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Relato: Adela (1)





Relato: Adela (1)

- ¡Sí! ¡Dios, Eva! ¡Qué gusto!- no lo podía creer, Eva
Santolaria, mi actriz favorita, me estaba chupando la polla. ¡Y qué bien lo
hacía!. No sabía como había ocurrido pero allí estábamos los dos desnudos y ella
haciéndome una felación como una experta.- ¡sí! ¡Ah!- me estaba llevando a otro
mundo, entre las neblinas del placer. Yo estaba disfrutando como nunca, Eva, mi
Eva, la gran y atractiva Eva me estaba chupando la verga.


De repente abrí los ojos. Estaba en mi habitación,
decididamente había sido un sueño, pero alguien había debajo de las sábanas
chupándome el miembro. No la veía, pero lo hacía muy bien. De repente, retiré la
sábana y me encontré a mi hermana a cuatro patas, con mi pene en su boca y su
mano derecha en su vagina.


- ¡Adela! ¿Qué coño haces?- ella se levantó, poniéndose de
rodillas, encima de la cama, lo que me permitió ver que sólo vestía unas
braguitas que se veían muy mojadas. Sus pechos eran literalmente perfectos, ni
grandes ni pequeños, y a sus catorce añitos, tenía un cuerpazo para el delito,
rubia, ojos marrones, y una carita de niña que no se la quitaban ni con
estropajo.- ¿Qué mierdas te creías que estabas haciendo?


- Chupándote la polla- me dijo con una sonrisa entre pícara y
divertida.- y además, parecía que te estaba gustando mucho.


- ¡Vete a la mierda! Y ahora, sal de mi habitación antes de
que llame a los papás y aquí se arme una buena.- le dije señalándole la puerta.


- ¡Ah, ah!- me decía que no con la mano.- Los papás se fueron
anoche. Y sólo estamos tú y yo.


- Y tú no tienes otra que ir al cuarto de tu hermano y
despertarlo chupándole la polla ¿No?- le dije mientras me vestía con algo de
ropa. Me ponía muy nervioso estar desnudo frente a mi imponente hermanita. Tenía
dos años más que ella, lo que conllevaba dos años más de hormonas congregadas, y
si ella había demostrado tener para repartir, su hermano, o sea, yo, no era
menos. Como pude me guardé la erección en el pantalón, y me volví hacia ella


- Y tú, la próxima vez que entres en mi habitación, lo haces
para pedirme un lápiz, y no para chuparme el rabo ¡Puta! Si no te puedes
calentar tú sola te coges una de las pelis porno de papá, que ya sé que sabes
dónde están.- No quería parecer demasiado perturbado por la visita, así que me
comporté como si me hubiera quitado algo, indignado, pero no enfadado ni
violento.


- ¡Jo! ¿Por qué no me quieres?- se acercó a mí para darme un
abrazo. Hábilmente la esquivé por que si me abrazaba tenía casi el 100 % de
posibilidades de que notara que mi pene estaba a punto de estallar.


- Y otra cosa, cuando entres en mi habitación, te pones algo
de ropa. No sé, un hábito de monja, un vestido de princesa, o un puto cinturón
de castidad, ¡Joder!


- ¡Vete a la mierda!- me dijo, empezando a hacer pucheros, y
se fue corriendo a su habitación.


"No conseguirá hacerme sentir culpable", "No conseguirá
hacerme sentir culpable", me lo repetía una y otra vez mientras me preparaba
algo de desayunar. Pensé en hacerme un café, pero ya estaba bastante nervioso
como para necesitar ayuda externa. Así que cogí el brik de leche, el paquete de
cereales y busqué un vaso o un bol limpio.


