webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
- 19 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
- 22 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
- Edad 19


Conexion desde su casa
"Imagen real"
Click to Download this video!


Relato: Mi Inolvidable Iniciación (02)



Relato: Mi Inolvidable Iniciación (02)

Cap. III



Los días que siguieron fueron de descanso para nosotros, pues
los profesores de la escuela saldrían a una junta a la capital y como
consecuencia no tendríamos clases durante una larga semana. Para mí esos días
fueron transcurriendo con pesada lentitud, ya que mi mente, alentada con la
primera experiencia tenida con el desconocido, y más aún, con las tremendas
visiones de mis hermanos cogiendo y satisfaciéndose en lo oculto del campo, sólo
deseaba volver a vivir alguna de aquellas experiencias tan sabrosas que tanto me
agradaban ya.


Pasado el período de vacaciones fortuitas y habiendo llegado
por fin el momento de retornar a la escuela, reanudamos nuestra rutina de
estudiantes. Ese día, al llegar al sitio acostumbrado, como siempre mis hermanos
me pidieron nuevamente que me quedara a esperarlos en el mismo lugar. Yo me
había dado cuenta claramente cómo ellos, durante el camino de regreso,
intercambiaban ardientes e intensas miradas de deseo que yo captaba de reojo,
causándome todo eso una excitación que está por demás decir que humedecía mis
intimidades. Al llegar pues al lugar acostumbrado, esta vez accedí a quedarme a
esperarlos mientras ellos se iban a cortar mangos, claro está, ya sin proferir
queja alguna. Ellos se fueron apresuradamente y yo dejé pasar algunos minutos,
ansiosa y encendida como estaba por volver a presenciar aquella lucha brutal que
tanto hacía gozar a mis hermanitos.


Mientras esperaba impaciente el momento de irme hacia donde
ellos se encontraban, me abrí de piernas allí mismo donde me hallaba sentada, y
sin pudor alguno, comencé a acariciarme suavemente mi pubis sin vellitos y mi
rajita sonrosada y virgen, restregándome a todo lo largo mi dedo mayor,
causándome todo eso indescriptibles sensaciones de gozo. Me estaba preparando
para las escenas que minutos después, estaba segura habría de presenciar con
total interés, teniendo a mis dos hermanos como protagonistas principales. Así
que, escondiendo las mochilas donde siempre, me dirigí presurosa a observar mi
espectáculo favorito.



Como yo ya conocía el claro del bosque donde ellos realizaban
su habitual sesión de sexo, no se me dificultó en lo absoluto ubicarme
rápidamente en el mismo sitio que había descubierto con anterioridad. Al llegar
me acomodé detrás de los matorrales, disponiéndome a ver las mejores y más
calientes escenas en vivo que con tanto ardor me calentaban. Yo podía sentir,
mientras tanto, cómo me escurría ya entre mis piernas un líquido viscoso que
humedecía con abundancia mis partes más íntimas y mis braguitas de niña. Por
supuesto que María y Pepe se hallaban ya precisamente en el inicio de su ritual,
por lo cual comencé a admirar cómo ambos se desnudaban con un apresuramiento
inusual, provocado seguramente por la urgencia que sentían de desfogarse
mutuamente, sobre todo después de aquella larga semana de no haber tenido
contacto con sus cuerpos desnudos frente a frente.


Lo que vino después fue algo maravilloso, pues esta vez me di
cuenta que no siempre lo hacían de la misma forma, sino que ellos, a pesar de su
juventud, buscaban nuevas maneras de explorarse recíprocamente con la intención
de descubrir los más ocultos horizontes del placer; de saciar sus instintos al
máximo y lo mejor posible, y de probar las diferentes posiciones con el fin de
incrementar el goce sexual que juntos habían encontrado y que tanta brama les
proporcionaba.



Para mí ver todo aquello, aparte de la calentura que
provocaba en mi carne, significaba también, sin duda alguna, una bella y hermosa
oportunidad para aprender; para poder descubrir cosas inéditas y desconocidas, y
preparar con esas visiones increíbles el terreno para el futuro, pues según me
daba cuenta, el panorama que se me ofrecía era bastante prometedor y excitante
en ese aspecto. Hallándose los dos completamente en cueros, de pronto Pepe,
temblando de pasión, levantó lentamente los brazos de María poniéndose a
observar con detenimiento y con la respiración agitada las intimidades axilares
de mi hermanita, la cual presentaba en esa oculta zona una suave e incipiente
pelusita oscura que desde mi lugar podía observar como una especie de manchas
negruzcas bajo sus brazos, producidas sin duda por los pelitos color azabache
que comenzaban a salirle a María en sus bellos y exquisitos sobacos.


Ya me podía imaginar el penetrante y singular olor que mi
hermano estaría disfrutando en esos instantes, oliendo con fruición esa región
aún inexplorada por mí. Así que en un acto reflejo levanté yo misma mis brazos
para autoexaminarme esa zona, dándome cuenta que ni por asomo aparecían vellitos
en mis axilas, lo cual hacía que deseara ardientemente que pronto me saliera
también aquella vellosidad en lo íntimo de mis sobacos, para entregarme al
disfrute que sin duda significaría tenerlos. Por esa razón, al ver a mi hermana
con esos esplendorosos mapas negruzcos debajo de sus brazos me produjo hasta
cierto punto cierta envidia, pues como he dicho, anhelaba que los pelitos me
salieran, pues estaba segura por lo que estaba viendo ahora, que ese era un
punto importante en una relación sexual, al observar que Pepe mantenía su mirada
pegada a ese sitio sin quitar la vista de allí, acercando su nariz y su boca,
oliendo y lamiendo con fruición aquella riquísima zona erógena, mientras María
cerraba los ojos alentada por el fuego que le hacía sentir todo aquello.



Después de largos minutos de estar Pepe inhalando y
saboreando las exquisiteces escondidas debajo de los hermosos brazos de mi
hermanita hasta saciarse, y habiéndose calentado los dos como consecuencia de
aquellas trepidantes caricias, mi hermano la puso al fin en posición de cuatro
patas, procediendo ella a abrir lo más que pudo sus piernas mientras Pepe le
acomodaba aquel pedazo de verga ardiente que tanto se me antojaba ya. Observé
cómo él comenzó primero a tallar su falo por afuera de su chochito, con la
intención de humedecer completamente la entrada de aquella cueva que se le
ofrecía impúdica y dispuesta frente a sus ojos, para después irla metiendo
suavemente empujando su cuerpo arrodillado sobre la grupa levantada de María,
que ya emitía leves gemidos pidiéndole a mi hermano que se la metiera toda.


