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Relato: Una mansión para el sexo duro (05)





Relato: Una mansión para el sexo duro (05)

Cuando los dos conserjes terminaron mi examen ya eran casi
las cinco de la tarde. Me fui a la habitación de espera de las putas pensando
que, si a las seis no tenía algún cliente me iría para casa, pues por seguridad,
me convenía regresar siempre antes que mi marido. No tenía intención de andar
explicándole que asuntos me habían retenido en la fundación y tener siempre
dispuesto en la cabeza un repertorio de casos.



En las dependencias de fulanas seguía la tal Afrodita pero
ahora había una más. Tenía pinta de mulata caribeña. Muy guapa y con una piel
perfecta. Bastante abundante de carnes. Me presenté a ella y, al igual que
Afrodita, aunque me dijo su nombre, Luna, no me miró con buena cara.



Me iba hacia los baños para adecentarme y recomponer mi
estética después del encuentro con los dos conserjes cuando la tal Luna me
espetó con pocos modales:



- ¿Te acaban de examinar los conserjes?



- S... ssi. ¿Por qué?



- El conserje que queda es mi marido. Como te lo tires te
rajo la cara y se te acabó la carrera.



- No te preocupes, no tengo intención alguna. Estoy aquí para
hacer dinero, no para complacer gratis a conserjes .... aunque con algunos sea
necesario. Ya me han advertido que con el que falta, nada de nada.



- Espero que así sea. Anda con cuidado.



Tan pronto como acabé de lavarme y maquillarme recibí llamada
al móvil. Era Pau para darme un aviso. En la habitación 509. Una cubana y un
griego. No sé por qué me lo diría, porque ya sabía que yo cobraría por horas, no
por tipo de servicio. Pero me venía bien saber de antemano como me iban a usar,
así que no dije nada.



Cuando terminé la breve conversación me percaté de que las
dos putas me miraban con cara de pocos amigos. Era comprensible. Afrodita
llevaba allí bastante tiempo, no sé si entretanto hizo algún servicio, pero por
su mirada no lo parecía. Y Luna también debía llevar un tiempo por el número de
colillas acumulado en el cenicero a su lado. No era de extrañar pues que odiasen
a la novata que de inmediato era llamada. Además, aunque sea presunción, yo era
más atractiva y con estilo que ellas.



En la habitación me encontré un hombre de unos 35 años con
pinta elegante y ademanes educados. Me examinó con mirada aprobadora y me indicó
la necesidad de proseguir su examen más a fondo, así que me desnudé por segunda
vez y rápidamente aunque con estilo y seductoramente. Digo que rápidamente
porque no llevaba ropa interior, así que solamente tuve que desprenderme de la
chaqueta, la blusa y la falda. Quedé con las medias negras sin portaligas y los
zapatos de generoso tacón que estilizaban mis piernas y elevaban mis nalgas.



La progresiva mirada aprobatoria terminó en lo siguiente:



- Me gustas. Me gustan enormemente los anillos de los pezones
y el coño. Quiero empezar con una cubana.



- ¿Quieres que te desnude, cariño?



- No. Quiero que me muestres más de ti mientras yo lo hago.



Contoneándome con la debida sensualidad me acerqué a mi bolso
y, de espaldas a él, le mostré bien mis agujeros entre mis repletas nalgas
mientras buscaba el lubricante anal de sabor a limón.



De frente a él me sobé y amasé las tetas, tironeé de sus
anillos y por fin me quité uno de ellos.



¿Qué haces? Déjate esos anillos como están. Me gustan.



- Espera, cariño, y verás. Después me los pongo como estaban.



Una vez que me quité uno de ellos, me unté de lubricante el
canalillo de las tetas como me enseñó Olalla.



El hombre contemplaba curioso la maniobra.



Desatornillé la bolita de cierre del anillo que me quedaba y,
juntando los pezones, lo pasé por la perforación del pezón desprovisto de
adorno. Cerré el anillo y los dos pezones quedaron juntos aprisionados por el
mismo aro.



- Ahora, amor, mete tu hermoso pene entre mis tetas y yo
tendré las manos libres para hacerte lo que quieras. ¿Quieres que con una
acaricie tus testículos y con la otra te meta un dedo en el ano?.



- Mme ... parece bien ... bien.



