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Relato: Tarde de verano





Relato: Tarde de verano

T A R D E D E V E R A N O


Este último sábado por la mañana Aldana y yo habíamos ido al
gimnasio juntas. Hacía un tiempo ya que ella se había anotado y después de
algunas charlas en el vestuario o durante los ejercicios nos hicimos buenas
amigas.


Hablábamos de nuestros trabajos, la rutina de todos los días,
etc., lo usual, hasta que sin saber cómo terminamos hablando de hombres. Vimos
varias potenciales fuentes de placer cerca nuestro, pero nada realmente
interesante. Lo que no podía creer es cuanto le gusta coger. En realidad, lo que
no podía creer es que le gustara tanto como a mí.


Las dos morimos por entregarle la entrepierna a un hermoso y
bien dotado varón que nos haga sentir todo lo mujer que somos. A medida que
hablábamos del tema, que solamente era ese, nos dábamos cuenta de la tremenda
puta que llevamos dentro y de lo difícil que es saciar nuestra hambre de sexo.


En fin, ese día nos derretíamos del calor, y después de la
clase nos dimos una ducha y fuimos a su casa a almorzar. Era pasado el mediodía
pero enseguida pedimos algo de comida hecha y una botella de gaseosa. Fue un
almuerzo divertido entre amigas (ella es muy simpática) y la pasamos bien,
excepto por unos molestos obreros de Aguas Argentinas que tenían la vereda rota
por arreglos, justo delante de la puerta de Aldana.


El ruido y los golpes eran un poco insoportables, y sumados
al calor que hacía ya no podíamos más.


Al estar sólo nosotras dos en la casa nos pusimos lo más
cómodas posibles: ella se quedó sólo con una remera y una tanguita muy finita y
yo en bombacha y corpiño.


Seguíamos tomando algo y hablando de nuestro tema preferido
mientras afuera los obreros seguían trabajando bajo el rayo del sol. Parece que
esa situación le dio un poco de pena a Aldana y a la vez una excelente
oportunidad de compartir algo más que un almuerzo conmigo. Mientras pensaba en
lo que haría me miraba a la cara, adivinándome las terribles ganas de coger que
tenía. Fue a ponerse un short como para poder salir a la calle mientras yo me
tocaba y me metía los dedos por debajo de la bombacha. Al volver al comedor y
verme así abierta de piernas con la mano en la concha se rió y yo me levanté
para ir con ella.


Sólo por curiosear descorrimos un poco las cortinas de la
ventana que da a la calle, a ver qué estaban haciendo los tipos ahí afuera. Eran
cuatro, y por lo que se veía todavía no habían parado para comer. Cerramos la
cortina y muertas de risa nos preparamos para nuestra pequeña aventurita. Ella
salió a la puerta ha hablarles, ofreciéndoles pasar un rato a tomar algo fresco,
mientras yo seguía esperando en el comedor.


Cuando estuvieron todos adentro Aldana entró última y
sacándose la ropa cerró con llave y los hizo pasar al comedor conmigo. La
situación de estar frente a la dueña de casa desnuda y de ver a otra masturbarse
mientras esperaba los sorprendió un poco, pero mi amiga (ni lerda ni perezosa)
tomó a dos de ellos y les empezó a desabrochar los pantalones, al tiempo que los
otros dos se me acercaron enseguida desvistiéndose ellos mismos. Al sacarme el
corpiño lentamente miraba como esos tipos manoseaban a Aldana y como ella
disfrutaba agarrándoles las bergas duras, hasta que yo dejé mi corpiño en el
sofá y mis desmesuradamente grandes tetas cayeron libremente por su peso, los
rosados y anchos pezones duros y erectos. Me sacaba la bombacha sintiendo ahora
en mí esas fuertes manos tocar todo mi cuerpo, apretarme los pechos, palmearme
las nalgas... no aguanté más.


Aldana, arrodillada entre los otros, chupaba una berga con
muchas ganas, mientras masturbaba al otro, y yo me senté en el sofá con una
berga gorda y muy dura a centímetros de mi boca hambrienta, que enseguida la
engulló con voracidad, a chupar de punta a punta disfrutando cada centímetro.


