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Relato: Antes de ser cornudo





Relato: Antes de ser cornudo



Fantasia, mi compañera de años de pajas


Le di tantas vueltas al asunto durante todos esos años en que mi esposa aún
se negaba a probar a otros hombres, que llegué a desarrollar toda una "novela",
que ahora les relato. Repito que lo que viene aquí abajo es una fantasia, ya que
si bien es cierto ella al fin si me ha puesto los cuernos, no ha sido de esta
manera. Ya que igual las cosas se dieron como yo quería, no quise que esta
fantasia que fue mi compañera de pajas durante varios años quedara en el olvido
ya que quizás haya alguien que le guste o hasta se sienta identificado con mi
relato. Bueno, no más rodeos y aquí va:


Mi mujer, la Sofi, se acaba de dormir profundamente producto del efecto de
las pastillas. Hacía algunos días que yo había empezado a echarle pastillas para
dormir al tecito que ella se tomaba y que yo me ofrecía a prepararle antes de
dormirse. Ya por la red había yo buscado tipos dispuestos a cogerse a mi esposa
si yo los llamaba. Ellos sabían de mi plan y de que era mientras ella dormía. Me
decidí por uno que vivía relativamente cerca y que podía venir a cualquier hora
ya que vivía con la mama. Cuando llegó vi que tenía mas años y kilos que la foto
que me había mostrado por la red. Me explicó que la foto era de hace dos tres
años, pero que lo demas seguía vigente, y se agarró el paquete para ser más
explícito. Bueno, el tio ya estaba ahí y como la Sofi ni siquiera lo iba a ver,
daba lo mismo quien fuera, pensé.


El entró a la habitación caminando con cuidado, como para no despertar a mi
esposa. Yo cerré con llave y con seguridad en mi mismo le dije que no había
problema, que había tenido muchas noches para probar el resultado. Se lo
demostré agarrándole las tetas a mi mujer y subiéndole el camisón de dormir
"modelo abuela" para que Enrique, como se llamaba, le viera el coño peludo y me
creyera. El tio se demoró un poco en creerme, pero cuando se entusiasmó, me hizo
abrirla de piernas mientras él se bajaba los pantalones y se ponía el condón. Sí
era verdad en todo caso que su verga medía por lo menos 18 centímetros.
Comparada con mi verga eso era mucho, así es que me di por satisfecho. Y
procedimos a lo nuestro. El le metió la verga con mucho cuidado para no
despertarla, por más que yo le aseguraba que le podía dar todo lo duro que él
quisiera. No fue la gran cosa ese polvo, pero igual me pajeé mirando a Enrique
dándole polla a mi mujer hasta que nos corrimos los dos. El se vistió y se fue y
quedamos de contactarnos. Mis planes para esa primera noche eran otros en
realidad: darle entre los dos a la Sofi hasta el amanecer. Pero él ya se había
ido. Mi consuelo era que yo ahí me había dado el gusto de ver la verga de otro
macho en el coño de mi esposa.


Al otro día mi mujer ni se enteró de lo que pasó, yo gocé todo el día con lo
que pasó la noche anterior y lo que pasaría hoy otra vez. Enrique volvió a venir
al dormirse ella y tampoco fue gran cosa esta vez. Le dio verga a mi mujer, le
chupó un poco las tetas mientras lo hacía y se quiso ir temprano cuando estuvo
listo con lo suyo. Sólo mi amenaza de dejar de llamarlo y traer a otro tio en
vez surtió efecto para la siguiente noche. Fue en esa tercera noche que él se
quedó hasta la madrugada y se cogió a mi esposa por el culo además. Me di el
gusto de ser yo quien separara las nalgas de mi amorcito. Usé un poco de crema
que ella suele usar para la cara a modo de lubricante, y ahí me dió Enrique la
felicidad de ver a mi mujer ensartada por su culito y por una buena verga. Se la
montó rico. El ahora estaba bien seguro de que mi mujer no despertaba con nada,
y luego fue mi turno de usar ese culito recién cogido. Descansabamos ahí mismo
en la cama, uno a cada lado de ella. El que quería le mamaba las tetas o le
agarraba el coño, y le metía la verga por supuesto. Le dimos varias veces esa
noche, y mi mujer se comió todas las vergas sin problema.


