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Relato: Mi tío me alojó en su casa (1)





Relato: Mi tío me alojó en su casa (1)

Mi tío me alojó en su casa


Tenía yo treinta años cuando por razones de trabajo tuve que
trasladarme tres meses a otra ciudad. De entrada, me resultaba duro, puesto que
tenía que dejar sola a mi novia una temporada, pero el trabajo me exigía aquel
cambio y ambos acordamos resignarnos por el bien de nuestro futuro.


Podía haberme instalado en un hotel o en un apartamento, pero
dado que allí vivía un tío mío y él me ofreció vivir en su casa, pensé que eso
era lo mejor. Y lo fue, pero por razones que nunca hubiese imaginado. Mi tío,
que lo era por parte de padre, tenia sesenta años y había enviudado hacía dos,
por lo que vivía solo y a mi me pareció una excelente idea hacerle compañía
aquellos meses. Tenía muy buenos recuerdos de él a lo largo de la vida y sobre
todo de una larga temporada que había vivido en mi casa. Mi tío Rogelio era un
hombre muy deportista y siempre iba con él al fútbol, a nadar y a correr en
bicicleta.


A sus sesenta años, mi tío Rogelio se conservaba
estupendamente. Cuando me vino a recoger al aeropuerto me sorprendió lo bien que
le sentaba la madurez. Como era verano, apareció en pantalón corto y con una
camiseta de tirantes que le hacía lucir espléndido. El pelo que había perdido en
la cabeza parecía que lo había ganado en su cuerpo y las canas que aparecían en
su bigote y en el abundante vello del pecho que salía por el escote de su
camiseta le daban un aspecto de una gran masculinidad.


Me instalé en su casa y comenzamos una convivencia muy
agradable. Me venía a recoger al trabajo y nos íbamos juntos a tomarnos unas
cervezas por ahí. Con él, las charlas se prolongaban en casa por la noche
poniéndonos cómodos y viendo la tele juntos como dos solteros compartiendo piso.
Era súper agradable estar los dos en casa tranquilamente en calzoncillos fumando
y tomando cervezas hasta que se hacía la hora de irnos a dormir, cosa que
siempre nos dejaba con ganas de continuar.


Teníamos habitaciones contiguas y alguna noche oía algunos
ruidos en su cuarto y suponía que mi tío, como era lógico en un hombre que
estaba solo, se masturbaba bien a gusto. No negaré que mas de una noche me
asaltó una cierta curiosidad de ver como debía hacerlo y hasta me había excitado
oyéndolo y yo mismo me masturbaba al mismo tiempo que suponía que él lo hacía.
Era lógico, ¿no? Yo también estaba solo. Muchos días sin mi novia, ya.


La tercera noche de estar en su casa, no pude evitar
levantarme y fisgonear sigilosamente por el ojo de la cerradura a ver lo que
hacia. El espectáculo me produjo una calentura que me hizo cascármela mirando.
Ver a mi tío desnudo en su cama, abierto de piernas dándole a su tranca y con
sus grandes y peludos huevos meneándose al ritmo frenético con que se masturbaba
su gordísima picha, debo confesar que me puso caliente como una moto.


El primer viernes que llegué del trabajo a media tarde, él
estaba en su habitación así que yo, para no molestarlo, me fui a la mía, me
quité la ropa para ponerme fresco y cogí una cerveza dispuesto a relajarme un
poco en el salón leyendo algo. Al pasar por su cuarto le saludé sin entrar.





Ya estoy aquí tío.


Pasa, hombre, no estoy haciendo nada especial –me dijo
desde dentro.





Entré y me encontré a mi tío tumbado en la cama desnudo con
un periódico que estaba leyendo y que al entrar yo dejó caer sobre su regazo
cubriendo algo de su entrepierna, pero quedando bien a la vista desde donde yo
estaba aquel par de grandes bolas peludas que tenía entre sus piernas que ahora
a plena luz podía ver en todo su tamaño y esplendor viril.





Te dejo tranquilo, tío, si estás leyendo –le dije.


