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Relato: En mi despedida de soltero preferí a mi mejor amigo que a una mujer profesional





Relato: En mi despedida de soltero preferí a mi mejor amigo que a una mujer profesional

Siendo honestos no tengo ni la menor idea de por qué estoy escribiendo esto para cientos de miles de desconocidos. En fin, ya estoy aquí, así que no voy a desperdiciar el tiempo.

Mi nombre es… Max (obviamente saben que es un Nickname) y tengo veinticuatro años. Así mismo, debí haber contraído matrimonio con mi ahora actual ex-novia el pasado 23 de abril de 2011. Sin embargo, hubo algo que me hiso cancelar la boda tres días antes (20 de abril de 2011), dejando plantada a la mujer con la cual estaba seguro de querer pasar toda mi vida, con la mujer que yo se suponía amaba en cuerpo y alma.

Ahora bien, ocho días antes de la boda (16 de abril de 2011) mi mejor amigo –su nombre es Adrián– y otros dos de mis amigos se encargaron de organizarme la famosa despedida de soltero en un club para hombres. El club era como el cielo, mujeres desnudas por todos lados. Lo que no entendía era qué diablos hacia Adrián en ese lugar conmigo y el resto de los amigos, es decir, suponía que su homosexualidad no le permitiría acompañarme en mi propia despedida de soltero, así que se lo pregunte –Dime una cosa Adrián, eres mi mejor amigo pero sé que estos lugares no van contigo así que si quieres irte está bien, lo entenderé por completo.

Ahora bien, esperaba todo, absolutamente todo menos la reacción que él tuvo hacía mí en ese momento. Me miró fijamente con una cerveza en la mano y sin más sólo respondió:

–La razón por la cual quieres que me largué es ¿por qué definitivamente sólo hay mujeres desnudas y nada que pueda excitarme a mí? o es ¿por qué te avergüenzo ante el resto de tus amigos?, porque hay mucha diferencia entre esas dos cuestiones.

No entendí su reacción y lamente que sintiera eso, así que inmediatamente le aclare que era por la primera cuestión y que no olvidara que él era mi amigo, un amigo que siempre ha estado allí desde la preparatoria. Así que después de eso, se tranquilizó un poco y le pedí que ya no bebiera, él accedió siempre y cuando hiciera lo mismo, así que sólo nos tomamos una copa más.

La noche iba transcurriendo y de la nada, Adrián se me acercó y me dijo que me tenía una sorpresa que estaba esperándome en casa y que su homosexualidad no le impedía saber el tipo de mujeres que me gustaban. Básicamente, no entendía muy bien sus palabras así que tampoco entendía porque estaba insinuándome que había pagado para que una mujer de la vida galante me entretuviera. Sin embargo, no iba a despreciar semejante regalo. Le dije que le diría a los demás que nos iríamos a su casa pero él me dijo que no hacía falta que el resto ya estaban enterados del plan y que me deseaban suerte –fue en ese momento cuando Adrián estuvo más cerca de mí y su mano roso mi entre pierna. Lo próximo que supe era que sus labios se estaban estrechando con los míos, en un segundo me comenzó a gustar y al siguiente lo rechace.

De hecho, le pregunte a Adrián si había seguido bebiendo a lo cual respondió que no mientras miraba en medio de mis piernas ya que una erección se había hecho presente. Desde luego que no actué de forma homofóbica porque él era mi amigo y hacía un par de años que me había confesado que yo le gustaba pero yo le había dicho que yo no era gay.

No obstante, eso no influyo y jamás deje de hablarle.
Después del breve toqueteo y el beso, me dijo que podíamos ir a su casa para que la mujer que estaría por llegar hiciera lo suyo o podíamos ir a un hotel donde él pudiese hacer su último intento por gustarme. –Yo le dije que él me conocía y que lo del beso se quedaría en el club y que no quería hacer esperar a esa mujer. Así que con una gran desilusión en su rostro me saco de allí, subimos a su auto y nos fuimos.

Durante el trayecto, él no paraba de decirme que sólo era cuestión de probar y que él estaba dispuesto a enseñarme. No obstante, le pedí que dejásemos el tema por la paz –siendo honestos, el beso y su mano en mi miembro eran algo que sí había disfrutado pero no se lo iba a confesar, yo estaba a ocho días de ser un hombre casado.

Minutos más tarde llegamos a su departamento –un poco más amplio que el lugar en el que yo planeaba vivir con mi futura esposa– y saco su teléfono celular e hiso una llamada, lo único que yo escuchaba era esto: “sí, ya estamos en el lugar acordado… si, es la despedida de soltero de mi amigo, tienes que divertirlo a lo grande… ya habíamos hablado de eso… no, sólo será él, yo no participare… ok, lo haré esperar en la habitación… ¿estas segura? Ok en ese caso lo haré… mmm, ok, en 5 minutos te espero.”

