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Relato: mama sin bragas en vacaciones de semana santa



Relato: mama sin bragas en vacaciones de semana santa

Quisiera contar lo que me está sucediendo desde vacaciones semana santa ha cambiado totalmente nuestras vidas.
Somos un matrimonio ya madurito, Silvi mido 1,68 m y peso 51 Kg tiene unas tetas redonditas y bien puestas, uso una talla 85, a pesar de dos hijos y un culo de escándalo , rubia de bote , largas piernas ,44 añoy yo de 48. Llevamos casados 22 años y como todos, creo yo, hemos tenido una vida sexual más o menos normal, hasta hace un par de años en que la cosa fue decayendo, de tal forma que follábamos una vez al mes o cada dos meses. La rutina, el estrés, el trabajo, bueno todo nos hizo llegar a una crisis que incluso pensamos en separarnos. Hablamos del problema y yo le propuse de hacer cosas nuevas o intentar realizar alguna de las fantasías nuestras para incentivarnos.
El caso es que ella no estaba muy convencida y aunque ponía más interés no mejorábamos. El caso es que decidí tirar la casa por la ventana y le propuse irnos los dos solos, sin niños, a una ciudad DE FIESTA . Lejos de la nuestra y pegarnos una semana loca de sexo desenfrenado, hacer lo que nos diese la gana, sin tabúes pero en pareja. A los dos o tres días me contestó que SI, rotundo. Entonces reservé un Hotel en LLORET de MAR para pasar una semana , hay mucha marcha.

Mi primera sorpresa me la llevé a 20 km de BARCELONA, puesto que paré en una gasolinera para repostar y mi mujer se marchó al WC. Estaba pagando en el mostrador y oigo decir a un o de los que esperaban para pagar “hostia, vaya pedazo de hembra…..uf que polvazo tiene”. Miré y me quedé de piedra, ERA MI MUJER. Llevaba una super minifalda negra muy ajustada que casi dejaba ver el inicio de sus nalgas. Unas sandalias de tiras negras con unos taconazos de vértigo y una chaleco vaquero y cortito y escotado que hacia que sus tetas se fuesen a salir en cualquier momento. Vamos, parecía un putón verbenero de aúpa. Pagué y entré en el coche y le pregunté a que se debía el cambio y me dijo que durante estos días pensaba exhibirse por todo LLORET y ser la tía más puta de la ciudad. Me quedé con cara de imbécil mirándole mientras ella se ponía la mini en la cintura y con las piernas apoyadas en el salpicadero iba enseñando su potorro a todos los camioneros y conductores, puesto que se había sacado la tanga, y me decía “mira hacia delante no sea que tengamos un accidente”.

Cuando llegamos al hotel estaba yo con un calentón . Mientras nos registrábamos en recepción ella se sentó en un sofá del hall y mientras leía una revista desinteresadamente movía sus piernas de tal manera que todos lo que allí estábamos nos pusimos cachondos. Que espectáculo….! Allí estaba mi mujer dejando que todo el mundo viese que no llevaba bragas, mostrando su chochete rasurado.

Nada más entrar en la habitación, la empuje a la cama, la puse a cuatro patas y me la follé de una forma salvaje. Ella apoyó su cara en la almohada, y mientras yo le hacía el mete y saca a una velocidad de vértigo ella no hacía más que gritar de gusto. Cuando se hubo corrido al menos 3 veces se dio la vuelta y se metió mi polla en la boca. Me la chupó como una posesa hasta que me corrí en su boca. Se lo comió todo. Le eché varios chorros en su boca pero también le eché en la cara y en el pelo rubio . Menudo polvazo y menuda mamada. Estaba salido perdido. Nos besamos y me preguntó si me había gustado. Le dije que estaba muy contento con el cambio y que me gustaba su forma de comportarse. Entonces me confesó que algunas veces que habíamos follado o que ella se había masturbado había tenido la fantasía de exhibirse en público como una puta cualquiera, pero que la vergüenza en unos casos y el que dirán en otros no se había atrevido ni siquiera a mencionármelo, pero que ella, en su intimidad se lo había imaginado más o menos así. No quería perderme por sus perversiones sexuales y se abstenía de mostrarse así ante mi y cualquiera que pudiese decir algo de ella. Y ahora, casi me pierde por no hacerlo, que paradigma, verdad?

Yo me la comí a besos y le dije que compartía su fantasía, ya que a mi me excitaba mucho que otros la viesen y sobre todo la idea de que mi mujer fuese un putón me ponía caliente . Durante un buen rato, mientras deshacíamos las maletas, estuvimos hablando de sexo guarro y desenfrenado, y al final me dijo “ ya veras lo puta que es tu mujer…. Si tanto te excita, durante estos días vas a tener a la mas guarra de todas contigo….je”.

Y así fue. No quiero extenderme mucho, pero os contaré que ningún o de los días usó ropa interior. No se puso otra cosa que micro faldas que no le llegaban a tapar ni siquiera las nalgas. Iba hasta a desayunar con taconazos y el gusto de un VOYEUR es afeitar el coño de su mujer ,asi lo hice cada dia le afeite su raja ,sin un pelo bien limpita.

No quiero perderme en descripciones físicas de mi esposa, solo diré que no aparenta los 44 años que tiene, que su cuerpo es el de una mujer que va al gimnasio cuatro veces por semana y que es muy femenina. Ella tiene un don de la naturalaza, y que a partir de esos días sabe sacarle provecho, además de tener una mirada de viciosilla mala Dios le ha dado unos labios que cualquier hombre que la ve no piensa en otra cosa que como hará las mamadas esta tía. Si, tiene cara de puta mamona, lo sabe y ahora lo resalta bien, con los pintalabios y un piercing que se ha puesto en el labio inferior, para poner caliente a todos los hombres.

Durante todos los días salíamos a pasear, de compras o a comer, tomar algo o de fiesta. Ella vestida como una PUTA sin bragas ni sujetador. Se dejaba meter mano en cualquier sitio y cuando estábamos en algún bar, restaurante o incluso en las discotecas se sentaba de tal forma que se le viese bien que debajo de la minifalda no había más que unas hermosas nalgas y un coño bien mojadito. Nos lo hicimos en los callejones, me la chupo en los WC de cualquier bar o discoteca. Me la tiré en un parqué como a una guarra y nos lo hicimos en el ascensor del hotel. Estábamos todo el día follando como los monos.

