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Relato: Cristina



Relato: Cristina

Cristina



Soy Cristina; tengo 25 años y estoy casada hace uno con un
hombre maravilloso. Con Pablo nos conocimos en la Universidad donde él estudiaba
Arquitectura y yo Derecho. Lo nuestro fue algo así como amor a primera vista, él
era muy atractivo y tenia a media Facultad babeando por él. Bueno, debo decirles
que yo también causaba sensación entre mis compañeros, y mas de alguna flor o
poema apareció sobre mi pupitre en mis tiempos de soltería. Recuerdo que fue uno
de estos pretendientes el que cometió el grave error de presentarme a mi futuro
esposo; aun es amigo nuestro y no es raro que reciba una que otra broma al
respecto cuando nos juntamos con nuestros antiguos compañeros; claro que él no
demora en defenderse atribuyendo a mi belleza sus "errores tácticos". Eso si,
todos los demás no demoran en darle la razón, inclusive Pablo se suma a ellos
cuando se refieren a mi rostro juvenil "adornado con un par de rubíes azules"
dice galantemente, además cuando ay un par de copas de mas en sus cuerpos se
refieren a mi increíble delantera; a mi cintura; a mis redondas pompis y a mis
largas y bien formadas piernas; no crean que exagero, pero ellos tienen razón,
por algo me gusta tanto el ejercicio, no puedo negar que soy bastante preocupada
de mí. Además soy alta y eso parece gustarle a los hombres, Pablo me dice que
soy su Barbie.



Recién casados, decidimos independizarnos y vivir donde nos
lo permitiera nuestro bolsillo. Vengo de una familia de buen nivel económico,
igual que Pablo. Pero cuando decidimos contraer matrimonio, él recién titulado y
yo apunto de egresar, nos propusimos empezar de abajo y sin ninguna ayuda de
nuestras familias. Es así como empezamos nuestras vivas en un barrio común y
corriente de la ciudad, donde habían tanto casas bonitas como otras bastante
feas, y la variedad de estas también corría para con la gente que las habitaba.
Por nuestra parte no socializábamos mucho con nuestros vecinos, incluso a Pablo
le caía bastante mal nuestro vecino de junto; decía que me miraba bastante y ni
siquiera era disimulado como los demás; mas de un encontrón habían tenido por
ese tipo de boberías. A mi parecer Don Tito, que es nuestro vecino, con sus
cincuenta y tantos años a cuestas; una barriga cervecera y un rostro de ogro
malas pulgas, nunca había tenido la oportunidad de observar tan de cerca una "mujer
tan atractiva
", cuando le decía esto a mi marido lo relajaba y me devolvía
una sonrisa. Además la esposa del viejo, Doña Raquel, era una señora muy amorosa
y me entretenía conversando con ella cuando venia a pedirme algo de vez en
cuando; así que le pedía a Pablo que no fuera tan antipático con los vecinos de
junto.



Por otro lado, y a decir verdad, nuestra intimidad era
bastante relajada; por mi lado nunca había estado en la cama con otro hombre que
no fuera Pablo y él, aunque con bastante mas experiencia, me trataba con mucho
respeto; ¿quién sabe? Quizá no quería hacerme sentir incomoda. En cierta forma,
yo sabia que no me llenaba en la cama, pero me lo negaba a mí misma.



Bueno, creo que con esta pequeña introducción, se darán
cuenta de cómo estaba mi vida; en general bastante normal y por lo mismo, si me
hubieran dicho lo que iba a pasar nunca lo hubiera creído.



Todo empezó hace unos seis meses. Como ya les dije, la vida
sexual con Pablo no era muy buena; lo que quiero decir es que me hacia sentir
que no lo complacía como hombre y eso me apagaba como mujer. Cada vez me fui
sintiendo mas necesitada.



Pablo trabajaba en una empresa constructora y le pagaban
bien, mientras yo trabajaba en casa dedicada a mi examen, para obtener el titulo
de abogada; teníamos fe que pronto me titularía y empezaría a aportar para
obtener nuestra casa soñada.



Una tarde hacia tanto calor que me puse unos jeans ajustados,
una blusa bastante ligera, y salí por unos refrescos. En la calle me percate que
mas de alguna mirada iba dirigida descaradamente a mi trasero o a mis pechos. Lo
mas sorprendente fue que me di cuenta que me excitaba, cuando veía a algún viejo
verde o a algún chiquillo mirando mi cuerpo me mojaba y no podía evitar caminar
de forma sensual para provocar mas miradas. Cuando empezaron los dichos
atrevidos como "mira que culazo"; "buenas tetas señorita"; "tienes
cara de mamadora"
o "te gusta parar vergas", mi excitación ya era
demasiada. Llegue a casa solo a encerrarme en el baño a masturbarme, y no les
miento cuando les digo que estuve cerca de una hora orgasmo tras orgasmo, fue
genial. Fue ese día que nunca olvidare, fueron los recuerdos de esas miradas y
de esos atrevimientos de hombres ¡excitados y deseosos! los que me dejaron
satisfecha, mi noche fue tranquila y relajada, si que me sentía bien, pero no
duro mucho. A la mañana siguiente Pablo ya no estaba, se había ido a trabajar, y
yo me quede sola con los recuerdos. No me tarde mucho en tomar los mismos jeans
y una blusa aun mas ajustada y salir a caminar, solo a caminar, a observar y a
escuchar. Los comentarios soeces no demoraron en aparecer y lo ocurrido el día
anterior volvió a suceder.



Al día siguiente volví a salir, y el siguiente y el
siguiente. Empecé a hacer mas ejercicio para verme mejor, me compre maquillajes
mas coloridos e incluso practicaba las formas de caminar mas sensuales.
Definitivamente era feliz con mi nuevo hobby, me daba cuenta que las miradas y
sobre todo los dichos de aquellos extraños en la calle me llenaban de erotismo,
me hacían sentir mujer, y en un barrio de esas características no era difícil
encontrar algún sujeto que te mirara descaradamente y te dijera alguna grosería,
incluso la diferencia de estatus social me provocaba locas ideas que resultaban
en excitación, era como una bella princesa entre plebeyos deseosos....sucios y
mal olientes plebeyos.



Un día que estaba muy excitada; fue un Miércoles, si, si que
lo recuerdo. Esa mañana en especial estaba muy inquieta, y pensé que esa salida
debía ser especial. Me puse una falda a medio muslo, bastante ligera para que
destacara la forma de mis nalgas, desnudas pues mi pequeño tanga ya había sido
absorbido por ellas; arriba solo una blusa apretaba mis pechos donde se notaban
mis pezones parados y duros; deje mi cintura al aire libre y unas sandalias con
taco completaban mi increíble atuendo.



