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Relato: Una noche con dos hombres



Relato: Una noche con dos hombres

Pasaban las diez de la noche cuando mi novio vino por mi a
casa. Yo estaba lista desde hacía un buen rato, así que me había entretenido un
rato viendo la televisión. En aquel momento no me podía imaginar que la noche
que iba a pasar iba a ser inolvidable, sobre todo porque nunca me había puesto
tan cachonda poniéndole los cuernos a mi novio, el cual es ignorante de lo que
pasó.



Llegó a casa y me llevó a cenar en plan romántico; estuvimos
hasta tarde cenando y decidimos salir un rato por ahí ya que era sábado y tenía
de bailar un rato. Llegamos a la discoteca y allí nos encontramos con unos
amigos con los que estuvimos hablando cálidamente. De repente alguien llamó la
atención por mi espalda… era Luis, un chaval compañero del colegio al que no
veía desde que acabamos el curso a finales de junio y con el que en alguna
ocasión lo habíamos pasado "muy binen" después de algunas reuniones entre
maestros. No dejamos de charlar durante un buen rato, dejando de lado al resto
de amigos incluidos mi novio, el cual ya conocía a Luis, por lo que sólo se
saludaron y dijo que nos dejaba hablando de cosas entre colegas, ya que los dos
pertenecemos al gremio de los maestros. Acabé mi bebida y le dije a mi novio si
podía ir a por otra, pero estaba tan metido en una conversación con sus amigos,
que me pidió con un beso cariñoso que si no me importaba a mi; no me molestó
para nada, así que le dije a Luis si no le importaba acompañarme a la barra. Una
vez llegué a ésta, de tan llena que estaba solo llegaba yo a ella, quedando Luis
pegado a mi por detrás y no supe hasta ese momento si era por la gente o era
voluntad suya el tener todo su rabo pegadito a mi culo y bien apretadito, cuando
me dijo:





Esta noche estés muy buena con esta faldita- mientras
rozaba su mano por mi muslo.





Giré mi cara hacia él y solo le sonreí, demostrándole que lo
que estaba haciendo no me molestaba para nada, todo lo contrario, me agradaba y
no sabía hasta que extremo. Mientras nos servían las copas aprovechamos la poca
distancia que nos separaba de mi novio para provocar más morbo al asunto. Mi
mano se deslizó hacia atrás, alejando su verga de mi culo y magreándola, notando
su grosor y su excitación en mi mano, mientras él se dedicaba a deslizar sus
manos por mis muslos hasta subir la falda hasta rozar con sus dedos la comisura
de mi tanguita, el cual por la excitación estaba bien humedecido. Una vez nos
sirvieron las bebidas nos fuimos donde estaba mi novio y continuamos la charla,
la cual había cambiado de tema. Sabíamos que por el ruido necesitábamos
acercarnos para hablar y no éramos escuchados por nadie. Ya no hablábamos del
colegio ni nada parecido, manteníamos una conversación caliente, cosa que nos
hacía estar bien cachondo, sobre todo si le sumábamos el factor morbo por tener
a mi novio pegado a mi.





Sabes que te hacía ahora mismo?


Dímelo, pero como tu sabes que me lo digan.


Te sentaría en la barra, te abriría bien las piernas y te
comía el coño ahí mismo.


Pues yo te sacaría la polla y te haría una mamada hasta
que te corrieras en mi boca y me lo hicieras tragar todo como una zorrita.





La temperatura de la conversación subía por momentos y
nosotros disimulábamos como podíamos con una sonrisa, como si el otro nos
hubiera dicho algo gracioso. Yo no aguantaba más y él parecía que tampoco, pero
cuando mejor lo estábamos pasando, mi novio me dijo que me llevara a casa, ya
que él al día siguiente tenía que madrugar. Se me vino el mundo encima, y no
sabía que hacer, así que no hice nada, sólo le di dos besos a Luis y me fui con
mi novio.



Cuando mi chico me iba a dejar en casa, estando en el coche
me dio un beso, que yo continué para demostrarle lo encendida que estaba y que
necesitaba con urgencia que me apagaran, pero el solo me dijo:





Nena, sabes que mañana madrugo y mira la hora que es.