Pasaron unas semanas de hacerlo así cada noche, hasta que Enrique me indicó
sus ganas de conocer a mi mujer. O sea despierta, de día. La idea parecía mala,
pero me excitaba el pensamiento de que la Sofi tuviera contacto con el macho que
le enterraba la verga cada noche, y acepté. Me parecía perversamente excitante.
Era demasiado esperarse que ella dejara de serme fiel y se dejara coger por ese
tio, pero el verla hablar con él ya me excitaba. Se lo presenté como un amigo, y
que era sobrino del dueño de la empresa donde yo trabajaba. Por ese lado la Sofi
aceptó que el vieniera bien seguido a casa.


A todo esto, en la fantasia nosotros teníamos un hijo de cinco años, llamado
Andrés.


Mientras Enrique mostraba sus lados buenos en casa, haciéndose el simpático y
amable, no faltaba que yo me las arreglara para salir al jardín a jugar con
Andrecito, de modo que a ratos ellos quedaban solos en el interior de la casa.
Igual mi esposa seguía fiel y recatada, y Enrique trataba de ingeniárselas para
ver cómo podría cogérsela despierta. Una de esas tardes, cuando él se había ido,
ella me dijo que Enrique se le había insinuado y que le estaba incomodando la
presencia de él en la casa. Yo la calmé a ella, y la convencí de que él era
buena onda y que seguramente que había sido un malentendido. Luego en la noche
mientras le dábamos a mi esposa en la cama yo le di consejos a él para indicarle
cómo poder hacercarse a la Sofi de día. La situación se arregló tan bien con mi
intervención que ella comenzó a ver a Enrique de mejor manera. Ahora ellos
conversaban como si nada si yo me iba con nuestro hijo al jardín o a pasear por
ahí. Al menos ahora a ella se le veía cómoda hablando con él, gracias a que
logré hacerla bajar la guardia. Y como yo me desaparecía a ratos con el niño, y
cada vez con mayor frecuencia, mi mujer se entretenía conversando y viendo tele
con Enrique como muy buenos amigos.


Las semanas fueron pasando y ellos pasaban más y más solos gracias a mis
salidas. Mientras de noche lo pasábamos de maravillas con el cuerpo de la Sofi,
durante el día Enrique se la jugaba por lograr nuestro plan de que él se la
cogiera, todo eso con mi ayuda por supuesto. Un sábado, cuando yo ya estaba
pensando en regresar a casa con Andrecito después de haber estado en la playa
(yo siempre he llamado avisando que voy camino a casa), me llama Enrique. Buenas
noticias, él y la Sofi ligaron en el sillón. Besos y abrazos solamente, pero los
dos se habían entusiasmado, y la Sofi, para no perder la cabeza totalmente, le
había pedido que él se marchara para evitar una locura. Lógico que él me lo
contó todo, con lujo de detalles, incluso cómo le había mamado las tetas y como
ella le acarició la verga por encima del pantalón. Fue camino al dormitorio que
ella se había arrepentido. Enrique y yo llegamos a la conclusión de que de haber
seguido en el sillón, él se la hubiera podido coger a su regalado gusto. Pero
bueno, igual era una EXCELENTE noticia para mí, como futuro cornudo.