Los leves gemidos pronto se transformaron en gritos
altisonantes cuando Pepe por fin se dejó caer sobre ella, perdiéndose dentro de
la apretada vulva de mi hermana. En seguida él comenzó a balancearse de adelante
hacia atrás, metiendo y sacando rítmicamente su inflamada verga por entre los
pliegues lechosos de María, en tanto ella contribuía con ansiedad hacíendo lo
propio, moviendo su culo de la misma forma de modo que el deseado acoplamiento
corporal les produjera las más placenteras sensaciones. Por algunos minutos Pepe
mantuvo a María en esa posición de perrito, empujando y jalando su pene ya con
furia, ya con lentitud, de aquella cueva de Alí Babá, donde el único ladrón era
el pequeño pito endurecido de mi hermano, mientras la agarraba por las nalgas y
por la cintura apretándola contra su cuerpo estremecido por el goce que
experimentaba.



Aquel espectáculo me parecía ciertamente maravilloso, lo que
hizo que de inmediato yo me metiera los dedos con mayor fuerza y rapidez adentro
de mi bollito abierto, masturbándome con furia salvaje y explotando en un
tremendo orgasmo que por poco me hace gritar de la brama. La explosión orgásmica
de mis hermanos tampoco se hizo esperar, pues ví cómo Pepe arreció de pronto sus
penetrantes movimientos dentro del conducto frontal de María, metiendo y sacando
ahora su verga con mayor velocidad, hasta que profiriendo los dos gritos y
obscenidades que no me atrevo a describir aquí, se vinieron en urgentes y
estremecedores espamos que ambos disfrutaron hasta el delirio. Al terminar aquel
apasionado y primerizo encuentro del día, pude darme cuenta de la ardiente
fogocidad de que hcían gala mis hermanitos, pues Pepe aún mantenía una total
erección, misma que María quería aprovechar al máximo posible, y sin perder más
tiempo, observé cuando ella se recostó sobre la hojarasca jalando a mi hermano
sobre su enardecido cuerpo.


Él le levantó las piernas hacia lo alto poniéndoselas sobre
sus hombros, para después volver a acomodarle de nueva cuenta su falo bien
parado y embarrado de leche en la entradita de su ansiosa oquedad. Una vez que
los dos estuvieron a modo, él la volvió a penetrar otra vez con saña y
salvajismo hundiendo su pedazo de carne rojiza adentro de la cavidad vaginal de
mi hermana, que ya rezumaba por los lados parte de la leche que Pepe le había
derramado antes, y que ahora le escurría hasta llegar a la entrada de su culito.
Ayudado, pues, por la viscosidad de aquel catalizador natural, la penetración se
le facilitó enormemente, pues su verga se perdió rápidamente entre las
profundidades de aquella suave caverna de un solo golpe, iniciando ambos un
movimiento rítmico y acompasado que los remitió nuevamente a la locura del
paraíso.



Yo tampoco estaba quieta por supuesto, pues nuevamente
aplicaba mis dedos al delicioso tocamiento de mi entradita frontal, con la vista
puesta sobre los dos cuerpos trenzados y sudorosos, hasta sentir que las ansias
me hicieron llegar a una nueva y tremenda venida que disfruté con deleite
incomparable. Ellos, mientras tanto, seguían enrrollados como serpientes en
aquel frenético y extasiante juego carnal, besándose, gritando, mordiéndose, y
apretando sus cuerpos con desbordante lujuria, hasta que por fin, sin poderse
aguantarse más tiempo, se volvieron a venir en tremendos orgasmos que duraron
largos minutos. Pasados esos instantes de incontenible pasión, escuché cuando
Pepe le dijo a María que ya era hora de irse, pues yo podría desesperarme y
venir hasta el lugar donde se encontraban, cosa que desde luego ellos no
deseaban. Así que se limpiaron sus partes íntimas con varias hojas que
recogieron del piso, situación que yo aproveché para alejarme sigilosamente por
donde había venido. Cuando ellos llegaron hasta el sitio donde me encontraba, yo
ya los esperaba tranquilamente sin dar a sospechar nada. En seguida nos
retiramos de allí hacia nuestra casa.



Al día siguiente y deseosa de volver a ver a mis hermanos
trenzados en aquella suerte de pelea oriental sin derecho a descanso, ocurrió
algo inesperado que de alguna manera favoreció mis más íntimos deseos, y por
supuesto, mis secretos planes. De repente María se sintió indispuesta esa
mañana, pues amaneció con gripe y temperatura, así que mamá decidió que no iría
a la escuela, dándole un recado a Pepe para que se lo entregara al profesor. En
el fondo de mi corazón yo me sentía contenta, presentiendo que tal vez podría
presentarse para mí la ansiada oportunidad de que Pepe me hiciera lo mismo, ya
que sinceramente y después de haber visto todo lo que hacía con mi hermanita, se
me antojaba tanto su verga que hasta estaba dispuesta a insinuárselo, aunque de
momento no tenía tan claro en mi mente cómo hacerlo. Al retornar de la escuela y
llegados al sitio donde siempre nos desviábamos del camino, yo le dije lo
primero que se me ocurrió:


-Pepe...por qué no vamos a cortar mangos tú y yo?


-No...Angelita, ahora, no..... -me contestó- ...se nos va a
hacer tarde.


-Pero....yo quiero ir contigo....anda llévame, manito....si?


-Mira Angelita....., yo te llevaría....pero recuerda que Mary
está enferma y quizás mamá nos necesite para algo, o se preocupe por nosotros.


-Pero, manito....podríamos ir aunque sea un ratito.... si?


-Hummm....y dime, Angelita....por qué quieres ir?


-Porque quiero conocer el lugar donde tú y Mary los
cortan....Ay, y además porque se me antojaron.....la verdad es que tengo algo de
hambre....


-Está bien....iremos....pero sólo un ratito, eh?....


-Ajá...


Ocultando las mochilas detrás de un árbol, Pepe me tomó de la
mano y me fue llevando por el mismo caminillo que yo ya conocía, pero que
lógicamente él ignoraba que yo sabía. Habiendo arribado al claro del bosque
donde él y mi hermana se deleitaban con sus hambrientas sesiones de sexo, Pepe
se puso a observar los altos árboles de mango que se alzaban majestuosos sobre
nuestras cabezas. Escogiendo uno de ellos, el que estaba más cargado, se trepó
por las ramas para comenzar a cortar la madura fruta; él me los tiraba y yo los
cachaba, depositándolos en el piso y haciendo un montoncillo sobre el musgo. Yo
no podía dejar de observar atentamente el atlético cuerpo de mi hermano, que
cada día se me antojaba más, mientras mi mente divagaba en qué forma podría
incitarlo para que me hiciera lo que le hacía a María. Un rato después Pepe se
bajó del árbol todo sudoroso y se sentó en el piso para comerse algunos. Yo hice
lo mismo, sentándome también precisamente frente a él; sólo que, habiéndole dado
ya forma en mi calenturienta mente a una idea, de manera deliberada me abrí de
piernas lo más que pude para que Pepe pudiera ver a su antojo el interior de mis
muslos, donde mis calzoncitos se ofrecían ansiosos y sin pudor alguno ante sus
ojos, deseosa como estaba de que él tomara de una buena vez la iniciativa
conmigo.