Una vez en el departamento me dijo que nos prestaría su recamara y que en el cajón del buro había dos paquetes de condones. Una vez en la habitación le di las gracias a Adrián por el gran evento que estaba por acontecer. Después, él sólo dijo que yo era su mejor amigo y que por los amigos se hacía lo que fuera.

Ahora bien, lo siguiente fue que él se dirigió a su closet y saco un par de corbatas (una roja y una azul marino) y me las mostro al mismo tiempo que me decía “¿te gustan?” Yo sólo dije, ¿piensas usar una de esas en la boda? y el me respondió: “pienso usar las dos pero no en tu boda, sino esta noche”.

Supuse que nos dejaría solos a mí y a la mujer que venía en camino, así que sólo le dije que estaba bien y comenzó a reírse al mismo tiempo que me decía que me quitase los zapatos; yo me comencé a reír también y le pregunte –en broma– si pensaba atarme a la cama son esas corbatas. Él respondió sí y yo me quede mudo. Al notarlo, volvió a reírse y me dijo que no me preocupara que era parte del show que iban a darme esta noche, que eran ordenes de la mujer de vida galante, así que al escuchar eso me relaje un poco, me quite los zapatos, me recosté y me ato a la cama con las corbatas, después saco otra corbata pero esta era plateada y me vendó los ojos con ella… sonó su teléfono celular y el muy cabrón me volvió a besar pero esta vez yo quería más pero estaba atado y antes de poder decir nada, tomo la llamada y dijo: “ya veo… salgo por ti, mi amigo está impaciente”. Adrián me dijo: “tu mujer galante ha llegado”, después me dijo que apagaría la luz y cerró la puerta de la habitación.

Después de un rato comencé a desesperarme, pues nadie entraba a la habitación, así que comencé a llamar a Adrián para saber que pasaba, sin embargo no hubo respuesta. Un par de minutos más tarde escuche que alguien entro y comencé a ponerme un poco nervioso. Alguien comenzó a acariciarme las piernas… iba desde mis muslos hasta los tobillos, después los brazos pero nunca mis manos. También me acariciaba el pecho pero no hacia el intento por desnudarme y yo no podía hacer nada, estaba atado y vendado de los ojos, así que pregunte su nombre y lo único que obtuve fuero más carisias.

Por un lado, era excitante y divertido pero por otro la intriga me mataba. Ahora bien, lo primero que me quito fue el cinturón y después los calcetines. Comencé a excitarme, hasta que la erección comenzaba a lastimarme con el pantalón. De la nada, sentí como comenzaba a desabrocharme el pantalón al mismo tiempo que sus carisias solo eran sobre la ropa… jalo el pantalón poco a poco; yo sólo me dejaba llevar – ¿qué otra cosa podía hacer?

Del mismo modo, comenzó a desabotonar mi camisa y una vez más insistí en saber su nombre pero en esta ocasión, sentí un pequeño calor en mis genitales y después una suave y ligera mordida a mí pene pero aun con el bóxer puesto. Comencé a retorcerme en la cama, pidiendo que me quitase la corbata que me tapaba los ojos; pedía que me desatase las manos… pero sólo pedía en vano pues nada se acercaba a mis manos ni a mi cara…

Sin embargo, de un segundo a otro comencé a sentir su aliento en mi rostro y lo único que le dije fue: “definitivamente eres una profesional pero quisiera ori tu voz si es que no piensas desatarme o quitarme la corbata que cubre mis ojos”. A continuación, sus labios se juntaron con los míos y me beso suave y muy lentamente, subiendo de intensidad y después disminuyendo hasta crear un beso… un beso que en automático llego a mi mente pero no sólo eso, no solo ya había experimentado ese beso sino que también conocía esos labios.
Así que sin miedo y con la excitación a tope que tenía entre las piernas y en cada parte de mi cuerpo, dije su nombre mientras él desabotonaba mi camisa: “Adrián sé que eres tú, basta por favor, no es divertido”.

Como acto seguido, una mano comenzó a desatar la corbata que me impedía ver. Él se encontraba sobre mí, mirándome fijamente:

Adrián: ¿No es divertido? ¿Qué no es divertido? Tu pene piensa otra cosa.

Max: Por favor, basta, desatame y tan amigos como siempre.

Adrián: Sé que te gustó como mis labios apretaron tu pene. Estabas gozando mis carisias y mis besos te han hecho vibrar. Sólo dejate llevar, disfrutame que yo te disfrutare y sí después de esto –terminando de desabotonarme la camisa– aún quieres casarte, seguiremos siendo tan amigos como siempre.

