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Relato: Mi cuñada, mi mujer y yo



Relato: Mi cuñada, mi mujer y yo


Mi cuñada, mi mujer y yo.




Llevaba 3 semanas fuera de casa. Había estado trabajando en
el extranjero, realizando un trabajo en una fábrica, en Corea. Había acabado y
ya podía volver a mi hogar. Dos días antes de lo esperado. No solía yo salir de
viaje, pero en esa ocasión así había sido requerido. Era tal el ansia de volver
que me fui corriendo al aeropuerto de ese maldito país para poder cambiar el
vuelo y pillar el avión. Los viajes de trabajo son una lata. Y más cuando no
tienes claro cuando podrás volver. No podía llamar a mi mujer hasta que no
supiese nada concreto, ya que no quería ilusionarla en vano. Quizás no pudiera
cambiar el vuelo.



Sí pude cambiar el vuelo, pero salía ya mismo. Fui corriendo
a facturar. Corriendo al control de pasaportes, me dejaron colar (menos mal que
los empleados fueron eficaces), y corriendo hacia el finger para tomar el avión.
Subí, me senté, cierran puertas y empezamos a movernos. ¡Me estaban esperando!
En fin, que no podía llamar por teléfono desde el móvil, ni siquiera enviar un
mensaje. Tenia que pararlo inmediatamente, y así lo hice. Calculé la hora de
llegada. Las tres de la mañana, hora de Barcelona. Malditos cambios horarios.
Tampoco podía llamar al llegar, ya que no iba a llamar a las tres de la mañana.
En fin, me presentaría sin avisar.



El vuelo, una paliza increíble de 10 horas. Cuando llegue a
Barcelona solo deseaba llegar a casa para follarme a mi mujer. Llevamos 8 años
de casados, nos va bien, ella es ardiente y aunque casi siempre empieza diciendo
que no, a la que la achucho un poco y le toco los pezones ya empieza a gemir y
ella misma me pide que la folle. No le he engañado nunca, no soy capaz, la
quiero. Así que, aunque estaba cansado, ya en el taxi de vuelta no veía la hora
de llegar, meterme en la cama, echarle un buen polvete de bienvenida y dormirme.



Llegué a casa, entré sin hacer ruido. Tenemos dos niñas
pequeñas, y no es cuestión de despertarlas. Entré en la habitación sin encender
la luz, pues no quería despertar a nadie. Le di un besito a mi mujer, que estaba
dormida, pero ni se inmuto. Me desnudé y me metí en la cama con ella. Me abracé
a ella desde atrás. ¡Que delicia, después de tantos días! Le cogí de las tetas y
le apreté mi ya erecto pene a su culo. Empecé a refregarme y a apretarle los
pezones. Ya empezaba a responder, pues sacaba el culo, respiraba con suspiros y
tenia los pezones completamente erectos.



Pero, no se había despertado. Me daba igual. Me la follaría
de todas maneras. Le bajé las braguitas hasta las rodillas, Cogí mi pene, mas
tieso y gordo que nunca y lo puse en la entrada de la vagina. Estaba ya algo
húmeda. Apreté ligeramente y empezó a entrar, suavemente. Metí más o menos la
mitad, y empecé un metesaca suave para ir metiéndola hasta el fondo. Todo muy
suave, ya que si estaba dormida no la quería sobresaltar. Me agarré fuerte de
sus dos tetas y empecé a bombear, con ritmo, sacándola bastante y volviéndola a
enterrar dándole un buen golpe de pelvis a su culo en cada metida.



Estaba gozando mucho. Con mi mujer follamos unas 3 ó 4 veces
por semana, o sea casi cada día, así que después de tantos días sin catar nada
tenía muchas ganas. Noté que se despertó, pues se giró boca abajo, cogiéndome de
la cadera para que no me saliera de ella, y una vez ella abajo (panza abajo) y
yo encima, sacó el culo hasta quedar los dos tipo perrito. Todo eso sin sacar la
polla. No pude menos que exclamar.


María, cariño te quiero mucho. Que bien que estemos juntos de
nuevo. Muévete, preciosa, venga, mueve tu culito.



Acto seguido empezó a mover las caderas a gran velocidad,
metiéndosela y sacándosela ella misma. No dijo nada por que no podía, pues todo
esto lo hizo gimiendo y suspirando sin parar. Ella también tenía muchas ganas
después de tantos días, pues me estaba follando como nunca. Que ganas, como se
meneaba. Estaba gimiendo como las putas de las películas porno. No es que ella
no gima, pero siempre se controla un poco por las niñas y los vecinos. Pero
ahora casi gritaba, estaba como en celo, meneando su culo con frenesí. Yo no
perdía el tiempo. Como ella era la que se movía, le apretaba los pezones. Recogí
con mi dedo índice parte de los zumos de su coñito, y con ellos le lubriqué el
ano. Cuando estaba bien lubricado le metí despacio el dedito. En cuanto lo noto,
exclamó un ¡OHHHHH! Bastante fuerte, acompañado de varios suspiros y gemidos y
se corrió de forma convulsiva, con temblores que notaba perfectamente por las
contracciones de su esfínter en mi dedo.



Córrete, María, bonita, córrete, anda. ¿Te gusta la polla de
tu macho, cariño?



No pudo responder. Solo empezó a gemir más fuerte. Y se
empezó a correr.



Ahhhhh, ohhhhh, ohhhhh, ummmmm, ahhhhhhhh, ohhhhhh.



Estuvo corriéndose durante un minuto más o menos, según
juzgué yo por los gemidos y por los movimientos de su culo. Cuando ya se
derrumbó en la cama, volvía a metérsela y seguí follándomela, completamente
pegado a su espalda, taladrándola sin piedad, a toda velocidad. Ahora no es que
gimiera mucho, es que gemía todo el rato, en un gemido continuo, alzando la voz
cuando le clavaba hondo y bajándola un poco cuando la sacaba. Noté que otra vez
alzaba su culo, buscando la máxima penetración, y otra vez se puso a temblar,
gimiendo y gritando otra vez.



Ahhhhhh, ahhhhhhh, siiiiiiiiii, ohhhhhhhh. Ohhhhhhhhhhhhh.



Se me antojo darle por el culo. Mi mujer no siempre me deja,
pero ya le había dado por el culo algunas veces, y estando tan cachonda seguro
que se dejaría. Es curioso lo guarra que es. Tiene reparos en aceptar
chupármela, o darme su culo, pero cuando consigo que acepte empezar, entonces lo
disfruta como una zorra.



Tenía la polla chorreando de zumo de coño, así que la
lubricación era más que suficiente. Saqué la polla de su chochito, le aparte los
dos glúteos de su culo, y una vez encontré su agujero trasero puse mi polla en
la entrada. Efectivamente, como se había acabado de correr, sus flujos eran
tantos que al apoyar el glande en su esfínter este quedo completamente lleno de
jugos. Apreté fuerte, pero sin brusquedad, y el glande entró con suavidad. Mi
mujer lanzo un gruñido, seguido de un gemido. Me quede inmóvil, esperando que se
dilatara y acostumbrara a mi polla. Al poco rato, ella misma sacó su culo y se
acabó de empalar de un solo golpe, empezándose a mover con desesperación. Joder,
que necesitada estaba. Con las ganas de polla que tenía, estaba claro que no me
la había pegado con nadie. No pude menos que felicitarla:



María. Cariño, que zorra que estás hoy. Te mueves como nunca.
Ohhhh, saca mas tu culito, anda, muévete, ohhh.