Mientras nos deleitábamos cada cual con un sabroso mango de
manila, yo movía incesantemente mis piernitas de un lado para otro aparentando
distracción y como si no me diera cuenta de ello, tratando de abrirme lo más que
podía frente a su vista con la clara intención de que la tela de mis braguitas
se corriera hacia los costados de mis ingles y de alguna manera Pepe pudiera
observar al menos una parte de mi imberbe chochito. Y en efecto, él no tardó por
fin en fijar sus ojos allí donde yo quería, en tanto yo me mantenía atenta a sus
reacciones tratando de descubrir aquel brillo que había visto en sus ojos cuando
desvestía a María en la soledad del campo.


Ahora él, sentado frente a mí, no dejaba de mirar con ojos
ansiosos hacia el interior de mis piernas abiertas, mientras yo continuaba
regocijándome con aquel incomparable momento abriendo y cerrando las puntas de
mis rodillas, dándome cuenta que en la mirada de Pepe aparecía de pronto aquella
chispa singular que tan ardientemente yo deseaba contemplar. Supongo que mi
caliente hermanito, recordando seguramente las bellas nalgas de María y las
salvajes cogidas que le ponía, se reflejaba en aquellos momentos en el
espectáculo sin par que gratuitamente yo le ofrecía, con mis calzones ya
humedecidos ligeramente de aquel líquido que me escurría sin parar desde lo más
profundo de mis entrañas, pues me miraba cada vez con mayor atención, con los
ojos completamente abiertos por la calentura, y sobre todo, podía ver cómo el
bultito característico en la parte frontal de su pantalón comenzaba a levantarse
poco a poco debido la brutal erección que estaba experimentando.


Al ver que mi plan daba resultados satisfactorios, yo
continuaba fascinada y con mayor ánimo con mi caliente jueguito abriendo y
cerrando mis piernitas una y otra vez, como esperando una pronta reacción a
favor por parte de mi hermano, lo que hacía que mi corazón latiera fuertemente
dentro de mi anhelante pecho sintiendo que la sangre corría como caudaloso río
dentro de mis venas por la contenida pasión del momento. Y en realidad no tuve
que esperar mucho tiempo para que mi hermano se decidiera a dar los primeros
pasos, pues acercándose a mí, pero quedando aún los dos frente a frente, me dijo
con voz temblorosa:


-Ay, Angelita....que linda te estás poniendo.....yo no me
había dado cuenta de eso, manita......


-Si?....por qué lo dices, Pepito....?


-Pues....porque lo estoy viendo....estás preciosa....


-Ay....no me digas.....ji, ji, ji.....


-Oye...Angelita....te puedo decir algo?


-Si, Pepe....dime....


-Bueno...es que no sé....quizás te enojes por esto que te
quiero decir....


-No me enojaré.....te lo prometo....


-De verdad?....no te enojarás, sea lo que sea?


-Sea lo que sea.... –le contesté- con una emoción tal que de
seguro él lo notó en mi cara, pues sentía mis mejillas arreboladas.


-Es que....no sé si tú quieras....


-Pues.....sólo tienes que decirme qué es, manito.... –le
alenté-


-Lo que pasa....es que no estoy seguro....


-De qué...?


-De que tú quieras hacer lo que te pida.....


-Hummm....bueno....y tú cómo lo sabes? –le dije temblando ya
de calentura- Si no me lo dices..... pues nunca lo sabrás....


-Ohhhh....... está bien....mira...lo que pasa es que....


-Anda, Pepe...dímelo ya... –le urgí-


Yo continuaba abriendo y cerrando mis piernitas sin parar
frente a sus desorbitados ojos, que seguían clavados en el centro de mi
entrepierna, sintiendo cómo mi calzoncito, a fuerza de los constantes
movimientos, por fin se había corrido hacia los lados, dejándole ver a mi
hermano una parte de los labios superiores de mi sonrosada oquedad ya
humedecida, lo que hacía que a él se le secara la boca y se remojara
continuamente los labios con la punta de su lengua.


-Lo que pasa es que....me da temor...., me da miedo que lo
vayas a decir... –me dijo él con voz entrecortada, síntoma de la calentura que
estaba sintiendo-


-Decir...?.... a quien?


-Pues por ejemplo.....a mamá....


-Cómo crees...? Tú sabes que yo nunca le he dicho nada a
ella,.... ni siquiera le he contado nada de que nos quedamos aquí a la salida de
la escuela.....no es cierto?


-Si...., lo sé, Angelita...., pero....


-Entonces...tenme confianza....por qué no me lo dices de una
vez?


-Bueno.....pero tampoco debes decírselo a María....ni a nadie
más.


-Ni a María, ni a nadie....te lo prometo....pero anda.... ya
dime qué es....


-Mira, Angelita....hagamos una cosa...si?


-Pues dime qué....


-Yo te diré lo que quiero....pero con una condición.....


-Cual...?


-Que si tú no deseas hacer lo que te pida....pues olvidamos
todo....y como si no te hubiera dicho nada....si?


-Si.....de acuerdo....


-De verdad, manita....?


-Si, Pepe....de verdad....pero anda....ya dímelo....
–contesté ansiosa de la brama-


-Bueno....es que yo....ahora que te veo así como estás
sentada....pues...


-Qué...?


-Me gustaste mucho....me gusta mucho verte allí en
medio....ver eso que tienes entre las piernas.....yo quisiera....


-Ahhh....es eso....? –le dije haciéndome la desentendida-


-Si.....Angelita....es eso....y la verdad es que.....pues yo
quisiera verte de cerca tus calzoncitos.... –me dijo por fin, temblando como si
fuera un novato-


-Ohhh, Pepe.........te gustaría hacer eso? –le dije con
fingida sonrisa-


-No te enojas por lo que te estoy diciendo, Angelita....?
....recuerda lo que prometiste....


-No....., claro que no....pero, dime....cómo me los quieres
ver....?


-Pues....quiero verlos más de cerca....mirar como tienes allá
abajo....


-Ohh....bueno...está bien...., pero sólo un poquitito, si
Pepe?


-Sssi, manita.....dime....ya te salieron pelitos allí,
Angelita....?


-No....creo que aún no....pero ya quisiera que me
salieran....ya quisiera tener....., como María.


-La has visto a ella....? –me preguntó con interés-


-Si....la he visto cuando nos bañamos juntas....y ella ya
tiene bastantes....en cambio yo....


