrroooo!!!




Otra vez empezó a mover sus caderas al ritmo de mis dedos
mientras mi polla vagaba por su cara. Se corrió nuevamente:




¡¡Oooohhh!! ¡¡Qué gustoo!!!




Aproveché y le dí la vuelta. Quedó tumbada de lado pero ahora
me daba a mi el culo. Ella, aun jadeando, se dejaba hacer sumisamente. Le
levanté un poco la pierna y le introduje mi polla sin ningún esfuerzo. Entró tan
lubricada que, si no fuera por su grosor ni lo habría notado. Pero si, sí lo
notó. Volvió a gemir mientras se la metía hasta los huevos y empecé un lento
movimiento de vaivén. A pesar de su excitación el encaje era perfecto y notaba
todas sus paredes apretándome. Ahora era yo el que empezaba a gemir
ruidosamente:




¡¡¡Oooohhhh, Beatriz, que gusto!!!!


¡¡Si!!!, ¡¡¡Si!!!!, ¡¡¡sigue mi amor!!!! ¡¡¡ métemela
toda!!!! ¡¡¡Sii!!!


¡¡¡Ooooohhhh!!!!


¡¡¡¡Siii!!!! ¡¡¡¡métemela!!!! ¡¡sii!! ¡¡¡fóllame toda!!!!




Disfrutando de tanto placer y aguantando un poco para no
correrme tan rápido le metí nuevamente el pulgar en el culo, mientras le empecé
a masajear su enorme pezón con la otra mano. Esto fue demasiado par ella y
empezó nuevamente a dejarse llevar por un nuevo orgasmo. A mi me dio tanto gusto
que casi me corro, pero logré sacar mi polla y metérsela por el culo, mientras
me apoyaba en su nalga. Le seguía sobando el pecho, grande y tierno y su ano
estaba tan dilatado que no ofreción ninguna resistencia a una penetración total.
Estaba menos lubricado que la vagina, pero algo más prieto, por lo que yo sentía
un placer enorme, y ella también, un vez más. Le doblé un poco la pierna para
ponerla en una postura más placentera y aceleré mis movimientos. Ella volvió a
gritar y empezó a hacer una especie de pulsaciones en su recto y en su vagina
que me provocaron un espectacular orgasmo.


Me quedé en su interior, inmóvil, al igual que ella. Después
nos dimos muchos besos y caricias, y, por la hora que era, nos duchamos y ella
se vistió, con el vestido algo arrugado y una braga limpia que llevaba en el
bolso.


Me dijo que habia sido muy parecida a la visita que habia
imaginado, y que le había encantado. Me dio las gracias por todo y se marchó.
Cuando nos volvimos a ver estaba ya con su niña en brazos y de la mano de
Augusto. Los dos felices y contentos. Beatriz y yo hicimos algun comentario
sabrosón sobre la última vez que nos habíamos visto que Augusto no entendió y
quedamos en repetirlo cualquier dia... La niña no paraba de mirarme y de
sonreir, tal vez con algo de picardía en sus ojitos...



NOTA DEL AUTOR: Este relato es inventado, me he divertido
mucho escribiéndolo y espero que a vosotras/os os haya pasado lo mismo
leyéndolo. Me gustaría recibir vuestras críticas, comentarios o casos reales
parecidos al del relato que hayáis vivido o conozcáis. Un saludo a todas/os.




Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



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Relato: Mi amiga Beatriz, embarazada
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