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Relato: Anécdotas de una niña muy puta (2)





Relato: Anécdotas de una niña muy puta (2)

Nuevamente estoy aquí con ustedes para seguir recordando
esas cosas ten particulares que como niña cachonda me ha tocado vivir;
Retomo lo que les dije sobre Internet, y es que mis amigos del Ciberespacio
han ejercido una influencia notable en mis experiencias como nada ni nadie
lo ha hecho hasta ahora . Me han contado sus cosas, he recreado las mías y
hemos interactuado de una forma muy difícil de hacer entre humanos que no se
conocen, liberando y confesando todas mis fantasías y deseos carnales ¡si
hasta orgasmos he conseguido desde una pantalla de computadora!



En Venezuela, en algunos cybercafés, por la cuestión del
Porno, no dejan entrar a menores sin el acompañamiento de un adulto, así que
a veces he ido a los Centros de Navegación en compañía de mi querido tío.
Pero él no le para, ve sus cosas, revisa su correo, lee los periódicos y
hasta revisa alguna página porno a mi lado, mientras yo hago lo mío; En una
ocasión en un cubículo semiprivado para dos, pero él estaba a mi izquierda,
como medio metro mas adelante, de modo que yo lo veía a él, de espaldas,
pero él no podía verme a mí, así, estando yo cateando con un chamo, que me
mandaba cosas muy calientes, alcé mis piernas, me subí la falda y me di a la
tarea de castigar mi clítoris –recuerden que no acostumbro usar pantaletas-
al lado de mi tío, quien para colmo se estaba "vacilando" un descomunal
video porno, la corrida que me eché en aquel lugar público fue, como de
costumbre, fenomenal, mojé mi falda y la silla y algo cayó también en el
piso. Como sé que eso suele pasar siempre me llevo un suéter o un cuaderno
grande para tapar la mancha húmeda que queda entre mis piernas.



Pero no siempre han sido gratas éstas experiencias de
cachondeo público. En otra ocasión, recuerdo que fue una de las primeras,
todavía no había follado con Choclo, mi perro, estuve buscando y
averiguando, preguntando a gente en los "Chats", al platicar con uno, éste
me pregunta cosas y todo, entonces se me acaba el tiempo de alquiler de la
máquina y me despido, pero el muy estúpido me sigue enviando cosas y
preguntando sobre follar con perros, ya había pagado y me estaba yendo
cuando el encargado del negocio ve la ventana del chat abierta y la
conversación que tenía con el tipo, quedo entonces al descubierto:




"¿Qué es esto niña?"- me pregunta con sonrisa de
sádico – "¿así que tú quieres tirar con perros?


"Mmmm...me voy", vacilo un poco.


"No, espérate", me dice, al tiempo que me agarra por
el brazo derecho, "yo te puedo ayudar".


"No señor, ya me voy, por favor, suélteme".En
segundos me doy cuenta que soy la única clienta del local, todos se
habían ido.


"¡Ah pues nena! No te la des de dura, yo lo que
quiero es ayudarte, precisamente tengo un perro con una vergota rica,
mientras él te lo mete por aquí"-dijo, al tiempo que palpaba mi
entrepierna- yo puedo estar gozando por aquí –culminó, manoseando mis
nalgas.


"¡Nooo señor, déjeme, déjeme!".


"Quédate quieta, zorrita, yo creo que mejor te enseño
mi paloma, es mejor que la de un perro", mientras decía esto intentó
bajarse la bragueta, aflojando un poco su mano de mi brazo, cosa que
aproveché para zafarme y salir corriendo, asustada y llorosa, menos mal
que aquello no ocurrió en mi pueblo, sino en otra ciudad, estuve a punto
de ser violada en un cybercafé, a ese sitio no he vuelto a ir ni volveré
jamás.



En otra ocasión parecida, uno de mis "cyberamantes"
comete una indiscreción con una desconocida, a través de un chat en una
computadora y todos mis secretos fueron develados (aunque en parte fue mi
culpa), las consecuencias de tan grave asunto lo expongo en la historia
"les presento a Teresita".