Pero lo mejor de todo fue el penúltimo día, que estando follando en la habitación yo la llamaba puta y zorra y la decía muchas guarradas a la vez que le decía que todos se la querían tirar y follar porque era una guarra exhibicionista que ponía calentorros a todos los tíos y ellos no pensaban mas que en follársela. Bueno eso se lo dije muchas veces, y se ponía como una perra de calienta, llegando a correrse hasta más de 3 o 4 veces en alguna ocasión. Pero ese último día no paraba de tener orgasmos y cuando nos quedamos rendidos encima de la cama me dijo que a la noche quería desmadrarse en la discoteca, ligarse a algún tío, comerle la polla en el WC y luego llevárselo al hotel para que entre los dos la diésemos caña a tope por sus agujeros.

No me lo podía creer, que mi santa mujer me estuviese diciendo aquello. La verdad es que su comportamiento había sido hasta ese momento el de una puta, pero una puta par mi, puesto que todo lo hizo conmigo. Si, si es verdad, que todos los días se exhibía en público, pero la gran mayoría solo veían a una tía que vestía como un putón y algunos tuvieron la suerte de verle el chichi o el culo. Pero aquello que me decía era otra cosa. A mi me excitaba que se comportase como una guarra pero pensé que aquello lo había dicho porque estaba muy caliente en ese momento y por complacerme. Nos quedamos durmiendo echando la siesta y cuando me desperté me di cuenta que estaba solo en la habitación. Serían las 22:00 horas, pensé en ducharme pero decidí llamarle al móvil, por saber donde andaba, cuando en ese instante entró por la puerta. Traías unas bolsas y dándome un beso apasionado en la boca, me dijo que se había despertado dos horas antes y que había salido a comprar unos trapitos para ponerse a la noche. Medio dormido le sonreí y me metí a la ducha y mientras me lavaba comencé a darle vueltas al coco. Que se habrá comprado? Por qué no me habrá llamado? Igual quiere sorprenderme con algo especial. Jo…y como se ha atrevido a salir sola, sin mi, y vestida como una guarra. Si porque al entrar llevaba puesto un mini pantalón, que más bien parecía una braguita, de color blanco, muy fino y ajustado, ,tanto que por detrás se le metía entre las nalgas y por delante le marcaba totalmente sus labios vaginales. En las tetas llevaba la parte superior de un bikini, también blanco, que justo le tapaba los pezones, aunque era igual porque de lo duros que los tenía se le quedaban tan marcados que parecían que iban a perforar la tela, y en los pies se puso unos zuecos, con alzas, de color blanco que tiene un taconazo de 18 cm. Vamos, yo me encuentro una tía así , sola por la calle y pienso que va buscando guerra y con lo caliente que estaba ella esos días me entró la duda de si no habría estado follando con alguno o le había hecho alguna mamada a alguien. Lo que si era evidente es que estaba muy cachonda, puesto que sus jugos la delataban al tener la parte del pantalón que estaba en contacto con su potorro totalmente mojado. No me atreví a preguntar nada, primero porque me invadieron los celos y segundo porque me excitaba tanto la idea de que fuese verdad que no quería estropearlo con una pregunta indiscreta.

Cuando salí de la ducha ella estaba apoyada en la barandilla de la terraza de la habitación. Era una visión lasciva verla de espaldas, con su culo en pompa, mostrándome sus nalgas y aquellas piernas que parecían interminables al mirarlas. Se giró al oírme, y corrió a besarme. Me decía que estaba loca de contenta, que como había cambiado nuestra vida en tan poco tiempo, que la pasión la desbordaba, que estaba caliente como una perra de lo golfa en que se estaba convirtiendo. Que si yo la quería, que si la deseaba….en fin, que me puso el rabo tieso de verla como estaba vestida, de las cosas que me decía y de pensar en el pedazo de putón que tenía por mujer y lo que me gustaba el cambio que había dado. Sin darnos cuenta estábamos en la terraza, yo desnudo, de pie y con la polla firme, mirando al cielo y ella en cuclillas haciéndome una mamada como nunca. No tarde ni 2 minutos en tirarle varios chorros a la cara y boca y mientras ella se relamía y se los metía en la boca con los dedos me di cuenta que varias habitaciones más allá de la nuestra y en su terraza había unos jóvenes extranjeros que aplaudían la faena de mi esposa mientras le mostraban sus vergas tiesas en su mano, con claro gesto de pajearse. Ella se quedó mirándolos, eran 4, y no tendría más de 20 o 25 años, me miró y me dijo “ has visto lo cachondos que los he puesto…..pues ahora verás, ja….” E inmediatamente se quitó el mini pantalón y allí mismo, de pie, comenzó a masturbarse delante de ellos. Se metía los dedos mientras les miraba y se pasaba la lengua por los labios. Con la otra manos e frotaba el clítoris y no hacia más que jadear de gusto. Ellos se hacían una paja y la miraban incrédulos del espectáculo de semejante hembra caliente. No tardó nada en correrse. Tuve que agarrarla porque las piernas le flojearon del gusto que le vino, pero no perdió detalle de las pollas que los chicos masajeaban y pronto le obsequiaron con unos chorros que salían disparados de sus pollas hacia la calle. Ella les sonrió y les envió unos besos cariñosos mientras ellos se metían los dedos en la boca, haciendo el gesto de la mamada, pidiéndole a mi mujer que fuese a la habitación.