- Ni uno. ¡Joder!- mis padres llevaban menos de quince horas
fuera de casa y yo ya necesitaba de la mano de mi madre para arreglar todo ese
desbarajuste. Nos habían dejado solos en casa, después de más de dos meses de
"Papá, ya no soy un crío" y de "Mamá, puedes dejarnos solos sin miedo". Al
final, yo lo había conseguido. Ellos se habían ido a pasar un fin de semana
romántico y yo me había quedado con la loca de mi hermana. Se suponía que debía
cuidar de ella, y lo primero que había hecho había sido hacerla llorar. Sí,
vale, me había chupado la polla, pero joder si no me sentía culpable. Al fin me
armé de valor y fui a su habitación. Estaba tumbada en la cama, boca abajo y
ahogando sus lloros (seguro que falsos) en la almohada. No me había hecho caso y
seguía vestida sólo con esas braguitas. De repente me sorprendí imaginándome
cómo tendría lo que tenía allá debajo. ¡Mario, joder, es tu hermana! Me lo dije,
pero no surtía efecto. En mi cuerpo comenzaron a batallar mis dos seres, el
racional dominado por la cabeza, y el pasional dominado por la otra cabeza.
Antes siquiera de tocarla me decidí ir a dar una ducha fría que esperaba mandase
a mi segundo ser a las profundidades de mi pensamiento.


Me desvestí y puse el agua todo lo fría que se podía.
Cogiendo aire me metí debajo del chorro y no pude ahogar el grito que me causó
el agua fría. Parece que mi pene cogió la indirecta por que el grueso del
ejército de pollalandia tocó a retirada. Cuando mi parte racional se adueñó de
todo el territorio, pude calentar más el agua para no coger una pulmonía
crítica. De repente, oí un jadeo que venía del pasillo, me giré y lo siguiente
que oí fueron unos pasos rápidos alejarse mientras veía la sombra de mi
hermanita correr por la puerta entreabierta.


- ¡Será puta!- salí de la ducha, sin acordarme que tenía el
pelo enjabonado, y no fue hasta salir cuando lo vi en el espejo.- ¡Joder!- me
volví a meter bajo el chorro , pero ahora sólo la cabeza, mientras veía los
regueros de champú caer rodeando mi cara. Estaba con medio cuerpo fuera de la
ducha, completamente desnudo, y el otro medio recibiendo el chorro de agua,
inclinado hacia delante, cuando sentí una mano que me daba un manotazo en el
culo, y oía la risa de mi hermana y otra vez esos pasos rápidos dirigiéndose a
su habitación. Era sábado por la mañana, mis padres no volvían hasta el domingo
por la noche, y mi hermana me estaba volviendo loco de remate. "Se va a enterar"
me dije. Me vestí sólo la parte de abajo, y salí hacia el cuarto de mi hermana
con el torso desnudo.


- ¿te has divertido?- ¡Joder qué manotazo me había dado! Aún
me dolía el culo. Adela estaba sentada en la cama, con una sonrisa de oreja a
oreja y- por fin- con un camisón rosa que, aún bastante sugerente, ocultaba sus
bonitos pechos de mi vista.


- ¿Mi hermanito se ha enfadado por que le he dado un
cachetito en el culete?- habló con una voz infantil y llena de sorna.


- Adela, papá me ha dado poder para castigarte si hacías algo
malo, y yo veo esto muy malo.


- ¿Y qué vas a hacer, darme unos cachetes en el culo?- dijo,
poniendo su culo en pompa. Bueno, había pensado dejarla encerrada en su cuarto,
pero en ese momento, lo que dijo me pareció una buena idea, y una buena idea
nunca llega demasiado tarde.


- Pues mira sí.- la cogí en brazos, y me senté en la cama.
Agradecí que mi hermanita estuviera delgadita, por que si no, no habría podido
con ella. La puse encima mío, mirando boca abajo, y sólo cuando la tuve encima
comprendí que había cometido el mayor error de mi vida. Para darle cachetes en
el culo al estilo de la vieja escuela, su entrepierna tenía que ponerse justo
encima de la mía, lo que, viendo su culito respingón, me llevó a un problema
bastante gordo. Mi polla estaba volviendo a replegar fuerzas así que intenté
darle los manotazos lo más rápido que pudiera. Grave error. Al primer manotazo
ella pegó un grito como las actrices porno cuando se corren, lo que llevó a mi
pene a su máxima expresión.


