relatos porno
webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
- 19 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
- 22 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
- Edad 19


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Tres cuentos de hadas



Relato: Tres cuentos de hadas


La muñeca fea.




La pequeña Mariana estaba emocionada. Siempre que miraba en
el televisor algún concurso de belleza, soñaba con ser una de las participantes.
Se imaginaba caminando por la pasarela, con la corona y la banda que le otorgan
a la ganadora. Incluso, ensayaba un discurso de agradecimientos frente al
espejo, aún cuando las reinas de belleza no lo necesitan, se limitan a llorar.
En las tardes de juego con sus amigas, uno de esos concursos era la opción
preferida. Esa mañana, se enteró de que ya no tendría que conformarse más, con
simples juegos. En su escuela habría un certamen de belleza, llamado "La muñeca
más bonita". Si bien, no dejaba de ser un evento pequeño, para ella representaba
un sueño hecho realidad. Participaría, por fin, en una competencia como las que
tantas veces vio en la pantalla. Estaba feliz.



Llegó a casa gritando de felicidad. Arrojó la mochila y
corrió a la cocina. Quería contarle todo a su madre, la señora Martínez. Después
de preguntarle, "¿qué crees que pasó hoy en la escuela mami?", y tener por
respuesta un simple "no se", la niña le relató lo ocurrido. Con una gran luz en
sus ojos, una sonrisa preciosa, y una energía desbordante, Marianita le contó
hasta el más mínimo detalle a su madre. Ella, con cada palabra que escuchaba,
afinaba la navaja con que cortaría los sueños de su hija. La señora Martínez
sonreía, sí, pero no porque compartiera la felicidad de la chamaca, sino por la
satisfacción que le causaría destrozarla. En cuanto la pequeña terminó de
hablar, su madre soltó todo su veneno.



-Está bien que hagan un concurso de belleza en tu escuela. Lo
que no me parece, es que tú, participes. ¿Qué no sabes lo que significa belleza?
Contéstame, ¿qué no lo sabes? - le gritaba la señora Martínez a su hija.



-Sí, lo se mamá, signifi... - Mariana no pudo concluir la
frase, la interrumpió su madre.



-¿Entonces? ¿Por qué diablos te inscribiste? Si sabes lo que
significa ser hermosa, entonces también sabes que tú no lo eres. ¿Para qué
quieres participar, si de seguro eres la niña más fea del colegio? ¿Para que
todos se burlen de ti? Marianita, por Dios, tú y yo sabemos perfectamente que no
tienes ni la más remota posibilidad de ganar. - la señora Martínez ya no podía
ocultar su placer, le encantaba lastimar a su hija con sus palabras. Nada más de
ver, que los ojos de la niña se ponían rojos, sus pezones se ponían duros, y la
entrepierna se le humedecía.



-Mami, ¿por qué me dices eso? Yo no estoy fea. - decía
Marianita entre sollozos. Conocía muy bien a su madre, lo mal que ésta solía
tratarla, pero tenía esperanzas de que esa vez fuera diferente. Le dolía
comprobar que no.



-¿Qué no estás fea? Bueno, creo que tienes razón. En realidad
estás horrenda. Mira nada más que ojos, parece que eres bizca. Esos pelos de
escoba que tienes. Las orejas de Dumbo. Y tu nariz y panza de puerco. Si, ese es
el concurso que te quedaría bien, uno que se llamara "La niña más cerda", porque
eso es lo que eres hijita, una cerda. No me extrañaría que cuando caminaras por
la pasarela, ésta se quebrara y cayeras al suelo. Has de tener como veinte kilos
de más. ¿Cómo se te ocurrió que podrías ganar un concurso de belleza? Los
milagros no existen corazón. Acéptalo, eres la niña más horrible de todas,
siempre lo serás. Será mejor que te acostumbres a estar sola, porque ningún
hombre se va a fijar en ti, ni el más feo de todos.