Nos metimos en la nuestra, ella temblaba de lo caliente que estaba y me decía si le había gustado el espectáculo. Yo estaba otra vez empalmado y quise follármela poniéndola otra vez a cuatro patas, pero ella me paró y me dijo que no fuese impaciente, que teníamos toda la noche para divertirnos y que quería tenerme en plena forma. Me hizo vestirme con un pantalón vaquero ajustado, y por dentro una tanguita de cuero negra. Me había comprado esa misma tarde ella una camiseta negra de manga corta, de lycra que se me pegaba al cuerpo. Como me machaco en el gimnasio tengo buenos músculos para lucir. Y también unas botas camperas muy extravagantes. Así vestido tenía un aíre a macarra que no me lo quitaba nadie. Vamos un chuleta de playa. Me besó metiéndome la lengua hasta la campanilla, me tocó el paquete con su mano derecha y me susurró al oído “te voy a chupar hoy hasta la ultima gota de leche….cacho cabrón!”.Antes de salir de la habitación, nos besamos levemente; no me dejó besarla en la boca para no estropear el maquillaje de los labios, pero solo con el abrazo y sentir el olor de su perfume, me fue suficiente para experimentar una leve erección; la noche se presentaba idealFue entonces cuando se me pasó por la cabeza una idea maravillosa, que me excita muchísimo y que a veces le he pedido a mi mujer: consistía en que cuando bajásemos a cenar el restaurante, lo hiciese ella sin ropa interior; es decir, que fuese a cenar sin bragas; ella se había depilado las piernas y las tenía mas suaves que la superficie del mármol y, aunque no había afeitado la totalidad de la vulva, se había dejado su vello íntimo muy cortito, reduciéndose casi su extensión a la zona del pubis.

Me fue inevitable pensar en la situación en la que Sharon Stone en "Instinto básico", mostró al grupo de policías que la interrogaban -y al mundo entero-, sus encantos de una forma fugaz. Tampoco lo conseguí a la primera; tuve que insistir varías veces y casi enfadarme, argumentando que uno de los objetivos de nuestro viaje era precisamente dejar de lado la monotonía que en lo sexual nos había invadido anteriormente.

Al final aceptó; se despojó de las medias delante de mí y pude comprobar que el color de la piel de sus muslos, todavía sin broncear, era mucho más natural y bello que el color de sus medias; a continuación, de espaldas a mí, se subió la falda y pude ver sus bragas blancas que ocultaban sus preciosas nalgas. Introdujo sus manos entre la tela de las braguitas y su piel y tiró de ellas hacia abajo. Mientras descendía la pieza por sus muslos, pude ver su culo, lo que me produjo otra leve erección que me hizo pensar en la posibilidad de no ir ni a cenar ni a ver el espectáculo porno que teníamos previsto. Pero me aguanté y supe esperar.


Y así vestido me hizo salir del la habitación y me dijo que le esperase en un restaurante que estaba cerca del hotel, en el que habíamos cenado hace tres días. Yo le pregunté que qué iba a hacer ella mientras y me contestó que era una sorpresa, que me fuese de una vez que se le hacia tarde.

Estuve casi una hora escondido cerca de la salida del hotel. Estaba mosca y quería saber a donde iba. Pero no salió. Pensé también que había aprovechado para ir a la habitación de los chavales de antes y pegarse el lote con ellos, pero tampoco, pues a los pocos minutos de haber salido yo, ellos lo hicieron detrás de mí, incluso me vieron y con el gesto del dedo índice hacia arriba y con un guiño de ojo me dieron el visto bueno a la faena de al terraza. No se me ocurrió pensar que posiblemente se estaba arreglando concienzudamente de una manera sexy y provocativa para mi. Enseguida me di cuenta y me fui cuanto antes al restaurante no sea que me pillase y jodiese la noche.

Después de varias cervezas y de reservar una mesa llegó ella. Me di cuenta por la cara del camarero y de algunos clientes que estaban cerca de mi. Me giré y ya tenía su boca en mis labios. Me besó como si fuese mi perra viciosa y me espetó delante de todos “te gusta tu PUTITA…..? “. Estaba impresionante. No daba crédito. Como mi mujer había cambiado en unos días. Por mi cabeza pasaron muchas cosas rápidamente pero lo más importante era que estábamos disfrutando los dos del sexo gracias a que habíamos liberado nuestras mentes, sin tabúes y sobre todo que coincidíamos en los gustos. Dentro de ella se escondía una mujer exhibicionista, muy puta y muy guarra con un marido chulo, vicioso y putero. Si amigos míos, allí estaba ella vestida de PUTON , bueno vestida por decir algo porque era tan poca la ropa que llevaba que además de mi.No me fue posible quitarme de la mente ni un solo momento el hecho de que mi mujer estuviera sentada con falda y sin bragas; ella bien se preocupó de cerrar bien sus piernas, incluso llegando a cruzarlas de vez en cuando, evitando así la mirada directa de algún curioso que se apercibiera de tal situación creo que todos los tíos que había en el restaurante estaban con la polla tiesa y deseando de follarse a aquel pedazo de putón.

Para la cena se vistió estupenda: formado por una micro falda blanca y una blusa clara con botones muy transparente; ligeramente pintada estaba estupenda. La belleza de su cuerpo se veía aumentada por unas medias de red y por sus zapatos de tacón, que hacían juego con la micro falda .
Evidentemente solamente le tapaba la mitad de sus nalgas, pero ese remate de puntilla disimulaba un poco tanta carne, porque entre lo que se podía ver y lo que se dejaba a la imaginación podía uno pensar que no llevaba nada debajo. Ella, como si me leyese el pensamiento, se dio una vuelta sobre si misma y mirándome a los ojos me volvió a preguntar, ingenuamente, si me gustaba o no. Evidentemente al girarse la minifalda cogió vuelo y nos enseño a todos lo bonito que tenía trasero y lo depiladito que llevaba el coño. La guarra de ella se sonrió y besándome en lo labios me dijo si ya había reservado mesa. Je, pensé yo, y aunque no lo hubiese hecho y no hubiese mesa seguro que aquel camarero que la miraba con ojos desorbitados se hubiese buscado la vida para que semejante belleza se quedase en ese restaurante para poder seguir disfrutando de ella. Mientras tomábamos unas cañas la observaba. En la parte de arriba llevaba un corpiño de charol negro, atado por delante y por detrás con cuerdas, de tal forma que le hacia una cintura de avispa. Por detrás dejaba al aíre casi toda la espalda y por delante le hacía un escote exageradamente voluptuoso, sus tetas parecían que iban a explotar si respiraba más fuerte de lo normal. En Los pies llevaba unas medias de red blanca solamente hasta los tobillos, enfundadas en unas sandalias de charol negras, de tiras finas y con un taconazo de aguja exagerado, por lo menos medían de 18 a 22 cm., estaba completamente de puntillas, apenas podía caminar. Los pasos los tenía que dar muy cortitos para no caerse, pero ella le daba una gracia al movimiento que parecía una gatita en celo mostrando su cola. Las uñas tanto de los pies como las manos las llevaba pintadas de negro brillante, al igual que los labios, remarcando el reborde con rojo intenso, para que resaltara más si cabe su cara de come pollas. Los ojos los llevaba muy pintados, con exceso de rimel y las pestañas eran postizas y muy largas. En el cuello llevaba una cinta roja ajustada lo que le daba un aíre de fulana que me ponía caliente, además, con la cara de viciosa que tiene yo no sabía si iba aguantar toda la noche sin tirármela allí mismo delante de todos. Además la muy puta se me había presentado con dos coletas que ya no había lugar a dudar que mi querida esposa era toda una puta calienta poyas.

