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Relato: Sexo real en un cybercafè





Relato: Sexo real en un cybercafè

SEXO REAL EN UN CYBERCAFÉ


Por: JUAN LAVER GALINDA


Enseguida tomó mi mano y la llevo a su entrepierna al tiempo
que me decía: esta cuca está hambrienta, hace mas de seis meses que no prueba
bocado, quiero que la llenes, que me sacies, que le vueles la tapa a este
volcán…pero ¡yaaaaa!


 



La conocí trabajando en el cybercafé de un amigo en una
ciudad del Caribe, en Colombia. Su labor es "patinar", o sea, atender a los
clientes del establecimiento indicándoles en qué estación sentarse a navegar y
solucionarles cualquier inconveniente que tengan en materia informática. Me
llamó la atención la solvencia con que hacía su trabajo, lo cual se debe a su
condición de ingeniera de sistemas, según me enteré después.


Pero lo que más me impactó fue su dulzura al hablar y la
ternura que irradian sus ojos en una extraña mezcla de tristeza, sensualidad e
insatisfacción. Hoy, ya se que a pesar de ser tan joven ya tiene un hijo, fruto
de un amor que dejó, mas que huellas, marcas desagradables en su vida.


Ingris, así con "s" final, como se llama, me movió la aguja
desde el primer momento. Yo estaba navegando y sin darme cuenta recorría el
recinto buscándola ávidamente para seguir llenándome los ojos con su cuerpo
moreno y su cabellera negra pero sobre todo trataba de mirar esos ojos que
prometían tanto. Trataba de concentrarme en la pantalla del computador y en
medio de tantas voces que se oían en el lugar, yo sólo escuchaba la de Ingris…la
de "mi Ingris" como comencé a llamarla en mis adentros. Su voz es una melodía
constante y arrulladora que no se olvida jamás.


Su cuerpo, a decir verdad, no me pareció súper voluptuoso,
pero creo que a pesar de su reciente maternidad tiene las medidas perfectas: 90
– 60 – 90, en centímetros.


Ensimismado en la revisión de mi correo electrónico, sentí de
pronto su tierna voz y su aliento casi en mi cuello. _Señor, ¿desea un cafecito?
__Claro que sí, le respondí. Y se fue hacia la cafetería con un caminar que
parecía ir varias pulgadas por encima del suelo.


Cuando me sirvió el café me dejó "matado" con una combinación
mortal: sonrió y me guiño el ojo al tiempo. Les juro que sentí un corrientazo
por toda la espina dorsal y sin poder evitarlo, esa descarga se concentró en mi
pene, que se elevó de inmediato y convirtió mi bragueta en poco menos que una
carpa de circo.


Al cabo de una hora de estar navegando, hube de ir al baño y
de camino hacia el servicio la encontré en uno de los pasillos. Le pregunté
hasta qué horas trabajaba y me dijo que en veinte minutos salía. Le dije, casi
sin darme cuenta: contigo sería capaz de gastarme hasta una plata ajena…y no
pudo evitar la risa, respondiéndome: pero que sea bastante plata…para que nos
alcance para pasarla bien.


Epa, dije yo, a esta le gusta el suwing. Y de inmediato le
solté los perros: a que no me aceptas una invitación a salir cuando termines tu
turno…y me dijo, al tiempo que escribía algo en un papelito: este es mi e mail,
mándame la invitación ahí y dime que te gustaría que hiciéramos…yo reviso mi
correo al finalizar el turno y si me gusta lo que me envíes, te respondo a tu
correo.


Tengo la costumbre de meterme en cada vez que
termino de revisar mi correo. Al hablar con ella ya había abierto la página y al
volver a mi cubículo, pensé: voy a probar que tan lanzada es ésta morenaza y
decidí enviarle un relato bien fuerte, con situaciones de sexo explicitas,
diciéndole de paso que me gustaría vivir una historia así con ella. Le firmé con
besos y le di "enviar". Acabándolo de hacer me arrepentí y como ya era tarde, me
levanté y fui a ver donde estaba ella revisando su correo y le dije: te envié
algo que creo es un poco fuerte…espero que si te disgusta no le des importancia
y simplemente bórralo y ya…


Con su mirada matadora como escudo me dijo: despreocúpate,
déjame leerlo y sacar mi conclusión.