Salí de casa dispuesta a llamar la atención de cualquier
hombre que se me cruzara por delante. Camine mucho ese día y escuche muchos
comentarios asquerosos. Al rato de haber salido de casa, cruce el Parque Central
y un viejo malviviente estaba sentado en una banca. Desde que lo vi de lejos
sabia que me iba a decir algo fuerte, incluso sentí cierta emoción cuando me
acercaba con mi caminar coqueto mejor ensayado. Pase junto a él y lo escuche, es
imborrable en mi memoria, él me dijo con una voz carraspera y hasta podría decir
malévola "Déjame lamer tu coño, PUTA". Sentí una verdadera carga
eléctrica recorrer mi cuerpo, me sentí empapada de un instante a otro, fue como
un orgasmo instantáneo. Pare por un segundo y luego como pude seguí caminando,
asustada, emocionada y sobre todo excitada. Nunca me habían llamado así, de
pronto todo era tan claro, así me gustaba sentirme; sucia, provocativa, rastrera
¡toda una PUTA!. En esos momentos solo quería estar en casa, necesitaba
masturbarme. Me di cuenta que había caminado mucho, estaba lejos y me sentía
ansiosa. Decidí tomar el autobús, me dirigí a la parada mas próxima y me subí al
primero que iba en dirección Sur.



Cuando llegue a casa me dirigí directamente al baño, di el
agua para darme un baño de tina. Planeaba quedarme ay por un par de horas;
tocándome, excitándome, autosatisfaciéndome. Estaba desesperada y ansiosa "puta,
déjame lamer tu coño ¡PUTA!
" sonaba en mi cabeza y me producía escalofríos.
La tina estaba casi llena y me disponía a cerrar la puerta del baño cuando sonó
la campana de la puerta,«mierda, ¿quien puede ser?» pensé. No acababa de decidir
si atender a la puerta o no cuando tocaron otra vez. Cerré la llave de la tina y
fui a ver quien tocaba, no quería que nada me distrajera y un payaso tocando
insistentemente a la puerta claro que me distraería.



Abrí la puerta y ay estaba, Don Tito, nuestro vecino. Apenas
le abrí su mirada se fijo en mis Pechos, eso me excito, no lo puedo negar.
Primero me pidió disculpas por la molestia y luego recorriéndome el cuerpo con
la mirada me pidió un poco de azúcar, lo que no me extraño ya que siempre nos
están pidiendo algo, pero la que generalmente pide el azúcar es Doña Raquel por
lo que pregunte por ella. Me dijo en tono de broma que ella estaba enferma y que
por eso era él quien me molestaba. Me di un momento observando como me devoraba
con los ojos, me gusto como me miraba, me excitaba. Le pedí que pasara y que me
acompañara mientras le llenaba el tazón que traía para llevarse el azúcar.
Camine a la cocina sabiendo que el me seguía sin perder de vista mi
intencionalmente meneado trasero; en el camino entendí porque me miraba así, me
había salpicado agua de la tina a la blusa y esta estaba pegada a mis pechos,
mis pezones casi estaban al desnudo para el deleite del viejo.


Me preocupo por un momento la impresión que podía darle,
quizás podría comentarlo con Pablo, o pensaría que soy una provocadora, esto
ultimo me excito y los problemas que podría tener con mi marido no me
importaron, los vi muy lejanos; mi excitación me pedía que jugara con Don Tito,
quería verlo deseándome, me estremecía al pensar que estaba sola en la casa con
un viejo verde que solo quería probar mi cuerpo. Instintivamente mi cola se
paro, mis hombros se fueron atrás y mi caminar se volvió exquisitamente sexy
pero casual a la vez. Cuando llegamos a la cocina, me incline en ángulo recto
para coger el azúcar del gabinete de abajo, me demore simulando que no la
encontraba; cuando por fin la encontré me di vuelta y pude ver como el vejete se
enderezaba.


Casi me volví loca al pensar que ese viejo me había visto el
trasero. Mire su pantalón y me di cuenta de su erección, él se dio cuenta que le
miraba el bulto pero no dijo nada así como yo no dije nada al sorprenderlo
mirando bajo mi falda. Estaba como loca, estaba muy nerviosa, pero no nerviosa
de forma común y corriente sino de esa forma que solo la excitación extrema
puede provocar. Le pedí que acercara el recipiente que traía, se acerco y lo
apoyo sobre los gabinetes; empecé a llenar el tazón, pero de a poco, quería que
ese momento durara lo mas posible. Sus ojos llegaban a la altura de mi cuello,
lo tenia a treinta centímetros de mí y me miraba descaradamente mis pechos casi
desnudos, su excitación...no, no puedo llamar lo que vi excitación, era
calentura; ese viejo me quería comer mis senos y yo lo sabia y me excitaba y más
aun me excitaba que yo se los estaba mostrando, era una putita calentando a un
vejete verde.



Termine de llenar el tazón de azúcar y me volví dándole la
espalda, cerré los ojos y suspire sin que él me viera; me quede ay contra los
muebles de la cocina simulando que ordenaba algo. Era conciente que el me miraba
de atrás y el no saber donde tenia plantada la mirada me generaba ideas
demasiado provocativas.



─Sabes Cristina, tienes unas piernas preciosas─ dijo Don
Tito, me quede helada. ─Espero no te moleste que te lo diga.




─ No─respondí, estaba inmóvil, supongo que parecí algo sumisa
porque prosiguió.



─Y esa cintura, ¿estás yendo al gimnasio?.





Asentí con la cabeza, si le hubiera respondido con un "si" se
hubiera escuchado mas como un gemido que como una palabra.



─Y esa cola, discúlpame que te lo diga, pero esta fantástica─
sentí como dio un paso hacia mí y luego poso suavemente sus manos en mi cintura
─Guauu...y tu piel es suave como la seda.



─Gracias Don Tito─dije nerviosa.



Sus manos empezaron a moverse suavemente sobre mis caderas.
El hecho de estar en esas condiciones, con un viejo mirándome descaradamente y a
la vez tocando y sintiendo mi piel, no hacia mas que acrecentar mi excitación;
me limite a escucharlo y tratar de disimular mi estado lo mejor posible.



─Tienes un cuerpazo, y hace algún tiempo lo estas mostrando
descaradamente....deberías cuidarte, podría pasarte algo...además te deben decir
muchas groserías en la calle─ dijo cerca de mi oído.



Apoyo su bulto en mi trasero, pude sentir sobre mis nalgas su
excitación, una palpitante excitación. El maldito me estaba apoyando y
descaradamente. Yo era la mujer de su vecino, de ese vecino que no le agradaba
mucho...Maldición, era un viejo que se aprovechaba de mi, un viejo que podía ser
mi padre y además era el enemigo de mi esposo.