Ella por respuesta solo gemía:



Ahhhh, Ohhhhh, Ummmmm ohhhhhh.



Otra vez se meneaba ella, pero esta vez meneaba el culo
adelante y atrás, con rapidez. Yo ya estaba a punto, tenía la polla hinchada al
máximo, y ella estaba corriéndose otra vez. Me agarré fuerte de su culo, y le di
dos metidas con todas mis fuerzas tras lo que me corrí yo, llenándole todo su
culo de leche.



María, cariño, me corro, me corro, siiiiiiiiiiiiii, me corro.
Ohhhhhhhh



Nos quedamos así, uno encima del otro, sin fuerzas. Mi mujer
se quedó dormida casi enseguida, y yo si me despisto también. Pero no podía ser,
las niñas no podían encontrarnos así, por lo que con mucho esfuerzo cogí a
tientas un pañuelo de la mesita, limpié lo mejor que pude el culo y coño de mi
mujer, y después mi polla. Le subí las braguitas, me subí los calzoncillos, le
pegué dos pellizquitos en los pezones y me dormí.



No se cuantas horas dormí. Solo se que me despertaron al día
siguiente a la hora del almuerzo mi mujer con mis dos niñas, con la inestimable
ayuda de dos cojines con los que me aporrearon. Me levante, besé a mi mujer, a
mis hijas, y me di una ducha rápida. Ya estaba acabando, cuando mi mujer entró
en el baño. Me dio un beso, este ya menos casto que el anterior, y acto seguido
con una mirada divertida va y me dice:



- Dormilón, ¿no te diste cuenta de nada cuando te acostaste
anoche?



- No, ¿de que me tenía que dar cuenta?



- Me disponía a alabar lo suave de su culo al follarla
anoche, cuando va y me suelta:



- Ayer cuando te acostaste, la que estaba en la cama era mi
hermana, Berta. Yo estaba durmiendo en el piso de abajo, en la habitación de
invitados. Menos mal que no se te ocurrió hacerle nada libidinoso. Ella ya me ha
contado que antes de dormirte le apretaste el culo, y te quedaste dormido
enseguida. Eres un bandido.



Tras eso me dio otro beso, y me siguió contando:



- Se ha peleado con su marido durante tu ausencia, y no tuve
ocasión de contártelo. Está tomando antidepresivos, y le he dejado nuestra cama
mientras tú no estabas para que estuviera más cómoda. Lo ha pasado muy mal, su
marido es un gilipollas. Ya te lo contaré. Estará una temporada con nosotros
hasta que se aclare un poco las ideas. Necesita toda nuestra ayuda.



- Bueno, ¿Y tu que? ¿Acabaste antes la instalación esa?



- Ehhhhhh, sí, sí, claro. Trabajé más horas para acabar
antes.



- Luego hablaremos con más calma, vale. Me voy a la cocina.



Me dio otro besito, se agacho, me pego un beso en la punta de
la polla, y se fue. Mientras salía por la puerta me dijo:



- Siento mucho cariño que tendrás que esperarte hasta la
noche para que podamos hacer el amor.



Dios mío. ¡Me había follado a mi cuñada! Accidentalmente,
pero me la había follado. ¿Por qué no me paró en cuanto se despertó? Bueno,
igual no pudo. La verdad es que fue genial, pero yo no sabía ni noté que no
fuera mi mujer. Aunque mi cuñada tiene dos años más que mi mujer, son muy
iguales físicamente, incluso tienen un timbre de voz muy parecido, por lo que no
pude distinguirlas ni por los gemidos. Las diferentes actitudes sexuales, gestos
y movimientos durante la follada los atribuí a que estaba muy caliente y
necesitada, como yo. Y con la luz apagada, pues, definitivamente, no me di
cuenta.



Y encima, había tenido una bronca con su marido. La verdad es
que no me extrañaba. Mi cuñado, Roberto, es un capullo. Mi mujer y mi cuñada son
mujeres bonitas, que se cuidan y se mantienen muy bien. Mi mujer tiene ahora 33
años y mi cuñada 35, y tienen todo en su sitio. Pero mí cuñado es un fanático
del fútbol. Está siempre mirando partidos, por la tele, en el bar, en el
estadio. Se va de viaje a ver su equipo. Se gasta montones de dinero en todo
esto, y además de eso en apuestas, en aportaciones a las peñas y asociaciones de
no se que leches, y nunca está en casa. Y cuando está, es para ver fútbol con
sus amigos, tanto o más fanáticos que el. A mi me gusta el fútbol, pero no hasta
estos extremos. Aunque llevaban un año de casados más que nosotros, no tenían
hijos. Yo pienso que de tanto fútbol ni siquiera follaba con su mujer.



En fin, bajé hacia el comedor. No tenia ni idea de que hacer,
ni que cara poner al ver a mi cuñada. Mi mujer y las niñas estaban en la cocina.
Besé a las niñas, a mi mujer, y me puse a preparar la mesa del comedor. En el
comedor estaba mi cuñada. Estaba muy nervioso. Le saludé lo más normalmente que
pude:



- Buenos días, Berta. (Tenía mucha vergüenza).



- Buenos días Pepe, aunque creo que mejores fueron ayer las
noches.



Yo me quedé estupefacto. Miré si mi mujer nos había oído,
pero estaba en la cocina. Solo pude medio decir:



- Berta, bueno, yo, … no sabía que eras tú. Lo siento.



Me hizo callar, y me dijo:



- Déjalo. Ya sé que no lo sabías, pues mencionaste varias
veces a María, mi hermana, por lo que era obvio que te pensabas que era ella. Y
yo no pude pararte. Los antidepresivos que estoy tomando me dejan KO, y cuando
me desperté, pues ya me estaba corriendo. Sabes, con mi marido jamás he tenido
un orgasmo, pues se corre solo meterla. Sencillamente no pude decirte que
pararas ni antes ni después, porque fue la primera vez que disfrutaba en muchos
años. Tú no lo sabías, yo no pude parar, y ya está. Mira, has ayudado a que me
de cuenta que en cuanto al sexo el error no es mío, sino del cabronazo de
Roberto. Dejémoslo ya.



- Si ya, pero ¿Y María? yo no la he engañado nunca.



- Es que no la has engañado. Ha sido una confusión, eso es
todo.



- Menuda confusión.



- Pepe, déjalo ya.



Dejé el tema, y preparamos la mesa. Mi mujer mientras trajo
la comida y nos pusimos a comer todos juntos. Siempre comemos sin TV, por lo que
charlamos sobre mi estancia en Corea, anécdotas de allí, sobre la comida (que
mal se come cuando sales de España, por Dios, no puedo hablar de la comida en
América, pues nunca he estado, pero en Asia es fatal). Fue una comida amena,
poniéndonos al día de todo y arreglando el mundo.



Pero yo, aunque gastaba bromas, hacía chistes y me lo pasaba
muy bien, no paraba de darle vueltas al asunto de anoche. Yo no tenía secretos
con mi mujer, y no quería empezar a tenerlos ahora, ni siquiera por accidente.
Así que por la tarde, aprovechando que había leído que estrenaban una película
de dibujos animados en el cine, invité a mi cuñada a que llevara a las niñas al
cine. Así podría hablar con mi mujer. Me fui al comedor, y sentado en el sofá,
mientras esperaba que se fueran pensaba en el modo de decírselo a mi mujer.