El hombre comenzó a friccionar su polla entre mis tetas con
verdadera ansia que fue creciendo con mis caricias en sus testículos y mi dedo
índice profundizando en su culo. No le había puesto condón ya que no existía
penetración. Pero me arrepentí cuando repentinamente bañó la cara de abundante
esperma porque no estaba segura de si por los ojos se puede contagiar alguna
enfermedad sexual, ya que me cegó totalmente.



Me fui a lavar bien la cara y el canalillo de las tetas. Me
coloqué los aros de los pezones en su sitio y me lubriqué el ojete del culo para
el anunciado griego. Cuando regresé del baño estaba hablando por teléfono para
pedir unos cafés al servicio de habitaciones.



- He pedido café. Pero si quieres otra cosa ...



- No, está bien.



Charlamos un rato de cosas triviales como no podía ser de
otra manera hasta que llegó el camarero. Se interesó por la alianza de mi anular
derecho y le confesé que estaba casada y que tenía tres niños, el menor de
meses. No hubo tiempo para más diálogo ya que llegó el camarero del servicio de
habitaciones con el pedido. Alejandro, mi cliente, se sorprendió cuando yo
permanecí sentada en pelotas en el sofá mientras el camarero depositaba la
bandeja en la mesita.



- Eres una zorrita un poco impúdica ¿no?.



- Lo que han de comerse los gusanos, que lo vean los humanos.
¿te sirvo?



- Por favor.



- ¿Con leche?



- Si, por favor.



- Si lo quieres con leche de mis tetas .... tengo para ti la
que quieras.



- ¡Dios!. No jodas. ¿Es verdad?



- Mira.



- Me amasé suavemente el pecho derecho para excitar la subida
y después, aproximando su taza de café al pezón, me ordeñé un buen chorro en
ella.



Alejandro se quedó extasiado y en el albornoz que se había
puesto para recibir al servicio de habitaciones creció la tienda de campaña.



- Disculpa Beth, eer ... ¿me permitirías mamar de tus tetas?.
Te pagaré lo que me pidas.



- Como no, encantada. Pero ya te habrán informado de que
cobro por hora, independientemente del servicio que se quiera, así que no
tendrás que pagar nada adicional por beberte mi leche, cariño.



- De todas formas te compensaré por ello. Anda, dame teta.



- ¿Las quieres con los pezones anillados o libres?



- De momento déjalos adornaditos. Y mientras mamo hazme una
paja con tus hermosas manos.



El hombre se amorró a mi pecho izquierdo y comenzó a
succionar mientras componíamos un difícil, pero no incómodo, escorzo para que le
pajease. Realmente no se diferenciaba demasiado de la postura del bebé
amamantado.



Alejandro mamaba alternado mis dos tetas. Yo notaba como se
vaciaban y miraba su cara que, con los ojos cerrados, parecía decir que vivía en
un paraíso. De cuando en cuando parecía dormitar pero pronto reanudaba la toma
de mi leche. En una de esas pausas, sentí cómo mi vientre se bañaba de algo
caliente. El hombre se había corrido de nuevo. Quedó dormitando con la cabeza
sobre mis pechos y yo le acariciaba el cabello.



Cuando pasó un cuarto de hora sin que pareciese dar señales
de levantarse le dije suavemente:



- Alex, cariño. Te recuerdo que cobro por tiempo. Son 200
euros por hora o fracción y estamos llegando al final de la primera hora.



- Beth, mami puta. Sigue así conmigo. Déjame descansar en tu
seno.



Se pasó así poco más de una hora, regresando de cuando en
cuando con sus labios a mis pezones para intentar sacar algo más de leche, pero
yo ya estaba casi seca.



Cuando regresó del paraíso en que estaba, había permanecido
con él dos horas y cuarto y quería quedarse solo.



- Cielo, le dije mientras me aseaba, he estado contigo dos
horas y cuarto, siento que desperdicies tres cuartos de hora. Me tienes que
pagar 600 euros, pero dispones de tres cuartos de hora para darme por el culo
como pensabas ... o follarme el coño ... o que te la mame ... o charlar si
quieres. Si estas vaguete te la puedo mamar, soy muy buena en eso.



- No. Quiero dormir, quiero soñar con lo que me has dado.
Toma 700 euros. 100 son de propina por la leche. Anótame tu teléfono. Vengo una
vez al mes a este hotel. Te llamaré. Me gustas un montón.