Yo llegué de buen ánimo a casa, gracias a la información secreta, y Andrecito
le contó a mamá de lo bien que lo pasó en la playa. Ella se había duchado,
estaba bien bonita y hasta preparó mi plato favorito. Comimos de buen agrado y
Sofi se encargó de acostar al niño temprano aprovechando lo cansado que estaba.
De ahí ella me llevó al dormitorio y me abrazó y besó como en mucho tiempo no lo
hacía. Me dijo que me amaba con toda el alma, que yo nunca lo dudara. Me empezó
a seducir y yo notaba a la vez que había algo de fondo, pero todo era tan rico
que la dejé seguir con lo suyo. Ella ya me había desnudado en la cama, y luego
de desnudarse haciendome un numerito de striptease que yo no veía hacía años,
comenzó a besarme la verga. Y ahí, con mucha suavidad, ella comenzó a contarme
la parte más suave de lo que había ocurrido con Enrique. En su versión de esposa
arrepentida se habían dado "unos pocos besos y eso". Yo la escuché con amor y
paciencia, y mientras me contaba ella su relato, yo pasaba mi verga por su cara
y boca. Ella pensaría seguramente que así me tenía anestesiado, y yo entendía
por mi parte que mi propio plan de hacerla ponerme los cuernos iba



a resultar. Le di mi comprensión, le dije que era natural para una mujer
casada tantos años con el mismo hombre el reaccionar así, que yo no le daba
ninguna importancia y que por supuesto que la perdonaba. Luego de juguetear un
rato los dos en la cama, super enamorados el uno del otro, ella suavemente me
comunicó la pregunta que parecía hace rato flotar en el aire. Era que si ella se
hubiera acostado con Enrique yo igual la hubiera perdonado. Yo la hice montarme
la verga besé su boca y le dije que "sí". Que la hubiera perdonado sin ningún
problema. Que yo la amaba y que yo a ella le perdonaba todo lo que pudiera
hacer. Quién sabe qué pasó por su cabeza ahí, pero a la Sofi le gustó tanto mi
respuesta que comenzó a cabalgarme como una amazona, y me llenó de besos y se
apegó a mi como una loca mientras su coño se encargaba de bombear hacia sí toda
mi leche. Fue un polvazo como no hacía años que teníamos. Fue exquisito!!


Ya más calmados, y muchísimo más felices como pareja. Estuvimos abrazados y
besándonos tiernamente. Al volver a retomar el tema, le di la confianza
suficiente como para que ella se atreviera a contarme los detalles. Igual yo
sabía que cosas preguntar, y ella me adoraba por la comprensión que yo mostraba
al tratar el tema. Yo hasta le podía bromear a ratos con que estuvo "a punto de
cabalgar al tio Enrique", y ella tanto se ruborizaba como reconocía entre bromas
que al parecer él la tendría bien larga. Como era yo el que sin problemas
mencionaba posiciones en las que Enrique se la hubiera podido comer, en qué
lugares de la casa y cosas así, ella también se puso a bromear con sus propios
ejemplos, y en poco rato yo estaba encima de ella, con la verga a la entrada de
su coñito aumentando su excitación. Ahí yo le decía "Así es como te hubiera
tenido Enrique?" y ella caliente como estaba, sólo atinaba a responder
"mmmhhhh". Y yo seguía con "él te hubiera mamado las tetitas mientras lo
montabas y te hubiera acariciado el culo con sus grandes manos también". La Sofi
no respondía, pero se notaba que en su cabeza desfilaban esas mismas imágenes.
Yo estaba calientísimo cuando ella pasó al contraataque. Ella aprovechó lo
caliente que yo estaba y preguntó: "Si yo quisiera hacerlo con él, tú me darías
permiso?". Mi respuesta fue un silencio sorprendido y luego un corto "sí", que
nos convirtió en máquinas de follar, cada cual imaginando su propia versión de
cómo sería un encuentro entre Sofi y Enrique en nuestra cama.