Me devolví a mi estación y los siguientes 10 minutos fueron
una eternidad para mí. Estaba hecho un manojo de nervios pensando que la había
cagado con una criatura tan dulce y me perdería la oportunidad de tratarla más a
fondo para conocerla y con el tiempo conseguir algo con ella. Estaba en esas
cuando siento una suave mano en cada hombro y en seguida esa voz y ese
aliento…espero que estés dispuesto a cumplir tus "a me-na-zas…me lo dijo así,
silaba por silaba y se dirigió al fondo del local.


Yo me levanté de la silla y nuevamente se me paró la verga
-que carajo, dejémonos de eufemismos y llamemos a las cosas por su nombre
castizo-
y me dirigí al baño a ver que solución encontraba a mi
arrechera, porque no podía andar por ahí con la bragueta inflamada. Al pasar
frente a una puerta que hay antes de llegar al baño, ésta estaba entreabierta y
fue cuando casi me desmayo: Ingris estaba quitándose la camiseta tipo Polo que
usaba de uniforme sin darse cuenta de que no había cerrado bien Me quedé
paralizado contemplándola, deleitándome con esas tetas bellas y bien paradas,
ese vientre plano y cubierto con suaves bellos, sin la mas mínima huella de su
reciente embarazo. Fueron no más de 10 segundos hasta que sintió mi mirada y
otra vez me dije: ¡La cagué! Sólo atiné a balbucear: dis cul pa es que pa pa
saba y…Ella simplemente sonrió con mas dulzura que las veces anteriores y con
una frialdad impensable llevó un dedo a sus labios indicándome que callara.
Enseguida estiró su mano derecha y tomó la mía halándome hacia adentro. De
inmediato cerró la puerta y me recostó a la pared buscando mis labios. No fue un
beso. Fueron muchos besos desbordados en uno solo. Sentí que llevaba mucho
tiempo sin tener contacto con un hombre y su lengua buscó desesperadamente la
mía mientras mis manos buscaban sus tetas y bajaban por sus caderas al tiempo
que sus manos se iban a mi sur buscando ese iceberg que inflamaba mi bragueta.


Me asaltó el temor de que nos pillaran y se armara un
escándalo y traté de decírselo pero ella sólo me dijo en medio de jadeos y
gemidos: nunca un hombre me había hablado como tu, nunca nadie había sido tan
directo y preciso…eso es lo que yo quiero, un hombre que sea capaz de
interpretar mis deseos…sin tantas vueltas ni maricadas…al mismo tiempo me abrió
la bragueta y se apoderó de mi herramienta casi con desesperación. Lo siguiente,
en medio de mi sorpresa y mis temores fue arrodillarse y metérsela en esa boca
de labios gordezuelos y chuparla con una maestría única, al tiempo que levantaba
la vista y me decía con sus ojos las palabras que no podía articular por tener
la boca repleta con mi verga, que estaba a punto de reventar.


Para no eyacular en su boca, la desprendí de mi verga como
puede y la volví a besar. Se apartó unos centímetros y me dijo en medio de la
arrechera más grande que he visto: quiero esa mondá dentro de mi, ¡¡ya!!. Y
comenzó a abrirse el zipper del jean, bajándolo de inmediato, dejando ver esas
curvas que adivinaba cada vez que la veía caminar. Un hilito dental era todo lo
que llevaba puesto debajo. Enseguida tomó mi mano y la llevo a su entrepierna al
tiempo que me decía: esta cuca está hambrienta, hace mas de seis meses que no
prueba bocado, quiero que la llenes, que me sacies, que le vueles la tapa a este
volcán…pero ¡ya!.


Le corrí el hilo dental hacia un lado y cuando vi esa cuquita
delicadamente depilada no aguanté más…me lancé lengua en ristre y acerté a
encontrar su pepita rica que ya la tenía inflamada.


No es por nada pero me precio de ser un "come pepitas" de
primera categoría. La mujer que quiera saber lo que es una bajada al pozo
inolvidable, que ponga su cuca al alcance de mi lengua. Mi maestría de "come
coños" la obtuve a los trece años con una viuda joven que me pagaba con sexo los
domicilios que le llevaba de la tienda de mi papa. Esa mujer me dio todas las
clases de sexo que un hombre debe recibir para ser un P.h.d. en la cama. Así que
le di un concierto de lengua que la puso a millón. Del jadeo pasaba al gemido, y
del gemido a una mezcla que parecía un bramido: cómetela, cómetela, no joda…esto
es lo que yo deseaba. Es que ese hijueputa de mi ex marido nunca fue capaz de
comerme la chucha y menos así como tu. No pares, no pares, por favoooorrrr.