Gracias por la propina, cariño, pero mi leche era gratis. Ahí
te anoto mi número.



Regresé a casa henchida de satisfacción y haciendo las
cuentas de la lechera –pocas veces venía más a cuento ese dicho- . Si con un
cliente, tres horas en tarde había ganado 700 euros, pongamos que con tres
clientes al día, dos en mañana y uno en tarde, a una media pesimista de una hora
por cada, serían 600 euros diarios. Al mes unos 12000 euros. ¡Qué barbaridad!.
No podía ser. Aunque descontase las comisiones de los conserjes, era un dineral.
Me dije que había tenido la suerte de la novata y que pasaría horas compartiendo
espera con Afrodita, Luna y sabe dios qué más competidoras.



Llegué a casa a las ocho y media de la noche más o menos.
Solo se encontraba mi hijo Enric.



- Papá está volando hacia París para no sé qué negocio, y
Carles dormirá en casa de su amigo Luca. Así que, mami: Nos lo vamos a pasar de
miedo. Podemos dormir juntos en tu cama toda la noche.



- Veremos, estoy cansada. ¿cómo está Lluis?



- Durmiendo en su cuna, ya le bañé y le di el biberón a su
hora, lo juro. Además tienes preparada la cena.



- Eres un cielo, cariño. Puede que te deje dormir conmigo.
¿Te ha dicho papá cuando vuelve?.



- Que llamaría. Anda cena, que quiero tu culo.



- Qué empeño con el culo. ¿No te gustan los coños?.



- También, pero contigo me gusta más darte por el culo
mientras agarro tus gloriosas tetas.



- ¿ Y por qué tan salido, nene?. ¿No tienes a Leche? Eeer ...
Gloria quiero decir, o a otras nenas?.



- Mami, el novio de Gloria, un tal Luc, le ha prohibido
follar con nadie que no sea él, porque quiere hacerle un hijo.



- Qué jodío el negro. La prohíbe follar contigo y tengo que
suplirla, pero el no deja de follarme a mi o a la que pille, y eso que tiene
otra novia: Café.



- Ya. ... Por lo que le he pillado a Gloria y por tus
despistes, .... deduzco que te traes un rollo muy raro con cierta gente con la
que vas a follar a cierto sitio. Quiero ser del grupo.



- De eso nada, hay que ser mayor de edad.



- Gloria, ... o como tu la has llamado alguna vez, Leche, aún
no ha cumplido los 17 años. ... Y ahora que caigo ... Café .... Café y Leche ...
ya entiendo: Luc es negro, tiene dos novias. Una será negra: Café y ... Gloria
que tiene una piel blanca como la nieve es ... lógicamente Leche.



- Bueno y qué. Tu ni llegas a los 16. Búscate nenas de tu
edad.



- Mamá. Sé realista. Las nenas de mi edad solo se dejan
sobar. Puede que alguna follase convencionalmente. Pero yo quiero hacer las
guarradas que me habéis enseñado Leche y tu. Y las que tienen edad para hacer
eso, que son pocas, no van a hacer caso de un chaval de 16. Quiero ser del grupo
ese de folladores.



- Mira ya lo pensaré y preguntaré si puedes. Ahora déjame
cenar en paz.



Mientras cenábamos Enric puso un DVD con una película porno
que trataba de mujeres maduras montándoselo de los más guarro con casi
adolescentes. Teniendo en cuenta que mi cliente me había dejado sin un polvo y
bien caliente, la película me puso a cien y decidí que le dejaría a mi hijo
calmar mi excitación al modo que lo hacían aquellas zorras en la película.



- Elige una escena de la película y la imitamos.



- De primeras, Mami, quiero que me afeites el pubis como esos
que salen ahí y como tu. Me encanta tu chocho gordo, depilado, lechoso, suave y
brillante de jugos.



Le afeité en el baño y nos fuimos a la cama de mi habitación
a hacer alguna de las guardarías de la película. Enric había seleccionado una en
que uno de los chicos acababa meando sobre la golfa más vieja, que tendría no
menos de 50 años. Si ya estaba caliente, la idea de dejarme mear por Enric me
sobre elevó la temperatura.