Al día siguiente los tuve bajo control debido a mis celos de última hora, y
cuando la Sofi salió un rato, le conté a Enrique lo que había pasado. En la
noche le conté a ella que ya Enrique se había enterado por mí de lo que ella y
yo hablamos. La Sofi como que se asustó, o escandalizó, le molestó la situación
porque eso era algo privado. Pero por otro lado, ya las cosas estaban hechas.
Tardó un rato, pero nos pusimos en la buena y terminamos follando e imaginando
lo bien que ella y el tio Enrique lo iba a pasar en la cama si ella se decidía a
hacerlo. Otro polvazo que nos mandamos.


La Sofi me despertó como a las 10 de la mañana. Era sábado, el día anterior
yo había salido de vacaciones. Un delicioso día de verano, ideal para la playa
pensó mi amorcito, que me preparó todo lo necesario para que Andrecito y yo
fuéramos a la playa, solos. Enrique había llamado y quedó de venir más tarde.
Como parecía haber algo en el aire, le pregunté derechamente en algún momento si
tenía planeado acostarse con Enrique ese día. Me dijo que no sabía, pero ya que
yo tocaba el tema, quería saber si yo le había dicho la verdad cuando le dije
que sí le daba permiso. Me ponía (deliciosamente) contra la espada y la pared
con su actitud de "vete a la playa con nuestro hijo y déjame follar tranquila
con Enrique". En cierto momento hasta sentí un poco de celos al entrar al
dormitorio y verla eligiendo ropa interior sexi. La muy puta se le iba a
entregar y yo no iba a estar ahi para verlo. Le dije que me estaban dando celos
y que la única manera de que yo saliera de la casa era si ella me prometía
contarme todo lo que hicieran. La hice jurarme que "en detalle". Y ella me lo
juró.


Salimos, y ni el delicioso sol o el sonido de las olas lograba calmarme. Las
horas pasaban demasiado lento. Mi hijo a ratos me distraía, pero mi mente estaba
en casa, en nuestra cama, junto a la Sofi y Enrique que a esta hora deberían
estar follando como condenados. Y en un momento de impulsividad, tomé el celular
y llamé a casa. Sofi contestó. Parecía como distante, rara. No entendí lo que él
dijo, pero escuché la voz de Enrique cerca de ella. Ahí comencé el
interrogatorio:


- Estás en la cama?


- Sí.


- Estás con Enrique?


- Si.


- Ya lo hicieron?


- ... sí.


- Te gustó?


- ... (silencio)... (un ademán de ella de contestar y luego su voz increpando
a Enrique a quedarse tranquilo, risa de ella...). Mejor en la casa hablamos
cuando vuelvas. Llama antes de venirte, si?


- OK, dale saludos a Enrique. (y ella colgó).


Me sentí como un estúpido diciendo eso último. Saludos al que le lame el coño
a tu mujer mientras hablas con ella por telefono. Me sentía como un primerizo
desorientado y sabía que yo mismo me había metido en el problema, y lo peor es
que no quería salir de él, sino más bien ser participe de los cuernos que me
ponía mi mujer desde ya.


Llamé según lo acordado avisando nuestro regreso a casa. Hasta el viaje de
regreso se me hizo largo. Andrecito preguntó por el tio Enrique cuando llegamos
ya que ahora el tio pasaba cada vez más tiempo en casa el último tiempo. El ya
se había ido. A petición de mi considerada mujer. Ella actuó como una perfecta
madre y dama el resto de la tarde. A ratos me estudiaba como temiendo una
tragedia griega bien merecida por parte de todos. Acostamos temprano a Andrecito
y nos fuimos a nuestro dormitorio. La Sofi me sedujo para ablandarme, y yo me
dejé seducir. Cuando sintió que nada malo iba a pasar, y que el ir sabiendo
detalles me excitaba más y más, ella tanto me mamó la verga como me dio a gozar
de su coño y me fue contando una cosa tras de otra. Me lo contó todo, yo le
pregunté todo de todo, y ella gozó haciéndome gozar con su ardiente relato. La
Sofi disfrutaba como cuando alguien mayor le cuenta a un niño una historia de
aventuras y tesoros. Me miraba, se sonreía, me besaba y me seguía contando. De
verdad que me lo dijo todo. Hasta supe que después de cada follada ella se había
fumado un cigarrillo. Un mal hábito de la Sofi que me había tomado largo tiempo
quitarle cuando nos conocimos. Culpa de Enrique dijo ella, ya que él quiso fumar
y le ofreció a ella. No necesité imaginármelo, le pregunté y me contestó que
ambos estaban recostados en la cama, desnudos y fumando cada vez que terminaban
de coger. Yo cerraba los ojos y los imaginaba, mi esposa con el coño húmedo con
sus propios jugos, Enrique también desnudo a su lado con el condón aún puesto,
reponiéndose ambos y disfrutando de un cigarrillo en complicidad después de
haberme puesto los cuernos a más no poder en nuestra cama conyugal.