La expresión de Mariana, cambiaba conforme su madre seguía
hablando. Toda la alegría y la emoción que había en su rostro, fue sustituida
por tristeza y lágrimas. Para la señora Martínez, ver la manera desconsolada en
que lloraba su hija, era todo un gozo. Sonreía de oreja a oreja, reflejando
maldad y odio. Esa niña a la que trataba con tanta saña, era la causa de que su
vida se hubiera arruinado. Su carrera de modelo se vio truncada con su embarazo,
nunca pudo regresar a los desfiles de modas. Ver que Mariana se ponía más chula
con el paso del tiempo, la atormentaba, le recordaba que sus mejores tiempos
habían pasado. De alguna forma debía sacar todo esa frustración, y no encontraba
una mejor que insultar a su hija.



La niña no pudo soportar más, los maltratos de su madre. Sin
parar de llorar subió a su cuarto, con sus sueños rotos, y sus esperanzas
muertas. Cuando los pasos de Mariana ya no se escuchaban, la señora Martínez
metió una mano bajo su falda. Se masturbó con ritmo violento, al mismo tiempo
que sus ojos se tornaban brillosos. El placer aumentaba, y sus piernas
temblaban. Se dejó caer al suelo. El orgasmo fue de suma intensidad. Con él,
vinieron también los lloriqueos.



Mariana, mientras tanto, se miraba en el espejo. De no haber
sido contaminada con las mentiras de su madre, se habría dado cuenta de que a
pesar de tener sólo once años, su belleza podría competir contra la de cualquier
mujer. Pero no era eso lo que ella veía, sino una niña con extremo sobrepeso, de
facciones toscas, horrible, una cerda, como le decía su madre. Tomó su caja de
música. Con furia, la lanzó contra el espejo, haciéndolo pedazos.



Uno de ellos cayó junto a su pie derecho. Se inclinó para
tomarlo. Al hacerlo, se pincho un dedo. Le dolió un poco, pero a la vez percibió
ese dolor placentero. Una gota de sangre salió por el orificio que hizo el
vidrio, y la limpió con su lengua. Le gustó el sabor. Levantó otro trozo de
vidrio. Presionó con una de las puntas su piel, dejando atrás con cada
milímetro, además de un hilo de sangre, una de las palabras que le dijo su
madre. Era como si el dolor, borrara sus tristezas, sus penas. Por unos
segundos, tan solo por unos segundos, se sintió libre, feliz.






El rey de chocolate.




Diego tenía todo lo que siempre deseó cuando era niño. De ser
un adolescente endeble, invisible para las chicas, se había convertido en un
hombre atractivo, perseguido por docenas de mujeres. Se había graduado de una
prestigiosa universidad en el extranjero, como administrador de empresas. El
negocio que empezara un par de años atrás, se había transformado en un imperio
mundial. Aquel niño pobretón, blanco de las burlas, figuraba ya en la lista de
la revista Forbes, como uno de los hombres más ricos del mundo. Diego no podía
pedir más, su vida era perfecta.



Esa mañana se encontraba de especial buen humor. Uno de sus
consejeros, le había hecho una sugerencia para incrementar sus ganancias.
Gracias al avance de la tecnología, para realizar un proceso que antes
necesitaba tres hombres, ya nada más se necesitaba uno. Eso significaría,
reducir los gastos a la tercera parte, sin disminuir los beneficios. La idea le
pareció brillante, lo emocionó. Más excitante era aún, el tener que despedir a
algunos de sus empleados. Le fascinaba ver sus caras, cuando escuchaban "estás
despedido". Ese día vería muchas, por tal motivo su buen humor.



Desde que entró en su oficina, llamó a su secretaria, para
pedirle que cancelara todas sus actividades. Quería disfrutar al máximo, una de
sus experiencias favoritas. Obviamente, no podría despedir a todos sus
trabajadores de manera personal y a solas, eran demasiados. Por tal razón,
escogió de entre todos ellos los que a su parecer, le brindarían más placer. El
primero era Fernando Duarte, encargado de un área, que ni recordaba, ni valía la
pena hacerlo. La cita estaba hecha para las diez de la mañana. Faltaban cinco
minutos. Diego se sentó detrás del escritorio. Esperó impaciente a que llegara
la hora. Por fin, el afortunado tocó a su puerta.



El tal Fernando, desde que entró a la oficina de Diego, dejó
ver su personalidad altiva. Sin duda, para alguien que disfrutara el humillar a
la gente, ese era el mejor candidato. Ver como se doblega alguien que a leguas
se nota orgulloso, sería un verdadero espectáculo. Diego invitó a su empleado a
tomar asiento. Éste se sentó, y fiel a su sentido de iniciativa, no esperó a que
su jefe le dijera el motivo de su llamada, él preguntó.