De a ratos dejaba esa pijota para chupar la de mi otro
compañero, cosa que mi amiga lograba muy bien. La veía chuparlos con tanta
dedicación que me hizo calentar a lo loco, haciéndome agarrar los pitos de mis
hombres para chuparlos a ambos a la vez. Eran tan grandes que casi no podía
metérmelos a los dos en la boca, y por lo que veía a Aldana le pasaba lo mismo.
Gruesas y cabezonas, devorábamos los veintipico de centímetros de cada uno de
ellos hasta mojar sus grandes huevos con los labios, esperando un rato antes de
sacarnos la berga entera de la garganta.


Me babeaba de tanto chupar, hasta que el ardor que sentía me
hizo entregarles mi colita.


Aldana seguía arrodillada en el suelo chupando y chupando sin
descanso, hasta que de repente se paró y se los llevó a los dos hasta la mesa
donde unas horas antes habíamos almorzado. Uno se sentó al borde de la mesa con
la berga paradísima y Aldana se inclinó a seguir chupándola mientras ella se
separaba las nalgas y para que el otro empezara a penetrarla lentamente, hasta
que sus huevos llegaron al ano y ella gimió.


Yo me paré e hice que uno de ellos se sentara en mi lugar
para sentarme encima de su tranca a punto de explotar, poniendo su gran cabeza
sobre mi esfínter y bajando con las caderas hasta hacerlo entrar, arrancándome
un gemido de gusto. Bajaba lentamente mientras lo sentía llegar cada vez más
adentro de mi culo, hasta que sentada del todo sobre él le puse sus manos en mi
cintura y él me la hincó tan fuerte que la sentí presionarme el fondo. Cerré los
ojos para disfrutarla a pleno, toda entera dentro de mí, antes de inclinarme a
tragar la que tenía delante de la cara.


En ese momento Aldana se daba vuelta para verme empalada y
lista para seguir mamando mi otra berga mientras ella inclinada sobre un enorme
pito duro era enérgicamente cogida por otro bien grande. Le temblaban las nalgas
con cada empujón mientras su boca seguía subiendo y bajando por el tronco duro
del pito que lamía de a ratos.


Yo a la vez que me acomodaba sobre la pija que me había
entrado me inclinaba un poco para meterme en la boca toda la otra morcilla que
había tragado al principio, y una vez que la rodee con la lengua sentí como me
empezaban a bombear en el culo.


Me la daba tan fuerte que además de gemir a veces hacía que
la tranca de su amigo se me saliera de la boca y me acariciara la mejilla, pero
enseguida yo la buscaba con la boca abierta y me la comía de nuevo.


Así estuvimos las dos un buen rato hasta que uno de mis
hombres cambió de posición, parándose en el sofá para agarrarse del respaldo,
mientras yo recostada hacia atrás abría la boca para que me la metiera de nuevo,
bombeándome en la boca.


Disfrutando con los ojos cerrados de semejante cogida,
escuchaba sonar las nalgas de Aldana con cada envión al tiempo que ella daba
gemidos ahogados por la tremenda pija que le llenaba la boca. Tan excitado se lo
veía que apuró el ritmo y entre gemidos y gritos se la clavó bien adentro y le
acabó en el culo, haciéndole dejar su otra pija para largar un grito de placer.
Sin darle tiempo a siquiera a tomar aire, el otro la agarró de la cabeza y le
hizo tragarla de nuevo.


Se ve que el tipo disfrutó de mi amiga a lo loco porque no
dejaba de gritar, y pronto empezaron a caer al suelo y por las nalgas de Aldi
muchas gotitas del terrible lechazo que evidentemente le había llenado el culo
por completo.


Todo esto veía desde el sofá cuando de repente escuché
gemidos de más cerca, al tiempo que me agarraban de la cabeza con las dos manos
para meterme la tranca lo más adentro posible y bombear con más ganas, alojando
su cabezota hinchada en mi garganta y apretando mis labios contra sus gordos
huevos.