Al otro día en la mañana me desperté con su cabeza apoyada en mi hombro. Me
dijo que me amaba. Que me adoraba. Parecía bien despierta, como si me hubiera
estado contemplando durante largo rato. Le acaricié el culo de la manera
juguetona que yo suelo hacerlo, y ella con voz suave fue al grano: "A ti te
gusta saber que yo me acuesto con Enrique, cierto?". Luego agregó: "No lo
niegues, porque me he dado cuenta de eso. Sólo dime la verdad tal y como es. Yo
te entenderé". Yo traté de inventar algo, para no quedar de perverso, hubiera
podido contarle mi teoria de los trios o de la generosidad del amor, cualquier
cosa, pero no pude contestar. Sólo la miré a los ojos como avergonzado y le dije
que sí. Ella me llenó de besos y sólo me dijo que me amaba. Cuando al fin logré
preguntarle si tal vez la perdería, se rió de mi inocencia y me dijo que jamás.
Que me adoraba, que yo era su esposo para siempre y el padre de su hijo además.
Viendo la duda en mi mirada me aseguró que Enrique era bueno en la cama, pero
que no era ni guapo, no tenía trabajo estable ni futuro y que además vivía con
su mamá. Qué tan atractivo podía ser eso para una mujer. Eso me calmó muchísimo
y pudimos conversar en forma más amena después de eso. De lo uno pasamos a lo
otro, y supe que el vendría a casa de nuevo ese día. Ella quiso saber si yo iba
a salir con Andrecito otra vez. Me lo preguntó porque ellos pensaban continuar
lo empezado el día anterior. Le dije que yo saldría con el niño ese día tambén
(para que ella se sintiera libre de hacer como quisiera), y pronto estabamos los
dos hablando de cosas relativas al polvo de ellos más tarde. Entramos en tal
grado de confianza que hasta me dijo que Enrique quería que hoy ella lo dejara
penetrarla analmente. Describiéndome lo larga que él tenía la verga en
comparación a la mía, ella no sabía si aceptarle o no por temor a una posible
penetración dolorosa. Y ahí estaba yo, el buen esposo, diciéndole a su mujer que
probaran con algún lubricante y sólo la puntita de la verga para empezar. Mi
consejo y dedicación le dieron tal seguridad, que ella se decidió a aceptar el
probar sexo anal con Enrique más tarde. Yo no sabía si estar feliz o lamentar
que mi esposa me viera como a una de sus amigas. Igual para un principiante es
fuerte que la esposa le pregunte a uno cómo hacer para prestarle el hoyito del
culo a otro hombre. Pero entendí que me iba a tener que acostumbrar a cosas así
con el tiempo.