Bueno, hasta mañana.





Tenía una mala idea en el cuerpo que no veas. Cuando entré en
el portal de saludé con la mano y él se fue y ya entré en el portal y me dispuse
a ir al ascensor… cuando de repente recibo un mensaje; lo noté por el vibrador e
imaginé que era mi novio disculpándose por haberme dejado así, pero me extrañó
porque no le había podido dar tiempo. Mi sorpresa llegó cuando leo el mensaje:
"en diez minutos estoy en el portal de tu casa. Un beso y espero que estés ahí.
Luis". Sabía donde vivía porque en varias ocasiones, cuando yo no tenía coche,
me había llevado a casa. Biennnn! pensé, y no habían pasado ni cinco minutos
cuando me dirigí al portal. Ahí estaba esperándome, y yo alegrándome de que mi
novio no cediera a mis peticiones sexuales.





Nos vamos a dar un paseo y continuar con nuestra
conversación?


Y por qué no la llevamos a la práctica mejor- le contesté
yo.


Me parece muy buena idea- y arrancó el coche y nos
fuimos.





Durante el trayecto a su casa no dejaba de besarle en la
oreja, mientras le susurraba lo que estaba loca por que me hiciera, mientras mi
mano se deslizaba por su bragueta, bajando poco a poco su cremallera para hacer
salir aquello que estaba loca por meterme en su boca.





En cuanto lleguemos te voy a comer la polla hasta que te
corras en mi boquita


Para Lucía que no respondo de mi- me decía en tono
burlón- pero yo continuaba jugueteando con mi lengua en su oreja y su
cuello.


Y después te voy a dejar que me comas tu a mi el coño.


Como no pares- seguía con su tono burlón- voy a parar el
coche donde pille y te voy a comer las tetas.


A que no eres capaz?- le dije entre susurros en tono
desafiante.





Y no terminé la frase cuando paró el coche y se lanzó a mi
como un loco. Yo me reí porque me encantó lo que hacía. Bajó con brusquedad mi
top, cuyo escote era de vértigo, y con él mi sujetador y no dudó en comerme las
tetas mientras su mano se perdía dentro de mi falda.





Sabes que tus tetas me vuelven loco nena, me vuelven
loco- me decía entre lengüetazos, pasándose de una a otra.


Come cielo, sáciate- conseguí decirle entre gemidos.





De repente vi como un coche se acercaba y paraba justo a
nuestro lado; era una patrulla de policía y Luis se incorporó. Corrí a taparme,
pero los policías nos dijeron con mucha educación si podríamos ir a un sitio
menos iluminado y más discreto. A mi me hizo gracia y miré al policía con
picardía, para demostrarle que no me había dado nada de vergüenza que me viera
las tetas, al contrario, la situación me había gustado, y a él el panorama
parece que también porque no me dejó de mirar en todo momento. Luis con mucha
educación le dio las gracias, arrancó el coche y nos fuimos de allí una.



Reímos durante un rato de la situación y después continuamos
el camino. Luis me dijo que el único sitio donde podíamos ir era a su casa, pero
que él tenía un compañero de piso, que si a mi no me importaba…





Para nada, no te preocupes, pero necesito que me sacies,
así que vamos ya.


Pues allá vamos.





La sola idea de que había alguien en el piso en el que íbamos
a liarnos me excitaba por momentos. No tardamos en llegar, aparcó el coche y
salimos de él; nos dirigimos a la puerta de la casa y allí le pedí a Luis que me
besara. Me apoyó contra la pared y comenzó a darme un beso de esos que te dejan
sin respiración, metiendo la mano debajo de mi falda de nuevo y apretando toda
su polla contra mi, como si fuera a traspasar el pantalón y la falda y me
pudiera follar allí mismo. Parecía que ya no podía más, porque se separó
rápidamente y me dijo:





Vamos adentro ya que te vas a enterar.


Pues vamos.





