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Relato: el boxeador i su tio





Relato: el boxeador i su tio



Alberto tenía 36 años, estaba viviendo en un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad desde que se había divorciado de su mujer hacía 7 meses cuando lo descubrió viendo porno gay en su laptop. Debido a este hecho, el juzgado de familia lo trato como a un degenerado imponiéndole una pensión con la que a duras penas daba abasto, e impidiéndole casi de hecho ver a sus hijos. Desde entonces se había concentrado en su miserable trabajo para evitar deprimirse por lo desdichada que era su vida. Sin embargo esto no había dado resultado en lo absoluto. Se sentía más solo que nunca tanto que inclusive había pensado en suicidarse.

Él siempre había sido gay, se había casado a los 25 años con la que pensó sería la mujer de su vida y por algún tiempo estuvo enamorado de ella siendo feliz al ver nacer a su primer hijo, pero a la verdad no se la puede ocultar, y pasados los años empezaron los problemas de pareja, infidelidades por parte de su mujer y la búsqueda de satisfacción sexual viendo porno por parte de él. Estaba escrito que algún día estallaría todo como una bomba de tiempo. Y cuando pasó Alberto se sintió sin fuerza para afrontarlo. Un día de tantos, de trabajo y depresión, recibió una llamada de su prima que aún vivía en el pequeño pueblo de Santa Clara. Después de hablar un rato y ponerse al día en sus vidas, la prima le confesó que el motivo de su llamada era para pedirle de favor que le diera posada a su hijo Berni, que era boxeador amateur, en la categoría de peso crucero, y había conseguido al fin un patrocinador para cumplir su sueño de convertirse en profesional. El nada más ocuparía posada por espacio de tres meses, y durante ese tiempo buscaría un trabajo para pagarle y ayudar con la renta y la comida. A Alberto la idea no le hizo mucha gracia, tenía como diez años sin ver al niño y no se sentía en condiciones de cuidar a un chaval de 18 años como su prima quería que lo hiciera, sin embargo el no estar solo y sentirse en una familia otra vez lo impulso a aceptar en un final el favor, no sin pensar en la idea de una ayuda económica que necesitaba urgentemente. A la semana, un domingo en la noche, llegó Berni en un viaje de bus de 18 horas. Alberto lo fue a recibir a la estación con un ánimo que desde hacía meses no experimentaba. Cuando el muchacho apareció a la distancia Alberto quedo sumamente sorprendido. Era un macho de 90 Kg., 1,80 metros de altura, con el pelo corto, al límite del rape, una sonrisa de confianza en sí mismo, cara de macho cabrío, e imagínense el cuerpo de un boxeador semi profesional pesado, con un paquete gordo. Todo un bombón de hombre Berni lo abrazó fuertemente y cuando lo tuvo al frente Alberto casi se desmaya al sentir el calor de ese toro aprisionando su cuerpo. Aprovechó para olfatearlo y conseguir algunas feromonas, a pesar del largo viaje su olor era dulce, a macho. Se quedaron hablando del viaje mientras tomaban un refresco en una tienda cercana. Entre más Alberto observaba a Berni, más guapo lo veía. El muchacho no podía estar más contento. Se encontraba a punto de empezar un gran capítulo de su vida, por primera vez en una ciudad grande y esto lo ponía ansioso, y para Alberto también lo hacía ver más guapo. Luego de refrescarse tomaron el bus de regreso a casa. Durante todo el trayecto Berni no paró de hablar, comentando desde las cosas del pueblo hasta lo que haría mañana. Era sin lugar a duda muy confianzudo y esto era del agrado de Alberto. Cuando llegaron a la casa Alberto le enseño el cuarto que sería suyo y que había acondicionado el día anterior, Berni quedo muy complacido y de inmediato se puso a acomodar sus cosas. Ya era algo tarde y a la mañana Alerto tenía que estar a las 7 en el trabajo por lo que se despidió y se fue a la cama. Estaba masturbándose imaginando como Berni le metía el rabo sin compasión cuando este, toco la puerta. - Oye tío, disculpa que te moleste, pero quería darme una ducha antes de dormir, y no sé dónde esta - No te preocupes pasa, está aquí en mi alcoba. Alberto rápidamente se acomodó para disimular su erección, al tiempo que Berni con el pecho desnudo pasaba con el paño en su mano listo para limpiar su hermoso cuerpo. Se duchó rápidamente y en cuestión de 10 minutos salió solamente envuelto en su toalla, activando la imaginación de Alberto. A el la parte del cuerpo masculino que más le llamaba la atención en un hombre era la espalda. Le gustaban anchas y fornidas, con curvas y hombros extensos para recorrer con sus manos, y la de Berni se llevaba el premio a la mejor que hubiera visto. - ya no te molesto más tío, buenas noches Y cerrando la puerta desapareció de la vista. Este, se quedó pensando gran rato acerca de lo que sentía, la atracción era demasiada, y tener tan cerca a un macho de tales características lo hacía sentirse excitado. Él nunca había estado con un hombre, pero desde siempre lo había ansiado, desde el día que se dio cuenta que era gay, por ahí de los 12 años, había hecho lo imposible para que nadie se diera cuenta, pensaba que si no hacía nada gay, con el tiempo pasaría el deseo y habría logrado vencerlo. Pero más bien ocurría