Playa otra vez; verga para mi mujer toda la tarde; regreso a casa; un feliz
tio Enrique. Ese era el esumen del día. Enrique estaba a sus anchas, en shorts
solamente, sentado en nuestro sofá como si fuera el dueño de casa. Igual estuvo
extra amable conmigo, más juguetón que nunca con Andrecito, y enviando complices
miradas a mi mujer, que se esmeraba en atenderme. Cuando él la miraba yo lo
único que veía era: "te tuve por el culo, puta". El se sonreía y ella como que
se ponía nerviosa, y yo sólo la podía ver con el culito parado y recibiendo la
verga de Enrique hasta el fondo. Y al fin oscureció y él se fue a su casa. Ya
solos en la habitación en la noche otra vez me lo contó todo. Incluso que
Enrique casi le partió el culo cuando ella accedió al sexo anal. Ella siguió mi
consejo y hasta se relajó, y el tio Enrique, con el cuidado que pudo, le metió
la verga lentamente al principio. Hasta que se él excitó tanto que ya no pudo
parar de darle como un animal a mi mujer y como dije antes, casi le partió el
culo. El la tenía tomada de tal manera que ella no podía soltarse, de modo que
hizo lo mejor que pudo para tratar de acostumbrarse al tamaño del miembro de
Enrique. Hasta que al final él estuvo listo con el culo de mi mujer. A ella no
le había gustado tanto la experiencia y él le había dicho que era cosa de
costumbre y que con la práctica mejoraría la cosa. Ella me pidió consejo a mí, y
en parte le encontré razón a Enrique (ya que así ella seguiría prestándole el
hoyito anal a mi compadre). Le dije que hiciera como ella considerara
conveniente, pero ella me contestó que cuando se excitaba tanto así con Enrique,
no podía negarle algo. El la hacía sentir como soltera y cachonda. Y por eso
ella se dejaba llevar por el placer y lo dejaba hacerle lo que quisiera. Lo que
él pidiera. Incluso él le había pedido a Sofi que comenzara a tomar píldoras
anticonceptivas para así no necesitar usar condón. Una vez más ella me pidió una
opinión y otra vez le encontré la razón al tio Enrique y apoyé la opción de las
anticonceptivas.


Gracias a eso, pronto estaba yo disfrutando de la concha de mi mujer inundada
de la leche de Enrique cuando yo llegaba a casa. Las salidas a la playa fueron
disminuyendo, y a ratos me turnaba yo en entretener a Andrecito en el jardín o
jugando en su habitación con sus juguetes mientras Enrique le daba duro a mi
mujer en nuestra cama. Luego él venía a entretenerlo y yo heredaba esa concha
lechosa y ese hoyito anal bien penetrado de mi mujer. Mis besos se buscaban a su
boca, a pesar de ella advertirme de que recién había estado de rodillas delante
de Enrique mamándole la verga. Yo la encontraba exquisita a ella y punto.
Perfecta, maravillosa. Pasaba incluso a tanto que a veces jugabamos a las
escondidillas toda la "familia", y con Enrique acordamos que el que se
escondiera con la Sofi, aprovechaba de ligar con ella y manosearla, hasta
encularla incluso mientras los demás buscaban. La situación era tal que a veces
por descuido Andrecito veía cuando el tio Enrique le daba alguna palmada o
agarrón en el culo a su mami. No era la intención, pero igual él lo veía.


Pasaron tres años e inesperadamente supimos que la Sofi estaba embarazada. El
día del nacimiento nos quedó claro a ella y a mí que la niñita se parecía
demasiado a Enrique. Ni nosotros lo dijimos ni él pareció pensarlo. Cuando los
tres hombres de la familia fuimos al hospital a buscar a las hembritas para
llevarlas a casa. No sé si la Sofi pensaría en decírselo ahí, pero por suerte
que Andrecito no se dió cuenta, cuando la Sofi y Enrique se fueron al baño. Yo
temía una conversación complicada, pero luego ella me explicó que Enrique le
había suplicado que le diera una mamada ya que estaba tan cargado. Ella se lo
llevó al baño y sentada en la taza del WC, le mamó la verga y se tragó toda su
leche, hasta que el tio Enrique quedó satisfecho.