Empezamos la batalla a las 10 de la noche. A las 12, mi chico
se había corrido tres veces, una en cada uno de mis agujeros, y me había
proporcionado dos maravillosos orgasmos. Después me llevó al cuarto de baño y
entré en la bañera y me arrodillé dispuesta a recibir el dorado caldo del pito
de mi nene. Él se puso de pié en el borde de la bañera y abrí la boca dispuesta
a beberme su orina mientras me metía cuatro dedos en el coño para masturbarme de
lo enardecida que estaba.



Me bebí gran parte de la meada de Enric y alcancé mi tercer
orgasmo cuando agotaba sus últimos pero copiosos chorros sobre mis pechos. Nos
duchamos juntos y el cabrito de él aún tenía ganas de juego, porque se empeñó en
limpiarme bien el culo metiendo los dedos llenos de jabón. Hasta que llegó lo
inevitable. Inclinada sobre el borde de la bañera, acabó con todo su puño dentro
de mis tripas. Me metí en el coño el mango del cepillo de ducha y en mi estado
de enajenación comencé a soltar tales rugidos e imprecaciones que probablemente
se escucharían desde la calle.



- Hijo de puta depravado. ¡Rómpeme las tripas! ¡Cabrón
demente me matarás! ¡Mátame! ¡Destrózame el culo!



- Calla ramera pervertida –qué tino, y eso que no sabía de mi
actividad- quien a los suyos parece honra merece.



Cuanto más enloquecía de lujuria y más barbaridades decía,
más se acaloraba mi hijo y más fuerte y profundo bombeaba su puño dentro de mi
culo. Llegaba a sacarlo entero y lo volvía a meter sin tan siquiera abrir la
mano para introducir primero los dedos.



Llegó un momento en que empujaba los dedos desde dentro del
recto hacia mi vulva haciendo asomar por ésta la membrana que separaba las dos
cavidades.



- ¡Mamonazo! . Si me dejas inservible tu también pierdes.
¡Rómpeme y veremos con quien follas!



- Tienes esa boca de golfa glotona donde la puedo meter hasta
el estómago.



A mi niño se le estaba levantando nuevamente y yo,
despreciando el mango del cepillo aceleré la búsqueda de mi orgasmo frotándome
el chocho desesperadamente con la palma de la mano y cuatro dedos dentro que
doblaba hacia el vértice de mi raja para comprimir el clítoris contra la palma.



Él, con la mano libre empezó a pegarme fuertes palmadas en
las nalgas y la riñonada. El dolor, mezclado con el placer me calentó aún más y
sobre todo la humillación a que estaba sometida.



Levanté una pierna para apoyarla en el borde de la bañera
facilitando así la entrada del puño de Enric y apoyarme mejor y usar la mano que
no estaba en el coño para trabajar la polla del chico. Pero éste dejo de
trabajarme el culo con el puño y me ensartó su verga, cosa que me fastidió pues
me sentía vacía.



Se corrió dentro de mi recto cuando yo alcanzaba el orgasmo a
fuerza de frotarme el chumino. Me aferró las lacias tetas y me sujetó quedando
quieto con su verga en mis entrañas. Al cabo de un rato sentí calor en mis
tripas y comprendí que el pervertido estaba meándose dentro de mi.



Le insulté usando palabras que jamás había dicho, pero el se
partía de la risa y aún se cachondeó más mientras veía salir su orina de mi
culo. Se llenó de meada el cuenco de su mano y me untó la espalda y las tetas.



Terminado el combate, nos duchamos otra vez y nos fuimos a
dormir agotados.



A la mañana siguiente, después de darle la papilla a Lluis no
pude resistir la tentación y le di de mamar un poco de mis pechos para postre.
Además no tenía ganas de usar la bomba sacaleche. Enric me sorprendió y empezó a
hacer preguntas incómodas.



Yo no entiendo mucho de cosas de mujeres. Pero ya hace
semanas que decidiste dejar de mamar a Lluis. Tengo entendido que si no le das
de mamar se te retira la leche ¿no?.



- Si. Pero tarda algo.



- ¿Y mientras?



- Tengo prisa. Te recuerdo que ahora trabajo.



- Ya. Pero ahora le estabas dando de mamar y anoche no tenías
leche.



- Tú que sabes.



- Cuando te estaba dando por el culo te agarré fuerte las
tetas para sacarte leche y no salió nada.