lo contrario, y ahora con este hombre tan seductor y tan heterosexual, la vida solo prometía ponerse más dura. Se levantó a los 2 minutos para ir al baño, y ahí se encontró con la ropa sucia del muchacho. De inmediato tomo los calzoncillos color blanco tipo bikini y los olfateo profundamente colocándolos sobre su cara. El aroma que expedían casi le ocasionan un orgasmo, el saber que su nariz estaba en el sitio que hacía menos de 15 minutos ocupaba la verga del macho en cuestión lo calentó y en menos de 1 minuto, ya había botado toda la leche acumulada sobre su mano. Esa situación lo había hecho llegar al éxtasis, y se sintió feliz sabiendo que tendría para si toda la indumentaria intima de Berni. El primer mes pasó volando, Berni consiguió un trabajo como guarda de seguridad privado en un depósito de materiales de noche, dormía temprano en la mañana y el resto del día se lo pasaba entrenando en el gym arduamente para lograr competir a nivel internacional. El muchacho era desordenado por naturaleza, dejaba todo tirado en donde primero cayera y ante la falta de tiempo no recogía nada, por lo que le tocaba a Alberto andar detrás suyo ordenando la casa. Sin embargo esto no le molestaba, más bien le gustaba sentirse útil ayudando a Berni a lograr sus sueños, y también porque se sentía como la mujer de la casa ayudando a su marido que venía cansado del trabajo. También le lavaba su ropa y le ponía especial énfasis a sus calzoncillos, todos tipo bikini, olfateándolos siempre, y masturbándose cuando encontraba una manchita de semen. Los dos se llevaban muy bien, habían logrado mezclar sus vidas de manera perfecta y hasta el momento todo hacía clic. Todos los días Berni llegaba de entrenar como a las 5 p.m., ya para esa hora Beto, como él lo llamaba, estaba en casa. Rápidamente tomaba un baño y luego se tiraba al sofá a descansar y ver televisión. Llegaba hecho leña por el exigente entrenamiento al que se sometía, por lo que Beto le llevaba la comida adonde él estaba. Esta básicamente era la rutina todos los días, luego a las 8:30 p.m. salía hacia su trabajo y estaba de regreso a las 5 a.m. apenas Beto iba saliendo hacia el suyo, luego dormía hasta las 11:30 y ya a las 12 estaba entrenando fuertemente. Beto todos los días le dejaba hecho el almuerzo, que solo tenía que calentar, para chinearlo y que no se fuera a entrenar con la panza vacía, como acostumbraba hacer. Los fines de semana eran diferentes… tenía libre en el trabajo sábado y domingo por cuestiones de horario, así que aprovechaba los sábados para foguearse con otros boxeadores y subir su nivel. Los domingos eran sus días de descanso, normalmente se quedaba en casa viendo fútbol en la tarde y cumpliendo como el macho de la casa haciendo trabajos varios de reparación que eran necesarios en las mañanas. A Beto le gustaba delegar estas funciones en él ya que siempre había sido ágil con las manos y porque lo excitaba verlo trabajando como el hombre que era. Otros días aprovechaba su tiempo libre saliendo con sus amigos boxeadores o con los del trabajo, pero en general era un chico casero. Tiempo después, un día que estaban en casa viendo una película salió a colación el tema del divorcio. Siempre que Berni trataba de ahondar en el asunto para conocer las razones del fracaso, Beto cambiaba el tema y ágilmente evadía los cuestionamientos. Ese día fue diferente, habían estado tomando desde temprano y Berni seguía interrogándolo dispuesto a conocer la verdad – ¿Por qué no quieres contarme que fue lo que pasó? – A Beto le daba terror de decir la verdad y ahuyentar al muchacho, pero no quería engañarlo con falsas historias y quedarse callado ya no era una opción así que sacó fuerzas y se decidió a contarle la historia… – ósea, ¿tu esposa te dejo porque eres maricón? – Pregunto Berni apenas Beto terminó la historia con lujo de detalles – en palabras simples se podría decir que si – ¿y porque no me habías dicho eso antes? – bueno… no se… porque me da algo de pena – tranquilo tío que eso es más normal de lo que te imaginas, no tienes por qué sentirte menos, nada más te pido que no te vayas a enamorar de mi – dijo Berni en tono de broma para suavizar lo incomodo de la situación. Beto mintiéndole le dijo que él no era su tipo de hombre y que no le atraía sexualmente, solo para calmar al chico, que se sintió más aliviado. A partir de ese día las cosas cambiaron para bien, Berni bromeaba más a menudo con Beto cada vez que veían un chico guapo en la tele o en la calle. Beto por el otro lado también se sentía más relajado interactuando con Berni y esto ayudaba a la relación. Curiosamente también aumento el contacto físico entre ambos, Berni era por naturaleza un chico muy confianzudo que gustaba de jugarle bromas a la gente, y con Beto no era la excepción, a veces por lo pesado de las bromas y la devolución de estas por parte de Beto, el pasaba a lo físico haciéndole llaves tipo UFC que terminaban sometiendo al pobre Beto. A pesar de que muchas veces podía pasarse de concho, Beto amaba estos juegos y muchas veces los propiciaba solo por el contacto físico, amaba sentir encima suyo todo el peso de Berni aplastándolo y de vez en cuando también lograba sentir el paquete rozando sus piernas o espalda. Berni en su