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Relato: Zeks (01)





Relato: Zeks (01)

Buenos días, tardes o noches, según cuando lo leas.
Finalmente me he atrevido a contar mi primera experiencia, la cual ocurrió hace
bien poco.


Tenía 17 años, vivía y vivo en una ciudad de España la cual
no nombraré por si algún conocido lee esto. Me llaman Johnny y aunque ese no es
mi verdadero nombre todos, incluso mi familia me ha llamado así.


Yo iba de hetero, en mi interior sabía que en mi vida había
algo que no cuadraba, pero no sabía qué o no quería saberlo. Era un joven más,
me divertía con mis amigos, iba de fiesta los fines de semana y ligaba con
chicas solo para fardar de ellas. Era un típico capullo (perdonar la expresión,
pero realmente lo era...).


Acabamos de comenzar septiembre. Faltaban apenas cuatro días
para que comenzaran las clases y ese fin de semana tenía que ser espectacular.
Había que despedir las vacaciones. Todo estaba saliendo a las mil maravillas,
mis padres bajaban al pueblo y mi hermano salía de fiesta también.



Voy a traer a un amigo a casa a dormir. Se llama Santi – me
dijo Dani, mi hermano.



No conocía al tal Santi, luego me dijo que era en la ciudad y
que estaba saliendo desde hace poco con su cuadrilla. Tenía 21 años, como él. En
un principio (y en un segundo y tercero) no me importó en absoluto, no iba a
pasar por casa como para estar con él así que...


Pero ocurre qué siempre que haces planes por adelantado algo
falla y me pasé el viernes noche en casa. Me aburría soberanamente, en la tele
nada, el PC inservible, ni un libro interesante en la casa. Me eché en el sofá
en ropa interior (lo cual hago normalmente, aunque mi madre lo odie) y comencé a
hacer zapping con tal de hacer algo.


De repente sonó el timbre de la calle. Era Santi. Le hice
pasar. Se sentó en el sofá conmigo.


Me empezó a contar que se había sentido mal y que se había
venido, pero que mi hermano no quería venir.


Comenzamos a hablar de cosas sin sentido, cosas sin
importancia y sentí que algo estaba ocurriendo, que algo despertaba dentro de
mí. Algo que había estado dormido mucho tiempo.


Ya era bien tarde y en la tele comenzaron a emitir películas
bastante calientes.


La conversación dio un vuelco y comenzamos a hablar de sexo.



¿Eres virgen? – Preguntó mirándome con sus verdes ojos como
queriendo leer mi mente.


No, mi ultima exnovia y yo acabamos haciéndolo.



¿Qué sentiste?


No gran cosa – admití, y era cierto, no sentí nada especial,
mis amigos decían que se sentían genial, pero a mi no me pasó eso. – ¿Tú como te
sentiste?


¿Con una chica?


No, con un chico jajaja – reí – pues claro que con una chica.


No lo sé, nunca lo hecho con una chica.


Esto me dio en la cabeza como si algo pesado me hubiera caído
encima. En un principio no lo pillé bien, pero luego lo cogí y me dejó
patidifuso.


Le miré sin saber qué decir, me corté como las cuajadas.


Lo que ocurrió luego no fue especial, sencillamente ocurrió.
Es decir, no fue como sale en las películas, no había música, ni luz intima ni
nada por el estilo. Solo él y yo.


Cerré los ojos y respiré hondo. No pienses – me dije a mí
mismo. Si lo pensaba no lo haría. Acercamos nuestros labios lentamente,
abriéndolos ligeramente. Pensé en Dani, en mis padres, en mi abuela (no es un
pensamiento que resulte agradable en tu primer beso, no creeis?) en todos los
que conocía. Me retiré un poco dubitativo, abrí los ojos y le vi. Le vi a él, un
hombre de ojos verdes, pelo oscuro, sonrisa angelical, piel suave. Un hombre que
había despertado en mí cosas que nunca pensé que sentiría. Volví a cerrar los
ojos y acerqué mi boca; mordió ligeramente mis labios y sus brazos me acercaron
a él. Su lengua entró en mi boca. Ante esto me asusté y me eché hacia atrás.