Sentía un bulto que no era el de Pablo y cuando era lo
suficientemente fuerte para murmurar un "no, ya basta" mi cuerpo no me apoyaba.
Incluso empecé a rozar mi culo contra sus pantalones, con mis nalgas trataba
lenta y suavemente de atrapar ese miembro palpitante; era un movimiento sutil
pero estoy segura que lo sentía. Era obvio que lo sentía, porque empezó a
puntearme con más fuerza, no mucha pero fue notorio. Estaba haciendo realidad
los sucios deseos de aquel viejo y no tenia fuerzas para evitar que abusara de
mi cuerpo. Sus manos me rodearon suavemente hasta atrapar mis pechos.



─Que buenas tetas─ susurro en mi oído.



¡Se refirió vulgarmente a mis senos!. Esas grosería que
escuchaba en la calle, ahora me las decían al oído. Mis manos se apoyaron
fuertemente en las de él sobre mis pechos.


─Ya basta, suélteme Don Tito─ pedí, pero mis manos se
apretaron contra mí, mi cuerpo no tenia intención de resistirse y entendí que me
excitaba pedir un alto y no obtenerlo; que aquel viejo no me hiciera caso; que
su calentura fuera mas fuerte, me sentía deseada y abusada pero sobre todo
muerta de excitación.



Me apretaba los pechos con pasión; los amasaba fuertemente
murmurándome al oído que estaban grandes y firmes. Me empezó a puntear con más
fuerza; tuve que apoyarme contra el mueble de la cocina para no perder el
equilibrio, sus manos me apretaban los pechos y su cuerpo me apretaba la cintura
contra los gabinetes, para conservar su bulto a la altura de mis nalgas tuve que
flectar ligeramente las piernas. Estaba fuera de mí, no dejaba de pensar en lo
morboso de la situación; ese viejo que todas las noches compartía la cama con
esa mujer vieja que es Raquel, ahora tenia un cuerpo mucho más joven y bastante
mejor formado para darse gusto, y ese cuerpo era mío, una mujer casada; la
esposa de su intachable vecino, y se estaba dejando hacer solo por perra; POR
PUTA.



Estuvo un rato masajeándome los pechos y apretando una y otra
vez su paquete contra mi trasero. Yo estaba loca, parecía tener un orgasmo
atorado en mi interior; cualquiera podría decir que la escasa sensatez que me
quedaba me impedía entregarle el placer del triunfo a aquel viejo maldito; pero
no, no era esa la razón, solo quería que eso explotará dentro de mí, la idea de
sentirme dominada por Don Tito me estremecía. El viejo apoyo una de sus manos
sobre la parte superior de mi muslo derecho, de a poco fue subiendo la falda
hasta que pudo acariciar la piel de mi pierna, me acaricio con bravura; me
voltee un momento y vi como observaba sus movimientos por debajo de mi falda. Su
rostro era enfermizo, parecía un lunático, su arrugado rostro delataba un placer
morboso. Cuando repentinamente tomo la falda y la dio vuelta sobre mi espalda,
la sonrisa de deleite que mostró al ver mi pequeña prenda interior atrapada
entre mis redondas nalgas, instintivamente me hizo parar aun más mi cola,
mostrándola en su máximo esplendor.



─Eso, muéstrame el culo como debe sercomentó
mientras me plantaba una fuerte palmada en mi trasero. Su comentario, mezclado
con el fuerte sonido de su palmazo, me hicieron comprender que ya no había
vuelta atrás, mi excitación era demasiado fuerte y no podía renegar de ella.;
Don Tito me tenia en sus viejas y asquerosas manos.



Mientras seguía admirando mi trasero, tomo mis nalgas y las
separó, para apoyar sobre la línea de mi tanga el grueso bulto que se le notaba
en los pantalones. Cuando soltó mis nalgas sentí entre ellas las palpitaciones
de su excitado miembro y enterré mi cola bajo su barriga. Me tomó de las caderas
desnudas y me apoyó su paquete con fuerza, incluso pude oír un pequeño gemido de
parte de él, a la vez que a mí se me salía uno mas evidente.



─Uyyy....mueve tu culo Cristina...menéalo como a los hombres
nos gusta verlo─dijo.



Obedecí y pare lo mas que pude la cola, la empecé a mover
suavemente de lado a lado mientras rozaba su pantalón. Me voltee un instante; me
excitaba ver su rostro, el viejo estaba en la gloria y el morbo de la situación
me tenia en la gloria a mí. Las palmadas en mi trasero empezaron a sonar y sentí
cosquillas de dolor en mis nalgas cuando el vejete gozaba golpeándolas; este
dolor me hacia sentir mas abusada; a merced del ogro deseoso de carne humana que
me había atrapado.



Don Tito aparto su bulto de mi cola, se paro junto a mí y
apoyo su mano sobre la parte baja de mi espalda. Empezó a acariciar suavemente
mi trasero, se paseaba de nalga en nalga, seguía por mis muslos y de vez en
cuando acariciaba fugazmente mi entre pierna por sobre mi tanga. Deje de mover
mi trasero, lamente un momento el cesé de los golpes pero pronto volvieron a
aparecer y no volvieron solos.



─¡¿Qué pasa?!, no he dicho que pares, ¡sigue meneando el culo
PUTITA!─exclamo mientras me plantaba un fuerte palmada.



─¿Cómo me llamó?...uuuyyy...Don Tito...aaahhh....¿Cómo me
llamó?.─balbucee como pude, mientras reanudaba descontroladamente el meneo de mi
trasero.



─Puta...no eres más que una puta calentona...y además con un
cuerpazo de miedo...no te preocupes que yo voy a clavártela puta....y en la cama
de tu lindo marido.



El dolor, mezclado con la increíble excitación que me provoco
el haberlo escuchado llamarme puta, desencadenaron un orgasmo que resulto en
fuertes gemidos y la tensión de todo mi cuerpo. Mientras gozaba con aquel
sentir, la idea de que aquel viejo hablara mal de Pablo, me excitaba aun más, mi
primer orgasmo de ese día fue largo e intenso.



─AAAhhhhhh, déjeme Don Tito...uuuuyyyy....por favor─ gemía
mientras recibía fuertes palmazos en mi culito.



Me quede quieta sobre el mueble de cocina; Don Tito se dio
cuenta que acababa de tener un orgasmo y ya no me exigía que meneara el trasero,
se limito a acariciarme o mejor dicho a manosearme mientras recobraba el
aliento. Mi rostro estaba apoyado contra la pared, mis ojos cerrados y la fuerte
respiración delataban mi pasividad. El viejo se acercó y metió su lengua por
entre mis labios, jugo un momento dentro de mi boca y luego lamió mis labios y
mejilla. De un solo tirón arranco mi falda y la tiro al suelo; yo reaccione y me
aleje un metro de él.



Hay estaba yo, frente al vecino, con un diminuto tanga, una
pequeña blusa mojada que se pegaba a mis pechos y parada sobre unas sandalias
con taco. De seguro me veía increíble, porque la sonrisa del viejo era
enfermizamente caliente. Se empezó a acariciar su bulto en frente de mí; la idea
de que ese viejo se estuviera masturbando mirando mi cuerpo provoco el regreso
de esos cosquilleos que creí extintos luego del orgasmo.