En cuanto se fueron, mi mujer vino corriendo, se lanzó encima
de mí y me abrazó. Empezó a reñirme:



- ¿No te da vergüenza no esperar a la noche a que hagamos el
amor? No tienes remedio. Por un día yo estoy de acuerdo.



Y empezó a darme besos, y a apretarme el paquete por encima
de los pantalones. Yo la verdad, estaba muy confuso, muy nervioso, aturdido, por
lo que no respondía a sus besos y caricias. Ella enseguida notó que pasaba algo,
por lo que paró:



- ¿Te pasa algo Pepe? Parece que te haya besado Dar Vader.



- Sí, mira, verás María, yo …, esto …, ayer yo tenía sueño,
pero antes, veras, yo estaba muy excitado y, esto…. Ufff que difícil es
explicarte esto.



- ¿Que tratas de explicarme, Pepe?



Estaba muy nervioso, tenía miedo de que esto hiciera peligrar
nuestro matrimonio, pero no podía callarme, así que le cogí de las manos, le
miré a los ojos y se lo solté de golpe.



- María, tu hermana no te ha dicho la verdad. No es cierto
que yo solo le tocara el culo. Ella estaba dormida, y yo, pensando que eras tú
le hice el amor. A la mitad del acto ella se despertó, pero no fue capaz de
pararme ni decir nada. No se porque, pero no me advirtió. Yo no noté que no eras
tu, y.. Bueno, estoy muy avergonzado. No te he engañado nunca, y de verdad que
no sabía que era tu hermana.



- Pepe, para, para. Mira, mi hermana no me ha engañado. Ayer
me despertó temprano y me lo contó todo. No tengo secretos con mi hermana, ni
ella conmigo. Ya sé que tu ignorabas que no fuera yo, pues mientras te la
follabas no parabas de nombrarme. Y además, cuando esta mañana te he dicho que
era mi hermana la que estaba en la cama has puesto una cara hijo, que me has
confirmado que no lo sabías.



- Entonces, ¿ya lo sabías?



- Sí.



- ¿Y no te importa?



- Mira, no. Cuando mi hermana me lo ha contado, me ha dado
mucha rabia. Pero luego, pensándolo con calma, me he dado cuenta que realmente
tu no me has engañado. Y ella, cuando por fin se ha despertado y ya era
consciente de lo que estaba pasando, ya se estaba corriendo en su primer orgasmo
con un macho en muchos años, por lo que no podía parar ni siquiera queriendo. Es
completamente cierto que estaba dormida, y no te notó para nada. Le cuesta mucho
despertarse por los antidepresivos, te lo digo yo que he tenido que despertarla
después de la pastilla y es muy difícil.



- Y en cuanto a porque fingí no saber nada, pues yo pensé que
se te haría más fácil llevar esto si creías que yo no lo sabía. Me halaga que me
lo hayas contado, cariño.



- ¿De verdad?



- De verdad. Me hace feliz que no hayas querido ocultármelo.
Ahora bien, no se te ocurra engañarme con otra, o te la corto, entendido, te la
corto.



- Vale, vale.



- Y ahora, basta ya de palabras.



María me hizo callar y empezó a besarme, con pasión. Nos
besábamos y entrelazábamos nuestras lenguas. Alargue mi mano derecha y empecé a
amasarle el culo. ¡Que delicia! Y con la izquierda empecé a tocarle las tetas.



Estaba en la gloria.



María con su mano derecha me desabrocho los pantalones, me
bajó la cremallera, bajó los calzoncillos y se asió de mi polla, que ya empezaba
a estar morcillona. No pude menos que decirle:



- Ehh, que prisa tienes.



- No lo sabes tu bien, Pepe. Estoy ardiendo. No se si son los
días que llevo sin follar, o pensar en como ayer te tirabas a mi hermana, o
ambas cosas.



Mientras decía esto se bajaba lentamente hasta tener su pene
delante de sus ojos. Le empezó a dar besitos, y después de eso le dio unos
lengüetazos, como a un helado. Cerró los ojos, y con una cara de vicio increíble
se la metió todo lo que pudo en la boca.



Dios que mamada. Subía y bajaba mientras me succionaba
continuamente. Cuando bajaba se la encajaba hasta mis pelotas, y al subir se la
sacaba entera excepto el glande, que lamía y chupaba con mayor fuerza, tras lo
que iniciaba de nuevo la maniobra.



Yo no me iba a quedar quieto. Quería mi ración de coño, así
que la puse de pie, le quité los pantalones y las bragas a la vez y la puse
encima de mí de nuevo, pero invertida, para realizar un 69. Volvió
inmediatamente a la mamada, pues estaba cachondísima.



Delante de mí estaba su coño. Que maravilla. Lo tenía
arregladito, con el pelo corto. Los labios mayores estaban entreabiertos, y
dentro se veía perfectamente toda su rajita, empapada, brillante de sus jugos.
Estaba realmente muy cachonda.



La quise hacer sufrir un poco, así me acerque lentamente.
Cuando notó mi aliento en su coño gimió y me lo acercó. Me aparté y empecé
lamiéndole las ingles, despacito, acercándome lentamente al agujerito del coño
para saltar a la otra ingle un poco antes de llegar a la rajita. Ella jadeaba,
me chupaba la polla con fuerza, movía el culo en círculos buscando mi boca. Otra
vez inicié el movimiento para lamerle la rajita, y en el último momento cambié
la trayectoria al ano. Al iniciar el contacto de mi lengua con el ano ella
empezó a llorar, suspirar, gemir, gruñir, no se algo indescriptible. Yo estaba
disfrutando como nunca de su mamada, así que ya no la hice esperar más. Le puse
suavemente la lengua en la entrada de su coño, sin apretar, y la moví arriba y
abajo por la rajita, pero por su parte exterior, sin meterla aun dentro de sus
labios mayores.



No os se explicar lo que hizo. Sacó el culo al máximo,
gritaba, pero con la polla dentro no se entendía nada. Creo que me estaba
insultando. Era algo así:



Gruffippppollags. vengAhhhhhhgggg, ohhhhhhhhgggg,
chgggupmmmmmm, cggggabbbbrggggggggs.



Llegó el momento, y le metí de golpe y lo más hondo que pude
la lengua en su agujero del coño. No se lo esperaba, por lo que se arqueo toda
ella, menos el culo, que me lo estampó más contra mi cara, se sacó la polla de
la boca y se alzo ella a cuatro patas todo lo que pudo, gritando como una loca:



Ahhhhhhh, ohhhhhhhh, me corro, me corroooooooo.
Siiiiiiiiiiii, ohhhhhhhhh me matas, ohhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhh, me muerooooooooo,
ohhhhhhhhhhh



Vi que no la podía hacer esperar más, por lo que como pude le
di la vuelta y la senté, dándome la espalda encima mío. Cogí la polla, la puse a
la entrada de su maravilloso coño, y la dejé caer de golpe encima mí. Sonaron
simultáneamente el chop de su coño al encajarse mi polla de golpe hasta el
fondo, el plas de sus muslos al golpear los míos y su grito:



Ahhhhhhhhhh, ohhhhhhhh. Que grande, que gusto. Me corro otra
vez, ohhhhhhhhhh.