Sólo miraba los programas de cine para ir a ver algo
esta noche o mañana, me dijo. Anda tráeme una cerveza para mi también y
miramos los dos a ver si hay algo que nos guste.





Fui a la cocina a buscar la cerveza para él y volví a su
cuarto. Cuando volví a entrar volvía a tener el diario alzado con lo cual la
visión de su entrepierna era bien completa. Joder con mi tío Rogelio, qué pedazo
de miembro, pensé una vez mas, al ver bien su gorda polla, aun estando fláccida
y con el pellejo que le cubría todo el glande, colgando imponente delante de sus
gordísimos y peludos cojones.





Siéntate aquí conmigo que la cama es grande – me dijo.
¿No te importa que esté en bolas, verdad sobrino? Yo tengo esta costumbre
desde siempre.





De repente recordé algo que ya había olvidado. Cuando quince
años atrás él y mi padre iban desnudos por casa cuando mi madre no andaba por
allí y yo alucinaba viendo aquel par de machos cincuentones peludos y bien
dotados gastándose bromas y diciéndome que por qué no me desnudaba yo
también.... recordé que no lo hacía porque yo andaba siempre empalmado cuando
los veía así, con aquellos pollones y aquellos huevazos peludos colgando que
tenían él y mi padre...





Si quieres quitarte los calzoncillos por mi no hay
problema, como si estuvieras en tu casa –me dijo el tío Rogelio poniéndose
otra vez sus gafas para leer.





No iba a hacer el mismo número que entonces. Pensé que él se
sentiría mejor si yo seguía sus costumbres así que me quité los calzoncillos que
era lo único que llevaba y me recosté en la cama a su lado. Él cogió la cerveza
que le di, se quitó las gafas y dejó el periódico a un lado quedando ante mi
vista el cuerpazo lleno de vello canoso de mi tío, que si era abundante en su
pecho al llegar a su pubis se hacía todavía mas espeso. Verdaderamente era
agradable estar allí dos tíos en pelotas tomándonos una cerveza bien fresquita.
Mi tío me echó un vistazo de arriba abajo.





Se te ha puesto un cuerpo estupendo, muchacho. Ahora
soy un anciano a tu lado –dijo mi tío Rogelio, poniendo su brazo rozando
el mío.


Joder, ¿anciano, tu, tío? Te ves estupendamente. Y todo
ese pelo canoso que te ha crecido por todas partes te sienta pero que muy
bien.





Yo soy velludo pero muy poco comparado con él. Tengo vello
negro cubriéndome el pecho que desaparece en el abdomen lampiño para volver a
aparecer bastante abundante en el pubis, el culo y las piernas. Mi polla y mis
huevos sin ser pequeños, al lado de lo que mi tío mostraba se veían bien poca
cosa, francamente.





Preferiría tener un abdomen tan liso y sin pelo como tu
–me dijo mi tío pasándome la mano por el estómago y el bajo vientre casi
hasta llegar al vello de mi pubis. -Que duro y suave lo tienes muchacho.





Su mano áspera me produjo un gran placer y hasta llegué a
pensar que no me hubiese desagradado que continuase hasta mas abajo. Tanto fue
así que noté como mi polla crecía un poco, por suerte sólo un poco. No obstante
creí adecuado devolver el cumplido a mi tío así que pasé también mi mano por el
vello de su pecho y de su abdomen introduciendo bien los dedos por aquella
espesura canosa.





Pues este pelo es bien hermoso tío –le dije recorriendo
todo su cuerpo con mi mirada.


¿Tu crees, sobrino? –dijo él, pasándose la mano desde
el pecho hasta el pubis.


Eso debe gustar muchísimo a las mujeres –dije siguiendo
con la vista el recorrido de su mano que se había quedado acariciándose el
espeso vello que precedía a su polla. -Y ya no digo eso que tienes entre
las piernas.


Ja , ja, ¿Te refieres a esto, sobrino? –dijo cogiendo
sus huevos y su polla en la mano y elevándolos de entre sus piernas para
que yo los viera bien. -¿No está mal, verdad?