-Ohhhh....me dejas ver si tú tienes algún vellito allí.....?


-Mmmmm....bueno, pues,.... acércate y fíjate bien.... –le
contesté conteniendo una emoción que jamás había sentido antes-


-Pero......no se lo dirás a nadie, Angelita?....prométemelo
de nuevo.... anda....


-Ya te dije que no se lo diré a nadie.......ven,
pues.....acércate......míramelos........y si quieres...también tócame allí....


-Si, claro.....mira, manita, no tengas miedo....aquí nadie
nos podrá ver....estamos solitos....-me respondió-, mientras se acercaba hasta
quedar prácticamente con nuestras piernas pegadas frente a frente.


Cuando mi hermano se puso juntito de mí, pude oir con
claridad su ansiosa y agitada respiración, lo cual me confirmó la irresistible
pasión que se había despertado en su sangre. Yo por mi parte no estaba menos
caliente que él, pues hacía tremendos esfuerzos para no abrazarlo y besarlo,
desnudándome todita para que me cogiera y me hiciera todo lo que él quisiera
allí mismo. Pero en realidad deseaba que fuera él quien llevara la iniciativa,
así que me contuve lo más que pude. Pepe, embramado de placer, me levantó
primero mi faldita hasta la cintura, comenzando a tocarme con suavidad el
pequeño centro escondido entre mis piernas, las cuales yo mantenía totalmente
abiertas y puestas a su merced, de manera que él pudiera verme y hacerme lo que
desde hacía tantas semanas deseaba con intensidad. Mi hermano me dijo de pronto:


-Ohhhh....Angelita....qué bueno que hoy no vino María....
–jadeaba, mientras me tocaba-


-Siii.... –le respondí agitada, sintiendo sus manos sobre las
intimidades de mi piel- Así podemos estar solitos, no?


-Si....linda....ohhhhhh....eres una ricura.....


-Ohhhh....Pepeeee....ji, ji, ji, ji.....


-Mmmm, manita...fíjate que aún no te salen los pelitos....


-Verdad que no....?


-Ajá....pero sin vellitos se te ve muy linda tu cosita....me
gusta tanto acariciártela....mmmm....esto es delicioso, Angelita....


Los tocamientos de mi hermano sobre los bordes de la tela
arremangada de mi braguita continuaron sin cesar por largo rato, prodigándome
esas caricias previas que presagiaban lo que habría de venir, posando sus manos
precisamente a lo largo de mi rajita, tallándome sus dedos con suavidad, como
queriendo descubrir con su tacto el tamaño del chochito que se escondía tras la
breve prenda de algodón que ocultaba a medias mi calzón, lo cual me producía
delirantes sensaciones de placer que recorrían todo mi cuerpo enardecido,
enchinándome la carne. Después de regocijarse de ese modo y con generosidad por
varios minutos, explorando con sus manos por los lados y por encima de la tela
que ya no cubría tanto mis partes íntimas, mi hermano por fin hizo lo que yo
tanto deseaba, pues levantó al fin los borditos de mi pantaleta, metiendo sus
reptantes dedos por debajo de mi braga, para proceder después a tocarme ya sin
impedimento alguno la piel interna y prohibida que tenía entre mis ingles
abiertas, lo que me hizo proferir varios gemidos que él captó e interpretó de
inmediato.


Alentado por mi reacción y sin inhibición alguna, comenzó
introducirme con lentitud su dedo central en mi hendidura, moviéndolo poquito a
poco entre los pliegues de mis labios vulvares, que para entonces ya se hallaban
plenamente humedecidos de savia vital, lo que facilitaba las maniobras
exploratorias de sus manos. Aquellos excitantes escarceos hicieron que yo, de
plano, echara mi cuerpo hacia atrás recostándome sobre la hierba fresca, con las
piernas totalmente abiertas en forma de tijera, en tanto mi hermano, con su mano
metida entre el escondido nicho de mis intimidades, hurgaba con delicia las
reconditeces virginales que tan anhelantes se le ofrecían, buscando y tratando
de palpar en mi montecito de venus una vellosidad que aún no existía. Al verme
en ese aletargado estado tendida sobre el césped, él ya no dudó más, y llevando
sus dos manos hacia la parte superior de mi pantaleta, se dio a la lenta y
preciosa tarea de bajarme cuidadosamente los calzones, cogiéndolos por el
elástico hasta despojarme completamente de ellos. Él me contempló con los ojos
abiertos, extasiado por la belleza del triángulo casi infantil que tenía ante su
enfebrecida vista, admirando con ojos escrutadores la pepita que nacía entre lo
oculto de mis verijas, mientras me seguía tallando suavemente sus dedos sobre la
piel prohibida, diciéndome:


-Mmmmm...manita..., no tienes nada de vellitos....aún no te
han salido.....


-Si.....lo sé.... ya lo dijiste antes....


-Ajá.....pero sabes qué.....creo que muy pronto te comenzarán
a salir.....


-Lo crees, manito....?


-Si....claro que sí....Mmmmmmm....te alcanzo a ver una leve
pelusita, muy suave, encima de tu lindo chochito....ohhhhhhhh.....


Teniéndome acostada y ya sin el obstáculo de mis bragas de
por medio, con la falda subida hasta la cintura, Pepe se fue recorriendo poco a
poco hacia abajo con la inocultable intención de mamarme mi bollito, mientras
iba abriendo mis piernas con sus manos para despúes separar meticulosamente las
suaves puertas de delicada y sonrosada carne caliente, hasta dejar al
descubierto aquel conducto inviolado y sin pelos que ya manaba lechita,
seguramente con la firme determinación de beberse todo el delicioso elíxir que
fluía como un manantial desde lo más recóndito de mi recién descubierto tesoro.
Depositando con avidez sus labios sobre mi vulva abierta, inició el consabido
lengueteo de una manera suave y delicada, lo que me produjo las más hermosas
sensaciones jamás sentidas.


Pepe metía lentamente su lengua adentro de mi rajita,
intentando introducirse lo más que podía hacia el interior de mi conducto
frontal, disfrutando hasta lo indecible de aquel bello animalito limpio de
vellosidad que con toda seguridad le atraía hasta el delirio, lo que podía
deducir por los intermitentes jadeos y gemidos que exhalaba por su ansiosa boca.
Entre leguetazo y lenguetazo, primero me metía un poco la puntita para sacarla
después, y volver nuevamente a la carga hasta que yo, sin poder contenerme más,
comencé a experimentar una serie de contracciones espasmódicas que atraparon sin
remedio la punta de su lengua dentro de mi rajita, apretándosela con fuerza,
mientras él movía y removía aquel pedazo de carne caliente que cada vez sentía
más alargada adentro de mi cavidad vulvar. Sin poderme contener más, me vine a
chorros en su boca, como jamás me había venido antes, en intensos y delirantes
orgasmos plenos de humedad, que Pepe saboreó hasta la saciedad, como si fuera un
animal en celo.



