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Relato: Rocio y yo





Relato: Rocio y yo

Es curioso lo que piensa la gente, en general, sobre la familia. Siempre los
vemos, o al menos ese es mi caso, como seres asexuados, cada uno con su
personalidad, pero sin sexo definido. Para muchas cosas, una hermana es como
un hermano, un padre como una madre, son personas a las que hemos visto
desde que hemos o han nacido y ni se nos ocurre tener algún pensamiento
sexual hacia ellos. Sin embargo, siempre existen excepciones que confirman
la regla y se generan situaciones, en principio inesperadas, pero que luego
son recordadas como alguna de las experiencias más gratas de nuestra vida.



Cuando tenía 18 años, yo era un chaval normal y corriente, acababa de
empezar la universidad después de haber estudiado toda la vida en un colegio
de curas donde solo había chicos y, si bien conocía a algunas amigas de mis
hermanas que estudiaban en el colegio de monjas que había al lado, nunca
había salido con ninguna chica en serio aparte de algún rollete de verano
cuando íbamos de vacaciones a la playa. Era totalmente virgen, bastante
puritano (por poco no fui al seminario a estudiar para sacerdote), muy
deportista y también bastante casero.


Tenía pocos amigos, más que nada por
mi timidez, siendo del tipo de gente que se lleva bien con todo el mundo
pero que no acaba de encajar en ningún grupo. Salía algunos fines de semana
con amigos de mi antiguo colegio o con los nuevos de la universidad, sobre
todo después de algún partido de fútbol o de lo que fuera -jugaba al fútbol,
rugby, nadaba, esquiaba, jugaba al tenis, iba a examinarme para sacar el
cinturón negro de judo y siempre practicaba cualquier deporte que pudiera- ,
pero en general, solía salir solo, al cine o a dar una vuelta.



Mis hermanas eran y son dos chicas preciosas, de pelo rubito y ojos azules,
de estatura media, delgadas y con tetas y culo en su justa medida, o sea, un
encanto. Eran casi tan deportistas como yo, sobre todo la pequeña que estaba
en el equipo del colegio de gimnasia rítmica y era bastante buena. La mayor,
soy el mediano, solía ir conmigo a esquiar y a nadar, pero desde que tuvo
novio, las cosas fueron cambiando, como era lógico. También, como he
comentado antes, nunca había tenido ningún pensamiento de que alguna vez
pudiera tener algo con ellas, pero ya se sabe, las cosas no siempre son como
uno piensa que deberían ser.


Vivíamos entonces donde siguen viviendo mis padres, en una urbanización de
las afueras, de chalets individuales en calles tranquilas con setos de
arbusto bien cuidados, en fin, un sitio tranquilo. Para ir al colegio o a la
universidad usábamos el transporte público, un horror por lo que tardaba, o
las motocicletas que teníamos y nos dejaban usar cuando era verano. La
única que tenía coche era mi hermana mayor Beatriz, Bea para los amigos, y a
veces me lo dejaba para dar una vuelta con él, cosa que me encantaba ya que
me acababa de sacar el carnet de conducir.


Todo el asunto empezó precisamente por esta causa. A mi hermana Rocío, la
pequeña, que tenía unos 15 años por aquel entonces, la invitaron a casa de
unos amigos a pasar el día. El sitio en cuestión estaba un poco lejos de
donde vivíamos, así que me pidió que la llevara en el coche de Bea, que se
lo había pedido a ella pero no podía y que me lo dejaba todo el día si la
llevaba yo. Como era un novato me apetecía conducir siempre que podía, con
lo que no puse ningún reparo para acercarla. Además, ya estábamos de
vacaciones, casi todos mis amigos se habían ido de veraneo y no tenía nada
mejor que hacer. Nos fuimos para allí antes de la hora de comer y
siguiendo
las indicaciones de mi hermana llegamos a otra urbanización de las afueras
parecida a la nuestra. Era una casa preciosa, rodeada de un seto bien
cuidado, con un jardín bastante grande. Dejé a Rocío delante de la puerta y
llamó al timbre que había junto a una pequeña cancela. Le contestaron y
cuando ya me iba me hizo señas para que esperara. Se acercó otra vez al
coche...