A pesar de la excitación, sabía que no podíamos demorarnos
mucho en ese cuartito sin riesgo de que nos descubrieran, así que la llevé hasta
un escritorio que estaba repleto de chécheres y haciendo un espacio la senté al
borde y apunte con mi herramienta, pero antes decidí torturarla un poquito
haciéndole "la brocha", como llamamos aquí a frotar el clítoris y los labios de
la vulva con la cabeza del pene. Esto se usaba antes, cuando no se quería
desvirgar a la novia.


Al tercer brochazo, Ingris me agarró por los brazos y haló
hacia ella mientras decía desesperada: méteme esa verga ya, no joda, ya está
bueno de brocha, entiérramela, rómpeme otra vez, que desde la última vez que
culié ya se debe haber cerrado.


Órdenes son órdenes, mis amigos y si el niño llora y la mamá
lo pellizca, ahí te van pelotas, que casi se van también en el envión que le
metí. Ingris empezó un movimiento circular a través del cual refrendaba sus
palabras sobre la larga abstinencia a que había estado sometida. Era una especie
de huracán con tetas que poco a poco me fue absorbiendo y llevando a un punto de
no retorno.


Tratando de que mi verga le llegara más adentro de lo
posible, enlazó mi cintura con sus piernas y se colgó de mis hombros al tiempo
que me perforaba la boca con su lengua hambrienta y filosa que sólo sacaba de mi
boca de vez en cuando para expresar lo que estaba sintiendo:


Así, papito, así, que rico, sigue, sigue. Asísssíííí, sigue,
no joda, dame verga, párteme la chucha, culéame, culeeeeaammmeeeeeeeee!!!!


Como la sentí bien enganchada a mi cuerpo, decidí hacerle mi
faena magistral: el paseillo, que consiste en pasarle las dos manos por las
nalgas y levantarla mientras, agachándose un poco, se hace un mete y saca,
primero lento y después con aceleración continuada y caminando por el cuarto
simultáneamente, hasta que el mete y saca se hace al ritmo de Flash Gordon:
taca, taca, taca.


El remate de la faena se hace estirando la mano izquierda y
pasándola por el "nies", esa parte de la mujer que ni es culo, ni
es chucha, aunque algunos la llaman el paredón, porque es donde se estrellan y
se devuelven las pelotas.


Al acariciarle el nies, sentí la recompensa que todo hombre
busca al poseer una mujer: esa crema deliciosa y espesa que materializa la
arrechera. Ni corto ni perezoso, empecé a frotar el ojito del culo con esa crema
y sin querer queriendo le metí un dedo.


Ay, mi madre…para qué fue eso. Esa mujer se contorsionó de
una manera tan frenética que casi se me sale de las manos. Lanzó un grito que
temí fuera escuchado en todo el cybercafé, afortunadamente no fue así. Me decía:
papito, no me saques ese dedo porque te mato, mételo más adentro, menéalo,
menéalo, ¡No joda!, tu si cueleas rico, papi.


Antes que sacarle el dedo del culito lo que hice fue meterle
el dedo del corazón y el anular, o sea, los dos más grandes…y ahí fue Troya,
Ingris se volvió a contorsionar, a convulsionar, diría yo y me dijo: tómala, mi
amor, tómala, ahí voy, me vengo, me vengo, ¡¡¡me vengoooooooooooooooooooo!!! Y
me dio un golpe de riñones que ni los mejores embaladores del ciclismo darían en
un sprint, tan fuerte que, si no es porque estabamos cerca de la pared, nos
hubieras ido al suelo.


Como puede y sin desengancharla de mi la lleve hasta el
escritorio nuevamente y bastaron dos estocadas mas para descargar ese torrente
de leche caliente que invadió sus entrañas y comenzó a desbordarse por los borde
de su inflamada cuquita.


Cuando nuestro ojos se encontraron otra vez, me sentí el
hombre más feliz del mundo. Fue algo indescriptible y hasta hoy no he podido
borrar la imagen de esa bella mujer jadeante, sudorosa y descendiendo poco a
poco de la cima de la gloria. Sólo le pregunté: ¿Logré volarle la tapa al
volcán?


Su respuesta fue tomar mi mano y llevarla a su caliente
rajita mientras me decía al oído:


__siente la lava, mi amor, siente como corre la lava de mi
volcán en erupción__


Si me escriben a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO
dándome su opinión sobre esta historia, les prometo
contarles el siguiente capítulo: LA SEGUNDA VIRGINIDAD DE INGRIS


Cordialmente: JUAN LAVER GALINDA


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