–En ese momento comenzó a bajarme el bóxer de color blanco que yo traía y del mismo modo, él comenzó a quitarse la camiseta –sólo vestía una camiseta y una trusa en ese momento– y me acarició el pecho con sus manos. Mi bóxer salió volando y él comenzó a chupar lenta pero satisfactoriamente mi pene. Lo introducía y lo sacaba de su boca con una agilidad increíble. Jugaba con mis testículos y yo sólo me retorcía de placer pues se negaba a desatarme de la cama.
Así que unos minutos después, subió y se me monto, mi pene erecto en su totalidad rosaba su culo pero sólo eso; no estaba intentando ser penetrado, no aún. Me beso pero esta vez con vehemencia y pasión y en esta ocasión yo le pedí que prolongara el beso.

Después de todo, parecía que Adrián tenía razón, sólo era cuestión de probar y yo lo estaba disfrutando. Yo estaba gozando cada momento de intimidad con mi mejor amigo, con ese amigo que a los 18 años me confeso su homosexualidad y meses más tarde su atracción hacia mí. Y ahora, seis años después, se las había ingeniado para seducirme, para llevarme a la cama, para hacerme suyo y para demostrarme que todos estos años él también me había gustado y que deseaba con todas mis fuerzas que esa noche no terminara, deseaba que la noche se prolongara hasta el infinito.

Con todo y mis ganas por seguirle besando, él se detuvo y se alejó… pensé que estaba terminando así que le suplique – ¡yo suplicándole a un hombre!– que volviera que quería seguir. Adrián me miró fijamente y dijo: “¡Tonto, aún no hemos terminado!”. Se quitó su trusa y se me acerco, su pene estaba tan duro y caliente que quemaba sobre mi piel; acerco su miembro a mi rostro y lo puso en mis labios y antes de comenzar a mamársela –mi primera mamada fue esa noche y fue con mi mejor amigo– le dije que me desatara. Me tomo de la nuca y me empujó hacia su pene duro como roca.

Yo comencé a mamársela y para mi sorpresa eso me parecía más rico que… simplemente no era igual que con Vanessa (Nickname), esto era más rico y placentero… mi mano derecha fue liberada y comencé a acariciar el trasero de Adrián, todo eso era tan excitante y él sólo repetía: “No puedo creer que tardaras tanto tiempo para tenerme y tenerte entre mis brazos”. Mi mano izquierda fue liberada también.

Así que deje de mamar su pene y le dije: “Y yo no puedo creer que tardaras seis años en seducirme, ¿cómo esperas recuperar el tiempo perdido conmigo?” Se sonrío y me propino otro beso. Así pues, saco un preservativo de donde me dijo un par horas antes que se encontraban los condones, se lo puso y me pidió que me relajase – ¿más relajado? De verdad él esperaba qué me relajara más. Me recosté boca arriba y no voy a negar que en ese momento entre en pánico pero estaba con Adrián, el hombre que me había acompañado desde la preparatoria en todos los momentos buenos y malos, así que no tenía nada que temer.

Así pues, elevo mis piernas formando una “V” y comenzó a penetrarme… le pedí que se detuviera, aquello no era para mí, el culo me dolía y no quería sentir ese dolor. Él se detuvo, y me dijo: “Ahora quién es el puto. ¡No aguantas nada!”, sólo relajante, al principio duele pero una vez que tu ano se acostumbra no puedes parar. Volvió a elevar mis piernas y prosiguió. Me dolió hasta la conciencia, mi grito fue de dolor, fue como si… no sé pero dolió y después, él cogió ritmo y yo me di cuenta que ya estaba disfrutando. Posteriormente invertimos los papeles. Coger con Adrián y que él a su vez me cogiera fue de las mejores experiencias de mi vida.

A la mañana siguiente almorzamos juntos, y platicamos lo placentera que nos había sido la noche. Me pregunto sí aún iba a casarme y le dije que sí. Sin embargo, el 20 de abril del 2011, rompí con Vanessa, le dije que no podía y pregunto si había otra, tampoco quería herirla, habíamos pasado tres años juntos, así que le dije que sí, que había otra persona y que por la misma razón no la iba a someter a una vida de infelicidad. No he vuelto a saber de Vanessa pero ese mismo día me presente en el departamento de Adrián, le dije que lo quería y llevamos tres meses de relación pero también han sido los tres mejores meses de sexo que jamás había tenido.

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Relato: En mi despedida de soltero preferí a mi mejor amigo que a una mujer profesional
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