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Relato: Mi profesora de gimnasia (3)



Relato: Mi profesora de gimnasia (3)

Mi profesora de gimnasia: pagando la deuda


Cap I


Las 19:10, estoy frente a la puerta de Niki, mi profesora de
gimnasia. No iba a venir, pensaba que lo de las pruebas de la violación era un
farol, que las había falsificado para ver si picaba, pero me arriesgaba a que
fuera verdad y, entonces, si que tendría problemas.


Llamo varias veces pero no me abre nadie… bien, no está. Me
largo, encima no voy a estar esperando a esa…. ¡Mierda, por ahí viene! Joder, no
podía ser de otra forma: la tía viene de hacer jogging, para variar.


"Hombre, pero si es mi alumno preferido" – Me dice mientras
afloja el ritmo y abre la verja de la puerta exterior de su casa. Apaga el
reproductor de MP3 y se quita los auriculares. Para qué negarlo, está imponente,
como siempre: Lleva el pelo recogido en una coleta, una camiseta de tirantes
arrapada al cuerpo, con unos shorts grises que también le marcan totalmente sus
curvas más sensuales. Unos calcetines blancos y unas zapatillas deportivas
completan su vestimenta. Está sudando mucho, estamos en pleno mes de agosto. La
ropa tiene marcas de sudor por todas partes.


Se acerca a mi con cara de mala leche, cuando de pronto sale
la vecina de la casa de al lado a pasear al perro. Entonces le cambia la cara
radicalmente y me da dos besos como si fuera un amigo que viene a visitarla.
Evidentemente, aprovecha para restregarme la cara sudada por la mía… ¡Joder, que
asco!


Abre la puerta y me invita a pasar muy amablemente. Una vez
dentro, mientras admiro la casa que tiene, cierra de golpe la puerta y pasa la
llave y el cerrojo.


"Tranquila, no me voy a escapar, no. Solamente quiero que
hablemos del tema, lleguemos a un acuerdo y nos olvidemos del asunto de una vez.
Tengo un dinero en la cuenta que guardaba para un coche nuevo y…."


"¡Cállate, imbécil! ¿Te crees que con eso lo voy a olvidar
todo? Pobre infeliz. "


Me quedo super cortado y aprovecho para ir hacia el comedor.
"Quieto, chaval, no te muevas del recibidor, no quiero que una basura como tu me
manche el suelo de casa. Te voy a contar un par de normas". Me quedo alucinado,
pero al mismo tiempo paralizado y esperando saber lo que quiere decirme. Mejor
no digo nada y la escucho. Parece muy mosqueada y no es cuestión que la tía se
vuelva loca y me denuncie.


"Vamos a ver, la cosa es muy sencilla: Vas a hacer todo lo
que te mande, sin rechistar. Si te niegas a colaborar, llamaré a la comisaría y
les pediré que abran el sobre que deposité esta mañana en el buzón de denuncias.
Ahí está tu nombre, las pruebas y demás datos interesantes. No creo que tarden
ni 20 minutos en venir a buscarte. ¿Alguna pregunta, gusano de mierda?" Le digo
que no con la cabeza. Tras una pausa sigue: "Por cierto, si no llamo en 24
horas, se abrirá el sobre igualmente, por lo que si intentas algo contra mi, vas
a estar jodido de todas formas, así que si me obedeces quizá… quizá tengas una
oportunidad".


Cogido por los huevos es poco para describir la situación. Me
quedo parado mirándola, esperando sus órdenes. Espero que esto acabe rápido.
Dejando su reproductor MP3 sobre el recibidor, abre una puerta que hay justo al
lado. Parece la puerta de una habitación aislada del resto de la casa. "Pasa" –
Me dice enérgicamente. Entro y lo que encuentro no debería sorprenderme: es un
jodido gimnasio completamente equipado, con todos los aparatos necesarios para
realizar todo tipo de ejercicios físicos. Vamos, muchos de los gimnasios
privados de la ciudad les gustaría tener estas instalaciones.


"Vete al vestuario y cámbiate. Tienes la ropa que necesitas"
– Sin decir nada, voy para allá. Entro en el compartimiento y veo unas
zapatillas de deporte, unos calcetines y unos pantalones muy cortos, como de
atletismo. No hay nada más. Miro hacia arriba y veo una pequeña ventana de donde
entra luz de día, aunque queda poco para que el sol empiece a perder fuerza.
Unos barrotes impiden cualquier intento de escape. La jodida lo tiene muy bien
pensado. Me desnudo y me pongo la ropa que me ha dejado.