- ¿Que pasa? - Le pregunté
- Oye Luis, que me ha dicho Ana que te vengas. Es que le he hablado muchas
veces de ti y te quiere conocer-
- ¡Venga ya, tía, no jodas! Yo me piro a dar una vuelta por ahí, para una
vez que tengo coche...


- No seas cabrón, anda. Ya le he dicho que estás aquí, y si no te quedas me
vas a hacer un feo de la leche.-
Joder, vaya vocabulario tenía mi hermana, cualquiera diría que iba a un
colegio de monjas. En casa, desde luego, no hablaba así. La cuestión es que
estaba intentando convencerme cuando se abrió la puerta del jardín y
apareció una chica de unos 15 o 16 años, de pelo castaño claro y unos ojos
color turquesa que eran una pasada, buen cuerpo, culo respingón y unas
tetas no muy grandes pero firmes... Una auténtica monada... Me quedé
con
la boca abierta. Mi hermana me la presentó...


- Mira Luis, esta es Ana, una amiga mía del colegio-
Bajé del coche de un salto, y acercándome le di dos besos en las mejillas.



Olía de maravilla.


- Hola Luis- Me dijo -Rocío me ha hablado mucho de ti ¿Porqué no te quedas
con nosotras y nos bañamos todos en la piscina? Podemos comer unos bocatas,
hacer unas risas y pasarlo bien.


- Es que no he traído traje de baño... - Yo seguía con cara de idiota
mirándola y no se me ocurrió nada mejor que decir.


- Que sí hombre. Tú te quedas. Te pones uno de mi hermano que a él no le
importa.-
A estas alturas ya no hacía falta mucho para convencerme del todo, así que
aparqué el coche y me fui tras mi hermana y su amiga dentro del chalet. Allí
nos encontramos con un chico de más o menos mi edad que me saludó muy amable
y se avino enseguida a prestarme el bañador.


Me cambié en su habitación y nos fuimos a la parte trasera de la casa donde
tenían una gran pradera con piscina, rodeada de tumbonas, una mesa de jardín
con varias sillas y un par de grandes sombrillas. Era una chulada.



Nos metimos en el agua jugando con una pelota, chicos contra chicas, una
especie de partido a ver quien se la quitaba a los otros. Se acabó
convirtiendo en una batalla campal,
con agarrones, ahogadillas y de todo. Ana siempre se tiraba a por mí y en
más de una ocasión me bajó el bañador al intentar coger la pelota, pasando
las manos por todo mi cuerpo, arañándome y tocándome todo el paquete que,
quieras o no, iba reaccionando. Me estaba poniendo a cien y yo, para no ser
menos, hacía lo mismo, tocándole el culo, las tetas y dejándola medio en
pelotas. Rocío y Miguel, el hermano de Ana, estaban en la misma situación
que nosotros y así continuó el juego hasta que, reventados, decidimos
dejarlo.


Nos echamos en las tumbonas a descansar y tomar algún refresco cuando las
chicas se quitaron la parte superior del bikini, para tomar mejor el sol,
sacando a relucir unos pechos que si bien no eran demasiado grandes, dada la
edad, eran preciosos, redonditos y firmes como sólo unas chicas de 15 años
pueden tener. ¡Que impresión! ¡Que buena estaba Ana! ¡Y qué buena estaba mi
hermana! Naturalmente, la empalmada mía fue inmediata, poniéndoseme la polla
mirando al cielo. No me esperaba algo así, tan de repente, encontrarme a dos
tías buenísimas, casi en pelotas, sin comerlo ni beberlo. No es que nunca
hubiera visto un par de tetas, pero así, tan cerca, seguro que no. Estas
cosas sólo les pasaban a otros, pero no a mí... Miguel, sin pesárselo dos
veces, empezó a bajarse el bañador...