A pesar de haber experimentado tan tremendos orgasmos yo no
estaba llena aún, pues lo que en realidad más deseaba era sentir aquel pedacito
de verga dura y colorada penetrándome hasta las recónditas profundidades de mis
entrañas. Para mi fortuna, Pepe lo comprendió inmediatamente, y poniéndose de
pie, como para no dejar pasar aquellos instantes de incomparable delicia, se
quitó con rapidez los pantalones y su ropa interior tirándolos en el suelo,
dejando por fin al descubierto y frente a mis ojos su pequeño pero hermoso falo
erguido en plenitud, que yo ya me saboreaba y me comía con los ojos. Después de
quitarse la camisa hasta quedar completamente desnudo, procedió a hacer lo mismo
conmigo, sacándome la blusita, el corpiño y la faldita con la finalidad de que
nada impidiera el contacto carnal de nuestros anhelantes cuerpos, deseosos de
aparearse ya entre el escondido verdor de la espesura del bosque.



Abriendo mis piernas al máximo posible y teniéndome recostada
sobre el suelo totalmente preparada para él, mi hermano se me acomodó en medio
de mis extremidades con su briosa verga parada y dispuesta, proyectando primero
la puntita enrojecida de su glande en la entradita de mi babeante resquicio, y
dejándose caer suavemente sobre mí cuerpo, empezó a empujar lentamente su falo
endurecido, que ya se abría paso ansiosamente y con dificultad por entre los
sonrosados pliegues de mi virginal papayita.


Yo sentía cómo aquella verga no tan larga ni tan gruesa como
la del hombre desconocido me iba penetrando poco a poco, abriendo y explorando
por vez primera mis pliegues y mis carnes más íntimas, rompiendo todo lo que
hallaba a su paso, hasta que por fin, habiendo llegado al delgado telar que
separa la virginidad de una niña del placer de una mujer en plenitud, traspasó
de un golpe con su espada de hierro mi delicado himen perforándome, creo yo,
hasta lo más hondo de mi cueva prohibida. De momento sentí algo de dolor, pero
era más fuerte, debo confesarlo, la intensidad del ardor incontenible de ser
penetrada por mi hermano, lo cual hizo que me mordiera yo los labios y apretara
fuertemente mis mandíbulas para no gritar, no tanto de dolor como del placer que
estaba experimentando por primera vez.


Para entonces Pepe, que a todas luces no podía soportar por
más tiempo la inminente eyaculación producto del apretamiento que le provocaba
mi pequeña y apretada hendidura a su inflamada verga, se derramó dentro de mí
llenándome con chorros interminables de semen que golpeaban con fuerza las
paredes más recónditas de mi chochito. Al sentir fluir aquel caliente líquido
hacia adentro de mis entrañas y encontrándome totalmente abrazada a la espalda
de mi hermano, yo me volví a venir en sucesivos e interminables orgasmos que
duraron una eternidad, gritando, gimiendo, llorando y mordiéndome los labios
hasta sangrar, mientras sentía cómo aquel pedazo de nerviosa carne me rellenaba
totalmente de leche el interior de mi cavidad primeriza, en medio de los
violentos movimientos que mi hermano continuaba efectuando sobre mí, montado
salvajemente encima de mi cuerpo. Así nos mantuvimos pegados uno encima del otro
mientras los espamos no cesaban; yo con las piernas entrelazadas sobre la
cintura de Pepe fuertemente entrelazada a su cuerpo, y él teniéndome
completamente rodeada con sus brazos por mi espalda, atravesándome con su
enhiesta verga que se hallaba perdida dentro de mi recién desflorada rajita.



Cuando hubimos acabado de gozar tan intensamente de aquellas
delicias incestuosas, Pepe, más controlado que yo, me dijo:


-Ahora, Angelita....te voy a limpiar allí.


-Si, manito.... –le contesté, con una sonrisa de satisfacción
en los labios-


Pepe procedió a recoger algunas hojas y comenzó a limpiarme
mis partes pudendas, totalmente enrojecidas por la feroz lucha que acababa de
concluir, haciendo él después lo mismo. Posteriormente nos vestimos y caminamos
de regreso hasta el lugar donde estaban nuestras valijas. Pepe entonces me dijo:


-Oye, Angelita....recuerdas tu promesa?


-Si...claro.... -le contesté-


-No se lo digas a nadie....ni siquiera a María...


-No lo diré...descuida....pero oye....


-Qué...?


-De veras crees que pronto me saldrán pelitos.... como a
María....?


-Si, claro, niña.....y te pondrás bien linda....ya
verás....más linda que ella....


-Y....me lo seguirás haciendo....?


-Claro que sí....manita...tú que crees....?


Más yo, recordando la relación que él mantenía con mi hermana
María, y con el fin de no perderme de otra oportunidad para tener sexo con él,
le dije:


-Oye Pepe.......antes.....prométeme tú una cosa....


-Lo que tú quieras, Angelita.


-Que me seguirás haciendo esto cada vez que podamos....


-Ya te dije que sí, niña.....mira.....me ha gustado tanto,
que ya no podría dejar de hacértelo....sobre todo ahora que ya no hay
impedimento...., pero dime ....a ti....te gustó?


-Ay Pepe....a mi me ha encantado...


-Qué bueno....Oye, Angelita...ahora, tengo algo qué
decirte...


-Pues dímelo...


-Cuando lleguemos a casa, sin que nadie te vea, vé al baño y
ponte algo de papel higiénico allí en tus partecitas....en tu rajita....


-Para qué....?


-Para que no se te vaya a manchar de sangre la
pantaletita....no quiero que mamá se de cuenta de lo que hicimos....


-Ohhh....de verdad me saldrá sangre? –le respondí
sorprendida-


-Si..., debes saber que como fue tu primera vez, sale algo de
eso....pero no temas, no durará mucho.


-Ahhh....no lo sabía....pero lo haré.


-Está bien....ahora vámonos que ya se nos hizo tarde.



 


Cap IV.



Al llegar a casa, mamá nos recibió con una noticia que casi
me hace saltar de júbilo.


-Hoy vino el doctor a ver a Mary....y tiene principios de
varicela....tendrá que estar en cuarentena y no podrá ir a la escuela durante
dos semanas.


-Ay....pobrecita –dije yo compungida, fingiendo un dolor que
estaba lejos de sentir-


-Así que Pepe y tú tendrán que ir solos todo ese tiempo.
–dijo mamá-


-Si mamá –respondió Pepe con una sonrisa de satisfacción,
casi imperceptible-


-Mañana le llevarás el certificado médico a su maestro, para
justificar sus faltas. –le dijo a Pepe-


-Si mamá.