Adela lo notó, y me miró con una sonrisa en la cara, desde
allí donde estaba. Viendo que ya l situación no tenía puto arreglo, decidir dar
el todo por el todo y darle una buena tunda a la vieja usanza. Así pues, le
levanté el camisón para dejar al descubierto sus bragas, y bajé éstas para
poderle dar bien en el culo. Tercer grave error de la mañana, además de su culo,
la entrada a su vaginita también se veía desde mi posición, y la calma política
en el país de Mi Cerebro se fue al garete. Ding-dong. "Quién es" "Mario, soy yo,
tu polla Mario. Yo y los chicos hemos decidido que no te ves capaz de controlar
la situación, Mario. De ahora en adelante yo asumiré el jodido mando, Mario".
Todavía no sé por qué, pero mi polla tenía una voz muy parecida a la de Al
Pacino. En ese momento mi cerebro se acostó un ratito y mi parte racional se fue
de veraneo a las falanges de los pies.


Mi polla era un hervidero, y Adela parecía notarlo, por que
en cuanto le retiré completamente las bragas me manchó los pantalones con los
jugos de su sexo. Le saqué el camisón por la cabeza y lo tiré al suelo. Allí
estaba mi hermanita, desnuda y lasciva frente a mí. De repente se levantó,
mientras yo aún me quedaba sentado. Me cogió de las rodillas y me las separó. Me
agarró el pantalón y me lo desabrochó en muy poco tiempo (menos del que yo solía
necesitar incluso), me lo quitó muy despacito. Mi polla levantaba en un violento
ángulo mis calzones y Adelita me los bajó hasta los tobillos. Entonces clavó la
vista en mi pene, con una mirada de tigresa que me sobresaltó. Me empujó para
que me acostara en la cama y casi me abro la cabeza con la pared. Sin embargo,
el dolor no estaba en mí. De esas sensaciones (dolor, razón, moral, cordura...)
se encargaba mi otro yo. El hijoputa racional que había abdicado del poder para
dárselo a mi polla.


Me tumbé en la cama a lo largo, y ella se subió también a la
cama. Empezó a chuparme la polla delante de mí, pero yo la pedí que se girara
para poderle devolver el sexo oral. Cuando estuvimos en posición, comenzó el
espectáculo. Yo metía mi lengua en su estrecha vagina mientras ella me mamaba la
verga. Cuando ella sacaba mi polla de su boca y empezaba a jugar con su lengua
en la punta del capullo, yo le devolvía el gesto jugueteando con mi lengua en su
clítoris. Hacíamos el equipo perfecto, parecíamos estar completamente
sincronizados. Al cabo de treinta segundos, Adela empezó a jadear, cinco
segundos después los jadeos se convirtieron en gemidos, que le dificultaban la
labor de mamarme el miembro, con lo que decidió liberar su boca para dejar el
trabajo a su mano derecha, mientras la izquierda le servía de apoyo. Diez
segundos más tarde, Adela empezó a gritar.


- ¡Si! ¡Vamos, hermanito! ¡Va, va, va!
¡VAAAHAHHHHHAAHAHAHAAAAAHHHHH!- Adela vertió sus juguitos en mi boca, y yo los
mantuve allí. La cogí, la volteé y la obligué a besarme, así, compartiendo los
jugos de su sexo, rodamos por la cama hasta casi caernos.


- ¡Vamos a la de los papás! ¡Es más grande!- no me sorprendió
que fuera ella la que lo pensara, por que como ya todos ustedes saben, mi parte
racional parecía estar en otro mundo. Se bajó de la cama y salió desnuda hacia
la habitación de nuestros padres. Yo, como un caballo a una zanahoria, la seguí
hipnotizado, viendo como ese culito se movía y movía. Daban ganas de comérsela
¡Joder! Se tumbó en la cama, con las piernas abiertas, como si esperara a darme
un abrazo con ellas. Yo no lo pensé dos veces y me lancé sobre ella, haciendo
una especie de ‘salto del tigre’ desde tierra. Y casi, casi se la clavo en pleno
aire, pero fallé por poco. Entonces, con gran suavidad, se la introduje
suavemente por la vagina, y no me sorprendí al no tocar el himen.


- ¡Desvírgame Mario!- el grito estaba a medio camino de la
súplica y la orden.