Cenamos, si, durante 2 horas largas fuimos atendidos por diferentes camareros que se mataban por ver a la guarra de mi mujer. Ella se pasó todo el rato provocando, dejando ver sus lindas piernas, su tetas que por momentos parecían quererse salir de aquel apretado corpiño. Se levanto al WC varias veces y nos deleitó a todos lo comensales con su provocativo meneo de caderas mientras la minifalda volaba de lado a lado de su piernas dejándonos ver sus morbosas nalgas. Ella sabía que la mirábamos y se recreaba exhibiéndose. En fin que fue una cena muy pero que muy caliente. Yo tenía la polla que me dolía de lo que me apretaba el pantalón y ella estaba muy pero que muy caliente, la perra de ella echaba jugos que daba gusto. Cada vez que se levantó al WC dejaba el asiento mojado y si te fijabas en la parte interna de sus muslos se le notaba el brillo de los líquidos que resbalaban entre ellos.

Cuando salimos de allí eran casi la una de la madrugada. Nos invitaron a varios chupitos y ya no sabían que hacer para retenernos más. Uno de los camareros se atrevió a decirnos que había un Pub cercano en el que se podía tomar una copita a gusto. Que él iba casi siempre al cierre y que si íbamos nos acompañaba para enseñárnoslo. La verdad, yo hubiese hecho los mismo. Mi mujer fue al que más calentó en toda la noche. Lo tenía loco y el chaval no sabía como hacer para tirársela. Le echó huevos pero mi mujer tenía otros planes. Con una sonrisa en los labios le contesto que tal vez iríamos y meneando su trasero salimos de allí mientras todos nos la follábamos con los ojos.

Dando un paseo nos dirigimos hacia la zona de los Pub y discotecas cuando en una de estas me dijo “entra en ese local y cuando me veas entrar te vas al WC”. Así lo hice, a los 10 minutos de entrar yo lo hacía ella acompañada de alguno que la había visto en la calle y quería ligársela. Nada más verme ir hacia los servicios ella le dijo al otro que enseguida volvía que tenia que orinar. En cuanto entré ella me empujo hacia adentro y aunque había dos chicos orinando en los de de pié, ella me metió en uno de los que tienen puerta y allí si mediar palabra me cogió la mano y me la llevo a su encharcado chochete. Dios mío, era un lago, nada mas apoyar mis dedos estos se hundieron dentro, resbalaron en su interior sacándole un gemido mientras me mordía la oreja y me suplicaba como una perra en celo “ Fóllame….métemela dentro, so Cabrón,…..fóllame aquí, como a una guarra….um….metemela ya….si…dame tu polla hijoputa…….ah….quiero correrme como una perra………..um”. Realmente estaba salida, menudo pedazo de putón que tenia por mujer. Se la metí sin contemplaciones. Yo también estaba que iba a explotar. Ella me daba la espalda, apoyaba sus manos en la pared mientras ponía el culo en pompa que con los taconazos que llevaba se lo dejaba más alto que mi polla, por lo que yo agarrándola de las caderas podía follarmela a placer. No tardó nada en correrse, apenas un minuto o dos. Estaba muy caliente y tuvo que meterse el dorso de la mano en la boca para apagar sus aullidos de placer, aunque si había alguien fuera podía saber perfectamente que la muy puta estaba corriéndose de gusto, como así fue luego al salir. Yo tampoco aguanté más y le llene todo el chocho de mi leche caliente. En cuanto la sintió, ella misma se sacó mi polla y agachándose delante mío me limpió la polla con su boca como si en ello le fuese la vida. Desde mi posición podía verle el coño, todo abierto rezumando un líquido blanquecino, mezclado con sus jugos. Se levanto y me besó guarramente, metiéndome la lengua por todos mis recovecos de la boca mientras se mezclaban nuestras salivas y los restos de mi corrida. Le eché mano al coño y estaba encharcado, le resbala por los muslos. Que guarra estaba. Enseguida me quitó la mano y me dijo que no le limpiase, que fuera había un tío que la estaba esperando y que se lo iba a traer al servicio para que le comiera el coño y se lo dejase súper limpio. Ella a cambio le haría una buena mamada. Joder, menuda cerda, yo quería ver si aquello era verdad, pero no hubo suerte. Imagino que algunos de los que salieron del WC comentaron lo que pasaba dentro y el tío con el que entró se asqueó de esperar o se pensó que otro se le había adelantado. El caso es que después de tomarnos un cubata en ese local nos metimos en una discoteca del paseo con mucho extranjero muy joven.

