webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
- 19 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
- 22 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
- Edad 19


Conexion desde su casa
"Imagen real"
Click to this video!


Relato: La primera cita



Relato: La primera cita

Era más de medianoche cuando salimos del restaurante. La
velada se había demorado debido a que era nuestra primera cita, y aunque
habíamos charlado muchas veces con anterioridad, parecía que aún quisiéramos
saber más el uno del otro.


Nos conocimos mientras paseábamos a nuestros perros en un
descampado que hay al lado de la finca donde vivo con mis padres. Él tiene una
pastor alemán y yo un perrito más pequeño que se coló por la perra en seguida.
Tiene 39 años. Soltero. Vive solo. Y su madre cocina para Él todos los días.


Yo tengo 29, casi 30. Y no soy una chica de gustos claros y
definidos. Si veo a un chico y me gusta, es suficiente. No ha de ser alto ni
bajo, gordo ni flaco, moreno o rubio. Me da igual. Yo miro más allá. Un chico
que me gusta tendrá algo que me atraiga.


Sin embargo, no recuerdo lo que me atrajo de Él.



Esta noche le veo muy atractivo. No digo guapo porque quiero
ser sincera. Y Él no lo es.


He deseado salir con Él durante semanas. He fantaseado con
esa posibilidad. De hecho, le propuse ir al cine conmigo un fin de semana. Pero
estaba ocupado. Lo dejamos entonces para otro momento. Pero como no parecía que
fuera a dar el siguiente paso, le invité de nuevo. Dos veces más. Hasta que
conseguí mi propósito.


Creo que es tímido. O que está tan acostumbrado a su soltería
que teme que una mujer le cace. O tal vez sea mi edad, tal vez considera que la
diferencia de edad es importante.



Ha sido este tema el único que he evitado tratar durante la
cena. Por si acaso se asusta.



Ahora, frente a la puerta del restaurante, parece convencido
de no haberse equivocado aceptando mi invitación. Le veo cómodo, simpático,
incluso atento. Qué cielo de hombre.



-¿Qué te apetece hacer ahora?- le pregunto. Sé que no es
partidario de salir de fiesta o de copas, así que me encuentro un poco indecisa
con respecto al tema. -Podemos dar una vuelta, hace una noche estupenda- añado.


-Me parece genial- contesta.



Y caminamos sin rumbo fijo por el centro histórico. Calles
peatonales, mucha gente. Hay muchos bares por la zona. Sin estar segura de cómo,
nos dirigimos a una zona más tranquila del barrio. Hablamos. Yo me acerco a Él,
trato de incitarle a que se acerque a mí. Huelo su colonia. Me excito pensando
en tenerlo mucho más cerca. Deseo que me bese. Pero no sé cómo hacerlo sin
provocar su rechazo. No está acostumbrado a salir con mujeres y no quiero que
esta noche salga nada mal. Si tengo que esperar a más citas, por muy impaciente
que yo sea, esperaré. No quiero precipitarme.



Pasamos junto a un coche. Dentro hay una pareja besándose.
Qué envidia...


Aminoro el paso para deleitarme en la escena. Es una
costumbre, un defecto, el cotilleo. No he pensado que a Él pueda importarle.
Pero de repente me doy cuenta de que puede molestarle y giro la cabeza
bruscamente para mirarle.


También Él estaba contemplando la escena, cuando advierte mi
movimiento. Lentamente vuelve la cabeza y me mira a los ojos.


Joder, ojalá supiera lo que está pensando... Se le ve
indeciso, impotente, precavido. Y yo le miro con deseo, no puedo evitarlo. Verle
en ese estado aparentemente infantil e inexperto despierta en mí cientos de
reacciones físicas.


Repentinamente, algo cambia en su mirada, y, sin más, se
acerca a mí y me besa. Con prisa, con indecisión. Con esa boca cuyos labios
sueño de noche.


Y respondo al beso, demostrando cuánto lo deseaba.


Y el beso se alarga, para mi deleite. Abro los labios para
introducir mi lengua, despacio, para no precipitarme. Y entonces ocurre. Sus
manos me cogen de los brazos y me estrecha contra Él, con fuerza, con deseo. Y
me dejo llevar por la situación, poniendo las mías en su nuca. Y me abraza.