- ¿Cómo que te desvirgue? ¡Si no tienes himen! ¡Tú no eres
virgen!


- ¡Oh, vamos! Me lo rompí con un consolador.


- ¿Y de dónde sacaste tú un consolador?


- ¿Y a ti qué coño te importa? ¡Desvírgame, hermanito!- No
hubiera creído que mi hermana fuera virgen. Para qué negarlo, era bastante
putilla, y siempre andaba con unos y con otros. Me sentí bastante afortunado el
saber que yo estaba desvirgando a mi hermosa hermanita y que... "¡Oh! ¡Cállate
Mario! Ya te dije que yo tomaba el control". Otra vez mi polla, que no se anda
con cursilerías. Bueno, a lo que estábamos. Mi verga entró en su concha, como
dicen los latinos, y Adela dio un grito de placer que llenó la habitación.
Empecé a follármela muy lentamente, subiendo poco a poco la intensidad. Mi
hermana gritaba como una loca, presa de múltiples orgasmos que la llenaban cada
vez más. Su vaginita empezó a desbordarse. Yo no podría aguantar mucho más, y
parece que Adela también lo sabía.


- ¡Dentro no! ¡Dentro no!- me decía entre grito y grito.-
¡Dentro NoooOOOOOOHHHHH!


- dentro sí, pequeña putilla.- ahora le venía el castigo,
sazonado con algún que otro orgasmo, pero castigo al fin y al cabo. La cogí de
las manos, y se las puse arriba de su cabeza. Ella intentaba zafarse de mí con
las piernas, pero no la dejaba- Dentro sí ¡Dentro sí! ¡SIIIIII!- descargué todo
el contenido de mis testículos en la vaginita de mi hermana. Me quedé un minuto
en esa pose, disfrutando de tener a mi hermana desnuda completamente a mi
merced. No podría moverse sin que yo le dejara, ahora era MÍA.


- ¿Por qué? ¡Imbécil! ¿Y si me quedo embarazada? ¡Estúpido!-
lo decía con más miedo que rabia, y no sé por qué, eso me excitaba.


- ¡Más te vale que no me toques más las pelotas!- le dije
mientras me despegaba de ella y me iba al cuarto de baño.- ¡Como me vuelvas a
desobedecer, te lo volveré a hacer! ¡Y cada vez tendrá más posibilidades de
acabar preñada antes de los quince! ¡Puta!- cuando llegué al cuarto de baño, me
quité rápidamente el condón que me puse mientras nos cambiábamos de habitación y
lo tiré al báter. Hice como que meaba (en ese estado de mi pene me hubiera sido
imposible, de tan tieso que lo tenía) y tiré de la cadena.


Cuando volví a la habitación Adela aún estaba tal y como la
dejé. Ahora sí que estaba seguro de que antes era virgen. Si no lo hubiera sido,
hubiera notado en falta los chorros de semen golpeándole las paredes de la
vagina. Extrañamente, mi polla había conseguido lo que mi cerebro no había
conseguido, dominar a mi hermanita. Me acerqué a su cuarto, aún desnudo y cogí
dos chanclas, de esas de ir a la playa, y se las puse a los pies de la cama de
mis padres.


- ¿Y eso?- me preguntó, señalando las chancletas.


- Eso va a ser la única ropa que vas a llevar en todo el fin
de semana. A partir de ahora, caminarás desnuda, comerás desnuda, verás la tele
desnuda y te ducharás con la puerta abierta para que yo pueda verte


- Pero Mario...


- ¡Ni peros ni OSTIAS! A partir de ahora me harás caso si
sabes lo que te conviene.- me encantaba esa sensación de poder. Mi parte
racional ya podía irse a tomar por culo. Mi polla había tomado el control y todo
me salía de puta madre. Adela se puso las chanclas y se fue a duchar. Dejó la
puerta abierta, de alguna manera, a ella también la excitaba todo aquello, por
que yo también iba a cumplir mis normas. Hasta el domingo por la tarde, en
aquella casa no habría ropa que valiese.



CONTINUARÁ, con lo que pasó hasta el domingo por la tarde.


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Relato: Adela (1)
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