- Oye Luis, si las niñas se quitan la ropa nosotros también, para que luego no
digan que somos unos mirones - ¡Joder que corte! Estaba que me moría de
vergüenza y no me apetecía que todo el mundo me viera con el rabo tieso, pero
tampoco quería parecer un mojigato delante de mi hermana y sus amigos, así que
hice como el otro y me quité el tarje de baño. Mi polla estaba tan dura que me
costó un poco pero, tras un corto forcejeo con la prenda, finalmente nos
quedamos en pelota picada. Ana se quedó mirando, embobada, el tamaño de mi
pene y le dijo a mi hermana - Tu hermano tiene la polla más grande que el mío.
Eso sí que es una polla en toda regla - He de reconocer, aunque esté mal
decirlo, que tengo un nabo bastante considerable, y además sin estrenar. Pero lo
que más me asombraba era el descaro de aquella chica, y no digamos el de mi
hermana, haciendo comparativas de pollas. Daban la sensación de estar más
salidas que el pico de una mesa.


Me puse rojo como una amapola y Rocío, siempre cachonda e interesada en temas
sexuales no dejó escapar la oportunidad - O sea, que se la miras a tu hermano.
¿Le has visto empalmado? ¿Te lo has follado? - Ana se lo tomó como la cosa más
natural del mundo... Algo de verdad tenía que haber en todo aquello. - ¡No,
mujer, que va! Follármelo no, solo se la he tocado alguna vez. ¡A él le encanta!
Y a mí también me gusta ver como se corre, ¡es guay! Además, aún soy virgen,
tía. Siempre me ha dado un poco de palo acostarme con alguien, por el dolor y
todo eso que cuentan, pero supongo que alguna tiene que ser la primera
vez... No te creas que no me apetece - Dijo, dirigiéndome una mirada cómpliceYo
ya tenía los ojos como platos, no me podía creer todo aquello, estaba alucinando
y pensaba que era una broma que me querían gastar entre todos. Rocío sabía que
yo era virgen y se lo debía de haber contado a los otros...



No quise caer en la trampa, así que puse cara de estar de vuelta de todo y
solté alguna chorrada, como si lo que acababa de decir Ana fuera lo más
normal del mundo...Me quedé adormilado un rato en una de las tumbonas
cuando, de pronto, me fui despertando poco a poco sin saber muy bien porqué.



Al momento lo entendí. Mi hermana se estaba dando un revolcón de órdago
con
Miguel y Ana y un gritito suyo era lo que me había sacado de mi sopor.



Estaban tirados en la hierba, Rocío a cuatro patas, morreando con su amiga,
mientras el hermano de ésta se la clavaba por detrás. Ana aprovechaba para
sobarle esas tetas bamboleantes y tirarle de los pezones con fuerza, hasta
que cambió de postura y, acostándose boca arriba, le ofreció todo el coño a
mi hermana que no tardó en lanzarse sobre él y empezar a chupar con
desesperación. Le lamía el clítoris y le metía la lengua en la vagina al
ritmo que marcaban las embestidas de Miguel. La escena no es que fuera
erótica, era de porno duro con lo que mi polla despertó de nuevo a velocidad
de vértigo. No me podía imaginar que mi hermana fuera tan putón y que encima
le diera igual con tíos que con tías. En fin, dadas las circunstancias
decidí quitarme todos los tabúes de encima y no pensar en moralidades así
que acercándome le metí el rabo en la boca a Ana que era la que me pillaba
más a mano - No iba a hacer que me la chupara mi hermana y menos Miguel -.



Parecía que era lo que esperaba porque, sacándoselo un memento, me dedicó
una sonrisa super cachonda y se lo volvió a meter hasta las pelotas. Casi me
corro en ese momento. Empezó a juguetear con la lengua por todo el glande, a
chupar con fuerza y de repente me sopló por el canalillo como si me lo
quisiera hinchar. Aquello fue lo más, nunca había tenido una sensación igual
y empujando con las caderas a fondo me pegué la corrida más fabulosa de mi
vida, soltando borbotones de leche que fueron directamente a la garganta de
ella, justo en el momento en que también alcanzaba un orgasmo producido por
la lengua de Rocío que no había parado de trabajarle el coño en ningún
momento.