Entramos en casa y me llevó directamente a su habitación;
pude observar que justo la de al lado era la de su compañero de piso, y desde
ese momento supe que lo iba a pasar muy muy bien. Cerró la puerta, me tumbó en
la cama levantando mi falda y deshaciéndose de mi top y comenzó a comerme las
tetas, parecía poseído; no tardó mucho en bajar hasta mi coño, el cuál estaba
empapado y deseando que su lengua lo recorriera por completo, y él lo sabía.
Abrió bien mis piernas, y en cuanto me dio el primer lametón no pude evitar
gemir bien fuerte (es posible que lo hubiera evitado, pero tampoco quise, quería
que nos escucharan). Luis no lo dejaba, lo había estado deseando toda la noche y
yo también.





Que me gusta tu coñito Lucía, que bueno que está joder.


Si, pues no pares cariño no pares, jálamelo bien,
devóralo.


Mmmm me encanta que me pidas así las cosas zorrita.





Y continuó comiéndomelo tal y como le pedí, hasta que no pude
más y me ahogué en un orgasmo de los que no dejas de gemir hasta que se te pasa
un poco. Aún no había terminado mi orgasmo cuando le dije que se quitara el
pantalón mientras me colocaba a cuatro patas para comerme su rabo. No tardó en
deshacerse de toda su ropa, mientras yo me desprendía de la mía. En cuanto tuve
a la vista su polla no pude evitar metérmela en la boca. Se quedó sentado con la
espalda en el respaldo de la cama, mientras yo a cuatro patas y con mi culo en
popa le mamaba su polla, no muy grande pero bien gorda. No dejaba de deslizarla
por mi lengua, alternándola con sus huevos bien cargados. Sabía que no iba a
aguantar mucho más ya que durante la noche la excitación había sido máxima y yo
estaba loca por tragarme su corrida, así que no dudé ni un momento meneársela
dentro de mi boca con rapidez para que se corriese dentro de mi. Y así fue, en
un momento aquel chorreón de leche caliente fue a parar dentro de mi boca y la
tragué a duras penas ya que la corrida fue tan grande que casi no consigo
tragarla entera.



Quedamos un poco extasiados durante unos segundos, hasta que
necesité ir al servicio y beber un poco de agua.



Me puse una camiseta que me dejó y salí al servicio. Después
me dirigí a la cocina y mi sorpresa fue que me encontré con aquel compañero de
piso de Luis. Le saludé y fui a por mi vaso de agua. Estando de espaldas a él
cogiendo mi vaso de agua me dijo:





Así que eres tú la culpable de mi insomnio eh?- pero noté
su tono burlón.





Supongo que pensó que me iba a dar un poco de corte y no le
iba a saber contestar, así que le contesté:





Es que cuando me hacen disfrutar no puedo evitarlo- y mi
contestación fue acompañada de una sonrisa y un sorbo de agua.





La verdad es que el tío estaba bien bueno y no dejaba de
mirar mis piernas, cosa que noté enseguida, su mirada clavada en mi .





Me llamo Guillermo, encantado- y me extendió la mano.


Yo Lucía, igualmente- y le di mi mano.





Estábamos estrechando nuestras manos cuando entró Luis:





Así que ya os conocéis?- dijo mirándonos primero a mi y
luego a Guille.


Sí, y es un placer- dijo guille mientras me miraba de
nuevo de arriba abajo.





Yo en ese momento solo pude imaginar una cosa y era esas
cuatro manos y esas dos pollas para mi, pero no encontraba el modo de hacérselo
saber a ellos, así que continuamos hablando. Luis se colocó detrás de mi,
llevaba su bóxer y Guille un pantalón corto de pijama. Luis sabía que aquella
situación podía llegar a excitarme mucho, estar delante de otra persona y estar
sobándome, y creo que quería comprobar hasta que extremo me iba a dejar tocar en
presencia de su amigo.





Me decía Guillermo que le he despertado- decía yo
mientras Luis me sobaba el culo en presencia de su amigo.


Te hemos despertado?, lo siento tío.


No te preocupes, no pasa nada.