Dios mío, si sigue así, si no se interrumpe... El bulto que
pugna por salir de su entrepierna, el bulto que se me clava en el vientre, me
excita, me excita tanto que si sigue empujándome con él va a conseguir que me
derrita.


Pero se detiene, separando lentamente sus labios de los míos
para mirarme. Está pensando, trata de ordenar sus ideas. Quizás quiera
proponerme algo. Oh, si, que lo haga. Que me haga una proposición. Una
proposición indecente...


Y lo hace.



Si me preguntaras qué posibilidades tiene una chica como yo
de escuchar una proposición indecente de un hombre soltero de 39 años con una
vida aparentemente sencilla, monótona y familiar, te diría que pocas.


Pero no. Me equivocaría.


Un hombre que lleva años sin mantener relaciones sexuales,
por muy buen tipo que sea, puede esconder secretos inconfesables. Como los puede
esconder Él.



-Me gustas- me dice.


-Y tú a mí- le susurro. Y viendo que Él se demora en seguir
hablando, trato de incitarle. -¿Quieres seguir paseando?- le pregunto.



Le veo dudar. Tendrá dos respuestas, seguro; una positiva, si
se mantiene en su papel de buen tipo, y una negativa, si se atreve a ir más
allá. Me mira, pero no me responde. Los segundos parecen minutos. Mi impaciencia
hace que se me acelere el latido del corazón, ante las dos posibilidades.



-No- responde al fin. Dios mío, me tiemblan tanto las piernas
que creo que voy a caerme. Me sujeto a sus brazos para no perder el equilibrio.
–Es posible que te parezca una mala idea y espero que me respondas con
sinceridad si es así, pero, ¿te apetece tomar una última copa en mi casa?


Lo ha dicho. Lo he oido. Me ha invitado a su casa!!



-Estaba deseando que me lo pidieras- le contesto nerviosa.



Puede que te parezca que algo así no es indecente. Pero si
vieras su mirada, te darías cuenta que hay algo más. Que oculta algo morboso.



Nos dirigimos hacia su coche, sin decir nada. Me coge de la
mano al cruzar una calle y ya no la suelta. Al llegar a su coche, abre la puerta
del copiloto y me invita a entrar, cerrándola una vez me he acomodado en el
interior. Permanece callado durante el trayecto. Su mano se posa en mi rodilla.
Llevo una falda corta azul. No es ajustada, sino más bien lo contrario, de forma
que al sentarme con las piernas ligeramente entreabiertas, se ha deslizado
descubriendo mis rodillas y acomodando la tela entre ellas.


La acaricia, suavemente. Y la desliza hacia la parte interior
del muslo, despacio, sin prisa. Estamos en un semáforo. Cuando éste se pone en
verde, me mira fijamente y quita la mano. Está sonriendo.


Al llegar a su calle, aparca. Mientras me quito el cinturón
de seguridad, vuelve a posar su mano en mi rodilla. La desliza y llega hasta mis
braguitas. No deja de mirarme. Me roza por encima de ellas. Y dejo escapar un
gemido. No puedo evitar su mirada. Y sigue rozándome. -Cómo me excita esta
situación- pienso en ese momento.


Y se detiene.


–Vamos- dice.


Y sale del coche. Me quedo un poco alucinada de su reacción,
pero le hago caso. Salgo del coche y nos dirigimos hacia la puerta de su finca.
Abre y entramos en el zaguán. Es una finca sin ascensor. Vive en el tercero. Sin
encender las luces me invita a subir las escaleras.


–Tú primero- dice.


Y mientras subimos, su mano me acaricia las piernas, los
muslos y la parte interna de éstos. Las braguitas.


Al llegar al rellano ya estoy completamente mojada de la
excitación.


Abre la puerta y sonriéndome me dice: -entra-.


Está oscuro. Entro delante de Él. Me deja tan poco espacio
para pasar por la puerta que no puedo evitar rozarme con Él. Mi culito, cubierto
por unas bonitas braguitas blancas, acaricia su entrepierna. Está excitado, he
podido notar el duro bulto. Y cierra la puerta tras de sí.


De repente, en la oscuridad, me coge con fuerza por los
brazos y me empuja contra una pared. Me ha sorprendido tanto que casi pierdo el
equilibrio. Su cuerpo se adhiere al mío con ansia, por la espalda, sus manos
tratan de tocar toda la piel de mis piernas. Su polla bajo el vaquero me
presiona el culo. Me hace daño. Siento como me aplasta el pecho contra la pared.