-¿Para qué me llamó, Señor Flores? - preguntó con voz altiva,
Fernando.



-No me gusta darle vueltas a las cosas, así que voy a ser
directo con tigo. Te llamé para decirte que estás despedido. - contestó Diego,
con notoria satisfacción.



-¿Despedido?



-Si, si, escuchaste bien. Desde éste momento, estás fuera de
la empresa.



-Pero, ¿por qué? ¿Cuál es el motivo por el que me está
corriendo? Usted no puede hacerme eso, soy uno de sus mejores trabajadores, no
me puede correr así como así.



-¿Quién dijo que no puedo? Lo estoy haciendo, ¿o no? Mire,
Señor... ¿Cuál era su apellido? ¿Cuál? ¿Cuál?...Ya recordé, Duarte. Señor
Duarte, los hombres que estaban bajo su mando, también dejarán de ser parte de
la empresa, así que ya no lo necesitaré a usted tampoco. ¿Para qué voy a querer
a un supervisor, si no hay personal que supervisar? Haber, dígamelo.



-Pero, ¿cómo que corrió a todo el personal de mi área? ¿Está
usted loco? Eso es...



-Silencio. Dese cuenta de quien soy, no creo que le convenga
hablarme así, porque además de correrlo, podría hacer que nadie le diera otro
empleo. Estoy seguro que eso no sería bueno para usted. Tengo entendido que
acaba de adquirir una bellísima casa, sin un sueldo, pagar el crédito le sería
muy difícil. Eso sin contar la colegiatura de sus dos hijos, y los caprichos de
su esposa. No, no, no, no, no, si yo fuera usted, le bajaría el nivel a mi
arrogancia. - Diego no recordaba el nombre del área, de la que Fernando era
encargado; pero si, los detalles que hacían de él, un buen candidato para
despedir personalmente.



-Perdóneme Señor Flores, no fue mi intención hablarle así, no
va a volver a pasar. - el tono altivo de Fernando, había cambiado a uno sumiso.
Su orgullo, empezaba a doblegarse.



-Claro que no volverá a pasar, porque en éste instante se
marcha. Vamos, fuera. - el momento que seguía después de esas palabras, era el
que Diego más disfrutaba, la hora de las suplicas.



-No, por favor, no me eche. Usted mismo lo dijo, necesito
dinero para cubrir mis gastos. En otro lado no me van a dar lo que aquí gano, no
si empiezo desde abajo. Por favor, no me corra Señor Flores. Se lo suplico. - si
segundos atrás su voz era sumisa, ahora estaba a punto del llanto. Fernando se
sentía en verdad desesperado, se había olvidado de su dignidad. En lo único que
pensaba, era en conservar su empleo, o de otra forma, su vida se arruinaría.



-Déjese de ruegos, que no le van a servir. La decisión está
tomada. Márchese por favor, o llamo a seguridad.



-No, por lo que más quiera, - Fernando se puso de rodillas,
con las manos juntas, como si estuviera orando - no me despida. Haré cualquier
cosa, lo que usted me pida, con tal de conservar mi empleo.



-¿Lo que yo le pida? - preguntó Diego. Nunca había escuchado
los ruegos de ningún empleado, pero esa vez, se le ocurrió algo. ¿Por qué no
aprovechar la situación, y humillarlo aún más? El sólo pensar las cosas que
podría pedirle, lo excitó. Su miembro, guardado bajo sus pantalones, dio
muestras de vida.



-Si, lo que usted quiera.



Esas palabras fueron la perdición de Fernando. Diego le
pidió, que se acercara a su lugar. Tomó una de sus manos, y la colocó encima del
escritorio. Agarró el puro que descansaba en el cenicero, y con él le quemó la
palma a Fernando. Éste gritó de dolor, aumentando el placer de su verdugo. Diego
no se detuvo, hasta que su ex empleado cayó de rodillas frente a él, doblado por
el dolor. Cuando lo hizo, le ordenó quitarse la camisa. Al principio, Duarte
dudó, pero Flores le recordó todo lo que perdería de no hacerlo. En un instante,
el antes orgulloso hombre, quedó con el torso desnudo. El hombre del puro, bajó
su cremallera. Sacó su pene, que estaba ya, duro como una roca.



