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Relato: Mi vida con mi hija y su novio



Relato: Mi vida con mi hija y su novio

Me llamo Susana, tengo 42 años y vivo con mi hija Tamara de
18 en Buenos Aires, Argentina.


Su novio actual se llama Martín, tiene 19 años y nunca me
cayó bien. Nunca entendí como mi hija había dejado a su ex por este chico que
abandonó el colegio y no tenia ningún futuro.


El padre de Tamara murió cuando ella tenia 3 años y cuando
cumplió 17 pensé que podía empezar a reconstruir mi vida nuevamente; conocí a
Roberto, un hombre de 52 años, divorciado.


Cierto día que estaba limpiando el cuarto de mi hija me
encontré con un cassette de video debajo de su cama. Yo acostumbro grabar
programas de la televisión así que me lo lleve para usarlo. Baje a la sala para
ponerlo en la videocassettera y ver si estaba vacío.


El trasero de una chica ocupaba toda la pantalla; se veían
claramente la vulva depilada y el orificio del ano, porque ella se separaba las
nalgas. La cámara estaba fija. Por la parte superior de la pantalla apareció un
pene enorme; su dueño lo apoyó en el ano y empujó.


El grito de la chica me estremeció, era muy familiar.
Seguramente estaba sufriendo, el chico ya había penetrado toda la longitud de su
miembro y comenzaba a moverlo muy rápido. Al rato el chico detuvo el movimiento;
dejando el glande dentro del ano. Por los gemidos que lanzaba evidentemente
estaba eyaculando. Cuando retiro el pene la chica se metió rápidamente un dedo
en el orificio dilatado; estaba sacando el semen hacia fuera. Cuando se dio
vuelta para lamerse los dedos frente a la cámara, mi corazón se detuvo. Era mi
hija. El chico, que era Martín, su novio, acerco su miembro húmedo y lo refregó
por toda su cara; a ella se le ponían blancos los ojos, evidentemente lo había
disfrutado mucho. Pero lo que realmente me indigno fue que me di cuenta que lo
habían hecho en mi cama.


Devolví el video a su lugar debajo de la cama de Tamara para
que no notara su ausencia y trate de olvidarme del asunto. Pero los días pasaban
y me obsesionaba el porque demonios lo habían hecho en mi cama y no la de ella.


Pasaron los días y por presión de mi hija tuve que acceder a
que Martín se quedara a dormir con ella en su cuarto. La cuarta noche yo estaba
recostada en mi cama y comencé a escuchar los gemidos de mi hija desde su
cuarto. Claro que yo sabia perfectamente que para eso querían dormir juntos,
pero me pareció una falta de respeto total. Estuvieron Así durante 40 minutos
mas o menos; me sorprendió cuanto aguantaba el chico.


Al rato de no escuchar mas los gemidos, me sentí con ganas de
ir al baño. Cuando prendí la luz no pude contener un grito de susto. Martín
estaba totalmente desnudo, orinando.


- Pero que es esto de la luz apagada...


El muy cretino me miro de arriba abajo; continuaba orinando
sin ninguna vergüenza.


- Es una mala costumbre mía, disculpe Susana


- No voy a permitir que andes desnudo por mi casa. Esto ya es
demasiado.... además de escuchar como tenés relaciones con mi hija... creo que
me debes un poco de respeto.


El chico sacudió el pene. Por lo visto tampoco acostumbraba
lavarse después de orinar. Se me puso enfrente muy cerca mío.


- Salí por favor! Maleducado!


- Usted es tan distinta a su hija...¿Sabe donde me la transé
por primera vez? En el baño de un boliche... su ahora ex novio la esperaba
afuera.... el cornudo...


- Marcelo es mucho mejor que vos


- Qué... ¿lo probó?


Le di un cachetazo. Como respuesta él se acerco mas todavía,
apoyando su miembro contra mi pubis. Ahora estaba firme y erecto. Su cuerpo olía
al perfume de mi hija.


Me dio un beso en la boca. Yo sentía una tremenda
repugnancia. Me llevo mis manos hacia su miembro. Estaba húmedo, evidentemente
de orina.


No se porque me deje llevar. Quizás porque nunca había tenido
un pene de ese tamaño en mis manos, (el de Roberto media 13 centímetros). Me
llevo hasta mi cama y me recostó boca arriba. Se puso encima mío y mirándome a
los ojos apoyo su glande en la entrada de mi vagina. Me penetro lentamente, casi
haciéndome rogar que la metiera mas fuerte.