inocencia no hacía esto a propósito pero si amaba tener a alguien con quien jugar. A los 3 meses de haber llegado y pasado el tiempo acordado para su estancia, Beto le pidió a Berni que se quedara viviendo ahí el tiempo que ocupara. El muchacho por supuesto aceptó ya que se sentía de maravilla con las cosas como estaban. Por esa época también, tuvo su primera pelea seria, era por el título nacional de peso crucero y se sentía confiado de que iba a lograrlo. Beto estaba en las gradas viendo la pelea, llego apenas a tiempo debido a que el viaje era un poco largo y ese día tenía que trabajar. La pelea duró apenas 5 rounds, y el ganador por supuesto fue Berni que ganó por la vía del knock-out, él estaba celebrando con todo el equipo en el centro del cuadrilátero cuando divisó en las últimas filas a su tío y de inmediato le hizo un gesto para que se acercara y se uniera a la celebración. Beto por supuesto hizo caso y apenas estuvieron de frente Berni lo abrazó con todas sus fuerzas y llorando de felicidad le agradecía toda la ayuda dada. Beto estaba súper contento de vivir esos momentos con su amado sobrino, sabía del cariño que este le tenía y que obviamente el devolvía con creces. Ya cuando pasó la algarabía de la victoria, Berni invitó a su tío a la celebración y le pidió que no se separara de él. Todos los miembros del equipo se fueron con Berni hacia los vestidores, incluido Beto. Ahí dentro la alegría continuaba, todo el mundo se abrazaba y gritaba por la victoria conseguida, en total eran como 10 chavales, entre managers, preparadores físicos, masajistas, patrocinadores, otros boxeadores del gimnasio y Beto. Este último se quedó hablando con los miembros del equipo por unos minutos y cuando se dio cuenta Berni estaba como Dios lo trajo al mundo, debajo del chorro de agua, en frente de todos los presentes duchándose sin ninguna vergüenza con una sonrisa de felicidad que no se la quitaba nadie. Beto no pudo apartar la vista de aquella cosa tan bella, tuvo que poner su suéter sobre su regazo para ocultar la gran erección que le había causado la escena. Berni bromeaba con todos mientras su verga se balanceaba de un lado al otro, enfrente de todo el mundo. Era la primera vez que Beto lo veía desnudo y esto lo había hecho desearlo más. Tenía entre sus piernas una hermosa verga de 8 cm. encogida al máximo por lo frío del agua, de un color moreno oscuro, más que el de su piel normal, cubierta por un prepucio que ocultaba al glande en su totalidad, la verga en sí sobresalía por su grosor, a pesar de que en ese momento la andaba encogida, se podía notar que naturalmente era súper gruesa, con los vellos púbicos recortados y los huevos rasurados. Todo un manjar de verga que Beto deseaba tener en sus labios algún día. Por suerte el daño ocasionado por el otro boxeador había sido mínimo así que irían a celebrar de inmediato. Cuando Berni termino de ducharse salió en busca de su ropa que curiosamente se encontraba al lado de Beto, cuando este vio a su tío nuevamente se le iluminó la cara y gritando felizmente dijo: – ¡¡¡¡lo logramos tío, lo hicimos!!!! – y se le mandó a abrazarlo, así desnudo, como si no lo hubiera visto en 1 año. Berni honestamente en ese instante no se acordó de las preferencias sexuales de Beto y solo deseaba celebrar por todo lo alto la hazaña conseguida con una de las personas que más quería. Beto también lo abrazo con igual magnitud sabiendo que el muchacho estaba eufórico, pero nervioso de que este notara su erección. Cuando terminó el abrazo Berni procedió a vestirse. Él estaba de pie y Beto sentado enfocado solo en ese pedacito de carne que tanto deseaba y que tenía a centímetros de su cara. Era una hermosa polla sin lugar a dudas. Cuando estuvieron listos todos se fueron a un bar, de moda en la ciudad, donde estuvieron enfiestados hasta las 2 de la mañana. Luego fueron a un night club donde se quedaron hasta las 5 de la mañana y en donde entre todos le pagaron a la puta más guapa del lugar por cogerse a Berni… – espero que estés preparada porque tiene una semana sin soltar leche – fue lo que le dijo el manager a la puta cuando se lo llevaba a la habitación. Después de toda la fiesta, un amigo los fue a dejar a la casa, los dos iban completamente borrachos ya más dormidos que despiertos. Por ser domingo los dos pudieron dormir hasta tarde, apenas Beto se despertó empezó a recordar el hermoso cuerpo desnudo de Berni, y tuvo que masturbarse para bajar su erección. Apenas terminó se fue a duchar y luego fue a preparar algo de comer. Cuando paso por la habitación de Berni, noto que la puerta estaba abierta por lo que se acercó para echar un vistazo. Ahí está el muchacho con las sábanas en el piso cubierto solo por la delgada tela de su slip blanco que parecía no contendría su potente erección. Él se moría de ganas por ir y acostarse a su lado y liberar esa gran verga de su prisión de tela y mamarla hasta sacarle la leche. Pero sabía que esa no era una opción. Solo podía contentarse con ver y guardar en su mente esas calientes imágenes para la noche y masturbarse pensando en algo que nunca sería suyo. Siguió entonces adelante a la cocina, eran las 2 de la tarde, era un día de verano y la temperatura era como de 35 grados, el calor era