Esa noche cenamos como de costumbre y nos fuimos a dormir,
sintiéndome contenta estremecida aún por las vivencias de aquel día. Pero antes,
siguiendo el prudente consejo de mi hermano, me metí al baño y me puse un poco
de papel higiénico bien doblado entre mis bragas y mi chochito, esperando con
ansias a que llegara el día siguiente.


Al otro día, sin embargo, sucedió algo que yo no esperaba,
pues a Pepe lo habían escogido para que tocara el tambor en la banda de guerra
de la escuela, y tendría que quedarse ensayando con el grupo como tres o cuatro
horas. Ese indeseado contratiempo me molestó tanto que hasta tenía ganas de
llorar de la rabia, pero Pepe me consoló, diciéndome con palabras cariñosas:


-Mira, manita....hoy no podremos ir allá....tengo que
quedarme a ensayar....y lo peor es que eso será cada tercer día....así que hoy
nadamás te encaminaré a la salida y quiero que te vayas rápido a casa. Le dices
a mamá que llegaré un poco tarde.


-Si....está bien....pero y mañana....?


-Si, Angelita....mañana iremos otra vez....está bien?


-Bueno....está bien.


-Te vas derechito a casa...eh, Angelita?....no te vayas a
deterner por allí....


-Si, manito....descuida....no lo haré.


Presuroso porque ya lo estaba llamando el profesor para que
se incorporara a la práctica, Pepe me encaminó precisamente hasta la salida del
pueblo, dejándome donde empezaba la vereda que conducía a nuestro rancho. Yo,
con mi mochila a mis espaldas, me fui caminando lentamente invadida de tristeza
por no poder estar esta vez a solas con mi hermano, a pesar de que las
circunstancias nos favorecían por la enfermedad de María. Después de recorrer
algunos kilómetros, arribé al lugar donde los dos caminitos se encontraban, y
donde teníamos por costumbre desviarnos con mis hermanos.


Me detuve un momento mirando con nostalgia hacia el sendero
que conducía hasta los inmensos y ocultos mangales que me servían de espera
mientras mis hermanos se ocultaban para hacer sus cosas. Allí parada me puse a
recordar todos los lindos momentos que había pasado con mi hermano el día
anterior, añorando ardientemente que él estuviera junto a mí.


De recuerdo en recuerdo, vino a mi memoria de pronto la
figura del hombre desconocido que me había dado los cinco pesos, de los que ya
prácticamente no me quedaba nada. Un pensamiento cruzó como un rayo por mi
mente, calculando que tal vez, si iba a aquel lugar, pudiera encontrarme tal vez
con él, y por qué no, quizás hasta pudiéramos repetir la experiencia tan
excitante que habíamos vivido días antes. Estos calientes pensamientos
despertaron en seguida mi morbidez y mi ardiente deseo, sintiendo de inmediato
la típica sabrosura del excitante picor que ya se manifestaba urgente entre mis
piernas. Sin pensarlo más me desvié del camino principal y me dirigí hacia lo
intrincado del bosque. Cuando hube llegado al sitio de costumbre, me quité la
mochila y me senté en el suelo, sudorosa y cansada por el calor tan intenso que
se sentía en el ambiente, mientras disfrutaba de la suave brisa del viento
debajo de la sombra de los arboles.


Allí permanecí descansando un poco con los ojos cerrados,
mientras las escenas imborrables del falo enorme y grueso del desconocido
llenaban mi mente deseosa y hambrienta. Me daba cuenta de que, aún a mi corta
edad, la calentura se estaba metiendo en mi sangre como por arte de magia, en
forma silenciosa e inesperada, manifestándose de mil maneras diferentes: ya
provocándome el abundante fluido vaginal; ya agitando mi pecho con ansias locas
y suspiros incontrolables; o bien produciendo en mis sentidos los intensos
deseos de tocarme la pepita, sintiendo la tremenda necesidad de llevar mis manos
hasta allí y revolcarme de lujuria sobre el oculto pasto del bosque. Pensaba
también en Pepe, en su hermosa y colorada verga, en lo deliciosa que la sentí
cuando me la metió por primera vez, y en un pensamiento comparativo que no pude
evitar, evoqué cómo sentiría yo dentro de mí la palanca del desconocido, que era
muchisimo más grande, larga y gruesa que la de mi hermano. Este sólo pensamiento
me hizo sentir un tremendo escalofrío que provocó que se me frunciera el culito
y el chochito por el placer sin igual que aquellas visiones me producían.



Ensimismada como me encontraba pensando en todo eso, no
percibí la presencia del desconocido, que apareciendo de pronto junto a mi, me
dijo en voz baja:


-Hola, Angelita....qué milagro...


-Ohhhhh –sacudí la cabeza asustada, abiendo los ojos
sorprendida-


-Te asusté, pequeña....?


-Si....pero no importa.....no hay cuidado... –le dije,
contentísima de verlo nuevamente-


-Oh, perdóname, linda....es sólo que no pensé encontrarte hoy
aquí....


-No se preocupe....


-He venido otras veces....pero no te he visto por acá....


-Pues no, -mentí-, lo que pasa es que no habíamos vuelto a
venir en estos días.


-Hummmm......y viniste hoy con tus hermanos....?


-Si –le mentí otra vez-


-Ah, bien....y se fueron otra vez al monte....?


-Si....a cortar mangos....como siempre hacen...


-Y....hace mucho que llegaron ....?


-No....apenas hace algunos minutos....por qué?


-No, por nada....sólo quería saber si tardarán en
regresar.....


-Seguro que demorarán un buen rato –fingí, con la clara
intención de que él que se quedara conmigo-


-Oye, Angelita....y como has estado...?....qué te pareció lo
que hicimos el otro día...?


-Ohh....muy bien.... –le respondí sonriente-


-Dime, linda,....te gustó todo lo que hicimos....?


-Si......Mucho.


-Oye....y no te gustaría ganarte otros cinco pesos....? –Me
dijo mostrando una sonrisa de confianza-


-Si....si me gustaría....-le aseguré rápidamente-


-Bueno...mira...entonces por qué no aprovechamos el tiempo
antes de que tus hermanos regresen?


-Ssi....-le dije-.....está bien. –mientras sentía que una
especie de babilla me corría ya por en medio de mis piernitas-


-Bueno, Angelita....sólo que ahora, nos meteremos un poco más
hacia dentro del bosque....


-Si?....por qué?


-Porque no quiero que si tus hermanos regresan, nos vayan a
ver....


-Oh no....ellos no.... –yo interrumpí rápidamente mi
coloquio, dándome cuenta que estaba apunto de cometer un error-


-Cómo dices, pequeña....?