Tenia las rodillas en mis hombros; el me hacia sentir el peso
de su cuerpo mientras me penetraba totalmente. En esa posición fui perdiendo el
asco que todavía sentía por el. No solo me besaba profundo, también me lamía la
cara; no podía creer que un pendejo me estaba haciendo gozar tanto, pero no
paraba de tener orgasmos y cada vez me entregaba mas. Incluso me hice encima,
mojándole todo el miembro a mi macho y escuchar el chapoteo me puso a mil.


Me coloco en cuatro patas y me penetro agarrándome de la
cintura Las sábanas estaban húmedas por mi orina, sentía todo mi sexo bañado y
pegajoso. De repente saco el pene de mi vagina. Hice un quejido para hacerle ver
que la necesitaba adentro, pero el chico tenia otros planes. Note como apoyaba
su miembro en la entrada de mi ano. Mi esfínter estaba muy cerrado, así que
trate de facilitar la penetración arqueando la columna para parar mas la cola


- Tan puta como la hija...


Sus comentarios me aflojaban cada vez mas. Sentí que su
glande ya estaba dentro y seguía empujando


- Pará, pará que es muy grande....


- Shhhhh - me dijo al oído. la tenia tan dura que no
necesitaba sus manos para ayudarse; con una se sostenía y la otra acariciaba mi
pelo. Su actitud de macho inflexible, junto con la habilidad con que me
penetraba, termino por hacerme olvidar todas las inhibiciones que sentía. Lo
mire de reojo, el, mirándome, termino de meterme su pene; sentí su vello púbico
contra mis nalgas. Ahogo mis gemidos con un beso de lengua, luego se alzo sobre
sus brazos y comenzó a bombearme con fuerza. Yo estaba totalmente acostada en la
cama, sintiendo el recorrido de sus 20 centímetros dentro mío. Ya no gemía,
gritaba; mis orgasmos se confundían uno con el otro. Cuando sentí que el ya
estaba listo, deslice mi mano por debajo de mi cuerpo y alcancé sus testículos.
Se los apreté mientras me descargaba dentro.


Martín se recostó boca arriba al lado mío, me di vuelta hacia
el, baje y comencé a masturbarlo cerca de mi cara. La tenia bien dura, como si
no hubiera acabado. Lo mire sorprendida a la cara. El adivino mis pensamientos,
porque dijo:


- la ventaja de cojer con un pendejo de 19 - me dijo


El miembro estaba pringoso y olía fuerte, no solo a semen. El
chico apoyo su mano contra mi cabeza y me empujo suavemente; con la otra se tomo
el pene desde la base y me daba golpecitos en la cara. Yo estaba totalmente
sometida a el, abrí la boca y me empujo para que la tragara, mientras le
manoseaba los testículos.


- Así Susana, límpiela toda....


Lo aferré desde los testículos y comencé a tragarme su
miembro. Martín deslizo su mano hasta mi ano y me introdujo los dedos; lo tenia
totalmente dilatado y sentía un gran calor.


En ese momento note que la puerta estaba abierta y mi hija
estaba desnuda en el pasillo: sus ojos no me miraban, los dirigía hacia su
novio. Yo seguí tragándome el pene de Martín.


- Bueno Susana, no sea egoísta y deje algo para su hija


El chico se levanto y abrazando a Tamara se la llevo a su
habitación. Dejaron la puerta abierta para que escuchara todo, mientras me
masturbaba. Finalmente ellos se quedaron dormidos en el cuarto de mi hija y yo
en mi cama.


Al día siguiente yo estaba terriblemente confundida. Me
vestí, baje a la cocina y allí estaba mi hija arrodillada haciéndole una
fellatio a Martín. Ambos estaban totalmente desnudos. Mi hija tenia una taza en
la mano libre.


- Buen día Susana - dijo Martín. Mi hija no me miro. - Tamara
no encontraba la leche para el café....


No les hable en todo el día, ellos a mi tampoco. Hice mis
tareas habituales mientras ellos lo hacían en cualquier lugar de la casa, sin
importarles si yo veía o no. No podía mirar a los ojos a mi hija.


Cuando por la noche me fui a acostar a mi cama Martín entro a
mi habitación y se recostó a lado mío. Esta vez la puerta estaba abierta. Tenia
pensado repetir lo de anoche, pensé. Yo no ofrecí resistencia. El chico me beso
en la boca y acariciaba todo mi cuerpo. Yo me estremecía totalmente en celo y
entregada a su dominio. Mi casa se había convertido en el lupanar de ese chico,
había tenido sexo todo el día con mi hija y por las noches poseía a su madre.