- Cof, cof, cof Aaaaaaaaa aaahhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii,
maaaaaassssssssssss, sigueeee, sigueeee -
No sé si se lo decía a mi hermana o a mí, lo que sí estaba claro es que
estaba disfrutando como una loca, sin soltar mi polla que daba aún sus
últimos estertores sobre su cara y tetas. Se lo fue restregando por
el
pecho y yo me giré justo en el momento en que Miguel llenaba de leche el
coño de mi hermana mientras ella también se corría patas abajo, gritando
como una actriz de película erótica. Nos desmadejamos sobre la hierba,
intentando recuperar un poco el resuello. Seguía pensando en lo golfa que
había resultado ser mi hermana, cuando la muy puta coge mi polla, un poco
flácida, y me la empieza a chupar entera. Pegué un salto de la leche
- ¡¡¡Rocío!!! ¿Se puede saber qué coño haces??? - Una cosa era ver a mi
hermanita follar con un tío y otra que me comiera a mí todo el rabo...-
Luis, tío, como Ana no ha terminado de limpiártela bien, pensé que te
convenía, por la higiene y eso... - Me dijo con una cara de vicio de
impresión.A mi se me estaba cayendo el palo del sombrajo, los anillos y todo
lo que se pueda caer. ¡Mi propia hermana queriéndome limpiar la polla!
- ¡Joder Rocío, que soy tu hermano mayor, coño! -
- ¿Y que? ¿No eres un tío? Y además estás super bueno, con un pollón
alucinante, de lo mejorcito que he visto. No sé como no te has estrenado
todavía con esa hermosura que tienes entre las patas -Yo alucinaba en
colores, pero en ese momento Miguel se acercó a su hermana y se puso a
besarla en los labios mientras le acariciaba las tetas con delicadeza. Bajó
su boca hasta el pecho, empezó a morderle suavemente los pezones que
reaccionaron endureciéndose y le metió un par de dedos en su cueva. Ana
suspiraba de placer y segregaba jugos vaginales a raudales.



¡Hostias! ¡No era broma! ¡Estos hermanos se lo montaban entre ellos!
Aprovechando mi despiste mi hermana siguió con la faena de limpieza. ¡Que
experiencia tenía chupando pollas! Me la recorría de abajo a arriba con la
lengua y al llegar al glande hacía unos jueguecitos sobre la zona del
frenillo para después metérsela entera y pajear rápidamente con la mano.



Después paraba, bajaba otra vez a lo largo del tronco y chupaba un ratito
los cojones.


Me puso la polla como la de un burro y, haciendo una pausa, subió hasta mí,
me dio un beso en los labios y me dijo al oído
- Ana quiere que la desvirgues tu... -
Y allí estaba, calentándose con su hermano como Rocío me había calentado a
mí. No quise esperar, tenía ganas de estrenarme así que me acerqué a ella
con ese ansia que se tiene la primera vez.


¡Voy a follar! No dejaba de repetirme interiormente. Esperaba estar a la
altura y no correrme enseguida. Intenté tranquilizarme y recordar todo lo
que había visto y leído sobre el tema. Ya tenía claro lo que había que
hacer, la cuestión es que me saliera bien y no lo echara todo a perder por
ser un bestia o por una eyaculación precoz.


Sustituí a su hermano en las caricias, sobándole las tetas, amasándolas y
pellizcando los pezones con el índice y el pulgar. Luego giraba los pulgares
por sus areolas para, finalmente, meterme en la boca la teta entera, o todo
lo que cabía. Así de un pecho a otro haciendo que jadeara cada vez más. Me
acerqué a su boca a darle un beso, con delicadeza, besaba los labios para
luego morderlos, primero el inferior, luego el superior e introducía mi
lengua, jugando con la suya, repasándole los dientes. Mientras, con la mano
derecha iba acariciándole el clítoris y metiendo un dedo en su vagina.