-No...nada....creo que es mejor como usted dice.... –corregí
presurosa-


-Bueno....está bien....anda..ven, vámos para allá... –dijo el
hombre, señalando un espeso matorral que se encontraba como a unos cincuenta
metros de allí-


Yo le seguí hasta el sitio que él había elegido. Una vez
metidos entre el intenso follaje, el hombre se sentó en el piso y me dijo que me
acercara a él, dándome en seguida la moneda de cinco pesos. Yo, poniendo el
dinero sobre el suelo, y sintiendo como que me ahogaba por el placer tan intenso
del momento, me acerqué rápidamente a él. Aquel hombre, sudoroso como estaba,
comenzó a meter sus manos debajo de mi blanca faldita corta, yendo directamente
hasta el centro de mi pubis, el cual comenzó a acariciar suavemente y con toda
confianza, sabedor de que todo eso me gustaba y de que ahora sí contaba con mi
total y absoluta cooperación. Y efectivamente, presa de la más ardiente lujuria,
yo me dejaba trastear por las manazas del desconocido, que ya había metido su
mano debajo de mi calzoncito, hurgando aquel rincón de terciopelo, tallando
lentamente su dedo más grueso sobre mi rajadita, que rezumaba intensos flujos
que contribuían ampliamente a su manipulación.


Él se regodeaba con aquellas caricias sintiendo cómo el
apretado resquicio de mi anhelante hendidura se estremecía hasta el delirio
entre sus dedos, mientras se daba prisa en bajarme las pantaletas hasta
quitármelas totalmente. Una vez que me tuvo al descubierto, con mi pubis desnudo
frente a sus ojos, procedió a quitarme el vestidito y el corpiñito, hasta
dejarme completamente sin ropa. Suspirando con agitación, él se puso de pie y
empezó a desnudarse con ansias febriles, viendo cómo surgía retador aquel
tremendo pedazo de carne dura y roja que tanto me hacía soñar, tan inmensamente
grande, largo y grueso, que tenía una cabeza del tamaño del corazón de un
caballo. Al volver a ver aquel espectáculo sin par de inmediato se despertó en
mí una lujuria incontrolable, que apenas podía yo contener. Dándose cuenta de mi
brutal excitación, el hombre no esperó más, y sentándose en el piso, me jaló de
las manitas hasta ponerme toda abierta de mis piernas encima de su descomunal
falo parado, para después comenzar a bajarme con sus manos poco a poco hacia
aquella daga de la muerte, que por instantes y por su enorme tamaño me causaba
terror.



Pero siendo más fuerte el deseo irrefrenable que sentía en
aquellos momentos, pronto olvidé todo temor y miedo, recordando que Pepe ya me
había desflorado el día anterior, y que seguramente ya no sería tan doloroso
para mí que aquel hombre me la metiera. Él por su parte estaba también
completamente enardecido por la fiebre que le causaba mi desnuda presencia. Yo
para mis adentros pensaba que aquel desconocido, acostumbrado con toda seguridad
al desfloramiento de niñas como yo, pequeñas de mi edad, a quienes de seguro
convencía con dinero, al menos tendría la delicadeza de manejar el asunto con


toda lentitud y calma, de modo que olvidando por completo mis
temores me entregué a la desbocada pasión del momento. Advirtiendo que para
entonces ya nada podría detener la embestida definitiva, me abrí totalmente de
piernas para facilitar la maniobra del desconocido, quien prestamente ya había
colocado la babeante y roja cabeza de corazón en la mera entrada de mi bollito
ya no tan imberbe, y sintiendo la gruesa y descomunal punta de aquel animal
indomable y furioso queriéndose entremeter en mi tierna caverna vulvar, me dejé
caer suave y lentamente sobre él, mientras el hombre presionaba mis hombros
hacia abajo, persiguiendo ambos el mismo fin. Cuando sentí que la cabeza
colorada se abrió paso adentro de mi rajadita perdiéndose con gran dificultad
entre mis ansiosos labios humedecidos de leche, sin poder evitarlo emití un
fuerte quejido de dolor que debió escucharse hasta la bifurcación del camino. El
hombre me puso rápidamente una de sus manos sobre mi boca con la finalidad de
que no se escucharan mis gritos, que seguían intentando de salir con fuerza de
mi garganta, ahogándose entre las manos del libidinoso individuo.



Hasta ese momento y contra todos mis pronósticos, él había
empujado mi cuerpo con fuerza hacia abajo, sobre su propio cuerpo, lo que
provocó que de un solo jalón me entrara más de la mitad de aquella verga
salvaje, de animal, produciéndome un dolor insoportable que ni con mucho se
podía comparar al dolor que había sentido cuando la verga de Pepe me había
penetrado totalmente, desflorando supuestamente mi virgen conducto frontal. Yo
sinceramente no esperaba aquel trato tan duro y tan doloroso, por lo cual sentía
cómo mis lágrimas salían abundantemente recorriendo mis mejillas, mientras
lloraba abiertamente del tremendo dolor que sentía, en tanto aquel brutal falo
encendido a más no poder me seguía partiendo en dos, entrando por fin totalmente
hasta lo más recóndito de mis anhelantes entrañas.


Manteniendo mi boca tapada con su mano, mientras me empujaba
con mayor potencia la tremenda tranca adentro de mi chochito, yo sentía que me
iba a desmayar del dolor tan grande que atravesaba mis caderas. Pero él no
cejaba; no se detenía ni siquiera un instante, pues continuaba empujándomela y
sacándomela para volver a metérmela y sacármela nuevamente con furia y sin
piedad, efectuando bruscos y salvajes movimientos hacia arriba y hacia abajo y
también hacia los lados, mientras me mantetenía montada y abierta de piernas
sobre su titánico pene. Perdí la cuenta de los minutos que pasaron entre el
momento en que me acomodó la cabeza y cuando me atravesó completamente con su
increíble verga, pues el dolor era tan fuerte que me hizo perder momentáneamente
el sentido y la noción del tiempo. No sé cuantos minutos pasaría en eseado, pero
a pesar de ello, él continuaba moviéndose con avidez, y al recobrar yo la
conciencia comencé a notar que de repente mis pliegues internos, ahora sí
totalmente rotos para siempre, se acoplaban por fin y poco a poco al tamaño de
aquel vergón ejemplar, tal vez a fuerza de sentir tanto dolor y seguramente
también como consecuencia de la salvaje llenura de que era yo objeto.


Así que, aún con los ojos inundados de lágrimas pero ya sin
tantos deseos gritar, yo misma empecé a moverme de un lado para otro, empalada
como estaba por aquel falo enorme, tratando de encontrarle el ritmo a aquella
preciosa verga que tantos estragos me estaba causando.