Tranquilo, no te asustes. No haré nada que no queramos los
dos.



Esto me dio valor y nos abrazáramos, volviendo a besarnos.
Esta vez acogí la lengua y empecé a rozarla con la mía. Una de mis manos
acariciaba su nuca mientras la otra acariciaba su espalda, las suyas recorrían
mi espalda hasta que una de ellas me pellizcó una tetilla. Esto me hizo dar un
respingo. Mis labios se posaron en su mejilla y le di un beso. Luego volví a su
oreja y le di un pequeño mordisquito, ahora fue él el que dio un respingo. Él
dio un mordisco a mi cuello y le pasó la lengua haciéndome reír. No me lo podía
creer estaba enrollándome con un hombre. No lograba entender porqué pero sentí
la necesidad de estar con él de no separarme de él un momento, de acariciarle,
de que él me diera caricias. Me excité sobremanera.


Me desinhibí y pasé una mano hacia su pecho. Pellizqué sus
tetillas, recorrí sus marcados abdominales, recorrí su ombligo y bajé hacia
abajo.


Jugué con el botón de sus baqueros hasta abrirlos. Le bajé la
cremallera, mientras Santi se quitaba la camiseta. Acaricié algo turbado sus
partes más intimas. Apretó mi mano contra su verga, haciendo sentir cada
palpitación de esta. Estaba tan dura, era tan grande... Algo me empezó a corroer
por dentro, una especie de sensación insaciable.


Terminamos de desnudarnos. Me observó detenidamente y me dijo
suavemente:



Eres un pequeño Efebo. Mi Efebo.



Nos sentamos de nuevo en el sofá. Enredé mis dedos en su
pelambrera y acaricié por primera vez un pene que no era el mío. Me miró a los
ojos, esos ojos negros... Me besó con ternura, despacio, mientras una mano
acariciaba mi falo, que para mi edad estaba muy bien. Nos empezamos a masturbar
lentamente, casi con miedo. Nuestros besos se hicieran cada vez más cálidos, más
ardientes, se hicieron casi agresivos.


Santi sacó de la nada un botecito de vaselina, la cogió
dejando mi verga libre y la miró. Me miró y sonrió ladinamente.



¿Te atreves? – Fue todo lo que dijo.



Yo asentí, mientras me daba la vuelta y me ponía a cuatro
patas.


Me estremecí cuando noté la lengua de Santi recorriendo mi
raja, fue como si una oleada de placer inundara mi cuerpo. Su lengua recorría mi
rajita en busca de mi agujero. Metió su lengua lentamente, humedeciéndolo todo y
haciéndome gemir como nunca lo había hecho. Noté que sustituía su lengua por un
dedo. El dedo entró fácilmente y empezó a hurgar traviesamente dentro de mí.
Metió otro con más dificultad y luego otro más este acabó doliéndome, pero al
final logró meter tres dedos traviesos en mí. Nunca sentí nada igual, estaba
gimiendo bien alto, me estremecía. Y por si todo eso no era lo bastante chocante
para mí, le supliqué que me penetrara. Él me contestó metiendo y sacando sus
dedos y haciéndome jadear y suspirar de gusto. De repente los dedos me
abandonaron y me dejaron como huérfano. Protesté, pero me quedé en medio de ella
porque de inmediato el miembro erecto de mi amigo había entrado en mi boca,
bueno su glande. Esto si que me dejó petrificado, no sabía qué hacer, nunca lo
había hecho. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si lo hacía mal?



Lo harás bien, lo sé. Tranquilo. Hazlo lentamente, déjate
llevar. – Me aconsejó.