Estaba temblando, y gimiendo otra vez en otro orgasmo. La
cogí del culo y empecé a bombearla con el máximo de rapidez posible. Parecía un
pistón. Ella gemía y gemía.



- No pares cariño, métemela hondo, métemela, que me estoy
corriendo sin parar. Ohhhhhh. Ahhhhh



- ¿Estabas necesitada, verdad cariño?



- Siiiiii, ohhhhhh, siiiii.



- ¿Necesitabas mi rabo, preciosa? (Y paré de bombearla)



- Sí, quería tu rabo. Fóllame, no te pares. ¿Porque has
parado? Venga dale.



Volví a bombearla, ahora con menos rapidez, pero dándole muy
fuerte en cada metida. Ella acompañaba cada metida con un Ohhhhhh.



Ella seguía sentada, dándome la espalda y acompañaba mis
envestidas moviendo su culo adelante atrás, con la polla bien metida. Le di la
vuelta, para tenerla sentada frente a mí, y reiniciamos el mete saca.



De verdad, después de varias semanas sin follar con ninguna
hembra, no sabéis (o igual si) lo glorioso que resulta follarte a una hembra
bien caliente, bien zorra, y hacerle gritar de placer (bueno, en mi caso dos
hembras).



Le desabroche la blusa, le subí los sostenes y mientras le
seguía follando le chupaba los pezones. Cogía con mis labios el pezón derecho,
succionaba fuerte, le pegaba un lametón, y pasaba al izquierdo. Otro chupetón,
otro lametón y al derecho. Todo esto mientras volví a acelerar el ritmo y le
presionaba con mi barriga para que ella pudiera refregarse más con su coño. Paso
otra vez lo que había de pasar.



Ohhhhhhhhh, Me corro, cariño, me corro. Me derritooooo,
Ohhhhhhhhh. No pares, no pares. Ohhhhhhhhh siiiiiiiii, dame, chúpame los
pezones, fóllame, venga ohhhhhhhhhhhh.



Le cogi fuerte del culo y me levanté con ella hincada en mi
polla. Ella inmediatamente me rodeó con sus piernas por detrás de mi espalda y
nos abrazamos. Me la estaba follando de pie. Me acerque andando a la pared, la
apoyé y volví a bombear, ahora ya como un martillo neumático. Se corrió una vez
más, o le duraba todavía el de antes, la verdad se me hace difícil de
distinguir:



Ohhhhhhhh, Ahhhhhhhh



Y me corrí yo también. Se me hinchó al máximo la polla y le
llene el coño de leche.



Siiiiii, me corro, toma mi leche toma. Ohhhhhh



Ohhhh, que calentita, ohhhhhh. Dámela toda.



Quedamos así de pie un rato, hasta que como en cámara lenta
nos bajamos y quedamos más o menos caídos en el suelo, yo debajo de ella, y ella
mirando para la pared, dándome el culo. Estábamos cansados y habíamos gozado
mucho. Nos adormecimos.



Lo último que recuerdo antes de cerrar los ojos fue su
coñito, un poco abierto, completamente lleno de leche, y un reguero de semen
desde su agujero del coño hasta el suelo, pasando por sus ingles y nalgas. Era
precioso, una imagen que no olvidaré. Y me dormí. Ella también.



No se cuanto rato pasó, pero no fue demasiado tiempo, y me
desperté. Ella tenía los ojos abiertos, y me miraba. Estaba radiante. ¡Como
quiero a esa mujer! Le ayudé a levantarse, nos vestimos, ventilamos el comedor,
ordenamos un poco y nos sentamos a hablar.



- Pepe: María, ¿Qué es lo que ha pasado entre Berta y
Roberto?



- María: Ya sabes que mi hermana tenía problemas con Roberto



- Pepe: ¿Problemas? El cabronazo de Roberto que es un
machista, y no le hace puñetero caso a Berta. Siempre fuera de casa, viendo
partidos, en la peña, y si no de viaje para ver el partido de turno, o vete a
saber tu que. Este año, con la mierda de la Champions ya ha sido el remate. Pero
esto ya duraba desde novios. Durante los dies años que llevarán casados …



- Nueve, llevan nueve años.



- Bueno, pues nueve. Digo que durante los nueve años que
llevarán casados ha sido siempre así. Incluso el la obligó a dejar su trabajo
para atender la casa. Ella aceptó eso, y ha aceptado que la ningunee, que la
trate como una inútil. ¿Qué es lo que ha cambiado?



- Cuando tu te fuiste de viaje, mi hermana llevaba ya meses
muy mal. A lo largo de estos nueve años se ha ido haciendo a la idea de que ella
no sirve para nada, que no puede dar su opinión en nada porque no sabe nada ni
sirve para nada. Eso es lo que le ha venido diciendo y repitiendo Roberto. Al
principio ella rechazaba esta idea. Pero a base de tiempo ha acabado deprimida,
como estaba deprimida no hacía nada útil ni en casa ni fuera de ella, al no
hacer nada de nada, su marido tenía argumentos para atacarla y tratarla de
tonta, vaga, rara, sosa y cosas mucho peores.



- ¿Y que es lo que ha pasado para que ella reaccione?



- Ya sabes que pese a todo esto, yo sigo muy unida a mi
hermana. La he ayudado en todo durante estos años, pese a que Roberto intentó
alejarla de mí.



- Si



- Pues bien, Roberto ha pedido un préstamo de 12.000 € para
poderse ir a Alemania y ver todos los partidos de la selección en el Mundial,
además de visitar no se que narices allí. Y además le paga el viaje a un amigote
suyo. Y por supuesto no va con mi hermana.



- ¡Pero si están fatal de dinero!



- Ya lo se. Ella no estaba dispuesta a aceptarlo. Tuvieron
una discusión muy fuerte. El le dijo que como el que trabajaba era él, él con su
dinero hacía lo que le daba la gana. Que ella no tenía voz ni voto, que no
servia para nada, ni siquiera para follar, y que si no le gustaba que se fuera.



- ¿Y tu hermana se fue sin mas?



- No. Me llamó. Me lo contó todo. Yo le aconseje que
buscáramos asesoramiento profesional. Yo la acompañé a un abogado especialista
en divorcios., y hay base para acusarle de …, no se que palabra usó, pero bueno,
de insolidaridad económica, o de negación de auxilio, o no se que tecnicismo.
Además, ella esta con depresión, y tenemos los papeles del médico, y el ha sido
el causante de esto. El médico ya ha expedido el correspondiente certificado,
por lo que se le pueden reclamar daños y perjuicios.



- Si piensas en que le pase una pensión, o sacarle una
cantidad importante de dinero vais listas. Ese inútil se gasta hasta el último
duro que pilla en sus tonterías, y está sin un duro. Además están de alquiler, y
no tienen propiedades. El coche de Roberto tiene más años que Matusalén, por lo
que no creo que consigamos nada.



- Si hay una cosa que podemos conseguir, que la deje en paz,
que le embarguen el sueldo y le obliguen a irse lejos de mi hermana.



- Bueno, eso si. ¿Y cuando se vino para aquí?



- Entre el abogado, su médico y yo se dio cuenta de que
estaba perdiendo el tiempo con Roberto. Recogió sus cosas y se vino a la semana
de tu irte. No te dije nada por que no te quería agobiar con estos líos estando
tú allí.