Aldana se corrió un mechón de pelo y miró a un costado justo
a tiempo para ver como ese obrero, trepado encima mío y con mi cabeza entre sus
piernas, gritaba a la vez que me ahogaba con un espeso chorro de leche sin
siquiera dejarme respirar. Y se calentó tanto al ver eso que le chupó la berga a
su otro compañero como nadie, de una manera deliciosa, y el otro que no se
quedaba atrás ya estaba recuperándose de su primer orgasmo para fregarse en la
entrepierna de mi amiga y entrarle de nuevo por atrás.


El semen no paraba de salir y se me había juntado bastante ya
en la garganta. Sin al menos poder sentirle un poco el gustito que tanto me
vuelve loca empecé a tragar lo que pude mientras todavía seguía sintiendo las
brutales embestidas en mi culo por parte del otro, pero este hombre me acabó de
una manera tan abundante que a pesar de todo lo que tragué ya no podía más y
empecé a toser y ahogarme.


El chico que estaba sentado en la mesa con Aldana parecía no
querer terminar sin antes haber probado el culito tierno de mi amiga, por lo que
se bajó, y cambiando lugares con el otro se la clavó, por lo que vi y escuche de
ella, hasta el fondo, aún con la colita todavía con leche de la espectacular
cogida anterior.


El tipo me sacó su tremendo cipote de la boca todo lleno de
saliva y del semen que no llegue a tragar, devolviendo yo un poco que cayó
rápidamente de mi boca sobre mis enormes tetas, que no paraban de saltar por los
enviones del que me la daba por el culo, mientras las últimas gotas del orgasmo
de mi primer semental caían también sobre mis gordos pechos. Después de tan
increíble chupada y de una acabada tan generosa se bajó del sofá a recobrar el
aliento, justo cuando la pija de mi culo estaba a punto de reventar. Con un poco
de apuro me hizo levantar y al arrodillarme frente a él me pidió que terminara
de masturbarlo con mis tetas, donde quería acabar él también. Me encantó la idea
y agarrando mis descomunales pechugas como pude las junté con las dos manos
hasta apretar su pijota inflamada en el medio de ambas, y luego empecé a subir y
bajar llena de ansiedad por ver como me las dejaba.


Mientras me relamía de la acabada anterior y lo hacía
disfrutar así con mis tetas, miré a mi amiga, gritando desesperada por la cogida
que le estaban dando, mientras el otro chico le metía los dedos en la concha de
ida y de vuelta y le apretaba los pezones con la otra mano. Ardí de calentura al
verla tan deseada mientras sentía como la pija de mi compañero de endureció
hasta que él largo un grito terrible y su cabezota colorada explotó entre mis
tetas en un mar de crema. Yo seguía moviendo mis pechos de arriba a abajo,
manchados por otra muy abundante serie grandes y pesadas gotas de semen que
brotaban a borbotones de la tranca dura sin parar. Enseguida él agarró su pija y
masturbándose para disfrutar todavía más comenzó a esparcirme su leche en ambas
tetas, al tiempo que yo las soltaba para disfrutar de mi placentero baño de
crema. Después de haber terminado sobre mí empapándome por completo ambos pechos
y parte de la cara, un poco mezclada con el semen de mi chupada anterior, me
senté en el sofá entre los dos a retomar el aliento, estimulando suavemente sus
bergas aún paradas y dedicando toda mi atención a Aldana, que igual que yo, la
estaba pasando de maravilla.


Mientras ella temblaba de gusto el chico se apuró y en cuanto
se la sacó del culo ella se dio vuelta y se agachó, lista para lo que había
estado esperando. Al abrir la boca él le apoyó la colorada cabezota sobre la
lengua y apenas se masturbó unos segundos le largó unos grandes chorros de leche
que se derramaban en la lengua de Aldi, llenándole la boca poco a poco. Acabó
bastante, y cuando ya parecía que se lo había dado todo ella se la chupó un poco
más, babeándose el semen que tenía en la lengua y saboreando con placer lo que
le quedaba en la berga al tipo. Todavía con la cabeza de la pija en la boca como
si fuera un chupetín me miraba de reojo con una sonrisa que lo decía todo.