─Estas bien buena Cristina, si que tiene suerte el hijoputa
de tu marido.



─Por favor, no se refiera así de él─ Increpe sin mucha
convicción.



─Ja Ja..¿Cómo quieres que le llame?... ah si, cornudo, esa es
la palabra, es un hijoputa cornudo─dijo mientras se apretaba el bulto y me
miraba a los ojos─ Acabo de manosear como he querido a su linda esposa, incluso
le di un lindo beso y ahora la estoy mirando semi desnuda frente a mí mientras
me corro una buena paja...definitivamente estas muy buena, mira esas piernas,
¡están de lujo!....Ahora quiero que desfiles para mí, que me muestres ese
cuerpazo...¡Anda, camina como una perra! ¡caliéntame!.



Dude, no me gustaba lo que había dicho pero era verdad; era
una perra, una perra que quería seguir jugando o que jugaran con ella. Perdóname
Pablo, perdóname por no poder evitar entregarme como una puta.



Camine lentamente frente a él. Mis pasos mejor ensayados se
los mostré mientras le miraba el bulto en sus pantalones; sabia que le gustaba
que le mirase ay y a mí me gustaba excitarlo; calentar a ese viejo, un viejo que
nunca podría soñar con una mujer como yo, me provocaba demasiado. Cuando pasaba
cerca suyo, no perdía oportunidad en darme una nalgada o manosearme los pechos,
a la vez que me llenaba de insultos llamándome puta o perra. Estaba en el cielo.



─Eso señorita Cristina, menéele el culo a este viejito
caliente...muéstreme lo provocativa que puede ser la esposa del hijoputa de mi
vecino....que puta mas buena....¡y va a ser mía!...su cuerpo va a ser mío...¿no
es cierto?....¿no es cierto Cristina? ....¿no es cierto perra?....¡Vamos,
responde!─El viejo se cruzo en mi camino, me tomo de las caderas, y me miro a
los ojos con una mueca de satisfacción interrumpida en la cara.



─Si....si Don Tito...mi cuerpo será suyo...y lo será como a
usted le plazca─respondí. Sumisa frente al avance de sus manos, que metió bajo
mi blusa para apretarme los pechos.



─¿Te gusta que te manoseen las tetas?...a las putas como tú
les gusta.



─Si Don Tito, me gusta que me aprieten las tetas─decir tetas,
refiriéndome a mis propios senos me gustó. Sus manos levantaron mi blusa para
poder ver como amasaba mis pech...tetas.



─¿Y te gusta que te las chupen?,¿quieres ser mi vaca
lechera?....que lindas tetas Cristina, seguro a tu estúpido marido también le
gustan─dijo mientras empezaba a lamer mis pezones.



─Si, a él le gustan mucho Don Tito─respondí sin perder de
vista su lengua─se siente orgulloso de ser el único que las ha besado.



Al escuchar esto me las apretó con fuerza, mientras el lamer
de mis tetas se trasformo en chupadas y mordiscos descontrolados, Pablo jamás me
había besado así; me sentía muy deseada y sucia a la vez por permitirle a aquel
viejo asqueroso manosearme de esa manera. Al cabo de unos minutos, soltó mis
tetas para posar sus manos sobre mi trasero, me apretaba y acariciaba las nalgas
violentamente.



─Y tu culo...mierda, que bueno esta, tienes un culo de
ensueño puta...y quien te lo esta sobando soy yo....aaaaahhhh...y no ese marica
de tu marido....que culazo puta....¿te gusta que te toquen el culo perra?.



─Adoro que me manoseen el culo Don Tito....¡uuuuyyyyy!....
adoro calentar a viejos como usted.....aaaaayyyyy.....adoro que abusen de mi
culito.....aaaayyyyy no, no esta bien...ay ay, por favor suélteme Don Tito, por
favor no abuse de mi─ dije como una bebita asustada, lo que encendió al viejo y
volvió con sus fuertes y adorables palmadas sobre mis nalgas.



─Que puta eres Cristina...una puta preciosa, mira esa carita
de ángel...que labios mas hermosos...¿te gustaría que te premie con un dulce?─El
viejo empezó a desabrochar su cinturón y cuando se iba a desabrochar el pantalón
se arrepintió─anda, búscalo putita...muéstrale a este viejo lo que te gusta.



Era el momento, hasta ese instante no me había dado cuenta de
lo ansiosa que estaba por portarme como una verdadera puta; había llegado el
momento de hacer en vez de dejarme hacer y me excitación iba en franco aumento.



─Ande señorita Cristina, busque lo que le gusta a las perras
como usted. Le aseguro que esta bien duro; bien duro en honor a usted. Anda
putita, acaríciamelo─El viejo ya se habia dado cuenta del morbo que me provocaba
que me dijera puta, y lo sabia aprovechar.



Estaba asustada, sabia que era muy diferente dejarme tocar a
provocar placer en otro hombre, y mas si era ese viejo a quien mi marido
detestaba, pero estaba decidida a seguir jugando y me tenia loca la idea de
entregarme a Don Tito. Dejarme follar por aquel viejo verde me convertía en una
puta, y eso me encantaba, quería ser una puta ansiosa de placer...de verga.



Acerque mis manos al bulto de sus pantalones; el viejo
suspiro de placer cuando apreté su paquete sintiendo la dureza de su miembro. Me
miraba con una mueca extraña, como un violador burlón mira a su victima
indefensa. Pude sentir un pené largo y grueso bajo la tela, me encantaba, aquel
viejo si que estaba caliente, y me hacia sentir toda una hembra. Desabroche su
pantalón y lo acaricie bajo su ropa interior, cerré los ojos para disfrutar la
sensación de tocar aquella vieja barra de carne, una de mis manos atrapo sus
peludos testículos, los que acaricie suavemente; la otra apretó fuertemente su
mástil y con un sutil sube y baja lo empecé a masturbar. Me vio descuidada y
volvió a meter su lengua en mi boca, parecía que había juntado saliva para
inundar mi cara, era asqueroso pero excitante; devolví su beso como una niña
dejándose hacer, como si fuera mi primer beso y luego me deje lamer la cara.



La piel de su miembro era tersa por la rigidez de este; su
glande estaba húmedo y manchaba mi mano cuando lo acariciaba. El tamaño de su
miembro era mayor al de Pablo y eso me excitaba, me calentaba la idea de que
aquel viejo me brindara mas placer que mi marido; con sus años de mas, su
barriga y su fea cara me iba a tomar como nunca lo había hecho mi amado esposo.



Don Tito suavemente me oriento hacia la mesa de la cocina.
Yo, sin soltar su miembro, lo seguí; ya estaba perdida, estaba hambrienta.