Aquel hombre, mientras tanto, continuaba con sus fenomenales
embestidas de toro enfurecido dentro de mí, entrando y saliendo una y otra vez,
ya sin impedimientos, de modo que mi chochito acabó de adaptarse completamente
al tamaño de aquella vara sin igual, empezando a producir en mí un placer y una
brama indecibles.



Tan calientes y frenéticos nos encontrábamos los dos que, sin
poder contenernos más, nos derramamos al unísono en potentes orgasmos que
parecían nunca acabar; él regando las profundidades de mis entrañas de rico y
delicioso semen, en tanto mi bollito se contraía entre ríos de sangre mezclados
con leche en venidas increíbles, estrujantes y dolorosas, por primera vez
sentidas con tal intensidad por mí. Después de eso permanecimos por largo rato
con nuestros cuerpos enrollados, estremecidos por los salvajes espasmos de
placer, mientras el desconocido me acariciaba, ahora sí, cariñosamente la
cabeza, como dándome las gracias por haberle proporcionado tan incomparable
tesoro. Yo, atravesada por aquel delicioso palo, ya no tan duro en esos
instantes, me mantenía con mi cuerpecito descansando montada sobre él,
disfrutando de aquel salvaje momento. Como volviendo a la cordura, el hombre me
susurró al oído algunas palabras:


-Angelita.....ya bájate, no vayan a venir tus hermanos....


-Hmmmmmmm.


-Anda nena.....no quiero que ellos se vayan a dar cuenta....


-Si.....está bien....


Como pude me levanté para tratar de sacarme aquella bayoneta
de largo cañón de mi rajadita ensangrentada. Cuando me ví mis partes todas
embarradas de sangre sentí miedo y me puse a llorar nuevamente. Él, dándose
cuenta de mi estado, comenzó a consolarme con palabras dulces, diciéndome:


-No te preocupes, Angelita....mira, todo eso es muy
normal....


-Uhhh...?


-Te diré algo que no sabes....cuando a una chica se la meten
por primera allí, siempre sale sangre....pero eso se pasa en seguida....no
demora tanto como crees....


-Es que....me duele mucho....y también me está saliendo mucha
sangre....


-Sí, pero es por eso que te digo....pero pronto pasará....


-Y ahora...qué haré....?


-Por qué, niña....?


-No quiero que mamá se de cuenta.....


-No, no..... ella no debe saberlo....tienes que guardarte de
decirlo....recuerdas?


-Si....


-Pues entonces, no pienses más en eso.


-Pero...y ahora...cómo me limpio...?


-Oh...es eso....no te apures....yo lo haré...


Y sacando de su morral una tela y un botellón de agua,
comenzó a humedecer el trapo aquel procediendo después a limpiarme completamente
la abundante sangre que me había empapado mis partes íntimas. Al terminar, el
desconocido sacó un rollo de papel higiénico y me puso un poco entre mis
piernas, diciéndome que me pusiera mi calzón. Al verme completamente limpia y
protegida de mi intimidad, me tranquilicé y hasta me sentí mejor. Entonces el
hombre me dijo.


-Ahora, mantén el papel allí todo el día, y por la noche, sin
que nadie te vea, te lo quitas y te pones más....entiendes, linda?


-Si...


-Ya verás cómo mañana no te dolerá ni te saldrá
sangre...Angelita.


-De verdad....?


-Si...te lo aseguro.


-Ay, qué bueno...


-Bien....ya veo que estás más tranquila....ahora me iré para
que tus hermanos no nos vean juntos.


-Está bien....pero...cuando volveremos a vernos...? –le
pregunté interesada-


-Oh...mi niña...pronto nos volveremos a ver...si tu quieres,
claro...


-Pues si....si quiero....


-Bien....te buscaré por aquí....ya verás que yo te
hallaré....como hoy...


-Bueno....


-Ya nos veremos otro día, Angelita....y recuerda...ni una
palabra a nadie, eh?


-Si, claro...


Él se despidió de mí dándome un beso en la mejilla,
alejándose por el bosque mientras yo terminaba de vestirme, y recogiendo la
moneda me dirigí hacia donde estaba mi mochila, para irme luego a casa.



CONTINUARA.......



Si te gusta este relato me puedes escribir tus emociones y
comentarios a mi correo:



POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO




Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



Número de votos: 11
Media de votos: 9.45


Relato: Mi Inolvidable Iniciación (02)
Leida: 23949veces
Tiempo de lectura: 32minuto/s





Participa en la web








Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados































Online porn video at mobile phone





Webcams Chicas de meha-sandal.ru
Todo sobre acuarios
Si te gustan los acuarios, suscribete a neustro canal de youtube !!!
Pulsa aqui abajo .



de acuerdo con las leyes españolas e internacionales 18 U.S.C. 2257

Portal de contenido adulto administrado por :

Principal | Libro de Visitas | Contáctanos | Envia tu relato | Mis Relatos Porno.com


Online porn video at mobile phone


historias bisexualeshermano folla a hermanamadres muy calientesrelatos eroticos con la esposa del dueño de la haciendasexosintabues relatosrelato erotico me preño en la trastiendapapas follandoforo enfemenino relatosrelatos heroicosfamilia nudistasla babosa pornonenas mamandofolladas fiestarelato porno mi primita asiendome mimosfotos porno gratis castigadosporno maduras y jovenmaduras pprnohistorias nudistassexo tiernorelatos de parejas swingersmatrimonios ancianos follandoconverti en travesti a mi primito relatos pornome tire a mi tiapolla playafolladas a dormidasrelato sexmis madurosvideos eroticos bisexualeshistorias eroticas incestochica virgen pornorelatos xxx en españolgay pprnorelatos eroticos adultoschatlesbicomadres follando por dinerosexo en familia pornoprimer doloroso analputas con travestishermano folla a hermanaviejos follando con chicassolo incestosrelatos primos machos a prendiendo a pajearserelatos eroticos en femeninoporno con caballoslos mejores trios pornolectura pornorealtos erótico con mis hijas y mis nietesitasrelatos eroticos calidadporno los simpsonslesbianas desnudas follandoswinger orgiasporno historias realessexo xxx zoofiliaRelatos eroticos mi madre l egusta la zoofilaalquilando a mi hijachat relatosrelatos pornlporno mujeres embarazadasmasturbacion femenina xxxsexo gratis viudasrelatos eroticos familiaresviejas gordas sexoembarazada pornmi primera infidelidadgorditas cachondasporno lesbico tijeretala vecina maduraprostitutas pornrelatos xxx seva una semana con su macho para q le abra el culotias con tetas enormesporno tranxesualrelatos gaycon el amigo de mi hijorelatos eroticosporn cornudorelatos eroticos gemidosrelatos porno mp3porno chicas feasrelatos maduritas