- Te lo agradezco, la verdad es que el trabajo fue muy
agobiante, por lo que realmente poco pudiera haber hecho, aparte de
desconcentrarme y quizás tenerme que quedar mas tiempo para acabar.



- Eso pensé.



- De todas formas, está bastante mejorada. Ya viste que la
confundí contigo



- Calla tonto, no me lo recuerdes más. Verás, la he puesto a
dieta, hemos hecho ejercicio, la llevé a la peluquería, hemos tirado
prácticamente toda su ropa. Ya sabes que ese energúmeno la obligaba a vestir
ropa de monjas.



- Si, parecía que llevara un burka, o algo parecido a eso.



- Si. De momento lleva mi ropa. En 15 días ha cambiado mucho.
Además esta mañana parecía otra. Tenía la cara iluminada. Los ojos los tenía
luminosos.



- Es que una mujer mal follada no puede ser feliz.



- Serás tonto. Como se te ocurre decir eso.



- Es broma mujer.



- Lo que si es cierto es que algo ha cambiado en ella después
de, eso, ejem, de lo de anoche.



- ¿Oye, María, desde cuando toma antidepresivos?



- Desde que dejó a su marido, y se vino aquí. Hará unos 15
días.



- Quisiera hablar con su médico y elegir una estrategia para
ir quitándole esa medicación. Como medida de urgencia me parece bien, pero como
se acostumbre a eso ya no podrá dejarlos.



- En eso ya he pensado yo. Llamé al médico ayer y me dijo que
a la que la viéramos mejor que dejara de tomarlos, disminuyendo progresivamente
las dosis en 3 días. Yo, como esta mañana la he visto mejor ya he empezado.



- Bien. Y en cuanto a su vida, ¿Qué planes tiene?



- Está completamente empeñada en ponerse a trabajar limpiando
casas por horas.



- Pero si ella es auxiliar contable, igual que tu.



- Si, pero dice que lleva demasiados años sin trabajar de eso
y que nadie la iba a coger habiendo chicas jovencitas más preparadas y más
guapas.



- Esta noche hablaremos de eso con ella. Lo de más guapas lo
dudo mucho, y lo de más preparadas, eso lo podemos arreglar.



- ¿Qué quieres decir?



- ¿Te acuerdas de que cuando dejaste el trabajo por las niñas
dijimos que a la que crecieran un poquito y fueran al colegio volverías a
trabajar?



- Sí.



- Pero ahora, varias veces que te has animado a buscar
trabajo, a la postre te has visto poco preparada o falta de rodaje.



- Si, es que son 4 años sin trabajar.



- Pues mira. Resulta que me encontré en el aeropuerto con un
excompañero del instituto, Fernando. Pues bien, tiene una academia privada
concertada por el gobierno. El próximo mes empieza un curso de 3 meses
semipresencial de dirección y organización de empresa dirigida a contables que
se quieran reciclar. La mayor parte de las materias los alumnos las estudian en
su casa, y allí asisten dos días dos horas cada día para realizar prácticas y
repasar conceptos. No es muy caro, y yo había pensado que asistieras, solo que
no había tenido ocasión de contártelo. Pues asistís las dos, y ya está. Además,
tiene bolsa de trabajo, por lo que es muy fácil que al acabar tengáis alguna
oferta de empleo.



Se nos pasó la tarde hablando de esto, y de lo otro. Mi mujer
estaba especialmente ilusionada en lo del curso, poderse reciclar, y que lo
pudiera hacer su hermana también. Estábamos un poco preocupados por si
aceptaría, pero había que intentarlo.



Acordamos que para que no estuviera mi cuñada sola en el piso
de abajo, en la habitación de invitados, compraríamos una cama, una mesita y un
armario sencillo y le habilitaríamos el cuarto de la plancha (que estaba
prácticamente vacía) como su habitación. Así estaría con nosotros, y además
tendría el baño cerca.



Cuando regresó Mi cuñada con las niñas estaba contenta,
feliz. Se lo había pasado en grande con sus sobrinas. Eso la había hecho
sentirse útil y bien consigo misma. Y además, según me enteré luego por mi
mujer, un "bondadoso" albañil le grito desde arriba el andamio alguna cosa
relativa a un polvo que presuntamente le echaría, y eso la había hecho sentirse
alagada.



Por la noche cenamos todos juntos, tranquilamente, y
acostamos a las niñas, tras lo que yo inicié la conversación:



Pepe: Berta, quiero que sepas que para nosotros eres una más
de la familia y nos gustaría que te quedaras con nosotros una larga temporada.
Me gustaría que sintieras que esta es tu casa.



Maria: Pepe y yo hemos hablado y, si te parece bien, mañana
mismo podemos ir a comprar una nueva habitación para ti. Te instalarás en el
cuarto de la plancha. ¿Qué te parece?



Berta: Muchas gracias, no se que decir



Pepe: Pues di que sí. Otra cosa me gustaría comentarte,
Berta. María me ha dicho que tienes intenciones de empezar a trabajar.



Berta: Así es.



María: Voy a empezar un curso de dirección y organización de
empresas dirigido a contables que se quieran reciclar, o sea, nosotras. ¿Por qué
no vienes conmigo?



Berta: Eso va a costar mucho dinero, y ya vais a comprar una
habitación. No puede ser, sería un abuso. Yo tengo que trabajar, comprar mi ropa
y pagar mis gastos. Mi habitación la pienso pagar yo, pero a esto ya no llego.
No puedo pagarme ese curso, y no quiero que lo hagáis vosotros. Me pondré a
limpiar casas inmediatamente.



Pepe: Esto no es así. Eres una más de la familia ahora mismo,
y en la familia no hay balances debe/haber. Olvídate de todo esto. Con el
viajecito este de marras mi jefe me va a pagar entre la compensación por el
viaje y la prima por acabar antes el equivalente a 4 meses de sueldo. Podéis
hacer el curso, podemos comprar tu habitación, y no se hable más.



Berta se echó a llorar, pero de felicidad. Nos abrazamos los
tres y nos fuimos a dormir.



Al día siguiente, compramos la habitación de Berta, todos
juntos, incluso con las niñas. En los días siguientes mi mujer y Berta compraron
ropa para mi cuñada, trajeron su habitación, se instaló en ella y empezaron el
curso. No pasó nada digno de contar, excepto que mi cuñada dejó de tomar
antidepresivos y estaba muy feliz. Yo hacía el amor con mi mujer, incluso varias
veces al día, fue espléndido, pero para no repetirme no lo contaré.



Solamente es interesante lo que pasó por la noche una semana
después de mi llegada. Estábamos acostados, y yo estaba ejerciendo mi derecho
conyugal. O sea, que me estaba follando a mi mujer, vamos. Estábamos muy
cansados, por lo que no hicimos ningún numerito especial. Le lamí un poco el
coño, y después nos pusimos estilo misionero. El final de todo esto fue del
siguiente modo:



- Pepe, pepe, me corro, me corro, Ahhhhhh, Ohhhhhh siiiiiiii,
siiiiii



- Yo tambien me corro cariño, siiiiiii, ohhhh, los dos juntos
ohhhhhh, ahhhh



[ ….. ]



[ ….. ]



- Ahhhhhh



Ese suspiro, fue de Berta, pues nosotros dos en ese momento
estábamos abrazados en silencio. No pudimos evitar reírnos un poco.