Luis continuaba sobándome y decidió ir más allá, una de sus
manos se deslizó hacia delante, levantando levemente la camiseta y dejando ver
un poco mi coñito.





Bueno, creo que debería dejaros a solas- se precipitó a
comentar Guille.


No quieres acompañarnos?- le dije yo con una sonrisa
provocadora.





Luis paró en seco, no podía creer lo que estaba escuchando,
así que me adelanté a ellos, me dirigí a la puerta de la cocina y les dije:





En el dormitorio os espero- y allí me dirigí.





Yo sabía que podían pasar dos cosas totalmente contrarias: o
me iban a decir que me fuera a casa o les iba a volver locos la idea de tener a
una tía completamente cachonda en la habitación para ellos dos. Los escuché
cuchichear en la cocina durante un par de minutos y cuando llegaron al
dormitorio yo los esperaba lista para cualquier cosa; estuvieron mirándome
durante unos segundo los dos hasta que Luis se acercó; me arrodillé en la cama y
comenzamos a besarnos, entrelazábamos nuestras lenguas mientras que nuestras
manos se deslizaban por nuestros cuerpos siendo observados por Guille, el cual
no dio crédito a sus ojos cuando Luis me quitaba la camiseta y dejaba al
descubierto todo mi cuerpo sin que yo pusiera ningún impedimento. Me tocó las
tetas, el culo, mi coño… después se dispuso a lamerlas de nuevo, en su afán por
comenzar a provocar en mi más excitación si cabía, mientras yo miraba a Guille,
que miraba embobado con un empalme que era apreciablemente considerable a través
de su pijama.





Fóllame, por favor, estoy loca por que me la metas.


Mmm, eso es nena, esto empieza a gustarme más por
momentos. Ya sabes como me gusta metértela zorrita, así que vamos a ello.





Me coloqué a cuatro patas mientras miraba a Guille y parecía
petrificado; mientras Luis ya me la estaba metiendo y comencé a gemir a ver si
lo sacaba de su estado hipnótico, hasta que Luis le dijo:





Quítate eso y que te la coma tío, ya verás joder.





Pareció despertar ya que no dudó en quitarse el pantalón del
pijama y dejar al descubierto una gran polla, no tan gorda como la de su
compañero de piso, pero si bien grande; se vino hacia mí y se la cogí con una de
mis manos nada más arrodillarse delante de mi; comencé a lamérsela, devorársela
mmmm estaba deliciosa y no podía dejar de gemir mientras que uno me follaba y el
otro me la metía hasta el fondo de mi garganta. Cuando miré el espejo de la
puerta del armario la imagen me hizo estallar: mientras que Luis me la metía
hasta el fondo dándome palmaditas en mi culo respingón, Guillermo iba cogiendo
confianza y empujaba mi cabeza para meterla más y más. Conversaban entre ellos,
y sabían (al menos Luis lo tenía bien claro, ya que me conocía de antes) que
aquello me gustaba muchísimo:





Joder tío, este coñito me vuelve loco.


Que bien la come colega, estoy a punto de correrme ahhh


Toma zorrita, toma de mi polla- me decía mientras sus
huevos chocaban contra mí cada vez con más fuerza.





Guillermo estaba a punto de correrse, lo notaba, sobre todo
porque me estaba avisando:





Nena me voy, joder que me voy a correr, que bien no
pares- mientras que mis sacudidas eran cada vez más grandes.


Mmmmmm hazlo nene correte.





Pensó que me iba a importar que se corriera en mi boca, así
que hizo el gesto de sacarla, pero le dije que no lo hiciera nada más sacarla
pero fue tarde, no puede llegar a comerme su corrida, ya que la echó en mi cara,
cosa que tampoco me disgustó y a él pareció que tampoco. Quedó sentado enfrente
de nosotros, observando como Luis me follaba entre gemidos y gritos de placer;
yo ya llegaba, ya me llegaba y comencé a gritar:





Sí, sí, no pares joder no pares, métemela ah ah ah ah ah
siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii


Me corro nena, me corro zorrita, eso es, menea ese culo
joder menéalo me corroooooooooo





Guille estaba observándonos y yo estaba exhausta con la polla
aún dentro escurriendo sus restos de corrida en mi coño. Después de unos
segundos la sacó y caí boca abajo en la cama descansando durante unos minutos.
No dijimos nada, hasta que me levanté y dije que necesitaba ir al baño a lavar
un poco mi cara y a refrescarme.