Se detiene. Y, sin dilación, mete las manos bajo mis
braguitas y empieza a tocarme el culo, deslizándolas hacia abajo, donde la
humedad de mi coño se mezcla con el vello púbico. Sólo alcanzo a gemir. Apenas
puedo emitir otro sonido, ya que me empuja con tanta fuerza contra la pared que
apenas sí puedo respirar. Y mete los dedos. No está siendo muy delicado. Me hace
daño.


Y no habla. No dice nada.


Se detiene. Me da la vuelta. Y mi espalda golpea contra la
pared. Me besa. Dios, cuanta saliva, cómo me pone. Me mete la lengua en la boca,
con avidez, con desesperación. La saca y recorre con ella mi cuello, la parte
superior de mi pecho. Mientras, sigue sobándome el culo bajo las braguitas. Y yo
me dejo, me dejo llevar.


Parece que mi camiseta de tirantes le molesta, porque quita
las manos de mi culo y las lleva hacia arriba. Coge los tirantes, los desliza
por mis brazos y deja al descubierto el sujetador, blanco, de seda, como las
braguitas. Un sujetador que se abre por delante, de forma que al presionar bajo
él para meter sus manos, éste se abre, liberando mis pechos. Y emite un gemido
de sorpresa.


Vuelven sus manos a mi culo mientras me chupa las tetas. Me
succiona los pezones. Su saliva se desliza por mi piel, sobre mi vientre, bajo
la camiseta que aún llevo puesta.


Y habla.


-Te deseo- me dice.


Me ha asustado oir sus palabras. No le veo en la oscuridad.
Estoy a ciegas.


Vuelve su boca a mi pecho. Retira las manos de mi culo. Y
noto sus movimientos junto a mi vientre, oigo la cremallera deslizarse con
rapidez. Se abre el pantalón. Y la punta de su polla, dura y enhiesta, me roza
el ombligo. La restriega contra mi piel. Está viscosa, sus líquidos preseminales
se adhieren a mi piel y se secan en ella.


-Te deseo ahora- añade.


Y, en ese momento, me coge del culo, me eleva y apoyándome
contra la pared, coloca su polla en la entrada de mi coño. Estoy tan excitada,
tan húmeda, que basta ponerla ahí y soltarme un poco.


-Ahh- grito.


Me ha empalado, tal cuál suena, tal cual lo lees. Me la ha
clavado tan profundamente y con tanta fuerza que creo que me va a partir en dos.
Y no puedo evitar correrme. No he necesitado nada más que sentirme inundada por
esa verga caliente y suave, esa verga urgente de cobijo, para deshacerme en un
cúmulo de sensaciones físicas que me transportan, que me hacen quedar en un
estado de semiinconsciencia.


Y Él sigue con los mismos movimientos, me eleva y me deja
caer. Estoy tan llena que duele, porque tengo los labios vaginales muy
sensibles. Pero solo puedo desear que siga, que siga embistiéndome.


Pero se detiene.


-No, no pares, por favor, no pares- le ruego entre jadeos,
-sigue, sigue-.


-Tranquila- contesta, -no tengo intención de parar. Tú aún te
volverás a correr antes de que te llene de esperma- añade.


Y en la misma postura, conmigo a horcajadas sobre su polla,
cuyo tamaño es mayor ahora, se encamina hacia otro lugar. No veo nada, todo está
muy oscuro. Su cuerpo vestido se pega al mío, semidesnudo y sudado. Su colonia
invade mis sentidos. Quiero más.


Tropieza con algo. Una mesa. Acaba de apoyarme en ella. Es de
madera. Su fría superficie contrasta con la piel caliente y húmeda de mi culo y
de mi espalda. Esta vez no ha sido muy brusco, de lo contrario, su polla podría
haberse salido de la cueva que ha invadido.


Con las manos sobre los hombros, me invita a tumbarme. Y le
obedezco. Antes de que mi cabeza se pose sobre la fría madera, me embiste. No
puedo deslizarme. El sudor me ha dejado pegada a la mesa. Y sus manos se aferran
firmemente a mi cadera. Me embiste. Y cómo deseo que lo haga. Me gusta. Me
excita. Su polla entra y sale, entera, desde la punta hasta los huevos. Y yo
quiero más, la quiero toda dentro. Mi coño arde.