¿Lo último que me pasó? Fue algo sumamente extraño,
pero a su manera, cachondo: Fui a uno de los mejores cybercafés que había
en aquel pueblo, que no era el mío, con cubículos de tabiques que ofrecían
cierta privacidad, era pequeño pero cómodo y muy concurrido por gente de
toda clase y era atendido por una muchacha muy bonita, como de veinte
años, que solía ayudar mucho a lo clientes. Allí estaba yo había ido
vestida muy cómoda, con un Top azul claro que dejaba mis hombros y mi
vientre desnudos, y un short blanco de algodón, además de sandalias.
Estaba ensimismada en la pantalla, en mi vicio, mi rutina, leyendo relatos
eróticos, viendo videos y fotos calientes que me enviaban mis amigos y
amigas; Chateando con un tipo, teniendo "cybersexo", mi calentura era tal
que me desinhibí por completo, abriendo mis piernas y tratando de meter
mis deditos entre el short y la pierna derecha, para alcanzar mi almeja
rebosante de jugos, calladita fui aguantando mi corrida y el short quedó
generosamente mojado, de forma demasiado evidente.



"¡Ups! Creo que tuviste un percance, ¿no mi niña?".



Estaba viendo mi entrepierna humedecida cuando escuché
esas palabras. Dirigí mi mirada hacia mi izquierda, allí, a mi lado
sentado, frente a otra computadora, se encontraba un señor, tez blanca,
calvo, de lentes, medio obeso pero de buena presencia, vestido con
sencillez pero con pulcritud, camisa blanca manga larga y pantalón azul
claro de vestir, debía tener, no sé, quizás unos cincuenta años.



"No te preocupes, mi cielo, esa cosas suelen pasar, no
hay que alarmarse, no te preocupes", me dice este desconocido al tiempo
que toma su pañuelo blanco, y con delicadeza y naturalidad va secando con
su mano derecha mis muslos, yo simplemente estaba anonadada, creo que
hasta tenía la boca abierta, no me atrevía a decir nada.



"Vaya, muchacha, sí que tuvisteis una buena acabada,
hará falta otro pañuelo", se esmera el hombre en sus trabajo, posa
directamente su pañuelo en mi entrepierna presionándolo con suavidad a la
altura de mi vulva empapada.



"ya va preciosa, creo que no lo estamos haciendo bien",
acerca su silla y cambia el pañuelo a su mano izquierda, al tiempo que
parece arroparme con su brazo derecho, pasándolo por mi hombro derecho.
"Quizás si lo pusiéramos directamente...", desabrocha el botón y baja el
cierre del short, así, logra meter el pañuelo - y su mano- y tener acceso
directo a mi concha.



"Así está mejor, aunque se me ocurre...a ver, alza tus
caderas", parecía una autómata, no pensaba , no razonaba, estaba fuera de
mí. Le obedezco y me alzo un poco por encima de la silla, el desconocido
con toda naturalidad del mundo me va bajando el short a la altura de mis
muslos, mis nalgas denudas se posan otra vez sobre la fría y mojada silla
de plástico. Se esmera éste caballero en secar mi cuca, presionando su
pañuelo contra ella, en un momento lo suelta ente mis piernas y se da a la
tarea de palpar con sus dedos mi sendero del placer.



"A ver, si, tus labios son delgaditos, los de mi hija
son mas gruesos, ella es como de tu edad, la pepita si la tienes gruesita,
eso me gusta", cada detalle de mi cuchara es examinado por éste
desconocido, quien logra incluso separar un poco mis bordes, para
escudriñar la entrada. De repente, su mano derecha toma el top que llevo
puesto, desde abajo y lo sube, dejando mi modesto seno derecho al aire,
quedando en una especie de "semi-topless", sus dedos juguetones aprietan
mi pequeña teta, con su pulgar y su índice, pellizca y jala mi pezoncito,
con su rostro mas cerca de mi, puedo oír su resuello excitado. Veo su
calva muy cerca y mi visión periférica me permite ver algo que me acelera
aún mas el corazón: La joven encargada, de pie, del otro lado del
cubículo, con ojos y boca bien abiertos, nos observa.