- Bueno, a veces no sale.



- No creo. ¿no estarás dando de mamar a algunos de los tipos
que te tiras?.



- Por favor, déjame en paz. ¿estás loco?



- Ya, ya loco. Y tu una cerda lúbrica.



Le arreé una bofetada, aunque anoche le había dejado bien
patente que realmente lo era.



Se echó a reír y pasó a otra cosa.



- ¿Qué haces para tener el recto siempre limpio y follable?



- Ponerme enemas, qué va a ser si no.



- ¿Te vas a poner uno ahora?



- Si, pero a ti que te importa.



- Eso quiere decir que vas a follar con alguien.



- Eso no es asunto tuyo. Tengo que resarcirme del hambre que
tu padre me ha hecho pasar durante años.



- Déjame ponerte el enema.



- Está bien. Si te parece morboso.



- Pues si. Cualquier cosa relacionada con tu culo me encanta.



- Voy al baño. Ya te llamaré.



- ¿Qué vas a hacer antes?



- Voy a cagar. ¿Tengo que darte explicaciones de todo?



- Déjame verte cagar. Ya sabes, todo lo relacionado con tu
culo me apasiona.



- Qué plasta de hijo.



- Dejé a Lluis en su parque y me fui al baño con Enric pegado
a mi.



Me senté en la taza indiferente a su presencia y él se puso
en cuclillas ante mi mirando interesado cómo salían mis heces. En un momento
dado pretendió meter la mano entre mis piernas pero le pegué un manotazo. Se
sacó la pilila del calzoncillo, que era lo único que vestía y comenzó a
masturbarse. No le hice caso alguno.



Cuando terminé me limpié con el papel higiénico, preparé la
pera de irrigación, me puse algo de lubricante y volviéndome de espaldas apoyada
sobre el lavabo le dije:



- Inyéctamelo despacio.



Lo hizo y me volví a sentar en la taza con él delante sin
desviar la vista. Pero no tenía buena visión, así que fue por una linterna. Le
facilité la cosa abriendo más las piernas y basculando más mi culo en el asiento
hacia delante. Siguió pelándose la picha hasta que, cuando no pude retener más
solté el chorro.



- Ahora otra vez.



Me volvió a inyectar el líquido y de pronto me sujetó y me
metió la tranca en el culo fácilmente por el lubricante. Hábilmente me ató las
manos al cuello con el cinturón del albornoz que tenía preparado. Reconozco que
si me hubiese empeñado habría conseguido zafarme de su verga, pero le dejé
sodomizarme hasta que el líquido empezó a hacer efecto. Le avisé pero no me hizo
caso. Cuando el dolor de tripa se me hizo inaguantable, de un giro de cadera me
libre del carnoso tapón anal y salió todo el líquido a presión bañándole la
entrepierna.



Me metí en la ducha cerrando la mampara y sin dejarle entrar
pese a que se quejaba de que se había quedado a medias.



- Hazte una paja, cerdo cabrón.



- Joder, no me dejes así.



No le hice caso. Me duché y cuando salí de la ducha él ya no
estaba. Seguramente se la estaría pelando viendo una película porno. Me peiné y
maquillé y salí dispuesta a ir al hotel o a casa de Olalla a esperar alguna
llamada.



Esperando a la niñera de Lluis comprobé que, efectivamente,
Enric se estaba masturbando viendo la peli porno de anoche. Al final de la polla
tenía un vaso. Se corrió soltando abundante esperma en el vaso y en actitud de
reto se acercó a mi mostrándomelo.



- ¿A que no te lo bebes zorra?



Sin inmutarme tomé el vaso y me bebí el semen de un trago. En
ese momento se abría la puerta y entraba la niñera. Enric se fue escaleras
arriba ya que estaba solo en calzoncillos. Lavé el vaso, saludé a la niñera, le
di instrucciones y salí de casa con mi elegante traje chaqueta de ejecutiva. Por
fin decidí parar en casa de Olalla mientras me llamaban. Pero no me dio tiempo a
llegar. Ya tenía un cliente. Un polvo normal.



De camino paré en una óptica y me compre unas gafas sin
graduación, ya que no la necesitaba. Las gafas eran para acentuar mi aspecto de
señora formal.