Cuando salí del baño llevaba puesto el tanga y el top, ya que
estaba dispuesta a irme a casa; eran las 4 de la mañana y creía que aquellos dos
hombres habían quedado satisfechos. Cuando llegué a la puerta del dormitorio oí
que estaban en la cocina y me fui para allá, estaban tomando algo y me
ofrecieron un vaso de zumo; me observaban mientras hablaban de lo buena que
estaba, y sabían que aquello me complacía, me volvía loca esas miradas que iban
de mis tetas a mi culo y recorrían todas mis piernas.





Por cierto- dijo Guille- no te habrás medio vestido para
irte ya no?


Pues si, pensaba en irme ya.


Es que yo esta noche aún no cené, y Luis me dijo que tomó
conejito y estaba bien rico.





Mientras me decía esto se acercó a mi me cogió por debajo de
los brazos y me subió en la encimera. Se desprendió de mi tanga y de mi top,
dejándome solamente con el sujetador. Mientras Luis miraba con cara de estar
disfrutando del espectáculo y se limitó a colocarse desde un lugar donde la
vista fuera buena. Me abrió las piernas con fuerza y me limité a dejarme llevar,
disfrutaba con Luis mirándome y tocándose su polla por encima del pantalón.
Guille comenzó a comerme el coño con tranquilidad, tomándose todo el tiempo del
mundo; dejó de comérmelo se inclinó hacia mí y empezó a besarme en la boca
haciéndome saborear mis jugos desde su boca; cuando se separó de mi boca me dijo
que le encantaba la cena de esa noche, y que estaba dispuesto a acabar con ella
esa noche; se dirigió hacia mis tetas y con su lengua jugueteó con ellas,
mordisqueándolas, lamiéndolas como si fuera un perrito y pasando de una a otra
como si quisiera que estuvieran a la par.



Volvió a bajar a mi coño y esta vez su manera de comérmelo
cambió, iba más rápido y no dejaba de meter la lengua en mi agujerito; yo
mientras apretaba mis tetas llevándola a mi boca a duras penas y con la punta de
mi lengua alcanzaba a lamer mi pezón duro como una piedra; Luis mientras se
hacía una paja de escándalo y yo le pedía que se la meneara más deprisa para mi,
quería ver como se pajeaba mientras Guille me lamía el coño e introducía en él
dos dedos, después tres y hasta cuatro de ellos más tarde. Lamía más y más y yo
disfrutaba mucho:





Joder que buena lamida tío, eso es, que bien me comes el
coño- le decía mientras miraba a Luis, lo cual nos excitó a los dos
bastante.





Era como si Guille fuera esa noche nuestro juguete sexual
existiendo cierta complicidad entre Luis y yo ya que éste me conocía mejor y
teníamos vínculos más fuertes. De repente paró de babear mi coño y nos dijo:





Ahora vamos al salón, sigamos disfrutando de nuestra
putita- dijo mientras miraba a Luis.


Ok, vamos a ello.





Fuimos al salón y allí Luis no dudó en sentarse en el sofá y
pedirme que le comiera la polla.





Ponte a cuatro patas y hazme el favor de ser una buena
chica- me dijo guiñándome un ojo.


Seguro que quieres que sea buena?.