Salgo del vestuario y entro en la sala de fitness. Niki está
haciendo ejercicios de estiramientos, frente a un espejo. Me quedo en medio de
la sala, con los brazos cruzados, en señal de desafío, esperando su castigo.
Está claro que me hará una clase particular de gimnasia muy dura, pero bueno,
pensaba que sería peor. Lo pasaré mal un rato, la tía quedará satisfecha y para
casa… a veces, creo que las mujeres son limitadas, se contentan con poco,
jejejeje.


"A la cinta de correr, vamos" – Me dice de golpe. Me dirijo
allí, subo encima de la cinta y espero órdenes. De una bolsa saca un par de
esposas. Empiezo a preocuparme, porque esto no creo yo que sea un utensilio de
gimnasia. Se me acerca y me pone una esposa en cada muñeca. Luego me esposa a
las dos barras laterales de la cinta, de forma que me obliga a sujetarme a la
barra quiera o no. No puedo manipular los mandos del aparato.


La media sonrisa que dibuja en su cara no me gusta nada. La
zorra está disfrutando, supongo que pensando en lo que vendrá. Bueno, si quiere
jugar jugaremos, me cansará corriendo en la cinta. Tampoco es tan grave.


Muy despacio, con movimientos suaves y contoneándose de forma
provocativa, se dirige a la máquina para trabajar los abductores. Está justo
delante de la cinta de correr, como si las dos máquinas estuvieran enfrentadas
en una lucha titánica, una frente a la otra. Se sienta en la máquina. Su cuerpo
vuelve a estar ligeramente sudado, ya que en la sala no hay refrigeración y sus
estiramientos han sido muy intensos.


Pone las piernas en posición, ajusta el peso de su aparato
(más a menos a la mitad de la máxima capacidad) y se dispone a trabajar los
músculos de las piernas… joder, que piernas: los gemelos son perfectos, redondos
y fibrados; los muslos increíbles, marcando la musculatura pero sin exagerar, lo
justo; los abdominales como una tableta de chocolate, bien marcados.


Antes, pero, coge del suelo una especie de mando a distancia,
como el del televisor. Clic, y la cinta de correr empieza a moverse. El cuadro
marca 2 km/h, empiezo a andar lentamente, mientras ella me mira fijamente a los
ojos. Mientras me hipnotiza con su mirada oigo más clics y la máquina acelera.
Ahora ya voy al trote, un trote más que suave. Ella suelta el mando y empieza a
hacer oberturas de piernas. Yo la miro y mi cuerpo empieza a reaccionar. Su
pecho se hincha y deshincha al mismo ritmo que separa y junta las piernas. Se
agarra a los salientes laterales para hacer más fuerza. Su pecho de gran volumen
se mueve en cada esfuerzo de sus piernas. Su entrepierna se ve espléndida cada
vez que se separan las piernas. Sus músculos se tensan ante mi mirada. Yo estoy
sudando, no se si por el esfuerzo o por la panorámica que me está ofreciendo.
Empiezo a entender sus intenciones… me va a cansar físicamente mientras me pone
chachondo y yo no puedo hacer nada para evitarlo… es más lista de lo que
pensaba.


Cuando termina su serie de 20 repeticiones, respira
profundamente y coge de nuevo el mando, subiendo la velocidad un poco más. Ahora
ya voy a un ritmo bastante alto, no al sprint pero el ritmo de carrera empieza a
ser difícil de mantener. Me voy desplazando hacia atrás de la cinta, pero las
esposas no me permiten separarme de ella, por lo que acelero el ritmo para
recuperar la verticalidad. Una caída sería fatal.


De nuevo hace otra serie de 20, pero aumentando el peso. Así
sucesivamente hasta que casi voy al sprint, ahora si, ya que más peso implica
más velocidad para mi. Niki se levanta y hace algunos estiramientos justo
delante de mi. Mi polla está bien dura, y os juro que correr con una tremenda
erección no es fácil. Respiro con dificultad, el sudor me cae a chorros, pero no
puedo apartar la mirada de ella.


Sabedora de su control, se quita la camiseta completamente
empapada en sudor, quedando con un sujetador típico de chicas deportistas.
Seguidamente se baja el short y mi corazón casi me sale por la boca cuando veo
un tanga negro, con la parte delantera semitransparente, mostrando los pelos de
su coño completamente empapados… ¿De sudor? Vuelve a sentarse en el aparato de
gimnasia y coloca las piernas en posición, pero ahora parece que se dispone a
hacer otro ejercicio. Su mano derecha se acerca a la boca con su dedo índice
extendido y lo empieza a chupar, provocativamente. Casi me atraganto porque se
me está secando la boca, las piernas se me quedan atrás pero no dejo de mirar.
Cuando lo tiene bien mojado empieza a tocarse el pezón derecho lentamente,
haciendo que éste crezca un poco más si cabe, ya que al tener el sujetador
empapado en sudor, las aureolas de sus pezones son claramente visibles.