Apenas vi esto le hice una seña para que viniera al lado mío
y haciendo que mis muchachos se levanten, ella y yo nos pusimos en cuatro patas
en el suelo, apoyando los brazos y las tetas en el sofá, y cambiamos de parejas.
Tenía el culo abierto para ellos y me moría de ganas de sentir esas otras dos
pijas enormes entrando y saliendo de él hasta que me lo rompieran y me lo llenen
de leche, y sabía que mi amiga quería lo mismo también. Así que cerré los ojos
esperando que me la den por el culo de nuevo, dispuesta a gozarlo como nunca y
exprimirles hasta la última gota, o más bien dicho, a que me la dejen adentro.


El chico que me había acabado tan abundantemente en la boca
se la estaba metiendo muy despacito a Aldana, que lo disfrutaba con una amplia
sonrisa mientras que el que se había sentado en la mesa me apoyaba la inflamada
cabeza en el esfínter y empujaba hasta que lo abrió, metiéndomela también
despacito para que la sintiera entrar centímetro a centímetro. Enseguida
empezaron a bombear para entrarnos mejor, hasta que pude sentir como la cabeza
me llegaba hasta el fondo en cada envión, volviéndome loca del placer, mientras
él me agarraba de las nalgas para clavármela mejor y más profundo. Mi amiga y yo
gemíamos como dos perras en celo mientras nuestros varones nos cogían como
nunca, gozando de nuestro culo estrecho como nosotras gozábamos de su tremenda
berga. Así estuvimos unos cinco minutos, hasta que nos la sacaron del culo para
dejarles el lugar a sus compañeros, que ubicándose por encima nuestro empalaron
a Aldana de una manera brutal y al montarme a mí me la clavaron dolorosamente,
haciéndonos gritar de dolor hasta que al tenerla toda adentro nos hicieron
gritar de placer. Ya podía sentir sus huevos pegados a mi ano y todavía seguía
empujando para metérmela aún más, cuando el otro flaco empezó a dar unos fuertes
enviones en el culo de Aldana que la hacían disfrutar como una puerca. Un
segundos después también mi compañero me empezó a coger bien fuerte y bien
adentro, apretándome las tetas todavía húmedas de la leche de sus amigos, y
pellizcándome los pezones hasta el dolor.


Estábamos eufóricas del placer: Aldi daba gemidos que
parecían lamentos y yo gritaba como una marrana mientras nos culeaban sin
piedad, y cada vez más fuerte.


Los violentos empujones que me daban por atrás me apretaban
el fondo del culo con cada entrada hasta que de repente, un enorme placer en lo
más profundo de mi culo empezó a extenderse por todo mi cuerpo, hinchándome las
tetas hasta reventar y dejándome los pezones duros como piedras. Segundos
después grité y gocé un terrible orgasmo anal que duró varios segundos, todavía
con mi hombre cogiéndome sin parar.


Al escucharme gritar de esa manera noté que mi amiga se
excitaba pidiéndoles más y más fuerte, y él le dio el gusto enseguida,
cogiéndola tan duramente que escuchaba sus huevos y su pelvis sonar contra las
caderas de ella, mientras desde un costado se comía la berga del otro por
segunda vez.


Al lado de ella yo seguía su ejemplo manteniendo mi boquita
llena y todavía dándomela por detrás, mi muchacho empezó a gozar y a acelerar el
bombeo hasta que de repente me la clavó tan adentro que me hizo gritar. Un grito
de satisfacción acompaño a densas y grandes gotas de leche que enseguida me
llenaron el culo de leche caliente, una tras otra, mientras mi hombre me daba
una última envestida más, y yo sentía los empujoncitos de su berga al escupirme
las últimas pero abundantes gotas.