Nada mal, tío; nada nada mal... Estás pero que muy bien
dotado, tío Rogelio.


Ya sabes, esto nos viene de familia, chico. Pero
últimamente esto no se lo come nadie, muchacho.


Pues no lo entiendo, tío. Muchas disfrutarían con eso.


La verdad es que últimamente me hago muchas pajas. A
falta de pan.... Fíjate, sólo hablando de eso mira cómo se me está
poniendo, sobrino...





En efecto, la polla fláccida que había observado al entrar se
le había puesto morcillona y vaya con el grosor y la dureza que el tabo de mi
tío estaba adquiriendo rápidamente ante mi vista.





Ya veo, ya.–dije viendo el pedazo de mástil que mi tío
tenía en su mano y empalmándome al recordar como lo había visto sacando
leche la noche antes -No creía que a los hombres de tu edad aún se os
pusiese tan dura.


Pues tócala y verás que no es cuento, muchacho.


Hombre, tío...





Lo veía; pero la posibilidad de cerciorarme tocándosela con
mi propia mano me daba un gran morbo.





Venga, hombre, no te cortes, que soy tu tío.


Sí, claro...





Así que le agarré la picha. Estaba dura y caliente, latía y
no me cabía en la mano de lo gorda que la tenía el cabrón.





¿Qué me dices, muchacho, se nos pone dura a los
sesentones?





Nunca había tocado una polla que no fuese la mía y la verdad
es que era una sensación tan especial que se me hacía difícil soltarla. Sin ni
yo mismo darme cuenta, mi polla se había puesto tiesa del todo.





Joder, qué buena picha tienes, tío –le tuve que decir
sinceramente.


Aprieta, chaval, ¿que me dices?


Joder, tío Rogelio, que gorda y que dura que la tienes
-dije, presionándosela cariñosamente, pero también con la curiosidad de
experimentar un poco más su grosor y su dureza - Esto todavía tiene que
dar alegría a muchos coños.





Mi tío cogió mi picha y me la apretó con su manaza.





Tu polla si que está para dar muchas mas alegrías que
la mía, sobrino -dijo. -Seguro que cuando tu te corres se te vuelve a
poner en forma en seguida, en cambio, yo, si quiero repetir, tengo que
llamar a la grúa, ja ja.


No me lo creo, tío –le dije apretándole la polla. Y
pasando mi mano de su polla a sus huevotes, añadí - Estos cojonazos deben
fabricar leche para dar y regalar. Joder, que huevos tienes, tiíto.


Fabrican lo suyo, mis cojones, sobrino; pero estoy
seguro de que estos... – cogió los míos en su mano abarcándolos todos-
...estos... la fabrican de mejor calidad que para eso son unos cojones de
treinta años, muchacho.


No hay color, ente tus huevos y los míos, tío –le dije
tocándoselos bien. -Los tuyos ni me caben en la mano, tío... Mira....





Y era verdad: los cojones de mi tío Rogelio, deliciosos de
tocar con tanto pelo, no me cabían en la mano.




- No creo que mis cojones den mejor lefa que los tuyos,
tío Rogelio.



Podemos comprobarlo ahora mismo, muchacho –me dijo con
su mano en mi polla y presionando su peludo brazo contra el mío. -Las
tenemos bien duras, Jorge, no nos sentaría nada mal un buen pajote.


Que calentorro eres tío –le dije con mucha complicidad
sin soltarle la polla.





La idea me seducía; me apetecía, qué cojones. Así que mi mano
apretó mas el pedazo de carne en barra que era la polla de mi tío y empecé a
meneársela suavemente. Él empezó a darle a la mía. A los dos se nos ocurrió lo
mismo que fue escupirnos en la mano para pelarla mejor. La coincidencia nos hizo
reír y seguir la paja mutua mas distendidos y convencidos.





Coño, sobrino, que bien la meneas, machote.


Anda que tu, tío, como se te nota la práctica,
joder.....


Así, así, chaval, dale bien al capullo.....


Que gordo que lo tienes, tío......


Y lo bien que le iría una chupadita, sobrino, ¿no te
animas, chavalote?