No sé que le diría mi faz, nos miramos fijamente, no
recuerdo bien si yo tenía cara de angustia, de excitación o simplemente de
inexpresividad, lo cierto es que nuestros rostros se miraron, mientras el
hombre seguía metiéndome mano, en aquel sitio público, con gente
charlando, caminado aquí y allá. La muchacha tenía su mano izquierda
apoyada sobre el tabique que separaba mi computadora de la que estaba
enfrente, justo donde estaba ella con otro cliente, ignorante de lo que
pasaba tan cerca de él; Podía ver como los dedos de la muchacha aflojaban
y apretaban el tabique, ¿qué significaba eso?



El sujeto seguía explorando mi concha, "Tienes pocos
pelos, mi niña, ¡uy! Te arranqué unos, los voy a guardar de recuerdo, son
muy suaves",el hombre, peinando con sus dedos mi vello púbico logra
desprender algunos, metiéndoselos en su bolsillo de la camisa.
Contrariamente a lo usual, la pelambre de mi chochito es suave y lisa,
como una pelusilla, en lugar de ser grueso y crespo, como el de mis
hermanas, por ejemplo.



"¡Uy mi niña, mira como me dejaste el pañuelo! Eres una
chama increíble, como botas jugos, este pañuelo no lo lavaré jamas, ¡mmmm
que rico!"



Efectivamente. El pedazo de tela había quedado empapado
en mis jugos, se lo llevó al rostro, oliéndolo con fuerza, "ya se me acabó
el tiempo", dice, "espero volverte a ver, chao mi niña", me da un tierno
beso en la mejilla y se retira del local con su trofeo en la mano,
quedando casi como en Shock ante aquélla aventura tan extraña, no me dá
tiempo de reaccionar cuando en lugar del señor se sienta una colegiala,
para hacer uso de la computadora. Me vé enseguida, extrañada, tal vez
temerosa, al ver una chica con el short abajo, enseñando la cuca y con una
teta afuera, debió pensar que era una loca. Con lago de lentitud me subo
el short, me acomodo el top, mientras soy observada por las dos chicas,
todavía me quedaba tiempo en la computadora, pero ya la vergüenza no me
dejaba. Con mi cuadernote tapo mi entrepierna manchada y me largo de allí,
hasta el momento no he ido mas a ese cybercafé.



Por que claro, debo hacer hincapié en que soy muy
"jugosa", cuando me excito, suelo empaparme toda mi concha, ¡en una
ocasión logré colectar casi un cuarto de litro en una botella de refresco!
(Ariadna, mi hermana de 18 años, es peor, una vez la ví masturbarse y
observé como al correrse logró disparar sus jugos con una fuerza
increíble, como los chicos cuando botan su leche, eso es lo que se llama
"Eyaculación femenina"). Recuerdo que una tarde, fui con una amiguita, la
única que tenía, Juliana, a un cybercafé, estaba atestada de gente y no
había sillas, así que ella, que es mas alta y fuerte que yo, convino en
dejarme sentar en sus piernas, nada inusual, las chicas solemos hacer eso
y a nadie le llama la atención. pues bien, resulta que nos pusimos a
catear y ver cosas porno que un chico nos enviaba por la pantalla, y
bueno, pasó lo de siempre: Me corrí como una perra en celo, llevaba una
falda y sin pantaletas, Juliana llevaba un pantalón blanco, cuando sintió
la tibieza de mis jugos en su muslo ya se había regado mucho, se paró
enseguida y me tumbó al piso, me insultó, diciéndome cochina, perra loca y
otras cosas y se fue, la verdad parecía como si ella se hubiese orinado,
yo quedé espatarrada en el piso, algunos se rieron y otrs mas pudieron ver
con placer mi rajita entreabierta y mojadita. Me levanté con torpeza y ,
llorando de la pena me fui sin pagar, otro cybercafé donde no he ido mas,
y Juliana ya no me habla.



Éstas son sólo algunas anécdotas, pequeñas confesiones
de situaciones que mi condición de puta me ha hecho vivir, por supuesto,
que me han pasado experiencias de sexo brutal, dignas de contarlas con
detalle, y es que no creo que pare de vivir, y mientras siga por el mundo,
viviendo, puteando y follando, yo seguiré disfrutando...y seguiré
confesando mis experiencias a ustedes, solo deben estar pendientes...


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Relato: Anécdotas de una niña muy puta (2)
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