insoportable, probablemente al rato Berni volvería en sí y estaría hambriento, por lo que decidió preparar de una vez su almuerzo. Dicho y hecho a los 15 minutos de estar cocinando Berni salió de su alcoba vestido aun únicamente con sus calzoncillos que no dejaban mucho a la imaginación… – ¿Cómo amaneció hoy mi campeón? – saludo eufóricamente Beto a Berni. El muchacho se notaba andaba con una gran resaca pero al recordar de que era campeón nacional se le olvido y le regalo a Beto una gran sonrisa en agradecimiento… – ya casi está listo el almuerzo, espero que tengas hambre – que dicha tío que ya no aguanto – y de inmediato se fue al sofá a ver tele. El que anduviera así casi desnudo en casa era algo nuevo, normalmente lo que hacía en los días de calor era que se ponía unos pantaloncillos cortos y nada más, pero Beto no quería decirle nada por temor de que se fuera a tapar. Al final la curiosidad pudo más que la calentura y cuando le llevo la comida a la sala, le preguntó: - ¿y eso… que andes tan encueradito hoy? - Y… No sé, está haciendo mucho calor, además si ayer me viste todo, para que me voy a tapar, si nada ha cambiado de ayer a hoy - de por sí no tienes mucho que tapar – le respondió Beto en tono burlón buscando ahondar en el tema del tamaño de su verga. - ehh, no te creas tío que lo que pasa es que ayer estaba muy fría el agua, por eso es que la andaba chiquitita - ahh si claro, ahora la culpa es del agua, tranquilo Berni que no tiene nada de malo ser pequeñito en algunas áreas – le seguía diciendo Beto en tono burlón para picarlo más. - ¿quieres verla ahorita para que veas la diferencia de tamaño? – preguntó retando a su tío, herido en su orgullo de macho - No tienes por qué enseñarme nada. Entonces de inmediato se levantó del sofá, corrió la mesita que usaba para comer y se bajó el slip a medio muslo dejando expuesta su verga, morcillona por el calor y la conversación, con el glande retraído a un tercio, dejando visible el orificio en la punta. En ese momento le medía unos 13 centímetros. Beto se quedó viendo hipnotizado la bella verga frente a él y Berni, que no era ningún tonto, se dio cuenta de inmediato que a su tío le gustaba lo que veía. - haber tío… dime que la tengo pequeña – le decía con actitud desafiante a su tío. - No… pues así como la tienes no esta tan pequeña – le respondió Beto incomodo por la situación. - Para que veas lo que es un verdadero hombre – y sin ganas de guardársela empezó a flexionar sus músculos, orgulloso del cuerpo que tenía, sabiendo que esto excitaba a su tío. - Ya guárdate eso antes de que se haga más grande – le ordenó Beto sin ninguna gana. Berni entonces hizo caso y se subió el calzoncillo, acomodándosela del lado izquierdo. Entonces, siguieron comiendo. Beto a cada minuto y con el rabillo del ojo le chequeaba el paquete a Berni, el cual haciendo que no se daba cuenta, abría las piernas para permitirle una mejor visión a su tío. El muchacho andaba súper caliente, esto debido a que ayer no había logrado su cometido con la puta del strip club, solo debido a la cantidad de alcohol en su sangre y a lo cansado que estaba. Por lo que como había dicho ya su manager, llevaba una semana si soltar leche. En ese momento su pene estaba pensando por él, no quería solamente masturbarse, ocupaba como cualquier mamífero macho mover sus caderas y penetrar un agujero, y su tío parecía ser una buena opción. - oye tío… ¿te puedo hacer una pregunta personal? - Ya vamos a empezar… no me quiero imaginar que va a ser, pero ándele… pregunta - Yo sé que eres maricón pero a lo que tengo entendido hay dos tipos de maricones. - Si, los activos y los pasivos - ¿Cuál es cuál? - Los activos son los que hacen el papel de hombre y a la hora de la penetración son los que meten la verga… los pasivos son los que dejan metérsela. - Ahh…ya… ¿y tú que prefieres? - ¡EHH! Qué clase de pregunta es esa - Qué se yo… tengo curiosidad – respondió Berni con una sonrisa de complicidad en su cara – ¿qué tiene de malo la pregunta? - Hmm – se quedó pensando un rato sin saber las intenciones de Berni, y sin saber si contestar con la verdad simple, o maquillarla un poco, al final se decidió por la simple verdad – pues sinceramente si fuera a estar con un hombre preferiría ser el pasivo. - ¿ósea te gustaría que te la metieran? – Beto respondió con su cabeza, afirmativamente Después él se levantó para recoger los platos, se los llevo a la cocina y empezó a limpiarla. Desde ahí tenía vista a la sala donde estaba Berni que de vez en cuando se agarraba su erección por encima del slip y la prensaba entre sus dedos pensando que nadie lo veía. Cuando estuvo todo listo se fue a su alcoba a ver tele y dormir una siesta. Eran como las 3:30 de la tarde, Berni estaba solo en la sala sobándose el paquete tieso y no había manera de bajarlo. Por su cabeza seguía corriendo la idea de montar a su tío y hundirle la verga hasta el fondo. Era la primera vez que por su mente corrían escenas homosexuales, pero el saber que eran realizables lo calentaban en sobremanera. Sabía muy bien que a su tío le había gustado verle la verga, su expresión lo había delatado, nada perdía en pedírselo. Después de estarlo pensando por unos minutos tomo la decisión, así que se levantó y se fue directo