Fernando supo de inmediato lo que seguía. Le rogó a su ex
jefe, le pidiera algo más, eso era demasiado. Como respuesta, recibió una fuerte
bofetada, y otro recordatorio. Al humillado sujeto, no le quedó otra opción, se
metió aquella verga en la boca. Mientras la mamaba torpemente, le quemaron la
espalda con el puro. Duarte dejó de lado el sexo oral, para gritar por el dolor
de la quemadura. Diego tomó el abre cartas, y cortó la mejilla de Fernando.
"¿Quién te ordenó que pararas? Así te arranque la piel, no tienes porque
detenerte", le dijo. El sometido hombrecillo, continuó con su labor.



Diego siguió quemando la espalda de su mamador. Más que
sentir los labios inexpertos de Fernando cerrándose sobre su falo, disfrutaba
del dolor que a éste le provocaba, y el que no pudiera quejarse. "¿Quién es el
tonto ahora?", "Ya no soy el negro flacucho y pobretón, ¿verdad?", "Soy el rey,
todos hacen lo que a mí me plazca", fueron algunas de las palabras que
pronunció, antes de correrse en la boca de su ex empleado. Fernando se tragó
todo el semen, sabía que si derramaba una sola gota, podría irle muy mal. Cuando
terminó su trabajo, se puso de pie. No pudo usar la camisa, su espalda estaba
quemada, le ardía. El Señor Flores sonreía, satisfecho. Nunca pensó que el
provocar dolor el resultaría tan placentero, pero así había sido.



-Ya hice todo lo que me pidió, Señor Flores. Ahora me va a
devolver mi empleo, ¿verdad?



-Es verdad, hiciste todo lo que te pedí, pero he cambiado de
opinión, - el rostro de Diego era maldad pura - sigues despedido.






La bella, el malo, y el látigo.




Un hombre está acostado sobre la cama. Se encuentra atado, de
las muñecas y tobillos, a los cuatro extremos. Una cuerda más rodea su cuello,
pasa por detrás de la cabecera, y regresa hacia su cuerpo. Las ataduras están
hechas con fuerza. Se cierran con rabia sobre sus extremidades. La piel en esos
lugares se nota un poco violeta, por la falta de circulación. No lo cubre prenda
alguna. Cada centímetro de su negra piel queda a la vista. Sus firmes
pectorales, vientre plano, piernas y brazos fuertes, y una verga descansando
encima de un par de testículos grandes y peludos, todo se puede admirar.



A un lado de la cama, está quien de seguro, hizo todos esos
nudos, una bella mujer. Su desnudez es casi similar a la del sujeto. Lleva
puestas unas botas de cuero, pero lo demás está al aire. Sus generosos senos, su
diminuta cintura, su sexo depilado, todo. En una de las manos, lleva un látigo
negro. En la otra, un trozo de vidrio. Se ha subido al colchón, parándose en
medio de las piernas del prisionero. "Vamos a comenzar con tu castigo", le dice,
para soltar un azote sobre su cara. La mejilla de éste se enrojece, su falo
comienza a despertar.



-Has sido un niño muy malo. Has humillado a muchas personas
el día de hoy. Por esa razón, debo de castigarte. - dice la mujer, con gran
seriedad, disimulando muy bien el gozo que se refleja en sus ojos.



-Si, castígame, me lo merezco. Soy una mala persona. -
suplica extasiado el sujeto amarrado a la cama.



La mujer del látigo le propina un azote más, ésta vez, en el
pecho, con más fuerza. A ese le siguen otro, y otro, y uno más, hasta llegar a
veinte. Conforme se incrementa la cantidad, también aumenta la rabia y la
potencia con que ella lo golpea. Su cara ya no puede fingir serenidad. Sonríe,
abre sus ojos al máximo. Disfruta cada uno de los latigazos, el sonido que hacen
al chocar contra la piel, el que se escucha cuando corta el aire, antes de
llegar a su destino, el color rojo que comienza a cubrir el torso de su víctima,
todo. Quien recibe las laceraciones, se siente igual o mejor, la dureza y tamaño
que ha ganado su pene es la mejor señal.