- Pepe: Maria, tu hermana …



- María: Calla marrano. Ella también tiene derecho, ¿no?.



- Pepe: Si, claro, si yo no digo que no. Pero, ¿no será que
nos estaba escuchando?



- María: Quizás. Pero algo tendrá que hacer la pobrecita,
¿no?



- Pepe: Pero a base de deditos, no se si aguantará mucho. Ya
sabes, cuando se ha probado la ternera, la ensalada sabe a poco.



- María: ¡Que bruto que eres! Pero creo que tienes razón. En
fin.



- Pepe: Buenas noches cariño.



- María: Buenas noches.



Ese día cambió algo. Ella nos escucho, se masturbó al mismo
tiempo que nosotros y no se reprimió de gemir de gusto (así se lo confesó a mi
mujer). Simplemente tenía tal calentura que no pudo aguantarse.



En días sucesivos mi cuñada estaba más nerviosa, más
irritable. Tenía altibajos de humor. Un mes después de mi llegada, era sábado,
estábamos viendo una película por la TV antes de acostarnos. Las niñas dormían.
La película estaba por la mitad, poco más o menos, y empezaron los anuncios. En
fin que os voy a contar. No se como será en Latinoamérica, pero en España cuando
dan anuncios a la mitad de una película te da tiempo de ir al lavabo, de
ducharte, de cocinar, de escribir una ópera, de aprender latín, de hacer encaje
de bolillos, en fin, para todo.



Yo y mi mujer nos fuimos a la cocina a beber agua, y mi
cuñada se fue para arriba. Cuando pasaba la vi muy turbada, pero no le di mayor
importancia. Al poco rato, mientras bromeábamos con mi esposa por el tamaño de
mis pies (tengo los pies grandes la nariz grande, y el pene … normal, que se le
va a hacer, no todo puede ser grande), simplemente me obligo a subir a nuestro
cuarto. Me había comprado unas zapatillas para estar por casa y me las quería
enseñar (de ahí el tema de mis pies).



Cuando nos acercábamos a las habitaciones dejamos de hacer
ruido y de hablar para no despertar a las niñas. Y cuando pasamos por el lavabo,
oímos:



- Ahhhhhh, Ohhhhhh, Pepe, cuanto te necesito, ohhhhhhhh,
ahhhhhh, házmelo otra vez siiiiiiiiiii, ohhhhhhh, me corro, me corro,
Ohhhhhhhhhhh, Ahhhhhhhh.



Cogí a mi mujer de la mano y nos fuimos zumbando para abajo.
Nos sentamos en el sofá y hicimos como que no había pasado nada. Intenté hablar
sobre el tema con mi mujer, pero me hizo callar. Tenía razón, era un tema muy
serio y había que hablarlo con calma.



Cuando apareció mi cuñada, estaba más relajada (como no).
Procuramos actuar con normalidad. No pude evitar echarle un vistazo. ¡Quien la
ha visto y quien la ve! Antes parecía un madre de la revolución iraní (Ya
sabéis, la moda Ayatolá Homeini). Y ahora… Vestía un pijama de verano de
pantalón corto y tirantes. Llevaba sujetador, no os vayáis a pensar, y el
pantalón era corto, pero de los que llegan justo arriba de la rodilla estando de
pie. No se trata de la carne que estaba visible, sino del porte de ella. Entre
la gimnasia, la dieta (más que dieta, orden en el comer, no pastelitos, si fruta
y verduras) y que la ropa estaba elegida con precisión militar (buena es mi
mujer para esto), estaba preciosa. ¡Que tetas, que culo! La hubiera desnudado al
instante. Además, ella es rubia, muy rubia. ¿Tendría rubio el chumino? Nunca
había visto uno rubio en carne y hueso. Bueno, en realidad solo había visto dos
chuminos el de mi mujer y el de una novia que tuve en la universidad. Cuando se
sentó, le quedaron al aire casi todos sus muslos. ¡Que buena estaba!



En fin empezó la película: (16 minutos 13 segundos 43
décimas). Lo siento, pero cronometro el intermedio. Siempre lo hago. Y no es
broma, es lo que duran los anuncios. Cuando acabó la película nos fuimos a
dormir. Bueno, a la cama, lo de dormir…



- Buenas noches Berta



- Buenas noches cuñadita.



- Buenas noches parejita.



Ya en la cama, y hablando en susurros (para que no nos oyera
Berta):



- Pepe: María, esto no puede seguir así. Sufro por tu
hermana. Está muy mal. Me imagino que ahora que ve en nosotros que es posible
una convivencia, pacifica, buena, enriquecedora y sexualmente interesante, ella
lo hecha de menos. Y más al haber comprobado ella misma lo que es una buena
ración de sexo. Lo digo con total seriedad, incluido esto último.



- María: No, si ya te he entendido. Yo también estoy
preocupada. Está peor de lo que te imaginas. Yo la he pillado masturbándose la
tira de veces. Siempre es después que tu la besas, le gastas alguna broma, o
tienes alguna gentileza con ella. No es que me parezca mal que se masturbe. Pero
es que va a acabar desquiciándose.



- Pepe: Ahora mismo seguro que ya está otra vez con su dedito
dale que te pego. Me sabe mal. Yo la animaría a buscarse un novio, pero creo que
es peor el remedio que la enfermedad.



- María: Ni se te ocurra lo de buscarle novio. Yo no se que
ha pasado con los hombres buenos, comprensivos, caballeros, amables, sexualmente
altruistas, altruistas en general, inteligentes.



- Pepe: Cariño, ¿existen tales personas?



- María: Si que existen. Yo, bueno, no es que lo haya
encontrado, no te vayas a creer, pero tu eres bastante apañadito. Pero siguiendo
con lo que decía, los hombres … Los HOMBRES, en mayúsculas, de la edad adecuada
para ella, ya están sentimentalmente comprometidos. La mayor parte de los
hombres disponibles de esa edad no buscan a una persona para compartir cosas.
Busca tres agujeros donde hundir su polla.



- Pepe: Me gustaría negarlo. Pero creo que tienes razón.
Mientras hablabas estaba repasando todos mis amigos y compañeros de trabajo. No
sería capaz de seleccionar a ninguno para ella. Pero es que, suponiendo que
pudiéramos seleccionar a alguno, entonces ¿Qué hacemos? ¿De celestinos?



- María: Naturalmente que no. En cuanto a hacer que se vaya a
vivir sola, solo pensarlo me irrita. Es desleal, cobarde. Nosotros a ser felices
y ella a pudrirse triste y sola.



- Pepe: No se puede ir de ninguna manera. Además, somos muy
felices los cinco juntos. Incluso al combinarnos los tres las cosas del hogar y
el cuidado de las niñas, es mucho mejor. Creo que tú tienes un gran apoyo
estando ella y las niñas están encantadas con su tía. Y yo, la verdad, me gusta
su presencia. Creo que es una buena idea que esté aquí, y me gustaría que fuera
feliz. Pero, y el amor. ¿Cómo cubrimos su necesidad de amor de un hombre, que la
quiera a ella?