al cuarto de Beto. Abrió la puerta lentamente, Beto estaba medio despierto viendo tele, al ver quien estaba en la puerta preguntó: - ¿Qué pasa campeón, vas a ducharte? - No, hoy no voy a salir a ningún lado… lo que pasa es que estoy con pereza, no están dando nada en la tele. ¿te molesta si me acuesto al lado tuyo, para hablar un rato? - No, no… pásale… no mas no me vallas a punzar con esa cosota que andas ahí. - que cosas dices tío… no ves que no se me baja… – y acostándose boca abajo en la cama se acomodó majando su erección con su peso. - Y como quieres que se te baje así no más, lo que tienes que hacer es sóbratela, ni que tuvieras 10 años. - Es que… ¿te acuerdas ayer en el strip club?, al final no me la pude coger - Y eso, ¿Por qué? - No sé, me quede dormido, no me acuerdo la verdad. - Ósea que llevas una semana y un día sin soltar leche – Berni respondió afirmativamente – oye… eso no es bueno, ¿Por qué no vas a tu cuarto y te la sobas?, si quieres te presto mi laptop para que veas porno. - Es que no tengo ganas de sóbramela, no sé si será por la resaca o que… lo que me serviría en este momento es alguien que me dé una mano. – hubo entonces un silencio incomodo que se extendió hasta que Berni nuevamente dijo – yo sé que yo no soy tu tipo, tío, pero… ¿no me harías el favor? - … – Beto se quedó mudo ante tan inusual petición. Aunque deseaba con todo su ser decirle que sí, sabía que moralmente aquello no sería algo bueno, y que luego las cosas podrían ponerse incomodas entre ambos lo que resultaría en una probable partida de su macho querido, pero al final, al igual que Berni su cabeza pequeña tomo la decisión y le dijo – ¿estás seguro de lo que me estas pidiendo? - Si… es un favor nada más tío – respondió Berni entusiasmado, sabiendo que estaba a punto de ser ordeñado – ¿entonces, que dices? - Que muchacho… lo que me hace hacer…date vuelta Berni entonces se volvió quedando boca arriba. Su verga no podía estar más dura, le medía en su máxima extensión 16 centímetros, la tenía bien gruesa y lubricada en sus propios jugos. Beto entonces la tomo con su mano por encima del calzoncillo y la empezó a sobar lenta pero firmemente. El muchacho no cabía de excitación, le encantaba la manera en que su tío le acariciaba y él se lo hacía saber con su lenguaje corporal involuntario, moviendo las caderas y con su sonrisa de bobo. Por el otro lado Beto ya tenía en sus pantalones una erección de campeonato y ni él se creía lo afortunado que era por, estar ahí sobando el pene de sus sueños. Al rato de estar en este jueguito, y mientras la mano libre de Beto acariciaba el pecho del muchacho, este con los brazos cruzados detrás de su cabeza, le pidió que le bajara el calzoncillo. Beto obedeció como el pasivo sumiso que quería ser y bajándolos de un tirón dejó libre el mástil palpitante que descapullado, mojado y apuntando al techo pedía ser acariciado. Beto nuevamente se quedó como bobo mirando el perfecto cuerpo de Berni. Este con su acostumbrada risita burlona le pregunto: - ¿Qué pasa tío, nunca habías visto una tan grande? - La verdad no, debe doler en puta que te metan una así. ¿Cómo ha sido con las chicas que has estado? - Claro que les duele. Las más ricas son las vírgenes, sabes, yo he tenido la suerte de cogerme 2. - Ahh si… cuéntame cómo fue – dijo Beto mientras su mano empezaba a maniobrar por toda la extensión del pene del muchacho. Beto era de mano pequeña y por el gran grosor de aquel pollón apenas podía rodearlo. - La primera fue con mi novia de entonces, a los 15 años. Los dos éramos vírgenes, y me la cogí tan duro que cuando termine me di cuenta que hasta estaba sangrando, ella no dijo nada en el momento pero después me confesó que le había dolido demasiado, y que prefería esperar a que nos casáramos para volver a hacerlo. - ¿y entonces qué pasó? - Nombres… cuando me dijo eso yo la intente convencer pero no hubo forma, al final la terminé dejando. Uyy tío… que rico sobas - Nada más espérate que no he ni comenzado aún… ¿y la otra virgen? - Ja ja ja…. No sé si debería contarte esa historia… no es que haya actuado muy bien que digamos. - Dale, cuéntame que de aquí no sale nada, y sabes que yo no te voy a juzgar – todo este rato Beto no dejaba de acariciar su juguete nuevo, exprimiéndole cada vez los jugos pre seminales. Berni ayudaba al movimiento, impulsando sus caderas hacia arriba y socando las nalgas. - Fue el año pasado. Ahí en el gimnasio del pueblo, yo entrenaba todos los días. El área de los vestidores no era muy privada que digamos, habían varios agujeros en donde quien quisiera podía ver a los que en el momentos se estuvieran duchando. Un día que me quede hasta tarde, siendo el único en el lugar, me estaba alistando ya para irme, en eso escuche un ruido al otro lado y pude ver por uno de los agujeros que alguien me estaba espiando. - Y… ¿qué pasó? - Yo dije: si quieres puedes venir aquí y ver más de cerca - ¿sin saber quién era? – dijo Beto intrigado por la historia. Siempre le habían encantado las de voyerismo. - Si… en realidad era para espantar a quien fuera me estuviera espiando. Pero mi sorpresa fue que a los dos minutos apareció en la puerta la hija del conserje, una chiquilla de 14 años no muy bonita, pero con una sonrisa de calentura