─Ahora me la vas a chupar perra...le vas a chupar el pico a
tu vecino─dijo Don Tito cuando me obligaba a inclinarme sobre la mesa. Me dejo
apoyada en un vértice de esta, dejando mi cabeza a la altura de su miembro y mi
cola en pompas por el otro lado. Mientras me acariciaba el culo, me empezó a dar
pequeños golpes en la cara con su verga.



─¿Qué te parece tu dulcecito? Eh perrita, ¿Te gusta?─
empezaron los increíbles palmazos en mis nalgas─¿Qué diría tu maridito si te
viera con mi verga en la cara?....aaaaggghhh...¡anda! abre la boca puta.



─Mi marido nunca me ha pedido que se la chupe Don Tito─dije
antes de desabrochar los ultimos botones de su camisa y pasar sensualmente mi
lengua por su velluda barriga─ Su verga de viejo será la primera que saboree mi
boca.... Usted Don Tito va a ser el primero que meta su verga en mi boca.



No podía creer lo que acababan de pronunciar mis labios;
sabia que eso iba a calentar al viejo, y era consiente de que eso me calentaba,
pero decirlo con esa mezcla de inocencia y sensualidad me asombraba.



─Entonces abre la boca putita─dijo con su voz carrasposa.



Primero repase su miembro con la lengua, él se inclinaba para
poder verlo bajo su barriga. Recorría de la base de su gruesa verga hasta su
húmedo glande, tenia un sabor a sudor con una pequeña esencia a orines; me
gustaba, el sabor a calentura de viejo me gustaba, bañe su mastil con saliva y
sus testículos también, que me sumergiera entre su vello para alcanzar sus
testículos con mi lengua le encantaba, podía sentirlo en los apretones o
palmadas en mi cola. Cuando atrape su glande con mis labios cada una de sus
manos apretó la respectiva nalga que tenia atrapada.



─Eso puta, chupamela...demuéstrame de lo que se ha perdido tu
estúpido marido.



Empecé a chupar su verga de forma hambrienta, mientras mis
labios la recorrían de arriba hasta donde alcanzara a entrar en mi boca, mi mano
apretaba y masturbaba lo que quedaba fuera de está; mi lengua acariciaba su
glande sin descanso y mi cola se meneaba sin cesar. Ya llevaba un rato así
cuando empecé a bajar el ritmo.



─¡Vamos puta!, sigue chupando....síguele chupando el pico a
este viejo caliente─ exclamo mientras me pegaba fuertes palmazos en mis nalgas.



Reanude mi ritmo, mi excitación había crecido. Al tratarme de
puta y ordenarme que siguiera, me hacia mas deseable...mas puta...mas rastrera.
Mientras chupaba no podía evitar emitir sonidos de gemidos atrapados en mi
garganta, mi calentura se me notaba; y mas se notaba cuando disminuía el masaje
en su verga, con la intención de que me volviera a gritar, a insulta y a darme
palmazos como a una niña que no cumple con su tarea.



─Me gustaría ver al hijoputa de tu marido viendo como me la
chupas...aaarrgg....el cuerpazo de mujer que tiene chupandosela a su
despreciable vecino...mientras este le manosea su delicioso
culo...aaaahhhh....eso puta, comete tu dulce, reverenda puta─decía sabiendo que
yo me calentaba mas con sus insultos.



Aparto su delicioso aparato de mí y se paro detrás mío.
Agarro mis tangas y me los dejo a medio muslo. Lo mire, estaba mirándome el culo
ya desnudo y mi entrepierna totalmente expuesta. Puso su mano sobre mi húmeda
vagina y la acaricio impregnando mi escaso vello con mis propios flujos.



─Estas toda mojada puta...como perra en celo─dijo mientras
ponia la punta de su verga sobre mis labios vaginales.



─No Don Tito, no me la meta....por favor...no me
viole─implore sabiendo que no me haría caso; ya les dije, me encanta que no le
importe si yo quiero o no.



─Estas loca porque te la metan...la muy puta...piensas que te
voy a dejar así no mas...pues ahora me lo vas a pedir...me vas a pedir que te la
meta...anda, pídeme que te atraviese....pídeme que te haga mía....pídeme que
posea el cuerpo de la mujer de mi vecino...anda puta, no te la voy a meter hasta
que me lo pidas─dijo el viejo mientras rozaba su glande en la entrada de mi
vagina.



Estuvo un rato acariciándome el culo y la entrepierna con su
falo, sus palmadas se mantenían sobre mis nalgas. Mi excitación me dominaba,
estaba ese viejo manoseándome y mirando mi cuerpo desnudo a excepción de mi
blusa mojada y ya no aguantaba las ganas de que me lo metiera. Me volví a
mirarlo, nuestras miradas se encontraron, su sonrisa malévola me hacia sentir
dominada y descontroladamente caliente.



─Por favor Don Tito....aaaaayyyyyy....poséame...desquítese de
Pablo follando a su mujer...quiero sentir que abusa de mí...uuuuyyyyy....quiero
sentir su gruesa verga dentro de mí....por favor Don Tito, complázcame y seré
suya para siempre.....para que desahogue su placer en mi cuerpo....por favor Don
Tito, calme mi calentura─ dije mirándolo a los ojos en forma suplicante,
mientras yo misma acariciaba mi culo a la vez que lo meneaba como sabia que a él
le gustaba.



El viejo aguanto hasta que termino mi desesperada petición;
se agasajo mirando mi excitado rostro mientras le pedía que me clavara esa
verga. Lo deje de mirar cuando me tomo de las caderas, ubico la punta de su
miembro y de una sola embestida me lo clavo completo. Su gruesa verga se abrió
paso en mi interior como un taladro. Me saco un grito desgarrador, el dolor y el
placer se mezclaban de forma exquisita entre mis piernas. Se quedo ay un
momento, con toda su carne dentro de mí; nunca había sentido nada tan adentro.
Me calentaba pensar en como me había dejado joder por el viejo vecino; la idea
era repetitiva pero no podía dejar de excitarme. De pronto empezó el violento
mete y saca, me tenia agarrada de las caderas y me empujaba hacia él con la
misma fuerza que me estaba clavando. Pude sentir su barriga sobre la parte baja
de mi espalda cuando se inclino para agarrarse de mis tetas; estaba sobre mi
follandome salvajemente. Yo tenia las piernas juntas, amarradas por mis tangas a
medio muslo, y mis codos, apoyados sobre la mesa, daban el espacio para que
manoseara a placer mis excitados pechos. Me tenia montada como a una perra.



─¡Aaaaaayyyyyyy!....¡me duele!.......¡uuuuuuyyyyyy!.......¡me
parte!.......¡Don Titooooo!.......¡NO PAREEEE!.........¡NO, DÉJEME, NO PUEDO
HACERLE ESTO A PABLO!.......¡VIEJO ASQUEROSO!..¡¡¡DEJA DE VIOLARME!!!.