Estaba cansada pero la quería en el culo una vez más, y antes
de que me penetraran por última vez escuché como Aldana y su amante (el de
atrás) gritaban como locos acabando juntos. Ella disfrutaba gritando y gimiendo
un terrible orgasmo anal metiéndose los dedos en la concha mientras él le
llenaba el culo con un largo chorro de leche que, aún con la berga adentro,
empezó a caer en finos hilitos desde el ano enrojecido de ella. Al ver eso,
instintivamente me llevé los dedos al culo mirándola gozar todavía penetrada
mientras seguía chupándole la pija al otro. El chico se levantó, y enseguida el
otro le sacó la tranca de la boca para masturbarse y acabarle encima ahí mismo.
Aldi esperaba con la boca abierta y la lengua afuera y él le acabó salpicándole
la cara de leche, que en parte también le cayó en las tetas. En eso estaba ella,
con toda la cara manchada y chorreando semen, cuando todos se ponían a mi
alrededor para ver cómo me cogían por última vez. El tipo se me acercó por atrás
y me montó sin problemas, disfrutando los dos del momento, pero estábamos tan
calientes que no nos aguantamos. Además, con la mirada de todos en mi ano y en
la berga que estaba por clavarse en él, al menos yo me excitaba todavía más. Y
entre comentarios sobre dejarme satisfecha y romperme bien el culo, sentí su
gran cabeza apoyarse en mi ano y ensancharme el esfínter hasta abrirlo del todo
y meterme la cabeza lentamente. Una vez con la cabeza adentro, entre gemidos de
ambos el grueso tronco entró despacito hasta tocarme fondo, y yo se la pedí toda
completa aún más adentro, por lo que él, ya tocando mi ano con sus huevos, me
separó bien las nalgas y me entró todavía más. Me la dejó así unos segundos como
para sentirla bien y después, agarrándome fuertemente de las tetas, empezó a
bombearme fuerte, ante la mirada cómplice de mi amiga, que se besaba y se tocaba
con los demás. Desgraciadamente tal empalamiento no duró más de cinco o diez
minutos; los dos estábamos muy calientes apenas grité de placer mi hombre me
acabó adentro. No fue mucho esta vez, porque ya venía cansado de coger a mi
amiga, pero aún así sentí toda su crema bien adentro de mi culo, y enseguida al
terminar de acabar me la sacó y me separó de nuevo las nalgas, dejando a la
vista mi culo coloradísimo y muy abierto, que mostraba su negro fondo.


Y como esperando la prueba de mi satisfacción, vi cómo
sonreían al ver salir de su interior una gruesa y larga gota de semen que caía
hacia mi vagina. Sin poder aguantar más, me dio el reflejo de cerrar el ano y al
hacerlo salió despedido un chorrito de todo el semen que me habían acumulado
adentro, cayendo en la alfombra.


Rendidas de cansancio y de calor, pero por demás satisfechas,
Aldana y yo nos sentamos a descansar en el sofá con el gustito del semen en la
boca, mientras los chicos se vestían para volver al trabajo. Se despidieron de
nosotras con besos en la boca y pellizcones en las caderas alabando la estrechez
de nuestro culo y en nuestros casos particulares la maestría con la que mi amiga
chupaba pijas y la pulposidad y suavidad de mis generosas tetas.


Mientras ella se ponía una bata y salía a acompañarlos a la
puerta, nos saludábamos a la distancia, diciéndoles que estábamos a su
disposición y que volvieran cuando quieran, a lo que ellos respondieron felices
que tenían trabajo en esa cuadra para quince días. Cerró la puerta con una
sonrisa y dejando la bata en una silla se sentó conmigo en el sofá, a charlar de
nuestro encuentro con ellos. Sacándome con el dedo una gruesa gota de semen que
colgaba de uno de mis pezones erectos, se reía diciéndome que nunca había visto
tetas tan grandes como las mías bañadas en leche, mientras yo le limpiaba la
nariz y parte de un párpado diciéndole que tampoco yo había visto una carita tan
angelical como la de ella regada de semen de semejante forma. Nos echamos a reír
a carcajadas, y por último nos fuimos a bañar.


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Relato: Tarde de verano
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