- María: Mira Pepe, yo no he hablado con ella directamente de
esto. Pero ya sabes que tengo muchísima confianza con mi hermana. Por
conversaciones que he tenido, he notado que te adora. Tú la valoras, la mimas,
bromeas con ella. Como haces conmigo y las niñas, pero ella no estaba
acostumbrada a esto. No solo esto, el curso nos va bien, seguramente la semana
que viene ya podremos iniciar las prácticas en una empresa. Tu la ayudaste a
iniciar el curso, y la estas ayudando con algunas materias como con la
informática. Además, le has estado llevando todo el tema del papeleo para el
divorcio. Está encantada. Y encima, cuando le hiciste el amor por error, fuiste
dulce, apasionado, cariñoso, y un poco (lo justo) guarro. La tienes muy
satisfecha (en el sentido moral y físico). Ella debe estar enamorada de ti.
Estoy convencida de esto.



- Pepe: Menudo problema. Pues ya me dirás que vamos a hacer.
No me interpretes mal, Tu hermana es una buena chica. La encuentro simpática, es
agradable y fácil convivir con ella. Incluso te diría que me resulta atractiva.
Pero yo estoy casado contigo. Y te quiero a ti.



- María: Mira Pepe, yo te quiero un montón. Pero piensa, tú y
yo queremos que mi hermana sea feliz, ¿Verdad?



- Pepe: Ciertamente.



- Maria: Pero vemos poco probable que lo sea con algún novio
que pueda encontrar, ¿no es cierto?



- Pepe: Así es.



- María: Por otro lado, no podemos dejarla de mera
espectadora de nuestra felicidad, tanto si se queda con nosotros como si se va,
¿no es así?



- Pepe: Por supuesto.



- María: Entonces solo queda una solución. Yo he pensado en
ello, y aunque es inverosímil me parece una solución justa y buena. Y
beneficiosa para todos, incluso para mí.



- Pepe: Me tienes intrigado. ¿De que se trata?



- María: Berta debe participar de nuestra felicidad. Debemos
ser una sola familia. Debe integrarse en nuestro matrimonio.



- Pepe: María. No se si te estoy entendiendo.



- Pepe: Quiero que tú seas el marido de las dos.



- Pepe: ¡Coño!



Es la única expresión que me salió. Realmente era la única
solución buena para todos. Pero no estaba muy seguro del final de todo esto.



- María: Pepe, ya se que te has sorprendido, pero dime que
piensas.



- Pepe: Pienso que después de todos estos años yo sigo
enamorado de ti. Te quiero. Por eso me casé contigo, y por eso seguimos juntos.
Pero yo no estoy enamorado de ella. Ella tiene derecho a que la quieran y la
deseen.



- María: Pepe, no me negarás que cuando se ha sentado en el
sofá te has mirado a mi hermana de arriba abajo.



- Pepe: Si, es verdad. Pero …



- María: Espera, no me interrumpas. La mirabas con ojos de
deseo, no lo niegues.



- Pepe: Esto, … vaale, sí, de acuerdo, es cierto. Me la
miraba con deseo. Pero ha sido por lo que acababa de pasar. Me la imaginaba
acariciándose, y …., bueno, eso.



- María: Así que lo de sentirse querida y deseada, pues ya lo
tenemos resuelto en un 50%. En cuanto a lo de sentirse querida. Respóndeme con
honradez. ¿No es cierto que estás muy a gusto con ella, que te ríes con ella
tanto o más que estando conmigo, y que estas tremendamente preocupado por ella?



- Pepe: Si es cierto, pero eso es un amor de amigo, no de
pareja.



- María: Pepe, vamos a callarnos y nos acostamos. Medita en
todo esto. Analiza tus sentimientos. Si crees que puedes llegar a quererla como
a mí, hoy, o mañana, o cuando lo decidas, dímelo. Entonces yo hablaré con ella y
arreglaremos esto. Si después de un tiempo prudencial sigues indeciso entonces
tendremos de tomar otra solución.



Estuve pensando durante varios minutos. Hasta que nos
interrumpió un gemido de Berta:



- Ahhhhhh, Ohhhhhh, siiiiiiiii.



Entonces lo vi todo claro. Había empezado a quererla, no ya
en el plano platónico, de amigo, si no también como hombre. Me convenció de ello
el oírla como se corría. Este hecho simplemente me había hecho sentir mucha
ternura hacia ella. Deseaba hacerle el amor, darle yo ese gusto y goce, poseerla
y hacerle notar mi amor y deseo por ella. Todos estos sentimientos me habían
invadido como un flash al instante de oirla gemir. Al liberarme mi mujer de la
atadura moral que me reprimía, lo había visto claro en cuanto la oí gemir. La
quería mucho, mucho. Mucho más de lo que se quiere a una amiga, y de un modo
distinto. Algo que me reforzaba en este sentimiento es que no soportaba la idea
de que otro hombre la tuviera. Había de ser mía, pues no la deseaba con nadie
más. Tenía que explicarle todo esto a mi mujer:



- Pepe: María, sinceramente: Te quiero mucho. Esto altruismo
y buenos sentimientos hacia tu hermana solo me aumentan mis sentimientos hacia
ti. Pero tengo que decirte que me he enamorado también de tu hermana. Estoy
seguro de ello.



Le explique cuales eran mis sentimientos. Ella se alegró
mucho, nos abrazamos, sin palabra mientras nos asaltaba la felicidad.



- María: ¡Que bien cariño! Voy a hablar inmediatamente con
ella.



- Pepe: Ahí te equivocas. Cuando un chico quiere a una chica,
se le tiene que declarar personalmente. No valen las celestinas.



- María: Cariño, eres un romántico. Tienes razón. Pero si tú
hablas con ella, y yo no, ¿Como sabrá que yo estoy de acuerdo?



- Pepe: Es que hemos de ir los dos. Ella, de algún modo se
casa con los dos. Mira vamos los dos, tu estás allí, yo le confieso mis
sentimientos, y entre los dos le expresamos nuestro amor y esperanza de que
formemos todos juntos una familia.



Aceptamos esa fórmula, pues era la más lógica y razonable.
Salimos los dos, llamamos a la puerta de Berta. Pasó un rato y no respondía.



Maria: No responde. Hemos de hablar de esto con ella. Vamos a
entrar.



Pepe: ¿Estás segura? A ver si se ha dormido.



María: ¿Cómo quieres que se haya dormido? La hemos oído hace
2 minutos.



En esos momentos Berta venía del lavabo. Lógico, después de
sus deditos había ido a lavarse:



Berta: Hola. ¿Sucede algo?



Pepe: Sí. Queremos hablar contigo.



María: Tenemos algo que decirte. Por que no pasamos todos a
nuestra habitación. Allí la cama es grande y estaremos mucho más cómodos.



Entramos y nos sentamos en la cama.



Berta: ¡Qué intrigante! ¿Que es lo que sucede?



Pepe: Berta, veras. María y yo hemos estado hablando de ti.
Estamos muy a gusto contigo. Somos felices de compartir nuestras vidas contigo.
Te has integrado muy bien a nuestra convivencia, a nuestros quehaceres diarios,
y eres ya muy querida por tus sobrinas y nosotros dos. Esto es así hasta el
punto de que no quisiéramos que te fueras nunca. Te queremos. Yo te quiero
mucho, y por supuesto tu hermana también.



Berta: Muchas gracias. Es muy halagador. Yo también os quiero
mucho.



Pepe: Ya lo sabemos. Eres muy buena y cariñosa. La pregunta
es, ¿de que clase de amor estamos hablando?