-Esto es lo que te mereces, - la mujer azota nuevamente el
pecho lastimado del hombre - desgraciado.



-¿Qué no tienes fuerzas? ¿Es esto lo más que puedes hacer?
Dame más duro perra. Vamos, hazlo.



Y la rubia obedece esas peticiones. Descarga toda su furia en
cada nuevo latigazo. Ha perdido la cuenta de cuantos lleva. Su concentración
está puesta, en la sangre que empieza a brotar de las heridas. La continuidad y
fuerza en los azotes, ha conseguido sangrar al de raza negra. Los delgados ríos
de color carmín, corren por su estómago. Unos se pierden entre los negros
arbustos que se encuentran más abajo, regándolos, dándoles vida. Otros, resbalan
hasta las sábanas, manchándolas. Pero todos, son un símbolo del placer que esas
dos personas sienten. El placer de dejar atrás los problemas, y vivir en la
libertad que da el dolor, el sentirlo, y el provocarlo.



La voluptuosa mujer se ha arrodillado. Pasa su lengua por las
heridas. La sangre que recoge con ésta, se la bebe. El trozo de vidrio que
cargaba en una mano, permanece en su lugar. Lo utiliza para incrementar el
número de cortadas. Al mismo tiempo que hace nuevos caminos por los costados de
su amante, aprieta su mano, para lastimarse también ella. Vierte su sangre en la
boca de él, para después besarlo. La saliva se mezcla con el otro fluido
corporal. Otros de estos, brotan de sus sexos. El beso es pasional, animal. Los
dientes de ella se apoderan del labio inferior de él. Lo jalan. Lo muerden,
hasta que su cara se salpica de rojo.



-Dime que me deseas. - ordena la mujer.



-Te deseo. - él le contesta.



-Dilo más fuerte estúpido. Di que quieres que me monte en tu
verga, dilo, dilo. - repite la rubia, dándole una cachetada tras otra.



-Quiero que te montes en mi verga. Lo deseo. Lo necesito. -
grita emocionado el impresionante negro.



Y así lo hace ella. Se ha dejado caer sobre el enorme falo.
Su tamaño y grosor la lastiman, pero eso no hace sino darle más placer. Sube y
baja con rapidez. Se escucha la verga rozando sus labios, cuando entra y cuando
sale, gracias a lo mojados que ambos están. Los pezones de la rubia están
erectos. Disfruta la rudeza con que monta al negro. Para complementar la
cabalgata, ha tomado la cuerda atada al cuello. La jala con fuerza, provocando
que la espalda de su amante se arqueé. La suelta, el aire vuelve a sus pulmones.



-Dime lo bella que soy gusano. - dice entre jadeos la mujer,
tirando de nuevo de la soga.



-Eres hermosa, la más bella de todas, perra. - apenas y puede
hablar el sujeto, se le dificulta el respirar.



-Dilo una vez más idiota. Quiero escuchar quien es la que
manda desgraciado.



-Eres preciosa, y tú eres la que mandas. Me gusta que me
quites el aire, jala más fuerte.



Ella sigue moviéndose, con el enorme pene atravesándole el
cuerpo. Cada vez lo hace con más velocidad, así como imprime más energía a los
tirones que da a la cuerda. El clímax se acerca, puede sentirlo. Las órdenes no
dejan de salir de su boca. Él responde con una voz que se debilita a cada
instante, pero se esfuerza cada vez menos por hacerlo. Quiere enfocarse en el
placer que le dan esa estrecha vagina, cerrando sus paredes sobre su miembro, y
la soga atada a su cuello, impidiendo el paso del aire a sus pulmones.



Los jalones a la reata eran espaciados, le daban segundos de
recuperación al tipo, pero ahora es un tirar continuo. La excitación de la mujer
es tan alta, que no se percata que su amante ya no puede respirar, ni siquiera
un poco. Él no se preocupa por eso. Sabe que de un momento a otro lo soltarán.
Además está gozando con la situación. Siente como su verga se ensancha y sus
testículos se pegan al cuerpo. Sube y baja, entra y sale. No puede resistir más.
Ha explotado en el interior de la rubia, inundándola con su semen. Ella, al
sentir los disparos del arma que la llena, acelera su ritmo y llega al orgasmo.
Grita como una posesa. El placer invade su cuerpo, es casi insoportable.