El cliente me duró poco: cinco minutos de mamada para
prepararlo. Diez minutos de bombearme el coño y llenó el condón. No quiso agotar
los tres cuartos de hora que le quedaban. Me pagó los 200 euros y me dijo que le
había gustado mucho mi aspecto. Que resultaba muy erótico contemplar como bajo
el formal traje aparecía un cuerpazo tan atractivo y bien adornado.



Esa mañana pasé una hora en el cuarto de las putas afrontando
la cara de mala leche de Luna. Tuve otros dos clientes. Uno me dio por el culo y
otro, cuando vio mis manos, solamente quiso que le hiciera una paja con ellas
pero muy lentamente y con lubricante. Quedó muy satisfecho aunque el precio era
muy alto para una paja manual. Le animé a hacer más cosas pero no quiso.



Otros dos clientes por la tarde. Algo de sexo oral y polvo
corriente.



Parece que sale rentable esto de cobrar por horas. Hasta
ahora no tenía visos de que nadie agotara su tiempo.



Con mis 1.000 euros regresé a casa poco antes que mi marido y
mis hijos que, cuando llegaron ya tenían preparada una suculenta cena. Mi esposo
me contó sus viaje de negocios pero sabía que mentía y habría estado con alguna
zorra.




. . . . . .



Pasó así mi primera semana de puta, sin nada destacable que
contar. A la semana siguiente un cliente nos contrató a Luna y a mi al mismo
tiempo. La mujer iba rezongando. El cliente nos pidió que, para hacerle entrar
en ambiente, le ofreciéramos una tortilla. La cara de disgusto de Luna fue
patente, pero no objetó nada y las dos comenzamos a desnudarnos.



La dominicana estaba imponente. Su opulencia estaba muy bien
distribuida. Era grande de todo, de tetas, de culo, de jamones. Una piel de seda
cubría el conjunto. Tenía el pubis pelado como yo pero no adornado. Tomé la
iniciativa y comencé por abordar sus tetas mientras la besaba metiéndole la
lengua. Tras algún reparo inicial, su boca acogió mi lengua y la suya invadió
pronto mi boca. Los soberbios pezones se le pusieron aún más duros y gruesos que
los míos y la aréolas se le arrugaron como pasas. Yo le gustaba también a la
furcia. Ella fue la que me empujó para que cayéramos sobre la cama y forzó la
posición para comerme el coño ofreciéndome el suyo. Abordé el asunto y empezamos
un febril 69. Pero el cliente no quería eso, lo que quería es que nos sobásemos
y nos explorásemos la una a la otra mostrándole a él cada una los encantos de la
contraria.



Como supondréis ya, ese numerito me atraía casi más que
comerme el coño de la otra zorra. No hay cosa que más me guste que eso de
exhibirme, así que me las apañé para quedar de forma que lo que mejor viese el
cliente era como Luna abría mi vulva y mi ojete.



Pronto el hombre pidió que se la mamásemos y nos pusimos ello
entre las dos. Luna le comía los huevos y yo se la chupaba con toda mi maestría.
Le advertí que si lo prefería, en vez de mamársela, podía follarme la boca. Pero
eso dificultaría el trabajo de Luna con los huevos así que rechazó la oferta de
momento.



Después la dominicana pasó a ser la chupona y a mi me pidió
que le lamiese el ano. Lo tenía muy limpio y no olía.



Por último pasó a sodomizar a Luna poniendo mi cabeza bajo el
coño de ella. Cada tres o cuatro embestidas en el culo de la golfa, sacaba su
bien dotado pene y embestía otras tres o cuatro veces en mi boca superando su
glande mi garganta para llegar al esófago. La mulata era tan limpia como yo, ya
que de su recto no salía ningún excremento.



El cliente se corrió en su condón cuando le tocaba turno a mi
boca.



Nos pagó. A mi mis 200 y a Luna 110, que era su tarifa por
mamada y griego. Protestó porque no le pagaba el numerito lésbico y le entregó
otros 25 euros.



Cuando nos retiramos Luna se interesó por mi sistema de
precios tan simple y decidió adoptarlo. Ya no era adusta conmigo. Una semana más
tarde éramos amigas y declaró que le gustaba trabajar conmigo.