Esperé unos segundos antes de continuar. Ella me miró a mí y
a su hermana. Su semblante ante mi pregunta había adquirido una expresión de
gozo contenido. Como de alguien quien intuye que le van a decir algo que le va a
encantar.



Pepe: Berta, María y yo no queremos que encuentres el
compañerismo, el amor de pareja, a tu amante y amigo fuera de nuestra familia.
Queremos que encuentres todo eso, y tu plenitud en nuestra familia. Berta,
queremos que te cases con nosotros dos, que seamos un matrimonio de tres.



Antes de que acabara, Berta ya se había puesto a llorar y a
reír a la misma vez. Temblaba. Nos miraba, con los mofletes colorados. Yo la
cogí de la mano, y María le cogió la otra. Nos mirábamos los tres. Era un
momento dulce, sublime.



Berta: Eso que estáis diciendo es maravilloso. Pero yo no
quiero abusar de vuestra hospitalidad. Y además, yo no me puedo casar, pues aún
no tengo el divorcio.



María: Ahí demuestras que no lo has entendido. No se trata de
que nosotros compartamos todo contigo y de que seas nuestro huésped
privilegiado, prestándote incluso el marido. Se trata de que Pepe sea mi marido
y el tuyo. Seremos una familia de tres.



Berta: Pero esto no es posible.



Pepe: Sí que lo es. Obviamente esta situación no se puede
plasmar en una boda pública, pero podemos perfectamente plasmarlo en un acuerdo
personal entre nosotros. Yo quisiera que conviviéramos en felicidad todos
juntos, en buena armonía y compañerismo, amarte y hacerte gozar.



María: Yo siento lo mismo. Me agrada, e ilusiona todo esto.
Que estés con nosotros y no con nadie más.



Berta: Es muy bonito todo esto que me planteáis. Pero no se.
Además, aun no estoy divorciada.



Pepe: Aunque estuvieras ya divorciada, no podríamos hacer
nada con eso, pues en todos los países civilizados está prohibida la poligamia.
No es que sea delito que convivamos los tres, pero no hay forma de obtener
reconocimiento legal a ese tipo de unión. Por lo tanto no es necesario a esperar
a ningún divorcio. Lo que sí podemos hacer es realizar testamentos y documentos
de voluntad anticipada donde legalmente los tres tengamos los derechos de
cualquier matrimonio, incluido los temas de pagas de viudedad y custodia de
hijos.



María: Pero todo esto es muy complicado, y no toca hablar de
esto ahora. ¿Berta, nos quieres? ¿Quieres vivir con nosotros? ¿Quieres que
compartamos todo? Esto es lo único que importa. Lo demás ya se arreglará de una
u otra manera.



Pasaron unos instantes en los que nos quedamos en silencio,
mirándonos, los tres cogidos de la mano. Las miradas eran dulces, y la
respiración de los tres denotaba cierto nerviosismo. Berta, nos soltó la mano, y
nos cogió de la mejilla, a los dos, en una caricia muy dulce. Nos miró fijamente
y exclamo:



Berta: ¡Sí quiero!, ¡Naturalmente que quiero!



Reímos de felicidad. Se acercó a mí y me besó. Estaba todo
dicho. No fue un beso apasionado, sino cariñoso, de amor infinito. Durante ese
beso yo simplemente le pase la punta de la lengua de forma muy ligera por sus
labios. Al separarse, se sonrió, y me dio un nuevo beso donde ella me hizo lo
mismo con su lengua. Inmediatamente después de eso besé del mismo modo a mi
mujer.



Tras eso las dos hermanas se quedaron mirándose. Estaba
claro, que debían besarse, pues éramos una unión de tres. Así lo entendían
ellas. Se miraron, primero con miedo de que la otra no estuviera dispuesta.
Cuando por sus miradas y ojos vieron que las dos sentían lo mismo, que no había
ya más trabas se sonrieron y se acercaron.



Si nunca habéis visto besarse a dos mujeres de cerca, pero no
en una exhibición porno, sino de dos mujeres que se quieren de verdad, es una de
las cosas más eróticas que sin duda he presenciado. Se besaron del mismo modo
que yo a ellas. Pero cuando se separaron, mi mujer se abrazó a su hermana:



María: Berta, ¡te quiero tanto! ¡Me has hecho sufrir tanto!
Por fin seremos felices juntos.



Se volvieron a besar, pero esta vez ya había pasión. Mi mujer
abrió sus labios y Berta los suyos. Y entrelazaron sus lenguas, se abrazaron con
fuerza. Yo empecé a acariciarles la espalda a las dos, por debajo del pijama.
Acabé fundido en su abrazo, besándolas. Eran besos a dos, a tres. No podría
especificar quien se besaba con quien, ni quien hospedaba la lengua del otro en
su boca. Solo se que durante mucho rato estuvimos besándonos, abrazándonos con
fuerza. Casi desde el principio yo empecé a frotarme contra ellas, y ellas
contra mí, y entre ellas dos.



Después de un buen rato de esta guisa, ellas estaban frente a
frente, abrazadas. Yo estaba detrás de Berta, abrazándolas a la dos a la vez.
Estábamos los tres vestidos. Yo frotaba fuerte mi pene, ya completamente erecto,
en el canalillo del culo, por encima del pijama de Berta, arriba y abajo. Ella
sacaba el culo al máximo, y tenía la cabeza apoyada en el hombro de su hermana.
Jadeaba suavemente. Y además de todo eso, yo me estaba besando con mi mujer, que
quedaba frente a mí. Que placer.



Estábamos como sincronizados. En un momento dado entendimos
que la que ahora merecía notar mi virilidad era mi mujer, por lo que me di la
vuelta, las abracé desde atrás de María a las dos nuevamente, y empuje fuerte mi
pene en el lindo culito de mi mujer, por encima de su pijama, en su canalillo.
Lanzó un gemido que denotaba ya su mucha excitación, mientras yo le introducía
la lengua en la boca a Berta.



Ya hacía rato que nos sobraba la ropa, por lo que aflojamos
el abrazo y empezamos a quitar prendas, con prisas, pero con dulzura. Ya que
tenía a mano a mi mujer yo le bajé el pantalón del pijama y sus braguitas, a la
vez. Al momento, un suave aroma a hembra que emanaba de su chochito impregnó el
ambiente. Me encanta el olor del sexo de mi mujer. Huele bien, muy bien. No
vayáis a pensar mal, lo tiene limpio, limpísimo. Pero huele, huele de maravilla.
No pude evitar meterle la puntita de mi dedo índice, mojarlo bien en su rajita
para luego degustarlo.!



Tenía su rajita empapada, ¡que cantidad de flujo! Al notar mi
dedo se puso a temblar, a suspirar. Se abrazó fuerte a su hermana y empezaron un
nuevo morreo. Al verla así, le metí mi dedo hasta el fondo, despacio pero
firmemente. Mi mujer suspiraba:



Ohhhhhhhhh, siiiiiiiiiii. Ohhhhhhhh, ¡Que bueno!



Extraje el dedo, lentamente, mientras mi mujer no paraba de
temblar y gemir. Una vez extraído, chupe bien mi dedo, saboreando a mi mujer. Le
di una palmadita en su nalga y la hice acostar en la cama. Ahora me dirigí a mi
cuñada. Le bajé lentamente su pantalón y su



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Relato: Mi cuñada, mi mujer y yo
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