Está empezando a acelerar sus movimientos. Y a incrementar la
fuerza de los envites. Y sigue. Y sigue. Y no se detiene. Hasta que un intenso
calor se propaga por mi interior. Un calor húmedo. Viscoso. Se está corriendo.
Sólo gime, no habla, y sigue empujando. Debe estar deseando que su semen me
salga por la garganta. Pero lo que pasa es que empieza a escurrirse por la
escasa abertura que pueda quedar entre las paredes de mi coño y su polla. Todo
mi vello púbico, todo su vello púbico, se impregnan de esperma. Caliente,
húmedo. Su olor me llega con intensidad. Y sigue bombeando. Es tal la intensidad
de mi excitación que me veo sorprendida por un intenso y prolongado orgasmo. Y
grito. Con tal volumen que su mano atrapa los sonidos que surgen de mi boca.
Mientras sigue empujando su polla contra el fondo de mi coño.


Y, por fin, se detiene. Le oigo jadear. Debe estar agotado.
Tengo los labios vaginales inflamados, escocidos, pringosos. Pero Él no se
retira de mi interior. Al contrario, me incorpora, me iza y me transporta de
nuevo, unida a Él hasta lo que parece una cama. Y nos tumbamos. Su polla sale de
mí. Y me siento vacía.



Se tumba sobre mí, y me besa. Con ternura, con calidez.



-Todavía te deseo- me dice mientras me besa y me acaricia el
cuello con las yemas de los dedos. –Espero que no tengas prisa por marcharte-
añade. –Esto es solo el principio, si tú quieres-.



-¿El principio? ¿Sólo el principio? ¿Habrá más?- Pienso
mientras respondo a sus besos.



-No, no pares, por favor, no pares- le ruego, -sigue-.



Y siguió... pero ésa es otra historia...




Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



Número de votos: 0
Media de votos: 0


Relato: La primera cita
Leida: 2575veces
Tiempo de lectura: 9minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes



Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados



telatos porno incesto





















Webcams Chicas de meha-sandal.ru
Todo sobre acuarios
Si te gustan los acuarios, suscribete a neustro canal de youtube !!!
Pulsa aqui abajo .



Datos Legales de acuerdo con las leyes españolas LSSI e internacionales 18 U.S.C. 2257

Portal de contenido adulto administrado por :

Principal | Libro de Visitas | Contáctanos | Envia tu relato | Mis Relatos Porno.com



relatos de me desbirjino mi perrote rasa sanbernardotodorelatos infidelidadesmaduras caserarelatos de incesto gayscoño humedoincesto ponojoven violada pornorelatos.bi.como.selacojiotias follandsexo con madurosfollando relatosrelatos gay marquezesexo anal con caballosespiando ala vecinacornudo consentidorelatos eroticos de amigasorgias swingersporno gay famosorelatos eroticos hermanosmasturvaciones femeninasporno transexprimera vez anal dolorosomi hermano se masturbarelato mi hijo me acosapórnogratispajas colectivasen femenino relatos eroticosporno padres con hijosexperiencia con travestinalgona relatos eroticosporno maduasporno en transporte publicopórnogratisporno de preñadasporno gay virgenescolegio de putastravesti relatosporno enla playarelatos de sexo madurasrelatos de ososfollando a papadespedidas de soltera de madurascriada violadaporno juvenmasajes chinos pornome acoste con el jefe de mi papá relatosvideos pornos de esibisionista en el carorelato xxx papi nos vende para que nos cojanamiga borrachanarraciones gayporno en playas nudistaslos mejores orgasmos pornofollando con enanasporno oncestosexo abuelas y nietostetas quinceañerassobrino y tia follandotravestis violadosrelatos maridos cornudosrelatos pornos madurascuentos incestuososme coji a mi tiamadres masturbando a sus hijostrios espectacularesporno de adultosmujeres espiadas masturbandoserelatos busnarraciones de sexofollar con un viejopenetracion cuadrupletias putaporno haitianome acoste con el jefe de mi papá relatoscalentando fontanerorelatos nosotrasvideos porno muy guarros gratis