Pero esta vez fue diferente. Estábamos acariciándonos con
Martín cuando mi hija desnuda se acostó detrás de el. Yo no podía mirarla a la
cara. Quise salir de la cama pero el chico me beso fuertemente mientras me
introducía varios dedos en mi vagina. Yo gemía como una loca, sometida a ese
pendejo; mi hija miraba como su madre era disfrutada por su novio.


Nos acercamos las dos a su miembro. Su pene tenia un fuerte
olor. Mi hija estaba acostumbrada seguramente, comenzó a masturbarlo mientras
metía el glande en su boca. Yo lamía los testículos y el tronco, rozando los
dedos de Tamara. Mi hija me ofreció el pene; me metí el glande en la boca. Ahí
cruzamos la mirada con mi hija; nos mirábamos fijamente mientras le hacíamos el
oral al chico.


- Tamara, hace que tu mama me chupe el culo.


Mi hija me empujo hacia el ano de Martín. Evidentemente el
chico no se había higienizado desde hace días. Tamara, siempre mirándome,
escupió el pene de su novio y la saliva corrió hasta mi cara. Empecé a pasarle
la lengua por el esfínter, nunca le había hecho eso a un hombre. Podía ver como
dilataba y contraía los músculos, renovando los olores.


- Venga Susana, deme su concha


Hicimos un 69 con Martín. Le aferré los testículos y me
tragaba su miembro mientras mi hija lamía su ano. No podíamos dejar de mirarnos,
pero cuando ella intentaba acercarse con su boca yo tímidamente me alejaba un
poco. El chico era un maestro con su lengua, recorría mis labios vaginales y mi
esfínter. me penetraba a placer con sus dedos.


Luego el chico nos coloco a mi acostada boca arriba y mi hija
en cuatro encima mío, con nuestras caras frente a frente. Yo fui la primera en
ser penetrada, vaginalmente, Tamara me acariciaba los senos. Nunca había
compartido una cama con otra mujer, sumado a que era mi propia hija me llevo a
sentir una gran repugnancia y mis gemidos se convirtieron en lamentos.


- Por favor Martín paremos esto.... es una locura...


Mi hija comenzó a lamerme el cuello, vi la cara del chico: lo
estaba disfrutando, pero se veía que estaba llevando el control de la situación,
no estaba extasiado. Eso me hizo sentir muy sometida. Abrace a mi hija contra
mi, sentí su cuerpo de mujer joven y tuve un orgasmo. Martín retiro su miembro
de mí y penetro a Tamara. Comencé a lamerle el cuello y acariciar su espalda,
pero mi hija siempre tomando la iniciativa me dio un beso en la boca.


Martín ahora nos coloco en un 69, yo arriba y mi hija abajo.
Tamara aparto mis nalgas para que el chico pudiera sodomizarme. Cuando Martín
termino de meterme su miembro en toda su longitud, mi hija comenzó a lamerme el
clítoris. Sentía repulsión nuevamente, además del dolor que me provocaba el pene
del chico en mi intestino. Tenia el sexo de mi hija al lado de mi cara, el olor
que todas las mujeres tenemos me hizo dar un respingo. Martín se recostó sobre
mi y empujo mi cabeza contra la vulva.


- Vamos señora, chupe, chupe...


El sexo estaba depilado y húmedo. El chico me escupía en la
mejilla, la gran cantidad de saliva fue apagando el olor a mujer y vencí mi
rechazo.


Estaba totalmente empalada por el miembro de Martín. Mi hija
separaba mis nalgas permitiendo que su novio me penetrara hasta los testículos.
Martín retiro su miembro y lo acerco a mi cara. Estaba cubierto con mucosa de
mis intestinos.


- Le toca a su hija - me dijo.