─¡CALLATE MALDITA PUTA!.....¡APENAS ESTOY
EMPEZANDO!......¡QUE RICO ES CULIARTE!......AAAAARRRRGGGGG.......¡DIJISTE QUE
SERIAS MIA SI TE LA METIA!.....¡ERES MIA CRISTINA!¡MAÑANA CUANDO TU HIJOPUTA
MARIDO ESTE TRABAJANDO!....¡¡¡¡YO VENDRE A CULIARTE OTRA VEZ!!!!!.......¡Y ME
VAS A ESPERAR, ESCUCHASTE, ME ESPERARAS PORQUE ESTARAS HAMBRIENTA POR ESTE VIEJO
ASQUEROSO!─gritaba mientras me cogía.



─Si Don tito.....aaaayyyyyy....lo voy a esperar sumisa y
complaciente.....¡dispuesta a todo!.....voy a ser su
perrita.....uuuuyyyyy.......La mujer de Pablo ¡VA A SER SU
PERRAAAA!.....AAAAHHHHH.......AAAAAHHHHH─ Estallo mi segundo orgasmo, fue largo
e intenso, pero no me dejo satisfecha; me dejo cansada y mas calmada pero no
satisfecha, aun estaba hambrienta.



El viejo se detuvo, no me lo saco, pero se quedo quieto
parado detrás mío. No demore mucho en empezar a moverme en suave vaivén, ahora
era yo la que me estaba comiendo su falo. Podía sentir como mis nalgas se
pegaban a su ingle cuando mi culo se clavaba bajo su barriga. Me movía hacia la
mesa sintiendo el roce de su miembro dentro de mi, para luego volver a
clavármelo y sentir su peluda piel en mis muslos y nalgas.



─Eso putita....comételo....muéstrame que te
gusta.....muéstrame que te encanta─decía el vejete mientras acariciaba mi
espalda.─Ahora mas rápido....¡mas rápido te dije¡─Volvió a azotar mis pompis con
sus arrugadas manos.



Acelere el ritmo de mis movimientos. Él no se movía, era yo
la que, bajo el yugo de sus palmazos, devoraba su herramienta por entre mis
piernas en un mete y saca frenético, como una yegua complaciendo a su jinete.
Sabia que le encantaba mirarme dándome placer con su verga, sabia que gozaba
mientras me dejaba golpear con tal de mantener su falo dentro de mí. El sentirme
como su puta; el escucharlo insultarme, e insultar a mi marido, me tenia
descontrolada. Mi único control se basaba en dejar que abusara de mi cuerpo, con
tal que siguiera gozándome, me mantenía sumisa ante él.



Luego de un rato de gozar de mis movimientos, sorpresivamente
se aparto de mí, sacándomelo y dejándome un gran vació entre las piernas. Me
volví a ver que hacia y me asuste al verlo subiéndose los pantalones.



─Siga Don Tito...por favor, siga abusando de mí─suplique
jadeante.



─Quiero seguir gozándote en tu cama puta, donde duermes con
tu lindo maridito─dijo el viejo maldito.



─No, por favor Don Tito, no nos humille así. Por favor se lo
pido, haga la que quiera conmigo ¡pero no lo humille así!─ rogué levantándome de
la mesa.



─Solo por el placer de humillarlo a él, me voy a follar a su
esposa en su propia cama y tú me vas a seguir; porque eres una perra hambrienta
de verga y mi verga va a tu dormitorio. Y no demores puta o la leche que tengo
guardada para ti, la voy a regar en su almohada─dijo sacando su desgarbado
cuerpo de la cocina.



Me subí el tanga; mi blusa, esta vez mojada por mi propio
sudor, seguía pegada a mi cuerpo. No podía creer que aquel viejo me hubiera
dejado botada en la cocina, asegurando que no podría aguantar el deseo de
seguirlo. Quería humillar a Pablo follandome en nuestra cama matrimonial. Recogí
mi pequeña falda y pensé en ponérmela, ir a buscar a ese maldito viejo y sacarlo
de mi casa. Él podría molestarse y violarme crudamente ay mismo, quizá era más
bajo y entrado en años pero seguía siendo mas fuerte que yo. La idea me calentó.
Luego pensé en seguirlo, darle en el gusto a ese vejete de mierda; mostrarle que
con tal de que siguiera abusando de mí, humillaría a mi amado esposo de la peor
de las formas. Me di cuenta que me gustaba, me gustaba la idea de ser sumisa
ante él y entregarle mi cuerpo en nuestra cama. Me excite, parecía una
drogadicta afligida por falta de droga; necesitaba verga he iría por ella sin
importar las consecuencias.



Cuando entre en la habitación me sentía como una niña que
asiste por primera vez a clases; estaba nerviosa, ansiosa y asustada, aun así
camine con un andar sensual y orgulloso. Él estaba desnudo junto a la cama, solo
conservaba unos viejos calcetines que al parecer no pensaba sacarse.



─Ven acá Cristina, ven donde mis manos te alcancen. Anda,
complace a Don Tito, este viejito que te dará tu merecido─dijo el miserable
vejete.



Me acerque a él, como me lo ordeno. De un tirón desprendió
todos los botones de mi blusa y dejo mis pechos libres frente a él. No demoró en
atraparlos entre sus manos y chuparlos como un becerro hambriento; sus manos
recorrieron mi trasero y disfrutaba tirando de mi tanga para que este se
apretara contra mi intimidad, mientras su lengua subía hacia mi cuello y luego a
mi cara donde inclusive se atrevió a besarme asquerosamente. Me excito. Le
respondí como una vil zorra su asqueroso beso. Por primera vez sentía su piel
peluda y arrugada abrazar mi cuerpo. Ya descontrolada, me entregue y le abrace
por sobre los hombros dejando a su merced, y sin ninguna protección, todo mi
cuerpo. Le Acaricie suavemente la nuca mientras me gozaba.



Me aparto bruscamente, y esta vez fueron mis diminutos tangas
los que fueron apartados de mí de un fuerte tirón. Me tomo del brazo y me arrogó
sobre la cama, caí de espaldas, dominada, entregada, excitada. Se masturbaba
lentamente, mientras se deleitaba mirando mi cuerpo con esa mueca enfermiza que
tanto me calentaba.



─Abre tus piernas puta, muéstrale a este viejo como te
entregas en la cama donde duermes con tu marido.... y pídemelo, pídeme que te
tome, que te folle como a una puta─dijo el viejo con malicia.



Lo mire, sabia que le gustaba verme a los ojos cuando
lastimeramente le pedía que me tomara, cuando se lo pedía como una hembra
desesperada.