A esas alturas la mamá de Enrique ya nos conocía a nosotros y al niño. A ella
le encantaba recibir visita de Andrecito ya que ellos vivían cerca y era fácil
verse. De la Sofi, ella opinaba que era una "puta redomada". Y de mí, mejor no
hablar. Lo que a la viejuja le molestaba, era que Enrique le pidiera que ella
llamara por telefono a la casa invitando a Andrecito a visitarla. La vieja lo
sabía todo lo que hacíamos durante esas horas que Andrecito estaba con ella,
porque Enrique se lo había contado. Ella hasta sabía que nosotros aprovechabamos
esas situaciones para darle cogidas dobles a la Sofi por toda la casa cuando el
niño no estaba.


Ahora que había nacido la niña, la mamá de Enrique se siguió comportando como
una abuela para Andrecito. Esas tardes nosotros las aprovechabamos para tener
sexo del bueno con la Sofi, aunque algo había cambiado. La niña a ratos lloraba
y la Sofi tenía que atenderla. Recuerdo que en una de esas ocasiones, la Sofi
estaba cabalgando de espaldas a Enrique, él estaba acostado debajo de ella con
los pies apoyados en el piso, atravesado en la cama. Yo fui a tomar a la niña y
mi mujer en medio de su cabalgata a Enrique me dijo que quizás la niña querría
pecho. Sin pensarlo, le entregué a nuestro bebé mientras la Sofi aún cabalgaba a
Enrique. Angélica, nuestra hijita, reconoció la cercanía de su mamá y buscó la
teta, y a la Sofi no le quedó más que amamantar a nuestra hija mientras Enrique
todavía le tenía ensartada toda la verga en el coño! Qué imagen! No sé si las
hormonas en la leche Sofi le harían buen efecto, pero la cosa es que con el
tiempo nos dimos cuenta de que la niña quedaba mucho más alegre cuando la Sofi
recibía verga y la amamantaba. Lo vimos ocurrir muchas veces. Aunque el
descubrimiento no era precisamente como para ir a la prensa.


Angélica fue creciendo con los meses y ya nos habíamos cansado de poner de
vuelta la sábana que colgaba de su corralito (para que no nos viera tener sexo)
ya que la niña tiraba al suelo constantemente. La Sofi hasta se había
acostumbrado a tener orgasmos al cabalgar a algún macho y quedar mirando hacia
la camita de Angélica. Cierto morbo me daba a mi ver las tetas de mi mujer
mecerse y ver al tio Enrique darle por el culo a la mami de Angélica mientras la
nena nos miraba. Mi propia hija veía como otro hombre le comía el coño, y el
culo a mi mujer. Incluso Enrique hasta se entretenía chupándole las tetas a la
Sofi, y ella lo dejaba y disfrutaba con sus locuras, así como yo disfrutaba
cuando yo y Angélica veíamos a la Sofi de rodillas delante de Enrique mamarle la
verga hasta tragarse la leche. "Aqui tienes, para que no te falte la leche!" le
solía decir Enrique, mientras mi mujer se bebía el semen y se relamía los labios
y dejaba limpia la verga de mi compadre. Sonaba asquerosamente perverso, como si
mi mujer fuera dependiente de la leche de Enrique para poder amamantar a nuestra
hijita. Lo peor era que me gustaba ver a mi mujer mamándole la verga a él una y
otra vez.