Serían ya más de las 2 de la madrugada y nada más entrar mi mujer fue agasajada por uno chicos, los vecinitos de la tarde que se habían pajeado mientras ella se exhibió y corrió delante de ellos. Mi mujer estaba muy caliente,. Podéis imaginaros como iba con todo lo que llevábamos de marcha. Pasar un día así es una pasada, es increíble como tienes las pelotas de lo cachondo que vas y más ella que enseguida me dijo al oído “ cariño…um……..estoy muy caliente, necesito pollas….vámonos para el hotel que quiero que tu y los vecinos me folleis hasta que me salga leche por la orejas…”.Le guiñé un ojo y le dije que lo estaba deseando, no me dio tiempo a moverme, enseguida se acerco a uno de los chicos le dio un morreo que le limpió todos los dientes mientras con su mano derecha le sobaba el paquete. Cuando otro de lo chavales quiso morrearla, ella se abrazó a su cuello y mientras le hablaba al oído él no dejaba de masajearla las tetas por encima del corpiño mientras que el que acababa de besar le sobaba las nalgas por debajo de la mini y le metía los dedos en el coño, hizo un gesto de sorpresa y los sacó pringados de un líquido pegajoso, ella los tomó con la mano y se los llevó a la boca chupándolos como ella solo sabe hacer. Todo ocurrió muy rápido y ya estaba ella abrazada a la cintura por dos de ellos, mientras con la lengua haciendo bulto en su boca y con el puño cerrado como si tuviese algo dentro les hacia el gesto de mamar vergas y les decía a ellos y a mi “ quiero vuestras pollas…….quiero mamarlas y que me folleis como a una puta…..”.

En el camino al hotel la estuvimos metiendo mano por todos lados. Ella se dejaba y se notaba que estaba muy caliente. Me miraba y se relamía de gusto mientras me decía que iba a saber lo puta y guarra que era, que se iba a dejar follar por todos sus agujeros hasta no aguantar más. Ellos no entendían nada de lo que decíamos pero solo de verla y oírle decir puta, guarra y otras obscenidades, se frotaban el paquete. Justo antes de llegar al hotel conseguimos hacerles entender que entraran ellos primero y que luego lo haríamos nosotros. De esta forma por lo menos, en recepción, no sabrían que íbamos a hacer. Además los chavales, estaban tan salidos que daban unas voces de escándalo, y eso que solamente eran dos. Les hicimos entender que les esperábamos en nuestra habitación.

Así lo hicimos y no acabábamos de entrar cuando tocaron a la puerta. Eran Eric y Jon, los dos chicos anteriores. Nada más entrar mi esposa los recibió con un buen morreo a los dos, se agachó delante de ellos y sacándoles sus pollas se las metió alternativamente en la boca, mamándolas como una perra en celo. Chupaba con tantas ganas que los muchachos no le aguantaron nada y enseguida comenzaron a echar chorros de leche en su cara y boca. Ella seguía mamándoles hasta no dejar ni una sola gota en sus pollas. Había que verle la cara de puta que tenía, una viciosa con aquellas coletas pringadas de corrida y los labios de su cara desbordando cuajada de aquellos chavales. Yo me estaba pajeando de ver lo guarra en que se había convertido mi santa esposa y si aguantar más la cogí por detrás, metiéndole la polla en su encharcado coño, y con un ritmo frenético de mete y saca de infarto la hice chillar como una cerda. Los chavales intentaban taparle la boca con las manos, para que no se oyera tanto escándalo pero fue imposible, se corrió tres veces seguidas, quedando tendida en el suelo mientras pedía más pollas “ quiero más…cabrones………….follarme más. Darme pollas…..soy vuestra puta………follarme”. No aguante y me corrí en su coño dejándola toda pringada. La escena era de lo más morbosa. Mi mujer estaba en el suelo de rodillas, con la cara llena de semen apoyada en el suelo, que con esas coletas y el maquillaje que llevaba le daban un toque guarro y vicioso. Su culo en pompa, ofrecido hacia nosotros tres, las piernas muy abiertas y chorreándole semen por el coño, cayendo un hilillo blanco de esperma a la moqueta. Nosotros tres estábamos desnudos de cintura para abajo y teníamos nuestros rabos en la mano, nos los meneábamos mientras mirábamos a la puta de mi mujer como nos insultaba y nos pedía que la follásemos, que le diésemos polla. Así estábamos cuando tocaron nuevamente a la puerta. Pensé que algún cliente del hotel se había quejado de la escandalera de mi mujer y que alguno de recepción venía a llamarnos la atención. No me dio tiempo ni de acercarme a la puerta, ni siquiera para no dejar ver lo que había dentro o de taparme la polla. Eric, abrió de par en par y allí había cinco chavales más, los otros dos que estaban con Eric y Jon, que se llamaban Saúl y Jonatan, y tres mas que por lo que luego supe conocieron en la discoteca y que eran del mismo lugar que ellos. Se llamaban Johnny, Abdul y Karim, evidentemente estos dos últimos eran origen árabe y se les veía dos chavales curtidos,. Muy altos, 1,90 o más musculosos y con una pollas impresionantes. Se conoce que al llegar al hotel y cuando nos separamos para entrar, Eric les avisó por el móvil diciéndoles que estaban con la guarra de mi mujer, que se la iban a tirar con mi consentimiento, que si estaba salida perdida, que le habían metido mano, que si era una calentorra….etc…..Bueno que se pusieron cachondos y se apuntaron a la fiesta. Estubimos durmiendo toda la mañana hasta las 18.oo horas
agotados y de semejante noche salvaje.
Al día siguiente nos marchamos del hotel despues de finalizar la cena, regresamos a nuestra habitación, para asearnos un poco y para que ella retocara su maquillaje; allí le propuse de nuevo a mi esposa que asistiese al espectáculo porno sin sus bragas, pero está vez no lo conseguí; aunque no se cambió de ropa, se puso sus braguitas blancas de algodón y las medias que antes se había quitado.

Hicimos un poco de tiempo hasta la hora de inicio del espectáculo porno, ordenando cosas, leyendo los prospectos del hotel donde, por cierto, se ofertaban toda clase de masajes relajantes y sensitivos, y probando la televisión, alcanzando a ver varios canales de películas X. Dios mío, el sexo estaba presente en este hotel por todas partes.

- "Estoy intrigada por lo del espectáculo", me dijo mi mujer mientras se pintaba los labios.

Pedimos un taxi en recepción que nos acercó al local entre LLORET y BLANES en cuestión. Cuando entramos no había mucha gente en su interior, pero lo que si había era paridad: todo eran parejas; con nosotros, unas seis en total. Tengo que reconocer que en principio el lugar no me gustó; el sitio no era elegante, las luces y la decoración eran mas propias de un club de alterne que de un ambiente mínimamente selecto, donde su suponía que asistirían parejas un pelín exigentes.