que me calentó a mí. Yo le pregunté porque me estaba espiando y se quedó callada. Entonces, salí de la ducha con la toalla en los hombros, me acerque a ella, ya con la verga dura y le pregunte si quería tocármela, y con la cabeza me respondió que sí. Y estuvo tocándomela, sin saber cómo masturbarla, un buen rato. En la cara se le veía que tenía ganas de mas, así que como buen caballero le ofrecí metérsela, - ¿y que dijo? - No dijo nada, supongo que le daba miedo por lo gruesa que la tengo, y fue entonces cuando yo le baje los calzones, dejándole la enagua puesta. Ella hasta el momento estaba se estaba dejando y no había dicho nada. La puse de espalda, hincada en la banca, le abrí las piernas, me agarré la guaba y le metí la cabeza. Apenas hice eso pego un grito de dolor y me dijo que me quitara que ya no quería hacer eso más. - ¿y qué hiciste? - pues tío… que hace uno si llega una tipa, lo calienta, y ya cuando uno está al máximo se quita… pues yo lo que hice fue que la agarré del cuello para inmovilizarla y se la hundí toda de un solo. - Ja ja ja… seguro que ella pegaba gritos como una puta. - Ja ja ja, ni te imaginas, parecía que estaban matando un chancho… yo no sé cómo nadie escuchó, total no dure mucho porque lo tenía súper tallado, y en cuestión de 3 minutos me vine dentro de ella. - ¿sin condón, sin nada? - Así, al natural… no sé cómo no quedó embarazada, porque le deje como medio litro de lechita caliente adentro. - ¿y ella que hizo cuando terminaste? - Apenas la solté agarró las cosas y se fue corriendo. Pero si tío, esa ha sido la vez que más rico he sentido. - ¿y no te acusó luego con nadie? - Por suerte no, cuando la veía en el pueblo me volvía la cara, pero si me preguntas, yo digo que ella también lo gozó. - Pues yo pienso igual que tú, ella fue la que se lo buscó y no tienes por qué sentirte mal… ¿y haber dime, te ha gustado la paja? - Uyy si tío, riquísima, esto era lo que ocupaba. Gracias. - ¿me avisas cuando te vas a venir? - Si tío, pero… no te preocupes que todavía falta mucho. - Yo pensé que tú eras de los que en cuestión de un minuto ya está listo. - No… que va… solo si el huequito es tallado pasa que no puedo aguantar mucho… también es que me estoy conteniendo para disfrutar más… más bien si le quieres dar un besito yo no me enojo. Y con sonrisa de favores, le pidió que se la mamara. Beto estaba muy caliente así que se acostó boca abajo en la cama, dejando su cabeza a la altura de la pelvis de Berni y con todo el deseo del mundo se la tragó lo más que pudo. El sabor era delicioso, salado y viscoso, y por lo dura y caliente que la andaba sentía como se movía dentro de su boca, empezó a mamar como un experto, a pesar de que era su primera vez. Berni, con mirada seria, de macho en celo, miraba como su tío era capaz de producirle tanto placer. Al minuto de estar mamando se la saco y con una gran sonrisa de felicidad dijo: - Hmmm… que rica sabe. - ¿es la primera vez que mamas? - Si… solo espero que no sea la última. - En verdad que no entiendo esto de los maricones, yo jamás podría mamar verga. Pero tienen razón mis amigos. - ¿en que tienen razón? - Es que ahí en el gym, tengo varios amigos que han estado con maricones. Y siempre me dicen que maman mejor que las viejas. En parte tiene lógica, ustedes por tener verga saben en qué puntos enfocarse. - Ya me di cuenta que lo estás gozando… ja ja ja – dijo Beto, quien de inmediato se la volvió a meter a la boca. S la siguió mamando por un rato más, a veces alternaba la mamada con movimientos masturbatorios mientras su lengua se concentraba en los huevos, ingles, y área pélvica. Cuando estaba mamando a un ritmo más fuerte, Berni le indicó que parara porque estaba a punto de venirse. Todo este rato Beto se había estado tocando por encima del pantalón, y a pesar de que todavía no se había venido ya mostraba una gran mancha húmeda en la tela de este. Berni entonces se levantó de la cama y le indicó a su tío que se acostara boca arriba. Cuando estuvo listo Berni se colocó encima de él poniendo su verga a la altura del rostro. Beto de inmediato se tragó cuanto pudo de la verga, tratando de relajar la garganta para ofrecerle más placer al chico, entonces, este, empezó a cogérselo por la boca teniendo cuidado de no atragantarlo. Movía las caderas como un experto, como un bailador de salsa profesional, a gran ritmo, pero teniendo cuidado, consciente de lo bien dotado que estaba. Beto lo tomo de las nalgas, sintiendo el sudor del cuerpo de su amante, quien con los ojos cerrados y los brazos hinchados, aguantando casi la totalidad de su peso, disfrutaba cada uno de los masajes bucales que estaba recibiendo como premio. El muchacho de vez en cuando sacaba la polla de la boca de su amante y se la empezaba a pasar por la cara, frotándose fuertemente contra sus mejillas, presionaba sin mesura, con toda la fuerza de su pelvis. Beto era auténticamente feliz sintiendo esa gran verga resbalarse por todo su rostro. Le calentaba el olor que expedía y lo caliente y fuera de sí que parecía estar Berni. En esa posición no duraron mucho, Beto en una de las embestidas se atragantó de verga, y tuvo que hacerle señas al niño para que se la sacara. Pero a pesar de eso le ofreció una gran sonrisa a su macho para