Tenía un falo sabroso, no muy ancho ni muy grande, de unos 20
cm, bien proporcionada y bonita. Lamí el glande rodeándolo con mi lengua e
intenté metérmela un poco más. Empezó a jadear suavemente, decía lo mucho que le
gustaba, lo bien que lo hacia y volvía a gemir. Lamí sus huevos,
mordisqueándolos con cuidado, metiéndolos en mi boca, intenté meterme los dos,
pero no pude, tenían un buen tamaño. Volví a chupar la polla, lamiendo de vez en
cuando los huevos. Así nos pegamos varios minutos hasta me la saco. Le seguí con
la mirada con la lengua fuera, babeando (realmente no lo hacía, eh?)


Santi se puso de nuevo a lamer mi ano, mientras me daba
pequeños azotes en las nalgas. Me hizo jadear y soltar un suspiro. Noté que su
lengua se iba y que sus dedos me untaban una cremita muy fresquita.


En la entrada de mi ano se colocó algo muy duro, muy
caliente. Apretó bestialmente, el dolor se hizo insoportable, notaba como si me
rompieran en dos y dije que parara.



Perdona – Dijo mi hombre dándome un beso en la espalda –
Estoy tan cachondo que me he dejado llevar.



Esta vez apretó con mas lentitud, seguía doliéndome, pero ala
vez el placer se hizo más inmenso. Notaba como su falo entraba en mí y me
parecía tan increíble que tuve que pasar mi mano y tocar el falo mientras
entraba para cerciorarme de que no soñaba. Lentamente y entre suspiros míos la
verga completó su camino. Salió lentamente y volvió a entrar en mí. Lo hacía
cada vez más rápido, más fuerte, más agresivamente.



Sigue, sigue – gemía yo – No pares, así, así. ¡¡Aahh!!
¡¡Aahh!!


¿Te gusta, eh? – decía entre jadeos – Sí, aprieta así.
¡Aahh! Sí, mmm.



Sus movimientos se hicieron más acelerados, sus gemidos
subieron un par de octavas y me envestía con tal fuerza que me iba hacia
delante. Sus manos me apretaban contra él con mas fuerza, supe que se correría.
Salió de mi trasero y me puso su miembro en la boca. Sin que mi lengua tocara su
polla, noté como su semen se acumulaba en mi boca por medio de unos cuantos
churretazos. Saboreé dulcemente el manjar, la ambrosía debía saber igual. Limpié
su nabo, lo saboreé mientras acariciaba sus bolas.


Cuando terminé me desplomé en el suelo, agotado, fascinado
por lo ocurrido y desvirgado. Mi mente no era capaz de sobrellevarlo, esto que
había ocurrido significaba que lo que realmente sentido por mis novias no eran
lo que yo creía. Pero no podía serlo, ¿Eso quería decir que todo lo sentido
antes era falso? Mi mente estaba en plena revolución, pero no encontraba
respuestas. Las dudas me comían por dentro. Pensé en mis padres, en mi hermano,
en mi familia y algo me subió por la tripa, ascendió por mi garganta y explotó
en mi boca.



No – Gemí aun sin querer y unas lagrimas me recorrieron las
mejillas para caer al suelo al final.



Me sentí indefenso ante el mundo, estaba aterrado ante la
idea de lo que realmente significaba todo aquello. Lloré como un niño. La gente
quizás no entenderá qué hacía yo, llorando. ¿Me arrepentía? No, para nada. Es
solo que cuando te dicen de toda la vida que eso no es normal, cuando piensas
que realmente alcanzaste la felicidad antes y aparece algo así, no sé los demás
pero ante todo eso yo me derrumbé. Lo que creía antes era falso, los gays no
eran peluqueros pervertidos, las chicas con las que creí sentir la máxima
felicidad eran falsos. Y lloraba al descubrirlo. Siempre he sido muy
romántico...


Santi tiró de mí alzándome y me sentó entre sus piernas.
Frente a frente. Yo le miré con los ojos aun llorosos y le di un pequeño beso en
los labios. Él me abrazó fuertemente y yo apoyé mi cabeza en sus hombros y me
dejé balancear por él hasta quedarme completamente dormido.


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Relato: Zeks (01)
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