Pero cuando descendió la intensidad de luz y el espectáculo iba a empezar, todo ello quedó en un segundo plano, y nos dispusimos a disfrutar de lo que allí se nos iba a ofrecer, fuese de la calidad que fuese; además, si ello se hacía insoportablemente obsceno, siempre quedaba la opción de abandonar el local y que ello quedara en una anécdota más de nuestras breves vacaciones.

Inmersos en una luz tenue, un hombre hizo la presentación de una mujer; ella apareció luciendo un ligero vestido transparente que dejaba ver perfectamente su ropa interior, que consistía en un brevísimo sujetador y unas braguitas tipo tanga, todo ello de color blanco que brillaba intensamente bajo el influjo de una luz ultravioleta.

La mujer, algo vulgar debido a sus elevadísimos tacones tipo prostituta, estaba buenísima de verás: era guapa y estilizada. Comenzó a bailar al ritmo de una música de fondo melódica; poquito a poco, se fue despojando del vestido, quedándose en ropa interior. Todos aplaudimos. Mi mujer sonreía y observaba detenidamente el espectáculo.

- "¿Estás cómoda?", pregunté a mi mujer.

- "Sí, claro. Calla y observa", me espetó.

La chica comenzó su striptease lentamente; nos descubrió sus pechos, que se me antojaron perfectos y, al ritmo de la música y de espaldas, se fue bajando lentamente su tanga hasta dejar su culo totalmente al aire. Todos aplaudimos y ella, en agradecimiento, se dio la vuelta y nos dejó ver su pubis desnudo, cubierto de un triangulo muy poblado de vello oscuro.

Se apagaron todas las luces durante un momento y, cuando se hizo la luz de nuevo, la chica ya había desaparecido. Todos volvimos a aplaudir.

- "¿Qué te ha parecido?", pregunté a mi mujer.

- "Bien, muy bien", me contestó ella, visiblemente sonrojada.

Después, bebimos y charlamos de temas triviales, hasta que de nuevo la intensidad de la luz descendió y apareció el mismo presentador, que ahora hablaba del próximo número. Pronunció dos nombres: uno femenino y otro masculino, instante en el que nos imaginamos que era el número "fuerte" el que estábamos a punto de ver.

Apareció una mujer andando lentamente de una forma elegante y sensual; se trataba de una mujer muy joven, pelo largo y rubio, que me imaginé, por sus rasgos, procedente de algún país del este. Era guapa, más guapa que la anterior y en absoluto vulgar. Tenía un traje de chaqueta y pantalón de corte masculino, que no ocultaba lo más mínimo su excelente figura. Tenía los labios gruesos y sensuales, y realizaba con ellos a menudo el gesto del beso.

Apareció de inmediato un hombre joven, también rubio, elegante y bien parecido, vestido con un traje de marinero; ambos empezaron a bailar lenta y sensualmente. Noté que mi mujer experimentaba una creciente excitación.

- "¿Te gusta el chico?", le pregunté a mi mujer.

- "¡Vaya!", fue lo único que contestó.

Poco a poco, mientras bailaban, se fueron despojando de su ropa: chaquetas, pantalones y camisas fueron cayendo al suelo, y pronto quedaron ambos en ropa interior; ella quedó imponente con su conjunto transparente de sujetador y braguitas.

Mi mujer y yo estábamos ahora muy relajados y disfrutando del espectáculo que se nos ofrecía, seguros de que lo que estaba por venir era mucho más fuerte y excitante.

Los actores bailaban sensualmente al ritmo de la música lenta, frente a frente y en silencio. Entonces el hombre desabrochó el corchete del sujetador de la chica y sus pechos quedaron desnudos; inmediatamente él puso sus manos sobre ellos y los empezó a sobar con descaro. Ella cerró los ojos y gimió en voz alta.

Ahora el hombre descendió sus manos a la parte trasera de las bragas de ella y metió su mano por dentro; sobó a placer sus nalgas con movimientos circulares amplios y un poco mas tarde fue descendiendo la prenda a lo largo de sus muslos y finalmente se agachó para liberarla de ambos pies. La chica estaba ahora totalmente desnuda, manteniendo únicamente en su cuerpo los zapatos de tacón y las abundantes joyas que portaba en cuello y muñecas.

De nuevo hubo aplausos, comentarios y murmullos de excitación. La chica se apartó un poco de él y se agachó, colocando su boca a escasos centímetros de su pene; sus manos fueron bajando poco a poco la prenda que lo ocultaba, hasta dejarnos a la vista un pene flácido y colgante; ella lo acarició y empezó a besarlo de inmediato, provocándole una visible erección que no dejó indiferente a ninguna mujer del público, tampoco a la mía, que aunque tímida a veces, ahora estaba presa de una terrible calentura, y notaba que disfrutaba enormemente con ello.

La boca de la chica se acercaba sin demora al pene que acariciaba, ahora de un tamaño mas que considerable -casi veinte centímetros, diría yo-, hasta rozar con sus labios la punta del glande. Sin más dilación, se lo metió casi entero en la boca, lo que provocó un grito al unísono en las gargantas de todas las mujeres presentes.

Ahora, ella lo chupaba y succionaba visiblemente, moviendo la cabeza de una forma obscena pero encantadora; se percibía claramente que el ritmo de las chupadas iba in crescendo de forma inevitable.

De repente, el hombre se retiró de ella y se cogió el pene con la mano, masturbándose visiblemente, tardando no más de veinte segundos en correrse, emitiendo una buena cantidad de semen, que fue a desparramarse en los pechos de la preciosa mujer.

La luz se volvió a apagar y cuando regresó, ya no había nadie en el escenario. Otra vez, aplausos, risas, expresiones de admiración,… el numerito había sido realmente bueno y el público así lo reconoció con su actitud.

Volvimos a hablar y a beber algo más, unos chupitos que ya acusábamos un poco, sobre todo mi mujer, que ya desinhibida, me comentaba abiertamente lo que acababa de ver, centrando sus comentarios en el tamaño del órgano del hombre y en lo poco que él había tardado en correrse, todo ello descrito con palabras obscenas que mi mujer no solía utilizar normalmente, tales como "polla", "mamada" y "chorros de leche".