Joder tío, es que eso no lo he hecho nunca... Bueno...,
ni esto... tampoco –dije sin dejar de meneársela.


Nadie se va a enterar.... esto es cosa nuestra,
muchacho.....





Y por qué no, pensé. Además, él, se lo merece.





Bueno, allà voy.........





Llevé la pichota de mi tío a mi boca, lamiéndole su
voluminoso y sabroso glande y bajando poco a poco para meter en mi boca el
máximo trozo que me cupiera de aquella deliciosa carne en barra.





Sí, muchacho, cómetela toda, chúpasela bien a tu tío.


Sí, tío –le decía con la boca llena olvidándome incluso
del gusto que él me estaba dando en mi rabo con su mano mojada..


Ummmmmm, Jorgito, que buena chupada me estás haciendo,
me estás calentando de verdad. Anda chavalote cómeme también los huevos
–me dijo, abriendo sus piernas ofreciéndome aquel par de cojonazos
redondos y peludos que se notaban rebosantes de leche.





Obedecí sin rechistar y mi boca fue a por ellos pasando mi
mano a ocupar su puesto en el cipote tieso de mi tío para continuar
pajeándoselo.





Que cojonazos tienes, tío....


¿Te gustan, chaval?


Mucho, tío....


Son unos buenos cojones, ¿verdad?.


Buenísimos, tío.


Cómetelos bien.


¿Así, tío?


Sí, hijo, así, así...


Uhmmmmmmm, que huevazos tienes....





Con sus gordos y peludos cojones en mi boca y su pollón en mi
mano casi ni me di cuenta del cambio de posición que mi tío fue realizando para
alcanzar mi polla con su boca; pero sentírmela entera en ella me hizo lanzar un
gemido de placer.





Sí, tío, cómemela.


Ummmm, muchacho, que buenísima está





Los dos mamábamos con verdaderas ganas, saboreándonos la
polla y acariciándonos los huevos. Chupa que chupa, estábamos llegando al
orgasmo.





Muchacho, lo estás consiguiendo.....


Y tu, tío. Pero es que me viene yaaaaaaaaaaaa


Pues suéltala, a qué esperas? –me dijo mamando aún con
mas ganas......


Y tu, tío?


Yo..... aquí está también.....





Ante la proximidad de corrida, a ninguno de los dos se nos
ocurrió sacárnosla de la boca, al contrario, ambos mamamos con mas ahínco
todavía.





Córrete, muchacho, suéltala toda, di que si...


Córrete a gusto tu también, córrete bien...


¿Aunque te llene la boca de leche, chaval?


Claro, tío....


Pues, tómala, sobrino...


Sí, tío, dámela...


Que saco mucha, chaval...


No importa, tío, no importa...


Teeeeeeeeeen, chavaloteeeeeeeeeeee...





Sentí en mi boca los inacabables chorros de semen de mi tío,
y mi polla empezó a soltar leche en la suya al mismo tiempo.





Uhmmmmmmmmmmmm, tiooooo...


Uhmmmmmmmmmmmmm, Jorge....





Qué delicia experimentar aquella gran corrida en mi boca.
Dejé unos momentos la espesa leche de mi tío en mi boca, saboreándola y sin
soltar su polla de mi mano fui tragándomela poco a poco viendo como él hacía lo
mismo mirándome con un morbo que era demasiado.





Uffffff, tío, qué pasada –le dije cuando acabé de
tragar.


Sí, chaval... –dijo él también al acabar de tragar.





Nos tumbamos en la cama satisfechos después de aquel
increíble orgasmo compartido.





Que buena está tu leche, cabrón.


Y la tuya, tío.


Te ha gustado, chaval?


Muchísimo, tío





Entonces mi tío se tumbó encima mío, acercó sus labios a los
míos, abrí mi boca y dejé que entrara su lengua todo lo que le diera la gana.





Ummmmm, Jorgito.


Qué cabrón eres, tío...