─Don Titoooo....por favor.....poséame aquí.... en la cama que
comparto con Pablo─Abrí mis piernas lentamente, doblando mis rodillas expuse por
completo mi intimidad, ofreciéndome como una puta─Anda viejo....aaayyyy....abusa
de mi cuerpo...abusa del cuerpo de la mujer de otro
hombre....uuuuyyyyyy....úsala como una puta.─continué, a la vez que mis manos
recorrían suavemente mi entrepierna y mis tetas, expuestas para él.─Don Tito,
venga tómeme...métame esa rica verga....geseme....anda viejo...culeame....viola
a la hembra de tu vecino...desquítate conmigo...ande Don Tito, desquítese usando
mi cuerpo─cerré los ojos y voltee mi rostro, con eso me sumergí en la excitación
que me acababa de provocar diciendo esas palabras, y le di a entender que el
exuberante cuerpo desnudo sobre la cama: el cuerpo de la mujer del cabron de su
vecino, era suyo.



Basto sentir que subía a la cama, para que yo empezara a
gemir delicadamente. Sentí la punta de su verga en mi conchita. Mientras se
hundía dentro de mí, sentí caer su barriga sobre mi esbelto vientre y su lengua
empezar a recorrer mi cuello. Lo rodee con mis piernas, su fofa contextura me
recordaban la diferencia de edad. Su velluda y arrugada piel se aplastaba ante
la presión de mis muslos. Su respiración era pesada y ansiosa, parecía un perro
desesperado. La idea de que me dejara gozar por un viejo que podría ser mi
padre, un viejo regordete y feo; y que además era enemigo de mi marido, me
calentaba de forma increíble. El mete y saca frenético, la follada que me estaba
dando Don Tito, me arrancaban gritos de placer, mi tercer orgasmo no tardo en
llegar.



Cansada pero aun entregada a las clavadas del viejo, abrí los
ojos. La fotografía de mi boda sobre el velador, conmigo de novia y Pablo
sonriente junto a mí, era testigo del abuso de mi cuerpo. Mis ojos se pegaron en
la fotografía, sentí lagrimas brotar de mis ojos y recorrer mis mejillas. Las
lagrimas eran por un sentimiento de culpa, de culpa por no poder decirle que no
a aquel viejo que se saciaba conmigo. Le pedí perdón a Pablo, volví a apretar
con mis piernas el cuerpo de mi violador; lo abrace; acaricie su peluda espalda;
busque su jadeante boca y lo bese como la hembra hambrienta que era.



─Dame mas fuerte....aaaahhhh....dame mas fuerte viejo
asqueroso....perforame mas duro─gemía suplicante, pegada a sus labios y aun con
lagrimas recorriendo mis mejillas. Se dio cuenta de mi tristesa lo que le
provoco una risa burlona.



─Ya es tarde Cristina...tu cuerpo ya es mío...siente mi
verga....eres una perra asquerosa....sumida a los deseos de cualquiera que
quiera darte verga...a cualquiera que quiera gozar de tu cuerpazo.....incluso
este viejo que tienes montándote─me torturaba, provocándome oleadas de placer.



Se incorporo sobre sus rodillas, junto mis piernas y las
apoyo sobre su hombro derecho y continuo con fuertes embestidas, llegando a
sacar su gallarda verga para luego enterrármela hasta lo mas profundo de un solo
golpe. En esa posición, con mi culo nuevamente a la vista, golpeando su ingle
bajo su barriga, y al alcance de sus manos, las nalgadas volvieron a resonar
como latigazos de placer al compás de su vaivén.



─Toma puta......¡¿así te gusta que te la
claven?!.....aaaarrrrgggg....eres una niña mala que merece que le destrocen el
culo a charchazos─balbuceaba aferrando mis piernas contra su pecho─¡Eso
perra!....me encanta ver como te saltan las tetas....grita puta, sigue
gritando....muéstrame como te gusta el pico; como te gusta que te metan el pico.



Sus insultos; sus golpes; su mirada de desprecio me tenían en
éxtasis. Lo vi arremetiendo contra mi ardiente cuerpo con un ansia de deseo y
odio. Cuando me escupió, logrando que su saliva cayera en mi rostro, lo
incentive recogiendo los restos de su humillación, con hambrientos movimientos
de mi lengua. Era su perra y con tal que me siguiera follando era capaz de eso y
más.



De pronto sus embistes disminuyeron su intensidad hasta sacar
su miembro de mi interior. Mi cuerpo seguía con el vaivén extinto con ansia de
lujuria.



─Siga Don Tito...deme más verga─pedí entre jadeos.



─Si te voy a dar perra, no te preocupes─respondió a la vez
que sus dedos se paseaban de mi inundada intimidad hasta mi virgen agujero
posterior─¿Alguna vez tu marido te a pedido tu culito?



─Si Don Tito─respondí percatándome de que la respuesta no le
gusto demasiado─pero no se lo entregue, él lo quería pero se lo negué─esa ligera
mueca burlona volvió a aparecer en su rostro.



─Pues será mío, te voy a desflorar el culo perrita─dijo
mientras restregaba su glande contra mi ano.



─¡No!....oh Dios mio no, por favor Don Tito no─rogue envuelta
en deseo.



Sentí su miembro hundirse hasta la mitad, mis piernas
frenaron sus leves intentos por liberarse de entre sus brazos, para quedar
inmóviles ante el empalamiento que estaba sufriendo. Quede muda, y no fue sino
hasta que me lo termino de enterrar de una sola vez y sentir sus peludas bolas
entre mis nalgas; cuando emití un fuerte grito de dolor. El dolor me inundo; mis
gritos parecieron incentivar sus embistes, que de suaves estocadas se
convirtieron rápidamente en frenéticas puñaladas.



─¡ME DUELE!...AAAAAAAHHHHHH...¡SACAMELO VIEJO ASQUEROSO!..
AAYYYYYY....¡ME DUELE!....¡AAAAYYYYY!....¡ME PARTE!, ¡DON TITO!...AAYYY... ME
ESTA PARTIENDO....¡ME DUELE!─ grite a la vez que mis gritos se mezclaban con
gemidos de placer─ ¡AAAYYYYY!....QUE RICO.....¡PARTEME EL CULO VIEJO DE
MIERDA!...¡AAAAAAAAHHHHHH!....¡PERFORAME HASTA EL FONDO!.



─que culito mas apretado putita...eso, comételo
todo....aaaaagggghhhh....¿me gustaría que tu marido me viera follandote el
culo?...aaaarrggg...supiera lo perra que es su mujer...lo mucho que le gusta la
verga....tanto que viene cualquier malviviente y se la clava en el culo....¡TOMA
PUTA!....¡SIENTELO HASTA ADENTRO!─gruño mientras me embistió de tal manera que
me sentí partida, llego mas adentro que nunca y fue tal el dolor que me provoco
convulsiones de placer; estaba sufriendo el mas increíble orgasmo de toda mi
vida.



Me agarro un pecho y me dio un fuerte apretón, a la vez que
me sacaba su miembro del culo para así rosearme con sus chorros de semen. Mis
tetas; mi cuello; mi cara, estaban siendo inundados de esperma de ese viejo
asqueroso.