La mezcla de sensaciones, la ha sacado del mundo por un
instante. Nada existe a su alrededor, nada importa más que su propia
satisfacción. El sentirse bella, deseada, capaz de provocar la más potente
eyaculación, aún siendo alguien como quien tiene debajo. Ese escape de la
realidad, es lo que no le permite controlar la fuerza, con que tira de la
cuerda. Él ha dejado de preocuparse por todo, incluida la hora en que soltarán
su cuello. Está inconsciente, tanto tiempo sin aire, ha hecho que se desmaye. La
mujer recupera poco a poco la razón, justo para ver, que su amante ya ni
siquiera se mueve.



Sus juegos han ido demasiado lejos. Toda la libertad que ganó
con ellos, se ha esfumado. Ahora se siente atrapada, sin saber que hacer. Ha
tomado de nuevo el látigo. Azota una y otra vez el cadáver sobre la cama. Le
ordena que se levante, que viva, pero ya nada puede hacer. Agarra el trozo de
vidrio. Coloca una punta en su garganta. Con todas las fuerzas que le quedan, se
rebana el cuello. La sangre se desliza por sus senos, sus piernas, y llega al
colchón y al cuerpo encima de éste. En un par de segundos, la vida también se le
escapa. Su cuerpo, cae sobre el del tipo. Las sábanas son rojas; oscuro, el
destino de sus almas.


Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 0
Media de votos: 0





Relato: Tres cuentos de hadas
Leida: 2130veces
Tiempo de lectura: 14minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes



Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados



telatos porno incesto



















Datos Legales de acuerdo con las leyes españolas LSSI e internacionales 18 U.S.C. 2257

Portal de contenido adulto administrado por :

Principal | Libro de Visitas | Contáctanos | Envia tu relato | Mis Relatos Porno.com



folle a mi tiaorgias de porno gratisrelatos nalgotastias maduras tetonasporno español morbososexo duro lesvicoel mejor porno de madurasrelatos gay gratisrelatos sexo en el cinefollada universitariarelato cogida en la callerelaros eroticos en el ragso de mi mamakarina travestinovia sumisadepilacion de coñosrumanas en tangagays follando en los vestuariostailandia pornaldana pistoneoporno tranxesualesRelatos de amor bien pornos de como desnudar a una mujer para meterseloexhibicionista busvideos de juegos pornofollando con mi comadredespedida soltera pornrelatos de sexo caserotias con el coño peludoabuelitos follandocuentos de amor filialpollas hombres madurospeliculas porno violacionesrelatos eroticos enfemeninofotos eyaculacion femeninatravestis con pollas gordastrios con travestisrelatos eróticos dominaciónhistorias incesto gayanal primerizaporno chicas violadasprofesora putaespiando a mi mamaporno gay de arabescortos pornosvideos porno violaciones extremaslas babosas pornocon por tiendo a mi novia videos xxmelones pornogitana gorda follandorelatos sexo pornopelicula zoofiliabragas bajo faldafollando en despedida de solterala opinion de murcia relatosxxx abuelos y nietasrelatos porno muy guarrosporno borrachas violadasquiero follarme a mi hijorelatos de sexo habladosconversacion eroticarelatos de folladasfollando esposasama y sumisoporno callejerosmonjas lesbianasfollar esposasporno gratis ingleschicas chupandose el chochoesclava claraporno gay de maduros gratisninfomanas pornrelatos de lactanciarelatos eroticos amigasRelatos hot comadrescamioneros gaysrelatos lesbicosporno lesvico gratissexo veteranassexo gratis viejosmi mujer en tangarelatos el papa de mi amiga me sodomizoyonkis pornoporno gay triosmujeres muy ancianas follandozoofilia pastor alemanincestuosas pornorelato gay nalgitase folla al electricistatias con tangaRelatos eroticos mi madre l egusta la zoofilapornorelatos.comeroticos eldazorras del pornosexo padres y hijasporno con masajefotos porno chinaslesbianas embarazadas follandorelatos de gaysporno con maduradnovia zorrarelatos con suegra