Rodeé su cuerpo con mis brazos acariciando su espalda
velluda, devolviéndole el morreo metiendo mi lengua en su boca tanto o mas de lo
que él la había metido en la mía y hasta me moví debajo de él para acoplar bien
mi cuerpo al suyo y sentir bien todo el tacto de su vello en mi cuerpo.





Tu si que eres un buen cabroncete...





Sentía su polla y sus cojones pegados a mí pubis y me sentí
en la gloria comiéndonos la lengua de aquella manera que ni con mi novia. Cuando
descansamos del largo morreo y vi su cara a un centímetro de la mía, lo encontré
verdaderamente guapo.





Joder, tío, que guapo estás, tío.


Te peso, chaval?


Que va, se aguanta bien..... Dame otro beso, tío –le
dije, apretándolo mas contra mi y mirándole a los ojos .





Mi tío me volvió a meter su lengua hasta la campanilla y
fundimos las lenguas en un morreo delicioso que ninguno de los dos teníamos
prisa de acabar. La polla de mi tío cobraba vida otra vez. Y que gusto me daba
notarla crecer y endurecerse, así que me apreté bien contra ella..





Ummmmmm, tío....


¿Qué, chaval?


Tu polla...


¿Qué?



- Uffffff.....




A mi tío Rogelio se le había quedado el rabo para abajo y se
le estaba poniendo otra vez tan duro al muy cabrón, que pedía sitio. Así que
abrí un poco las piernas para que su tarugazo se acomodara bien entre ellas y de
paso, qué coño, le di un buen apretón con mis ingles al que el gordo pollón de
mi tío respondió poniéndose aun mas duro.





Que cabroncete eres, chaval –dijo mi tío.


Ummmmm... Morréame otra vez, tío –le pedí súper
cachondo sin conocerme la voz.





Busqué otra vez su lengua y cerré bien mi entrepierna para
sentir bien su picha. No tenía ni idea de lo que iba a pasar después, pero lo
que estaba claro es que no tenía ningunas ganas de quitarme aquel sesentón de
encima y mucho menos de dejar escapar la dura barra de carne que empezaba a
moverse entre mis piernas rozando mis huevos.





Joder con los sesentones... –dije lleno de escalofríos.


¿Estás bien, así, chavalote? –me dijo con un movimiento
de su tranca entre mis piernas lleno de insinuaciones.


Ummmmm....-dije yo, cerrando los ojos para sentir bien
aquello tan nuevo.... pero tan grueso y tan duro entre mis piernas... -
Muy muy bien...


Ya noto que te gusta, muchacho.


Sí que me gusta, tío.... mucho.... mucho....


Y mas que te va a gustar, muchacho...


¿Sí, tío?


Sí, chaval...


¿A ver?





La polla de mi tío empezó a salir y entrar entre mis piernas
mientras su lengua hurgaba buscona todos los rincones de mi boca. Lo besé tan
enloquecido de placer y coordiné tan bien el movimiento de mi entrepierna con el
de su polla que a los poco momentos mi tío se estaba corriendo otra vez. Él
entre mis piernas y yo en su barriga sin ni siquiera tocármela, sólo del gusto
del frote de su polla en mis ingles....


Los dos berreamos de placer.





Oooohhhhhh, tiooooooooooooooo!


Sobrinooooooo, cabroooooooon!


Qué bueno es esto....


Muy muy bueno.





De nuevo nuestras bocas dándose lengua y los pelos de ambos,
los de mi culo y los de su barriga, embadurnados de leche.





Con qué no repetías, eh, tío? Serás cabrón...


Pues hacía tiempo que no.....


Estás hecho un campeón, tío. ¿Has visto qué hora
es?¿Crees que llegamos a tiempo al cine?


Si vamos rápido, si.





Nos vestimos rápido, pantalón corto y camiseta y sin ni
siquiera calzoncillos y sin pasar por la ducha llenos de leche nos fuimos al
cine. Lo que pasó a partir de aquella tarde de calor en compañía de mi maduro
tío, fue..... uhmmmmmmmmm. Si el cabrón me deja un rato libre, ya les
contaré....


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Relato: Mi tío me alojó en su casa (1)
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