La besé las orejas, cosa que la puso muy cachonda y fui bajando por el
cuello, otra vez las tetas, el ombligo hasta llegar a ese coñito tan bien
arreglado que tenía. Acomodé mi postura para meter bien la cabeza entre sus
piernas y, levantándola un poco por el culo, me dispuse a hacerle un trabajo
que le hiciera olvidar el anterior de mi hermana (que, por cierto, se había
puesto otra vez a darle con Miguel) Chupaba con los labios, metía la lengua
y volvía a chupar. Enseguida vi que lo que más le gustaba era que cogiera el
clítoris con los labios y, chupando hacia adentro, darle fuerte con la
lengua. Total, me dediqué a ello hasta que Ana empezó a gritar, resoplar y
retorcerse en un gran orgasmo. Seguí chupando con fuerza, me bebía todos sus
jugos y ella seguía gritando...


-¡AAAAAAAAAA AAAAHHHHHHHHHHHHH! ¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH! PARAAAA, para que
me muero, AHH, AHH, AHH -
Paré porque parecía que se moría de verdad...


- Que gozada, Luis, tío, no había tenido un orgasmo así en mi vida -
Sonreí triunfador, para ser mi primer polvo en serio estaba quedando como un
campeón. Desanduve el camino con la lengua, ombligo, tetas, cuello, orejas
hasta estamparle un besazo en todos los morros haciéndola saborear el
producto de sus orgasmos mientras iba tomando posición. Había llegado la
hora de la verdad. Guié con la mano mi polla hasta encontrar el deseado
agujero y comencé a presionar. A pesar de la cantidad de flujos, aquello no
entraba como había pensado, con facilidad, costaba más de lo esperado.



Empujé con más fuerza y poco a poco lo iba consiguiendo, pero también me
tiraba a mí del frenillo haciéndome un poco de daño. Me paraba, la sacaba un
poco y la volvía a meter. Ella apretaba los dientes y jadeaba muy fuerte,
esperando. Llegué a una resistencia que me impedía seguir avanzando y allí
me detuve un momento, esperando acostumbrarme a su estrechez.



Cuando la vi más relajada, empujé de golpe, como había leído en algún sitio.



Soltó un gemido con la boca apretada, me clavó las uñas en la espalda y mi
rabo entró hasta las pelotas. Tuvo un orgasmo inmediato, corto y fuerte. No
sé a quien le dolió más, si a ella o a mí, me había hecho polvo pero, a la
vez, sentí la sensación más agradable de mi vida al rodear sus labios
vaginales la base de mi polla. ¡Lo había conseguido! No sólo me había
estrenado yo sino que había desvirgado a una tía buenísima.



Me quedé quieto otra vez, besándola y sobándole las tetas hasta que se me
pasó el dolor que sentía. Despacio, fui sacándola para volverla a meter,
despacio. Aquello iba cada vez mejor, ya se deslizaba sin contratiempos y
tampoco me dolía, fui acelerando. Los jadeos de ella aumentaban, levantaba
las piernas cada vez más y las flexionaba y yo intentaba, cada vez que
llegaba al fondo, restregar su clítoris con mi vello púbico. Aquello
funcionaba, empezaba a temblar entera, sus tetas se bamboleaban y tenía la
cara toda arrebolada, estaba preciosa. Agarrándome fuertemente y arqueando
la espalda, llegó a un nuevo éxtasis, muy prolongado que la hacía gemir más
fuerte aún.


-AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH, AHH, AAHH,
AAAAAAAAHHHHHHH, AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH -
Ante el éxito obtenido, yo seguía dale que te pego. Cambié de postura, la
puse a cuatro patas y se la enchufé por detrás. Así me entraba todavía más y
mis pelotas rebotaban en sus labios vaginales. Aceleré el ritmo y con una
mano le iba frotando el clítoris, subiéndola luego a los pezones, para
volver al coño. Empezó a encadenar un orgasmo tras otro y a moverse como una
loca, empujando el culo hacia atrás cada vez que yo iba hacia delante, era
la locura y yo no pude aguantar más, empecé a correrme a lo bestia,
apretando fuerte la polla hacia adentro, hundiéndole hasta el cuello de la
matriz. Fue apoteósico, me dejé caer sobre su espalda mientras ella caía
derrengada sobre la hierba. Estábamos empapados de sudor y mi pene seguía
soltando los últimos goterones de leche aún dentro de su coño.



Nos fuimos relajando, recuperando la respiración, solo para ver como
terminaban su polvo Miguel y Rocío entre grandes gritos y suspiros. Esto nos
hizo sonreír, me bajé de encima de ella y le di un beso con toda mi alma y
mi cariño. No sabía que yo fuera tan romántico o sentimental. La acariciaba
suavemente la espalda y el pecho y le daba besitos en los labios.



- ¿Te ha gustado? - La pregunté. Típica pregunta que, no sé por qué, hacemos
siempre los hombres.


- Me ha encantado, ha sido genial. Más que genial, ha sido maravilloso, lo
mejor de mi vida. -
Eso hizo que me sintiera una especie de super hombre, la volví a besar con
cariño.


Mi hermana se nos acercó gateando hasta ponerse en medio de nosotros,
mientras que Miguel se tumbaba al lado de su hermana.


- Ha sido fenomenal Miguel, casi no me ha dolido y he tenido más orgasmos
que pelos en el coño. -
- Así me gusta Anita. A partir de ahora ya no tendremos ningún problema, por
tus miedos y eso. Nos lo pasaremos genial -
Se puso a besar a su hermana en la boca mientras ella le correspondía
metiéndole la lengua hasta la campanilla. Rocío se giró hacia mí, me miró a
los ojos, me sonrió y me dio uno de los besos más dulces que me hayan dado
nunca. A pesar de mi asombro inicial, enseguida le correspondí, jugueteando
con su lengua y sus labios. Ella se lanzó y empezó a acariciarme la espalda,
el pecho hasta llegar a mi polla, flácida en esos momentos. Me pasó una
pierna por encima mientras intensificaba sus besos y caricias, pero aquí
reaccioné, separando mis labios de su dulce boca
- Rocío, para. No puede ser. Mira, lo que hagan Ana y Miguel no me importa,
pero nosotros... no me parece bien -
Ella, sin contestarme, no paraba de intentar besarme y acariciarme y yo
apartaba la cara y le intentaba coger las manos...


- ¡Rocío, que pares coño! -
Me sujetó la cara con las manos y me dio un solo beso en la boca. Yo cerré
los labios.


- Pero tonto, ¿No ves que estoy quedada contigo? -
- ¿Qué estás quedada conmigo??? ¿Tú sabes que coño estás diciendo??? ¡Mira
niña, que somos hermanos, a ver si te entra en la cabeza! -
- ¿Y qué si somos hermanos? A mí me gustas y te quiero, no lo puedo evitar.



Te quiero como hermano, pero también como hombre y, por más que he tratado
de evitarlo no he podido, por eso he querido que vinieras aquí, para que
vieras cómo son Ana y Miguel y te lanzaras conmigo. -
Mi hermana estaba empezando a sollozar y una lágrima rodaba por sus
mejillas. Ya no me preocupé por los otros y sólo veía a Rocío, el resto del
mundo había desaparecido. Me descubrí sentimientos contradictorios y en mi
subconsciente se estaba librando una lucha mortal. Mi hermana me quería como
hombre... Era más de lo que podía asimilar... Además, si tanto me quería,
porqué había hecho que desvirgara a su mejor amiga... ¡Y había demostrado
ser un putón verbenero!
- ¿Y porqué has querido que me follara a Ana? ¿Y Miguel? ¡Te has echado
unos polvos con él de la hostia, aparte de comerle el conejo a tu amiga! -
Ya... bueno... A Ana se lo debía, es mi mejor amiga y me lo había pedido,
el que te la follaras, claro, no creas que no me jode y lo de comerle el
coño ya lo habíamos hecho algunas veces. No es que seamos tortilleras,
porque nos van los tíos, pero las tías somos así a veces. Y lo de Miguel era
por darte celos. -
- ¿Celos? ¡Yo es que alucino contigo! ¡Cómo me van a dar celos!. -
Rocío seguía llorando y eso me ablandaba cada vez más. No soporto ver llorar
a una mujer. - ¡Mi hermana!. ¡Quedada conmigo! - Seguía pensando...