Con dinero en mi boyante cuenta corriente yo era una
despilfarradota. No aguanté la tentación de meterme en un sex shop cercano al
hotel y gatarme allí algo de mis ingresos. Me compre un buen surtido de anillos
y barritas para mis piercings, un collar de acero con una argolla diseñado para
juegos SM pero que igual podía lucirse hasta en sociedad. He visto que está de
moda. También me compré una buena cantidad de películas porno para aprender
mientras esperaba cliente en el cuarto de las putas. Entre ellas había dos de
lactantes que me darían idea de que otras formas podía emplear la leche de mis
tetas.



Un buen día me llamó Olalla para preguntar como me iba, pero
realmente fue para decirme que los amigos se encontraban reacios a admitirme en
las orgías de su casa mientras ejerciese de ramera. Que les parecía inseguro y
podía ponerles en peligro. Eso era ya, aparte de lo aburridos que son la mayoría
de los polvos de profesional y el nulo contacto con el esperma que tanto me
gusta, una razón para dejar el juego de la prostitución.



Ese mismo día me encontré con un servicio fuera de la rutina.
Me avisó Marcelo por el móvil:



- Oye Beth, una cosa que no tengo clara. ¿Cuál es tu tarifa
por dos clientes simultáneos?



- Pues ya te he dicho que sea lo que sea son 200 la hora.



- Pero eso es un poco tonto, porque se podrían poner de
acuerdo cuatro tipos para echarte un polvo cada uno durante un cuarto de hora y
si se corre la voz de que una puta tan lerda, vas a acabar agotada todos los
días.



- Pues tienes toda la razón, diles que 400 euros.



- Vale, eso les había dicho. Tendrás un trabajo un tanto
divertido. Son un gañan y su hijo de 15 años al que quiere, como el dice, "hacer
un hombre", así que tendrás que desvirgar a la criatura. Ten cuidado que eso con
menores es delito.



- No creo que el padre vaya a ir contándolo a la poli.



- Bueno, anda y ven.



El hombre era un tiarrón bruto y casi analfabeto. Por el
contrario, el chico era un poco apocado o bien inseguro en su primer contacto
con un coño.



- Vamos a ver zorra. Aparte de que te folle yo, tienes que
"hacer un hombre de mi zagal". Ya tha cumplido los quince y es hora de que
conozca conejo. Enséñanos esa mercancía. Que no se ... no pareces una
profesional, tienes pinta de ejecutiva remilgada. Espero que sepas hacérselo
bien al chico.



- El chaval se ira satisfecho, no lo dude –dije mientras me
desprendía de la chaqueta, la blusa y la falda, ya que como no uso bragas casi
nunca o, si las uso carecen de entrepierna o son de hilo dental, me quedo
siempre en medias y zapatos.



- Joder Pere, está buena la puta. No vas a olvidar nunca el
primer polvo. Vaya jaca –dijo mientras con una mano me amasaba una teta y con la
otra las nalgas.



- ¿Te gusto chaval?. Ven, anda, toca mis tetas.



El chico se acercó tímidamente y hube de ser yo la que le
tomase de las manos y las pusiese sobre mis pechos.



- ¿Te gustan los aros de mis pezones? Puedes besarlos y
chuparlos si quieres. Y también mamar. Las tengo repletas de leche.



- La ostia –dijo el paleto- encima de rebuena hasta nos puede
dar de desayunar. A ver esa leche.



Me empecé a estrujar las tetas y al poco comenzaron a caer
los blancos chorros sobre la cara del chaval que inmediatamente los saboreó y se
atrevió a amorrarse a mis pezones buscando directamente la fuente.



Me incliné un poco para ofrecerle mejor alcance de las tetas
y abrí las piernas para facilitarle al padre el sobeteo de los bajos que me
estaba haciendo por detrás metiendo y sacando los dedos en el chumino o el ano
indistintamente y apretando la vulva con su manaza.



- Me gustan las putas con el chocho pelado, y más si tienen
anillos. Lo vamos a pasar bien jaca. Me gustas, ya no me parece caro el dinero
que pides. Eres una ramera de verdadero lujo. ¿cómo es que tienes leche?.



- He tenido un bebé hace poco.



- ¿Te preñó algún cliente?. Hay que tener más cuidado.



- No. Me preñó mi marido.



- ¿Estabas casada?



- Estoy casada aún.



- ¿Y el cornudo es tu chulo?



- No. Él no sabe que soy puta. Tengo otro hombre que me
explota.