Embobado con lo que veo, no me fijo que con la mano izquierda
vuelve a coger el mando a distancia y ahora empieza a elevar la cinta,
aumentando la pendiente y dificultando todavía más la carrera. Mis piernas
empiezan a agarrotarse, pero no puedo parar, si no quiero irme a tomar por culo
y romperme las muñecas. Su dedo cambia de ubicación y ahora juego con el tanga,
acariciándose la parte delantera justo a la altura del clítoris. Por primera vez
cierra los ojos y un gemido se escapa de su boca, aunque no lo consigo oír
porque mis propias zancadas sobre la máquina hacen tanto ruido que es imposible
enterarse de nada.


Mientras se acaricia, el ritmo de la respiración aumenta, su
cabeza cae hacia atrás… pero la muy puta sigue dándole a la inclinación de la
cinta y a la velocidad… va al mismo ritmo de su orgasmo.


"¡No, no… Arf, arf!.... ¡No sigas…. Subiendo… arf, arf,!
¡La…. Puta…… cinta… arf, arf! – Le digo como puedo, pero no me sale ni una frase
seguida, ya que el problema es mío para mantener la vertical. Ella aumenta el
ritmo, su dedo ya está dentro de sus bragas y se mueve cada vez con mayor ritmo.
Justo cuando está a punto de llegar al orgasmo, levanta la cabeza y me mira, con
la boca abierta, sonriendo, mirándome fijamente a los ojos, que casi no se ven
por la inclinación de la máquina…. Quiere mirarme cuando llegue al orgasmo, es
como cuando yo me la casco mirando una peli porno, pues la tía se pone cachonda
viéndome sufrir mientras corro como puedo y mi polla no me cabe en los
pantalones.


Finalmente se corre soltando un grito que, a pesar de la
cinta, oigo perfectamente, pero la muy guarra le da la máxima potencia (incluso
creo que sin darse cuenta) a la máquina y yo caigo totalmente desmayado sobre la
cinta, con las piernas estiradas mientras me va rozando por todo el cuerpo…
especialmente por la parte más sensible e hinchada, que va rozando con la goma a
una velocidad increíble y el daño se hace insoportable. Grito y pido clemencia
pero no me oye, o no me quiere oír. Sin disminuir la inclinación la cinta va
perdiendo velocidad hasta que se para. Mirando hacia el lado (mi cabeza está a
una altura considerable del suelo, debido a la inclinación de la cinta) veo en
primer plano el tanga completamente empapado, unas piernas que marcan unos
bíceps increíbles, brillantes por el sudor, unas abdominales envidiables,
cuadradas, y unos pechos que todavía se hinchan y deshinchan recuperando el
aliento. Fuerzo la mirada un poco más arriba y la veo a ella, sudada, riéndose
en mi cara, disfrutando de su victoria. Mis brazos colgando de las esposas que
están en las barras, mi cuerpo totalmente extenuado, respirando como puedo, con
ese pito que sale de la garganta cuando tragas aire y casi te ahogas… Para más
cachondeo, acerca el dedo con el que se ha masturbado y me lo pasa por la cara,
especialmente por debajo de la nariz, de forma que la mezcla de sudor y de flujo
vaginal de su coño queda impregnado en mis fosas nasales y lo respiro sin poder
hacer nada para evitarlo.


"Me voy a duchar, cerdo. No pienses que esto a terminado, no
ha hecho más que empezar. Voy a ducharme para relajarme de este entremés del que
he disfrutado, pero tranquilo que lo que viene será más divertido".


Alcanzo a ver como se desabrocha las zapatillas, se las quita
y se despoja también de sus calcetines, todo esto de espaldas a mi. También se
quita el sujetador y el tanga. Coge toda la ropa y la amontona sobre un banco de
deporte… no parece que tenga intención de dejarla en el cubo de la ropa sucia.
Moviendo las caderas de forma escandalosa, sabiendo que a pesar de mi estado
físico completamente derrotado la estoy mirando, se dirige al vestuario para
ducharse. Cuando la pierdo de vista dejo caer mi cabeza rendido, estoy muy
mareado por el esfuerzo y empiezo a perder la conciencia, mientras respiro sus
más profundos e íntimos olores. Por primera vez en toda la tarde, tengo miedo,
mucho miedo de esta loca. Todo se oscurece… me duermo… quizá cuando despierte,
todo habrá sido un sueño... pero mi constante erección me recuerda que quizá sea
un mal sueño.




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Relato: Mi profesora de gimnasia (3)
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