Mmmm, no, mejor se muy zorra





No dudé en arrodillarme frente a él a comerle su gordo nabo a
cuatro patas y como una verdadera putita; mientras Guille se había situado tras
de mi y noté como su lengua comenzaba a rodear el agujero de mi culo. Hacía
círculos sobre él y la introducía todo lo que podía. Logró que otra vez me
empezara a calentar tremendamente, y de repente, cuando estaba bien babeado,
noté como introducía uno de sus dedos, entró rápidamente y sin ningún problema;
después metió dos; mientras hacía esto Luis empujaba mi cabeza para que se la
comiera con más fuerza, sabía que aquello me enloquecía y aprovechaba la
situación para sacarle provecho. Guille ya había metido tres de sus dedos en mi
culo cuando dijo:





Bien zorrita, este culo está listo para comerse mi gran
polla





Aún no había terminado la frase cuando introdujo su verga en
mi culo, dejándola resbalar hasta el fondo; no pude evitar gritar ya que al
metérmela con tanta fuerza me había dolido un poco, pero me gustaba; por un
momento me saqué la polla de la boca y le dije a Guille que siguiera que no
dejara de petarme el culo, deseaba sentir su polla dura dentro de mi, como si
fuera a partirme en dos. De repente noté como la mano de Luis cogía mi cabeza y
me la llevaba otra vez hasta su cipote y me lo volví a meter. Me encantaba, en
aquel momento me sentí como una verdadera puta, siendo follada por dos tíos que
no dejaban de decirme cosas sucias.





Eso es zorra, mámasela bien a mi amigo y abre bien este
culo para mi.


Eso es Guille, dale a base de bien, rómpeselo, y tu
putita cómemela como tu sabes, mmmmm que bien joder, eres una diosa.





Los tres parecíamos que íbamos a estallar de un momento a
otro, pero fue Guille quien ya sentía la necesidad de correrse, y así fue,
comenzó a darme unas embestidas que hacían que todo mi cuerpo se menease. Yo se
la mamaba a Luis cada vez más rápido, ya que deseaba que los dos se corrieran a
la vez, pero era una tarea difícil y no lo conseguí. De repente Guille empezó a
correrse dentro de mi culo, echando toda su leche en mi trasero y dejando
escapar algunas gotas. Quedó detrás de mi con la polla en mi culo durante unos
segundos mientras Luis estaba a punto de correrse. Luis le pidió a Guille que
mientras me comiera un poco el coño, el ver como me lo comía parecía excitarle y
le ayudaría a llegar al orgasmo que estaba deseando. Fue cuando Guille me comió
el coño como nunca, no lo podía creer, aún podía estar cachonda, después de la
nochecita que llevaba. No aguanté más y estallé en un orgasmo que se convirtió
en un grito ahogado ya que la polla de Luis me impedía gritar. Fue cuando Luis
comenzó a echar toda su leche en mi boca, ya la corrida no era tan abundante,
era imposible, pero fue suficiente como para llenar mi boca. La tragué con mucho
gusto y Luis dejo de lamerme. Me quedé entre sentada y recostada en el suelo,
mientras Luis reposaba en el sillón, y Guille se recostó en el sofá.



Después de ir al servicio otra vez y de arreglarme, Luis me
esperaba ya con un pantalón corto y una camiseta para llevarme a casa. Me
despedí de Guille, diciéndole que había sido un verdadero placer conocerle.





El placer ha sido mío nena, te lo aseguro- me dijo él
mientras se acercaba y me propinaba un morreo de los que te quitan el hipo.


Eyyyyy, que la chica tiene que descansar!!! Jajajajaja


No te me pongas celoso…. Jajajaja.





Luis me llevó a casa y en el coche me dio un beso parecido al
de Guille:





Espero que nos volvamos a ver.


Claro que sí, después de una noche como esta… no lo
dudes.


Pero para otro día te quiero para mi solo, no te me
acostumbres- me dijo medio en serio medio en broma.


Bueno, eso está hecho- le devolví el beso y me despedí.





Cuando me quité la chaqueta noté en el bolsillo un papel, lo
saqué y era un número de teléfono con una notita que decía: "no dejes de
llamarme, Guillermo". Fue gracioso, después de aquella noche querían verme ambos
por separado, pensarían que si era capaz de tanto con dos a la ves, con uno
podría ser mejor. Aquella noche dormí como un lirón sin dejar de pensar en lo
bien que me lo habían hecho pasar esos dos compañeros de piso.




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Relato: Una noche con dos hombres
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