- Luis, no te lo tomes así, tampoco es la primera vez que ocurre una cosa
así en el mundo. Pero si pasas de mí, lo dejamos y ya está... Lo que no
quiero es que te cabrees conmigo... -
¡Joder, qué lío! ¡Yo con mi hermana! ¡Era una locura! ¡Qué pensarían mis
padres! ¡Y Bea! ¡Seguro que se morían del susto! Nos amenazarían con todas
las furias del infierno, la excomunión, nos echarían de casa o algo peor...



Claro que, si lo pensaba bien, tampoco era tanta locura. A Rocío la quería
de verdad, la había visto crecer, había jugado con ella, nos contábamos
secretos... De ahí a enamorarse sólo va un paso... Grande y difícil pero
sólo un paso... Había que quitarse algunos tabúes o, mejor dicho, todos los
tabúes... ¡Y pasar del resto de la familia!
Pero me decidí. Entre lo guapa que estaba, desnuda encima de mí, las
lágrimas, las caricias y los besos hicieron que mis barreras cayeran como
las murallas de Jericó.


Le cogí la cara y besé sus lágrimas, sus ojos, su nariz y, finalmente, su
boca. Metí mi lengua todo lo que pude buscando la suya, que no tardó en
reaccionar. Acaricié su pecho izquierdo, que me quedaba a mano, amasándolo y
jugueteando con el pezón, haciendo que sus suspiros de llanto se tornaran en
suspiros de placer. Fui bajando la mano derecha por su costado hasta el
culo, que sobé y disfruté con lujuria. Luego, metiendo esa mano entre
nuestros cuerpos, la fui acercando a su rubio coñito, acariciándole toda la
raja, hasta llegar a la entrada de su vagina, que se abrió a mi contacto
como los pétalos de una flor.


Mi polla iba reaccionando y empalmándose poco a poco, así que Rocío no
perdió el tiempo y se lazó a por ella rápidamente, no fuera a cambiar yo de
opinión. Se la introdujo en la boca con un poco de ansia y me la chupaba
como si fuera lo último que hiciera en su vida, mientras me pajeaba con una
de sus manos. Le giré el culo hacia mí para poder comerle el coño y, así
como estábamos, yo debajo y ella encima, hicimos el primer 69 de mi vida. Yo
chupaba el clítoris con los labios y jugueteaba con la lengua por su
agujerito, mientras le sujetaba las caderas con las manos haciéndola un
movimiento de vaivén sobre mi boca. Sus jugos chorreaban y yo me los bebía
con deleite, se acercaba a su orgasmo y aceleré mis movimientos. Ella soltó
mi nabo para concentrarse en sus sensaciones...


- AAAAAAAAHHHHHHHH SSIIIIIIIIIIIII LUISSSSSSSSSS TE QUIEROOOOOOO -
Temblaba y se retorcía sobre mí mientras se pegaba semejante corrida. Cuando
se relajó un poco se dio la vuelta y nos dimos un beso super cachondo que
sabía a coño y a polla. Me cogió la susodicha y guiándola a su entrada se
fue sentando poco a poco sobre ella.