─¡ANDA PERRITA!...¡AQUI TIENES TU LECHITA!...¡PUTA! ...¡PUTA!
...¡PUTA! ...¡PUTA! ...¡PUTA! ...¡PUTA! ...¡PUTA!─gritaba.



Su orgasmo me pareció infinito. Mi cuerpo recibía sus
descargas de semen con hambre; entre increíbles contorsiones de placer, trataba
de recibir hasta la ultima gota de leche sobre mi piel. Mis manos esparcieron su
esperma por mis tetas dándoles un brillo excitante, mientras mis labios
capturaban los restos que estuviesen a su alcance, devorando el exquisito elixir
de su humillación.



─ay estas bañada de leche puta, saboréala, disfrútala como sé
que te gusta. Así quedo la puta de mi vecino; la puta mujer de mi vecino....que
culazo que tienes...y te lo acabo de culiar─termino dándome un fuerte palmazo en
el culo y dejando caer mis piernas hacia un costado se levanto.



Quede exhausta sobre la cama, su ultima nalgada se notaba
sobre mi trasero. Jadeante vi como se vestía, Junto a él la foto de mi
matrimonio me recordaba que había sido humillada y abusada sobre la cama que
compartía con Pablo. Ese asqueroso viejo me había hecho suya; a mí, la mujer de
su odiado vecino. Y ahora se vestía para dejarme ay, abusada, usada, vejada y
violada pero sobre todo dominada, me hizo lo que quiso y ahora se iba;
satisfecho.



Recogió mis llaves de la casa, que estaban sobre el velador,
vio la foto, la levanto para verla mejor, se volteo a verme y esa maldita mueca
de placer volvió a aparcera en su cara. Tiro la foto junto a mí.



─Nada me gustaría mas que quedarme y ver la cara de tu marido
al verte bañada en mi leche, como una perra asquerosa─dijo el viejo guardándose
las llaves─ pero prefiero que por ahora no se entere; ahora eres mía y pienso
disfrutarte Cristina. Ya llegará el día que goce humillándolo.



Me senté sobre la cama y me cubrí con las sabanas. Se acerco
y apoyándome un dedo en la barbilla levanto mi rostro para que lo mirara.



─me llevo las llaves porque de ahora en adelante pienso
entrar a esta casa cuando quiera─dijo con su vos carrasposa─Volveré después de
comer, quiero que te des un baño y me esperes en la cama...con tu ajuar de novia
puesto ¿escuchaste?─se me quedo mirando, esperando una
respuesta─¿escuchaste?─volvió a preguntar.



─Si Don Tito.



Se fue, salió del dormitorio y luego sentí la puerta de la
calle cerrarse. Me lleve las manos a la cara y llore; de vergüenza; de rabia; de
alegría, no lo sé, solo sé que llore desnuda sobre la cama, sentía secarse el
semen sobre mi piel, y mi ano me ardía. Las lagrimas escapaban por entre mis
dedos para mojas las sabanas que me cubrían.



Me di una ducha, me dispuse a hacer mis maletas; eran las
doce del día. Por acá se suele comer como a las dos. Eso me daba dos horas para
empacar he irme de ay. Llamaría a Pablo de la casa de mis padres para que me
fuera a buscar allá, y nos iríamos lejos, sin explicación de por medio. Él lo
haría por mí, él me amaba y se iría conmigo sin preguntar nada, en un gesto
romántico propio de él.



Mientras empacaba encontré mi ajuar de novia, recordé las
palabras de aquel viejo. Me calme, mi apuro se había desvanecido; mi total
atención se fijo en las diminutas prendas blancas que cubrieron mi cuerpo en mi
noche de bodas. Mis portaligas; mi brasier de encaje y el pequeño corales se
deslizaron por entre mis dedos, estaban suaves y recordé lo mucho que le
gustaban a Pablo; decía que me veía hermosa, que podía estar muy cansado, pero
apenas lo sorprendía con esas prendas adornando mi cuerpo, no aguantaba las
ganas de hacerme el amor. Cuando me di cuenta ya las tenia puestas, estaba
frente al espejo y me admiraba lo sensual que me veía; mi pequeña cintura,
abriéndose en unas preciosas caderas, daba el soporte a mis pequeños corales. Me
di media vuelta; el conjunto de ese hilo perdiéndose entre mis nalgas, con ese
fino portaligas que rozando mi trasero se unían a mis ligas a medio muslo, me
hacían ver increíble. Me extrañaba el nunca haberme detenido a verme, aquel
brasier de media copa juntaba mis gloriosos pechos generando una increíble vista
del escote. Camine mirando al espejo, me sentía sensual, me sentía como una
hembra excitante...y me gustó.



Me acerque lentamente a la cama. Mientras cambiaba las
sabanas, a mi mente llegaron las imágenes de aquel viejo abusando de mí; ese
viejo que compartía noche tras noche la cama con una vieja, había gozado de mi
cuerpo, un cuerpazo como él mismo lo llamo, un cuerpo joven y hermoso de los que
seguramente ni en su juventud pudo gozar; y yo....y yo lo había dejado, lo había
dejado manosearme y luego penetrarme; era una perra...había sido su perra; su
puta, solo porque me tomará, ese era mi precio, no pedía más, solo que me
gozarán.



Me metí entre las sabanas limpias, sentía mi ajuar apretando
mi cuerpo; me recosté de lado dándole la espalda a la entrada del dormitorio, y
espere. Recordé a Pablo, sabia que él no llegaría hasta las siete, él estaba
trabajando y nunca sospecharía lo que su mujer estaba haciendo en su ausencia.
De pronto sonó la cerradura de la puerta de entrada; los pasos se dirigieron
directamente a la habitación y luego junto a la cama; de un tirón la sabana que
me cubría quedo a mis pies y un sonoro y burlón"guauuu". Sentí el peso de otra
persona en la cama y luego una áspera mano me tiro de la cintura.



─Ven acá perrita.



No voy a entrar en detalles con respecto a lo que Don Tito me
hizo esa tarde. Me penetro; me insulto; me dio de nalgadas; incluso empezó
penetrándome por atrás para luego terminar en mi vagina "te voy a dar un hijo
puta
" gimió cuando me llenaba con su semen. Después me obligo a chupárselo
durante cerca de una hora, mientras me manoseaba, insultaba y me palmeaba el
trasero, hasta que acabo en mi boca y me obligo a tragar toda su leche....volví
a portarme como una puta.



Los días pasaron y me convertí en una sumisa y obediente
perra para el viejo, me hizo hacer muchas cosas que ni en mis peores sueños
pensé que algún día me iba a ver obligada a hacer. Quizá otro día les cuente
esas cosas, ahora debo arreglarme para cumplir con lo que me ordeno para hoy;
ayer le conté del vejete malviviente del parque y de lo que despertó en mí "Debemos
premiar a ese iluminado
" fueron sus palabras.




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Relato: Cristina
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