Bueno, la cosa no va mal, pensé yo. De nuevo salió el presentador, exponiendo lo que iba a ser el tercer y último numerito de la noche: "el más picante", como definió él. Para ello, necesitaba la colaboración de alguna mujer del público. Las risas nerviosas y los comentarios soeces invadieron la estancia.

Se trataba -explicaba el presentador-, de hacer un striptease por parte una mujer del público allí presente, siempre que no le importase colaborar y desnudarse hasta el punto que ella deseara; es decir, si alguna mujer llegase a realizar un striptease completo, lo haría sin ninguna obligación y, si no se atreviese a tanto, el público restante valoraría seguramente que se quedase al menos en ropa interior, tanto o más como el desnudo de las chicas profesionales con el que tanto habíamos disfrutado anteriormente.

Al poco tiempo, las luces descendieron hasta una intensidad mínima y dos chicos jóvenes y atléticos, de rasgos caribeños, aparecieron en el escenario: ellos serían los encargados de "ayudar a desnudar" a la mujer voluntaria.

Aunque los chicos animaban a ello, ninguna mujer se decidió. Entonces uno de ellos se dirigió al publico y al azar se acercó…¡a mi mujer!.

Aunque ella se negó a levantarse, los chicos, con su acento meloso y con su irresistible simpatía, la conminaron a levantarse y se la llevaron, cogida de las manos, al escenario. Aunque me miró con los ojos a cuadros, esperando que yo la librase de esa situación tan comprometida, no hice nada al respecto ni tampoco opuse ninguna objeción.

Una vez en el escenario, ella se reía abiertamente al tiempo que negaba con la cabeza; a veces, se tapaba la cara para disimular su evidente sonrojo, poco visible ahora por la baja intensidad de los focos que iluminaban el escenario.

- "¿Cómo te llamas, preciosa?", le preguntó uno de los chicos.

- "Yolanda", contestó tartamudeando.

- "No te preocupes, SILVI; no harás nada que no quieras", la tranquilizó el otro.

- "Eso espero", dijo mi mujer con risa nerviosa.

- "Si en algún momento te sientes incómoda, no tienes más que marcharte", dijo el primero.

- "De acuerdo", dijo ella, sintiéndose más tranquilizada.

Una música melódica invadió el ambiente; yo no me atrevía a mirar directamente a mi mujer a los ojos, porque pensé que si nuestras miradas se cruzaban en aquel instante, ella tomaría conciencia de la situación y se marcharía del escenario. Y yo quería en realidad que mi mujer pasara por aquello. Pensé para mi mismo: "Tranquilízate Yolanda. Aquí no nos conoce nadie".

Se retiró uno de los chicos a un lado y el otro, el más atractivo, se puso a bailar con mi mujer; bailaban lentamente, frente a frente, bien acompasados. Con una delicadeza difícil de explicar con palabras, el chico le quitó a mi mujer la chaqueta y la depositó sobre una silla que había en el escenario.

Siguieron bailando durante dos minutos más. Entonces, él se puso a sus espaldas sin parar de bailar, le acariciaba la cintura a mi mujer y ella no oponía resistencia alguna. En un determinado instante, las manos de él subieron hasta el botón superior de su blusa e intento desabrocharlo. Ella con un movimiento de brazos no lo permitió, pero él le dijo algo al oído y volvió a intentarlo; ahora ella no se lo impidió.

Fue desabrochándole lentamente todos los botones de la blusa hasta dejarla abierta por completo. Su sujetador quedó a la vista de todos los allí presentes. Las manos hábiles del chico continuaron su trabajo y se deslizaron por los hombros de ella, quitándole la blusa por completo.

- "¿Me permites?", dijo él, colocando sus manos cerca de sus pechos.

- "Adelante", dijo ella, con los ojos cerrados.

Y tras esto, puso sus manos sobre los pechos de mi mujer, acariciándolos suavemente con movimientos circulares. No solo acariciaba sus pechos, también sus hombros eran objeto de sus caricias.

Poco a poco, mientras bailaban, fue deslizando los tirantes del sujetador por los hombros, dejando a la vista sus pezones, quedando instantes después la totalidad de sus pechos a la vista de todos.

Le desabrochó el corchete posterior y tiró la prenda encima de la silla, donde se encontraba el resto de la ropa. El publico, en ese momento, aplaudió agradecido. De nuevo se colocaron frente a frente y continuaron bailando agarrados; ella le miró a los ojos directamente, excitada por el modo en que la estaba desnudando.

- "¿Quieres desnudarte completamente?",le preguntó él, visiblemente excitado.

- "Si, claro", contestó ella decidida.

Alejada del público a unos escasos metros, Yolanda se quitó la falda con toda naturalidad mientras me observaba. Para entonces ya había superado toda la vergüenza que había experimentado al principio; la veía segura, relajada, encantada de gustar y al mismo tiempo estaba excitándose ella misma.

El chico se retiró a un lado y ella se quedó sola en el centro del escenario, siendo el centro de todas las miradas. Se volvió de espaldas y dudando unos segundos, tiró hacia abajo de sus bragas, se agachó y las sacó de ambos pies; se incorporó de nuevo, mostrándonos las nalgas más preciosas que pudimos ver en toda la noche.

Cuando se dio la vuelta, nos dejó ver su vello púbico al descubierto; era breve y debajo de él se insinuaba perfectamente la rajita de su vulva.

El público volvió a aplaudir, ahora con mucha más intensidad.

El otro chico, el que no había bailado con ella, hizo su aparición en el escenario y se colocó a su lado:

- "Extraordinaria; eres realmente preciosa", dijo.

- "Gracias", comentó ahora mi mujer, totalmente desnuda y visiblemente emocionada.

- "¿Quieres que me desnude yo?", dijo el chico.

- "Si, por favor", contestó mi mujer.

Le ayudó a quitarse y a desabrocharle la camisa. Él tocó sus tetas y pellizcó suavemente sus pezones. Ella sonreía. Él se desvistió por completo. Su cuerpo estaba totalmente bronceado. Tenía un pene grueso y oscilante, pero no se encontraba en erección.