¡Que sensación otra vez! La verdad es que entraba mejor que en Ana, me
deslizaba con cierta facilidad dentro de ella, pero seguía notando
tirantez
en el frenillo. Eso no evitaba sentir sus labios vaginales abrazar la base
de mi polla mientras empujaba el cuello del útero hacia el fondo. Eso le
tenía que doler pero, por la cara que ponía, el placer debía de ser mucho
mayor. Me cabalgaba despacio, rozando el clítoris con mi cuerpo y besándome
por toda la cara y el cuello. Yo le devolvía los besos y levantaba mis
caderas intentando una penetración más profunda, empezó a acelerar,
levantó
un poco la cabeza para mirarme fijamente a los ojos, con la boca abierta
jadeando más fuerte cada vez. ¡Qué guapa estaba! ¡Qué ojos tan azules!
¡Dios, cómo la quería! Intenté que mi orgasmo coincidiera con el suyo por lo
que yo también aceleré, y sentí, de repente, el mayor placer de mi vida
mientras ella soltaba un alarido de triunfo con su llegada.



- AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAHHHHHH HHHHHHHH -
Sin embargo, mientras me corría y ella empujaba con fuerza hacia abajo "oí"
un chasquido y empecé a sentir un escozor tremendo en el capullo.



- ¡AAAHHHH! ¡Rocío, quita, quita, que me ha pasado algo. -
Se bajó de encima de mí y vi que tenía el rabo un poco ensangrentado. Al
final me había desgarrado el frenillo y me dolía de cojones. Mi hermana se
puso a reír mientras yo me retorcía. Ana y Miguel, que habían acabado con lo
suyo, se acercaron a mirar y acompañaron las risas de Rocío.



- ¡Coño, que daño! ¡Y dejar de reíros, leches, que no tiene ninguna gracia!.



Me fui con Miguel a su habitación para hacer una cura de urgencia. El asunto
era más aparatoso que grave y poco a poco dejó de sangrar. Me duché, me puse
unas gasas alrededor del capullo para no manchar la ropa y me vestí. Cuando
volvimos a la piscina las chicas se habían puesto sus bikinis y nos
esperaban.


Estuvimos el resto del día haciendo bromas sobre mi polla, pero a mí no me
molestaron. Rocío no se despegaba de mi lado y, de cuando en cuando, me daba
un beso en los labios.


Estuve una buena temporada sin follar pero, a partir de entonces, mi hermana
y yo comenzamos una relación más en serio.


Al principio tuve remordimientos por lo que habíamos hecho, pero Rocío se
encargó pronto de disiparlos y, al poco tiempo, éramos como novios. Digo
"como novios" porque tampoco podíamos ejercer como tales en casi ningún
sitio. Ella demostró ser más madura que yo en ese aspecto ya que, una vez
rota la barrera, yo iba lanzado, queriendo follar continuamente (le había
cogido gustillo al asunto), pero Rocío siempre se encargaba de guardar las
apariencias, en casa y en el colegio, planificando todo con antelación.



Así, cuando acabé la carrera, se encargó de que buscara trabajo fuera de
Madrid, en una capital de provincia del norte. "Casualmente", tres años
después, cuando ella acabó la suya, aprobó unas oposiciones y la trasladaron
a esta ciudad y, naturalmente, se vino a vivir conmigo. Esto les pareció muy
normal a nuestros padres, que seguían sin enterarse de nada, así que
quedamos instalados en mi casa desde entonces. Aquí somos "pareja de hecho",
cosa que ya no extraña a nadie en este país, haciendo visitas cada vez más
esporádicas a la casa paterna.


Ya han pasado unos años y Rocío está cada vez más guapa y más enamorada,
igual que yo. Follamos como locos a todas horas y en cualquier lugar. Esto
de ser pareja de una hermana tiene sus ventajas, ya que apenas se discute
por los problemas que suelen tener los demás, se está más compenetrado y,
por más que se quiera, sabemos que no podemos dejar de querernos porque
tenemos un vínculo más fuerte que los demás.


Claro que... ¡A ver cómo explicamos el tripón que tiene a nuestra familia!
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Relato: Rocio y yo
Leida: 1986veces
Tiempo de lectura: 18minuto/s





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