- Joder, si que eres golfa. La tengo empinada como nunca.



De repente noté que bruto de él me la metía en el coño. Me
zafé a tiempo.



- Eeeeh. En mis agujeros no entra polla sin condón. Ahora os
los pongo.



Saqué los condones del bolso y se los puse con la boca tras
desnudar al tímido chaval. Su padre ya lo había hecho mientras me sobaba y
estaba en calcetines y zapatos, cosa que siempre me ha parecido ridícula en un
hombre.



Me senté sobre la mesita baja, me abrí de piernas ante el
chico y, jugando con mi coño frotando y metiéndome dos dedos, dije.



- Anda chavalote, mira bien mi coñito y juega con él para que
sepas como es el sitio donde vas a pasarlo enormemente bien. Y tu hombrón, pon
la tranca en mi boca que te voy a sacar todos los jugos.



Como diez minutos estuvo el chico examinado mi coño, jugando
con él y metiendo los dedos. Incluso se atrevió a besarlo y chuparlo hasta que
le cortó el padre.



- No chupes nunca el coño de una zorra. Sabe Dios lo que ha
estado dentro y si tiene alguna enfermedad. Vamos, fóllatela ya.



El chaval no dudó en metérmela y yo, prescindiendo de la
polla del padre, lo acogí entre mis brazos cariñosamente y apoyé mis piernas en
sus hombros para que penetrase bien profundo. Puse toda mi habilidad manejando
la presión de mi esfínter para que el chico tuviese el mayor placer durante su
primer polvo.



Mientras el mozo me bombeaba, el padre se dedicó a jugar con
mis tetas y los anillos de los pezones, me las estrujaba y soltaba chorros de
leche sobre el pecho del chaval que se corrió relativamente pronto.



Cuando el chico sacó el miembro, le quité el condón, lo tiré
a la papelera y le puse otro ya que su juvenil herramienta aún seguía enhiesta.
Su padre me agarró, me inclinó sobre la mesa y me la enfundó en el culo.



- Mira, Pere, este agujero también se puede usar. Como es más
estrecho, con las hembras viejas y de coño gastado, da más gusto el culo.



Estuvo un rato bombeando y yo invité al mocito a que me
follase la boca, cosa que lo dejó gratamente sorprendido. Más tarde, el
hombretón me tomo de las piernas y sin sacármela del culo enseñó mi abierto coño
al chico y le dijo:



- Métesela en el coño. Vamos a llenarla bien.



El chico la metió y me hicieron un bonito sandwih mientras el
padre me sostenía en vilo con pasmosa facilidad. Cuando el chaval se volvió a
vaciar, el padre me volteó sin esfuerzo y dejándome con la cabeza hacia abajo a
la altura de su polla me pidió una mamada que en poco tiempo le hizo rellenar el
condón.



Dispuesto a agotar el tiempo que había pagado, el hombre me
hizo tumbar en la cama espatarrada y que le contase al chico como se llamaban
las diversas partes de un coño.



Justo a tiempo salí de la habitación, porque si no les
hubiera cobrado otros 400 euros. En eso soy inflexible. Ese día aún tuve otros
cinco clientes más. Mi prestigio comenzaba a extenderse.



En casa seguí con problemas para apartar a Enric, que
aprovechaba cualquier instante que estuviésemos a solas para sobarme, pedir que
le hiciera una mamada o intentar metérmela. Era un imprudente e iba a conseguir
un verdadero escándalo con mi marido. Por otro lado me agobiaba a preguntas
sobre mi actividad.



Había averiguado que la fundación donde presuntamente
trabajaba yo no existía y estaba enormemente interesado por saber si yo pasaba
el tiempo en casa de Olalla follándome a todo bicho viviente. No paraba de
insistir en que le llevase allí.



Hasta que lo averiguó todo. Descubrió el escondite del sótano
donde yo guardaba los juguetes para sexo, los anillos, la película porno en la
que intervine, bastantes secuencias y fotos de orgías en casa de Olalla y, lo
peor, la agenda donde yo anotaba los servicios de puta para llevar las cuentas
de lo que debía pagar a mi chulo Juan y unas anotaciones sobre las
peculiaridades de cada cliente y el numerito que me había pedido.




CONTINUARÁ.


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Relato: Una mansión para el sexo duro (05)
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