Prepare el miembro del chico para la tarea y lubrique el ano
de mi hija con la lengua. El pene entro fácilmente; evidentemente el ano de
Tamara fue muy trabajado. Mientras Martín la sodomizaba yo le lamía los
testículos y lo que se podía del tronco del pene. Tamara no sentía tanta
vergüenza como yo; me lamía la vulva y el ano con pasión. Yo me retorcía de
placer, y acabe, acabe en la boca de mi hija. Cuando al fin Martín acabo lo hizo
sacando su miembro violentamente, dejándome ver el ano de mi hija terriblemente
dilatado. El chico no se toco el pene, eyaculó una gran cantidad de semen sobre
la vulva de mi Tamara y cayendo sobre mi cara. Cuando lo acerco para lamérselo,
vi que esta vez sí tenia materia fecal por todo el tronco; se lo limpiamos junto
a mi hija que también me lamió la cara, buscando los restos del semen de su
novio. Me di cuenta que la única higiene que el chico realizaba con su pene era
nuestra saliva. Le dije que tenia miedo a una infección si nos penetraba así,
pero dijo


- Entonces tienen que esmerarse para limpiarlo.


- No te preocupes mamá - dijo Tamara - yo nunca tuve
problemas.


A partir de esa noche vivimos como un trío. A mi hija la
trato como una mujer, a Martín como nuestro amante. Estamos siempre desnudos en
casa, dormimos los tres juntos. Yo seguía la relación con Roberto, ocultándole
todo como podía. A Martín no le interesaba.


Cierta noche volvía a mi casa en el coche de Roberto.
Habíamos tenido sexo en un hotel alojamiento. El no me excitaba en nada, pero lo
quería y era mi único nexo con una vida normal. Lo despedí con un beso y bajé
del auto.


Cuando entre a la sala vi a un hombre de raza negra sentado
en el sillón, totalmente desnudo. Mi hija estaba arrodillada en el piso
haciéndole un oral Martín entro en ese momento al salón con una botella de
cerveza en la mano.


- No la esperábamos Susana.


Mi hija me miro sonriendo mientras masturbaba el falo negro.
Martín le paso la cerveza al negro y se puso detrás mio.


- Ndib es un amigo de Senegal al que le fascinan las rubias
putas...


El negro me saludo levantando la botella y dando un sorbo.
Martín me desnudo y manoseaba mis senos. Yo estaba dispuesta a todo, Roberto no
me había satisfecho en el hotel y además siempre había tenido la fantasía de
hacerlo un hombre de color.


Fuimos sodomizadas una frente a la otra, besándonos. Nos
bañaban en cerveza; ambas fuimos penetradas al mismo tiempo vaginal y analmente.
Lo que mas le gustaba a Martín era ver como le hacíamos sexo oral al negro.
Compartimos con mi hija el pene de 25 centímetros mientras el chico disponía a
su placer de nuestros orificios.


Los dos abusaron de mi hija y de mi toda la noche. Gozaban
usando mi casa como un basural, Ndib defeco en la pileta de la cocina, Martín
orino dentro de la heladera enojado porque se había terminado la cerveza. Para
solucionar esto pidió una pizza a domicilio con varias botellas. Hizo que yo
recibiera el pedido desnuda y abriendo bien la puerta para que el delivery viera
a mi hija siendo penetrada por Ndib en el sillón.


Nosotras debíamos orinar o defecar sobre nuestras camas, acto
seguido eramos penetradas a placer por alguno de los dos revolcándonos sobre
nuestras propias heces.


Tanta cerveza habían tomado que ya no eyaculaban semen, se
orinaban dentro nuestro. Ndib lo hizo en mis intestinos, provocándome un dolor
inmenso, como un enema.


Finalmente nos dispusimos a cumplir la fantasía de Martín:
preñarme. Pero en su mente retorcida e inflamada por el alcohol ya tenia
preparado el plan por el cual pené los 9 meses de embarazo.


Tuve que recibir en mi vagina los penes de ambos sementales,
al mismo tiempo, coordinados por mi hija para que eyaculen juntos. Fui preñada
frente a mi hija, toda sucia, oliendo a alcohol, sexo y excrementos.


A la semana tuve que encamarme con Roberto para fingir que el
bebe que esperaba era de el y así formar una pareja para alejarme del influjo de
Martín.


Cuando mi panza alcanzo un tamaño considerable nos hizo
prostituir a mi hija y a mi en el sauna de su tío. Este nos probó un domingo,
comprobando nuestra calidad y fijándonos la tarifa. La clientela era del mas
bajo nivel de Buenos Aires y a pesar del magro arancel que nos hacia cobrar, la
cantidad de gente que paso por nosotras les hizo ganar una fortuna.


A los 9 meses sucedió lo que mas temía: el padre del bebe era
Ndib, el negro. Roberto me repudio y no lo vi mas, mi hija se prostituye en el
sauna y Martín continua usándonos como sus hembras.



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Relato: Mi vida con mi hija y su novio
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