que no se le bajara la calentura. - Mucha verga para ti, tío… yo sabía que no ibas a aguantar… ja ja ja - No me jodas que bien que te está gustando. No vaya a ser que te hagas maricón. - ¡eso sí que no! ¡A mí me gustan las panochitas! Lo que pasa es que ante la urgencia toca improvisar. – y poniéndose de pie le hizo señas para que se hincara y siguiera mamando. Beto obedientemente hizo caso y siguió chupando. Nuevamente Berni tomando el control de la situación lo tomó de la cabeza con ambas manos y fue guiando el ritmo de la mamada. Al poco tiempo era el quien se lo cogía por la boca, mientras Beto, quieto solo trataba de no ahogarse nuevamente por tan grueso aparato. Después de un rato de estar en esa posición, y por lo acelerado del ritmo, Berni se terminó cansando y se la quito de la boca. - Que pasa hombre, ¿no que estabas muy caliente? – le pregunto Beto en tono burlón. - Si… claro que estoy caliente, no ves como la ando… lo que pasa es que a veces hay días en que no te riegas hasta no meterla en algún huequito… - Ahora que me vas a pedir… hijo de puta – le pregunto Beto sabiendo lo que el macho quería. - No me dejarías metértela, nada más la puntita, te prometo que lo hago despacio y si me pides que pare, te la saco de inmediato – Beto para ese entonces estaba más que caliente, deseaba como nunca que se la metiera hasta el fondo y se regara ahí dentro, pero su sentido de responsabilidad era muy avanzado. - No se Berni, mejor no… si quieres te la sigo chupando y te vienes en mi boca pero coger… esas son palabras mayores. - Que tiene de malo tío… si ya me la estas chupando… no veo cual sea la diferencia… - Siendo honesto, lo que me da miedo es que la relación de amigos que hasta ahora tenemos se vea afectada por esto. Yo sé que tú no eres gay y si no estuvieras tan caliente no me hubieras dejado jamás mamártela, ya cometí un error hoy y no quiero cometer un segundo. - Mira tío… – le dijo con mirada seria, haciéndole saber quien llevaba los pantalones – entiendo muy bien lo que tratas de decir, pero te equivocas en algo. - ¿en qué? - Tú crees que yo ahorita estoy pensando con la verga y apenas me venga, me voy a sentir mal conmigo mismo, pero eso no es así… créeme que estoy muy consciente de lo que estoy haciendo… sé que estas son mariconadas, pero tampoco es para tanto… la mayoría de mis amigos, alguna han hecho y eso no los hace ni más, ni menos hombres… yo nada más quiero disfrutar de una buena cogida… eso es todo, no hay porque ponerse en tantos líos. - Bueno… si en verdad lo ves así – a Beto le sorprendieron las palabras de su sobrino, parecía más maduro de lo que él creía, y si en verdad pensaba así, no tendría por qué sentirse mal por corroer al muchacho – dame un minuto nada más para lubricarme bien, porque ese pollón no va a entrar muy fácil. - Ja ja ja…está bien yo te espero Berni se quedó entonces acostado en la cama jugando de vez en cuando con su tieso aparato, mientras Beto en el baño, se metía sus dedos llenos de lubricante intentando desesperadamente dilatar su agujero para que su primera vez no fuera tan dolorosa. Luego de 3 minutos, que a Berni le parecieron una eternidad, Beto salió del baño, solamente vestido con una camiseta de tirantes ajustada al cuerpo, algo sonrojado por su vergüenza natural. El muchacho con una gran sonrisa se levantó de la cama ofreciéndole la mano a quien sería su mujer esa tarde. Beto se sentó a la orilla de la cama y le dijo: - Ahí en la mesa de noche están los condones - ¿y para que me voy a poner un condón, ni que te fuera a dejar embarazado? - Di… pues para que no te ensucies - Preferiría hacerlo sin condón, si no te importa, lo que pasa es que me aprietan mucho y disminuyen el placer. Nunca me han gustado. - Pues yo no me enojo, a mí me da igual. - Y… ¿me puedo venir dentro? –pregunto el muchacho con mirada de niño. - Te doy mi permiso… bueno aquí estoy listo… dime, ¿cómo me la quieres meter? - Haber… acuéstate… alza las piernas – para ese punto Berni, con la concentración de un artista y encima de la cama, iba guiando con sus manos las piernas de Beto, y se acercaba más para colocar su verga en posición. Cuando tuvo el glande presionando el ojete de Beto lo volvió a ver y ambos esbozaron una sonrisa de complicidad por lo que estaban a punto de hacer. Berni entonces empezó a empujar y sin mucha dificultad logro meter un tercio de su polla. Beto respiro profundamente, para soportar el dolor, Berni al ver la reacción, siguió empujando lento y en menos de un minuto ya le había insertado enteros los 16 centímetros de carne caliente. Beto no aguantaba el dolor y se lo hacía saber por medio de sus muecas, pero aun así no deseaba que se la sacara, la sensación de tener el culo lleno era algo que le calentaba mucho, sentir ese gran pene palpitar en su interior valía el dolor que le causaba. Berni empezó a cocérselo, pero Beto le pidió que se esperara un poco. - ¿te está doliendo mucho, quieres que te lo saque? – le pregunto Berni genuinamente preocupado por el dolor de su tío. - No, no me lo saques, nada más espérate un poco antes de empezarme a bombear para acostumbrarme, que la tienes muy gruesa. Y dime… ¿te está gustando? - Claro que sí tío… lo tienes bien talladito… esto era exactamente lo que