Pasaron más años, Angélica tenía su habitación propia ahora y también se
había apegado mucho al cariño de la mamá de Enrique. Andrecito había cumplido
los trece años y hacía mucho tiempo que habíamos tenido la conversación sobre
las abejas y las flores. Visto todo desde el punto de vista meramente
reproductivo eso sí. Un día que yo siento sed, y sabiendo que los niños estaban
en casa de la viejuja, salgo de la habitación de improviso. Suerte que me había
alcanzado a poner los boxers por si los niños volvían. Y justamente al abrir la
puerta de la habitación me encuentro con Andrecito. Bueno, Andrés a partir de
ahora. Mi hijo lo había estado viendo todo lo que hacíamos allá adentro. No me
enojé con él ni nada. Después de todo no estabamos matando a nadie en nuestro
dormitorio. Lo llevé a la cocina y luego de mi merecido trago de agua, nos
pusimos a conversar. El me hizo algunas preguntas. Se notaba que quería
preguntar mucho, aunque lo hacía con cuidado. Y como yo aún recordaba que a los
trece años uno sabe MUCHISIMO más de sexo que el entorno cree, le expliqué con
calma como estaban las cosas. Le dije lo saludable que era el sexo, lo del
instinto, lo de la generosidad de pareja inclusive. El dijo que lo había notado
hacía largo tiempo, pero que hace como dos semanas que se le había ocurrido
mirar por la cerradura de la puerta ya que siempre se escuchaban ruidos cuando
estábamos ahí los tres. Yo le dije que todo estaba bien y que para no complicar
a la mamá, lo mantendríamos como un secreto secreto entre él y yo. Ya casi se
iba al jardín cuando se voltea y me pregunta si el podría seguir mirando por la
cerradura alguna otra vez. La morbida curiosidad de su mirada, su genuino
interés, me hizo darle permiso, pero sin que lo pillara nadie más y sin que
Angélica se enterara.


A partir de ahí yo me excitaba mucho más en esa habitación sabiendo que
Andrés podía ver las mecientes tetas de su mamá mientras mi buen amigo Enrique
se la enculaba. También podía ver cuando ella nos cabalgaba y cuando le dabamos
penetraciones dobles. La Sofi disfrutaba verdaderamente de nuestras tardes en
esa habitación con el tio Enrique bien pegado a su cuerpo. Lo que más me gustaba
era cuando la Sofi se recostaba en la cama con las piernas colgando, y el tio
Enrique le clavaba la verga en el coño justo en el ángulo correcto para que
Andrés desde la cerradura viera cómo la daban verga a su madre. Luego Enrique se
salía de entre las piernas de mi mujer, y Andrés podía ahora ver la leche de su
tio en el coño de su mami. Luego él me veía a mí tomar el lugar del tio Enrique
y disfrutar de su mamá y de la leche del tio en su interior. Incluso en nuestras
conversaciones de padre a hijo Andrés se reía de que yo a veces hacía que el tio
se acostara en una cierta posición en la cama, luego ponía a la mami a
cabalgarlo, y detrás de ella me ponía yo a clavarle el culo.



Desde la puerta,
Andrés podía ver la cabeza de Enrique mirando hacia el techo de la habitación,
la cara de gozo de su mamá al cabalgar al tio y besarlo en la boca, y detrás de
ella estaba yo, haciéndole el signo de la paz hacia la puerta para que Andrecito
lo viera, o haciendo el "conejito" (como cuando uno payasea en las fotos) a su
mamá, mientras ella y Enrique estaban totalmente ocupados con sus orgasmos. Me
excitaba mucho tener a mi hijo como testigo en cada ocasión en que su mami me
ponía los cuernos en mi propia presencia con el tio Enrique. Me gustaba saber
que él presenciaba cómo Enrique la agarraba las tetas y el coño mientras seducía
a su mamá, para luego hacerla gemir y gritar de placer. Y hasta me gustaba saber
que mi hijo presenciaba cuando yo me pajeaba a cierta distancia como un perdedor
esperando mi turno para cuando Enrique estuviera listo con mi esposa. Es que con
eso yo no sólo me sentía agradablemente humillado sino que además le demostraba
a mi hijo que había más en una relación de pareja que la monótona monogamia.



Que
también se podía disfrutar siendo generoso con la mujer de uno y dejando que
otros machos ardientes le dieran verga en mi lugar. Esa era la elección que yo
como esposo había tomado, y el como hijo podría decidir tomar cuando se casara.
Después de todo su madre y yo igual nos adorábamos. Y eso era verdadero y
eterno. La leche de Enrique era sólo un delicioso condimento.


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Relato: Antes de ser cornudo
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