Se abrazaron ambos y comenzaron a bailar. El público estaba en silencio absoluto, totalmente expectante, disfrutando de un espectáculo sin igual. Él se dio media vuelta, y se colocó de espaldas a ella; mi mujer ahora estaba detrás de él acariciándole el pecho; fue bajando hasta coger el pene con sus dedos y se puso a acariciarlo suavemente. Lo masturbaba muy despacio y todos pudimos comprobar que el miembro crecía visiblemente.

Se volvieron a colocar frente a frente y se besaron en la boca; sus bocas se fundieron en un beso largo y profundo, mientras se acariciaban sus cuerpos mutuamente. Él acarició su cintura y descendió lentamente hasta sus nalgas. Las palpaba directamente sin recato. Pudimos comprobar que tenía el pene ahora completamente duro, apuntando hacia arriba, con el capullo perfectamente visible y mas hinchado que nunca.

Mi mujer fue observando su cuerpo mientras iba descendiendo hasta adoptar la posición en cuclillas; el pene del chico quedó entonces a dos centímetros de su boca. Lo cogió con una mano. Se notaba que disfrutaba con su rigidez y su tamaño. Ella se inclinó lentamente hasta besar la punta del pene; comenzó a pasar los labios por la tersa piel de su enorme glande y en un momento dado, se metió la mitad del pene en su boca.

Comenzó a mamarlo con suavidad, moviendo rítmicamente la cabeza adelante y atrás, mientras le agarraba la base del pene con fuerza. Él empujaba la cabeza de mi mujer para sí, deseando que el miembro se introdujese más al fondo de su boca, pidiéndola ahora, en voz alta, que se la metiera más adentro.

Como se trataba de un pene muy grueso, los labios de ella permanecían totalmente abiertos mientras se lo chupaba; se trataba de una imagen deliciosamente obscena, pero que a todos los presentes se nos antojaba maravillosa.

Ahora notaba que mi mujer estaba disfrutando verdaderamente, con aquel pene totalmente erecto alojado en su boca. El chico empezó a mover su pelvis más rápido y de repente un violento orgasmo le hizo temblar; no se retiró, pero todos le sentimos correrse. Las luces se apagaron y la oscuridad total nos sacó del trance en el que todos estábamos inmersos.

A los dos minutos, se hizo la luz. El escenario estaba totalmente vacío. Casi al instante, salió al escenario un grupo de seis personas -tres hombres y tres mujeres- bailando salsa; no era un baile de corte erótico, pero si muy espectacular. En aquellos momentos me empecé a sentir mal; aunque al principio fue muy excitante, ahora parecía estar arrepintiéndome de haber empujado a mi mujer a realizar aquello. Reflexioné mucho sobre ello mientras esperaba a mi mujer.

A los diez minutos, regreso SILVI; estaba radiante, muy guapa, guapísima. Estuvimos un rato largo sin hablar, sin que nadie dijera nada. Fue ella quien rompió el hielo:

- "¿No era eso lo que querías?", me preguntó preocupada.

- "La verdad es que si; muchas gracias mi amor; has estado estupenda", contesté, no muy convencido.

- "No me he corrido, ¿sabes?; estoy tan caliente como tú y quiero que ahora en la habitación del hotel sea especial", dijo.

Ya en el hotel, a solas con mi mujer, hablamos de todo lo que había sucedido durante el espectáculo erótico. Mi mujer dijo haber disfrutado como una loca con la exhibición; también admitió que la ayuda del alcohol ingerido en el local había sido determinante para llevar a cabo aquello delante de tanta gente.

- "Quiero hacerte una pregunta y deseo una respuesta sincera", le dije.

- "Adelante cariño, no te mentiré", me contestó.

- "¿Te gustó la polla de aquel chico?", pregunté.

Entonces ella se fue desnudando poco a poco; yo, sentado en la cama, disfrutaba del streptease que me ofrecía, pero no había contestado a mi pregunta.

Cuando se desnudó, se acostó en la cama boca arriba. Se abrió de piernas y levantó bien las rodillas, agarrándoselas con las manos. Su coño semiafeitado estaba de lo más apetecible.

- "Si, me encantó su polla; era grande y dura,… ¿era eso lo que querías saber?", dijo.

- "¿Te excitó chupársela?", volví a preguntar.

- "Si, disfruté como una puta guarra", me dijo, casi gritando.

Mi polla estaba a punto de reventar; me quité los pantalones y los calzoncillos en un santiamén y la penetré casi salvajemente. Mientras la estaba follando, me pidió que la insultase, y eso me encantó.

Entre gritos de "puta" y "guarra", me corrí en su interior; fue un orgasmo intensísimo; no recuerdo nada similar.

Después me agaché para chuparla, le comí el clítoris y la entrada de la vagina y ella se corrió de inmediato. Le subí las rodillas y abriendo sus piernas al máximo pude ver también el precioso agujerito de su culo: me incliné para besárselo y chupárselo. Continué chupándole el coño y el culo y noté que ella volvió a correrse de nuevo, casi gritando.

Cansados los dos, caímos rendidos y dormimos profundamente.

Los días siguientes no hablamos más de lo que ocurrió durante la noche del espectáculo. Los días siguientes fueron transcurriendo sobre ruedas, en lo tocante al sexo. Fuimos a unas playas nudistas, y disfrute como un loco cuando veía a mi mujer exhibirse desnuda, no perdiendo de vista a las demás mujeres que por allí deambulaban.

Lo cierto es que ahora me encanta recordarlo, porque fue algo encantador, por lo prohibido, por lo obsceno, por observar como mi tímida mujer se transformó, con la ayuda del alcohol, en una verdadera puta; que era, al fin y al cabo, lo que yo le había pedido que hiciera.
Al día siguiente nos marchamos del hotel y comenzó una nueva vida para nosotros. Esto ocurrió hace unas semanasde vacaciones de semana santa.... y vivimos las fantasías sexuales a flor de piel. Ella es una grandísima puta, se ha vuelto muy guarra y se pasa el día caliente pensando en que historia montar para disfrutar a tope los dos.




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Relato: mama sin bragas en vacaciones de semana santa
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