ocupaba. - Que dicha que me da. Está bien, puedes empezar a cogerme pero hazlo lento al principio. No había ni terminado de decir esto cuando Berni ya estaba sacando y metiendo lentamente su polla en el estrecho agujero de su tío que expandido al máximo soportaba las tremendas dimensiones de la verga del muchacho y la tallaba al punto en que inclusive costaba volver a meterla una vez fuera. Estuvieron con esta dinámica como por unos 3 minutos, durante los cuales, hubo contacto visual por parte de ambos para saber si la maniobra estaba yendo por buen camino. Luego Berni inconscientemente llevado por el placer fue aumentando el ritmo, Beto se iba acostumbrando cada vez más y el dolor iba cesando y por medio de sus gestos le hacía saber el gran placer que le estaba dando, por lo que el muchacho tomando su rol de macho, se le monto más encima y empezó a penetrarlo con más fuerza. Beto pasó sus piernas por sus caderas abrazándolo con ellas y empezó a bufar y gemir de placer. En cada una de las embestidas, el macho con todas las fuerzas de sus piernas y la maestría con que movía sus caderas, se impulsaba clavándole la verga hasta el fondo, provocando que sus huevos chocaran con las nalgas y produjeran sonidos sexuales que llenaban la habitación. Estuvieron cogiendo así por unos cuantos minutos hasta que la espalda de Beto no aguantó más los 90 kilos que tenía encima y le tuvo que pedir que cambiaran de posición. Berni aunque entendió el porqué de su petición, le sacó algo de onda que lo interrumpiera ya que el placer que sentía cada vez que le hundía el banano era extraordinario. Entonces le indicó que se pusiera de cuatro patas y apenas Beto se dio vuelta, el muchacho nuevamente le conectó su tiesa polla y continuó penetrándolo. A Berni realmente le gustaba el contacto físico ya que aún en esa posición de perrito, se le subió encima a Beto pasando su brazo por el cuello, en lo que más bien parecía una llave, pegando su pecho y vientre en la espalda de su amante y sin dejarlo de penetrar como el maestro que era. La cama traqueaba con cada estocada, los gemidos, suspiros y quejidos de ambos hombres llenaban el silencio junto con el golpeteo de la polla y huevos de Berni que evidenciaban la fuerza con la que se lo estaba cogiendo. Pronto, por la misma fuerza, las rodillas de Beto cedieron y cayó acostado boca abajo. Al tener las nalgas apretadas la presión sobre el rabo de Berni aumento significativamente, lo que significó más placer para el macho, que ahora con más impulso, usando la parte baja de la espalda y toda la fuerza de sus piernas se cogía a su tío, como nunca se había cogido a nadie, sintiendo un placer inmenso, que no esperaba. A Beto esta nueva posición también le favoreció ya que cada vez que se la metía, ocasionaba que su verga se rozara con las sábanas de lino masturbándolo y ocasionándole placer en su pene. Berni no logró aguantar más y en su última estocada le hundió el pedazo hasta el fondo, con fuerza sobre humana, y con un quejido de oso le soltó 5 chorros abundantes de semen en el caliente culo de Beto que, con los ojos en blanco disfrutaba como el calor de la leche de su más secreta fantasía sexual le inundaba el recto en un acto íntimo reservado solo para amantes. 30 segundos después, cuando se logró recuperar del orgasmo, Berni tiernamente le beso el cuello a su tío, y aun teniéndolo penetrado le preguntó. - ¿qué te ha parecido? - Uff… chaval… me ha encantado… que bárbaro… has cumplido mis fantasías mejor de lo que esperaba… eres todo un toro - Gracias tío, tú también has sido de lo mejor, es la primera vez que la meto por el culo y ha sido riquísimo… sin duda estás en el top 5 – y diciendo esto sacó la verga del maltrecho culo de Beto, que de inmediato empezó a escurrir semen. Aún agitado por el esfuerzo físico, con el pecho sudado y la polla aún con semen se acostó a la par de su tío metiéndose la oreja de este a la boca como solía hacer con sus novias, con cara de felicidad y satisfecho por haber al fin, vaciado sus huevos. Luego de unos minutos de estar abrazados en silencio le dijo: - ¿Qué te parece si nos vamos a duchar juntos? - Vamos - ¿y lo podemos hacer de nuevo en la noche? - ¿otra vez? Pero si ya no tienes más leche – le dijo Beto tratando de buscar una excusa y no revelar el increíble dolor de culo que le quejaba. - en un par de horas estaré como nuevo… ¿Qué me dices?… si te ha gustado - está bien… en la noche lo hacemos otra vez… – respondió resignado y caliente por la actitud del niño. Apenas Beto se levantó el semen empezó a escurrirle por las piernas lo que le causo risa a Berni, que como un chiquillo, reía y hacía bromas a su tío. Luego se metieron a la ducha, donde con caricias íntimas ambos limpiaron sus cuerpos. Beto aprovechó para besarlo por primera vez ya que Berni estaba un poco indispuesto pero después del primer beso, que le gustó bastante, siguieron haciéndolo cada minuto. Esa noche lo volvieron a hacer, en todas las posiciones que se pudieron imaginar, duraron casi media hora haciendo el amor apasionadamente sin ningún complejo o lío, solo disfrutando del intenso placer.

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Relato: el boxeador i su tio
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