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Relato: Familia com-penetrada





Relato: Familia com-penetrada

01-08-2002



Agradecimiento a mis padres, que nos enseñaron cuanto
sabemos:




Esta historia, es la historia de una experiencia propia que
pasados los años, he querido dejar reflejada de forma anónima para evitar ser
juzgado con los prejuicios de una sociedad condicionada y deformada por
principios "morales" o religiosos de un grado de intolerancia que no podrían
soportar esta conducta y, como quiera que mi posición social no permite una
valoración negativa por motivos estrictamente económicos, me dispongo, como
digo, a dar a conocer un hecho real, como muchos otros que se dan en la
intimidad de muchos hogares y que se ocultan entre el miedo a su difusión y
censura pública o incluso miedo a represalias legales o penales, o incluso,
porque los propios principios de sus protagonistas rechazan sus actos de una
forma irracional, como propios de aberraciones que les han transmitido sin
demasiados argumentos. Viven una existencia atormentada en la convicción de
haber hecho algo demoníaco y tan perverso, que merecen el fuego de los
infiernos.


Pues bien, todo esto desde mi perspectiva, como profesional
de la psicología con despacho abierto y como protagonista de una extraordinaria
experiencia de este tipo, puedo afirmar desde mi convencimiento y mi
razonamiento intelectual, que tal conducta no constituye en modo alguno
perversión o aberración, pues la ley natural que la madre naturaleza nos imprime
a todos en nuestros corazones al nacer, nos impulsan a estos actos, puede que
pecaminosos desde el punto de vista religioso, pero en modo alguno ilegítimos
contra esa ley natural pues, como vemos, en todas las especies animales se da
con absoluta normalidad. Como es lógico y se habrá ya deducido, hablo del
incesto, ese término maldito por algunos y tan natural para todas las especies
animales, como digo.


Comienzo mi historia cuando cumplo 14 años en un día jueves y
de primavera. Mis padres y mi hermana mayor me obsequian con una bonita fiesta
familiar en donde no faltan ni los regalos, ni la tarta, aunque mis padres me
aseguran que el fin de semana me darán un regalo especial sorpresa. Me lo dará
mi madre y los tres sonríen con cierta complicidad.


Ese fin de semana, primero de mes, mi padre se marchaba, el
sábado por la mañana a casa de unos amigos, como todos los primeros de mes, a
hacer un campeonato regional de mus que se celebraba en casa de los propios
partícipes, rotando cada vez en la casa de uno de ellos. En la nuestra no
tocaba, pues había sido recientemente. Mi hermana había decidido marcharse con
unas amigas del instituto a la sierra a pasar el fin de semana esquiando, antes
de que el calor de la primavera derritiese definitivamente la nieve de las
pistas. Es decir, mi madre y yo estaríamos solos en casa todo el fin de semana,
o mas bien, desde el sábado a primera hora.


Sin darle mayor importancia dejé pasar el viernes con mis
clases y mis amigos con total normalidad, con la ilusión de todos los fines de
semana y poder dormir cuanto quisiese –siempre que mis padres mi lo permitiesen,
pues nos les gustaba dejarnos dormir sin límite-. No obstante aquel fin de
semana no habría de ser como los demás, pues mi madre me tenía preparado un
precioso regalo que hasta tiempo después no sabría valorar adecuadamente. Así,
aproximadamente a las 10 de la mañana, mi madre pasó a despertarme para
informarme que me tenía preparado el desayuno especial –enseguida me acordé de
mi regalo-, por lo que sin mucha gana, a pesar de la curiosidad por el regalo,
me levante. Mi madre me mandó a la ducha como siempre antes del desayuno y yo me
dirigí al baño. Después del mismo, volví a la cocina en donde me esperaba mi
madre, que preparaba unas tostadas con mantequilla y mermelada como muchos otros
días, por lo que no acertaba a comprender cual era el regalo especial. Ella me
aclaró que lo especial del desayuno no estaba sobre la mesa y que a continuación
me lo mostraría. Desayuné viendo la tele y al terminar me pidió que fuese con
ella a su dormitorio. Con expectación me dirigí tras ella al dormitorio que ya
tenía arreglado y me preguntó directamente y sin preámbulo alguno que necesitaba
saber si había tenido ya alguna experiencia sexual con alguna chica.


Sin poderlo evitar enrojecí contestando la verdad, es decir,
que no. Ella sonrió al notar mi turbación y me tranquilizó diciendo que se
alegraba mucho y que no había ningún problema, simplemente era una información
necesaria. Yo, al principio pensé que alguien le habría dicho algo, algún
embarazo de alguna amiga… en fin, no sabía que pensar y sin dejarme aclarar mis
ideas volvió a realizar otra pregunta igual de directa que la anterior: "Y a
solas, te has masturbado alguna vez?" Otro nuevo sonrojo mío y mi dilación y
duda le hicieron comprender que ya había realizado alguna que otra experiencia
de ese tipo. Sin dejarme contestar me dijo: "No hace falta de contestes; ya veo
que sí y me alegro, así será todo mas fácil".


Yo no sabía que pensar ni lo que mi madre buscaba, pero
estaba tan nervioso como un flan y mi corazón latía que podía oírse.


Me encontraba de pié frente a mi madre, que estaba sentada en
su cama mientras me miraba fijamente. Ella bajó su mirada hasta mi entrepierna y
sonrió alegre al notar lo abultado de mi pantalón corto de pijama y que yo no me
había dado cuenta. Efectivamente me encontraba en plena erección y era
notoriamente visible. Yo no sabía como disimular, pues mi posición no me lo
permitía, pero mi madre nuevamente volvió a tranquilizarme diciendo que no me
avergonzase, pues eso era lo normal a mi edad y que ella ya lo esperaba. Mas
aún, se alegraba de comprobar que era todo tan normal.


El siguiente paso que me pidió es que me bajase el pantalón,
pero yo, ya evidentemente intranquilo, le dije que no, por favor; que sentía
mucha vergüenza, pero me insistió diciendo que me tenía ya muy visto desde niño.
Yo no lo veía igual, pero ella, tomando la iniciativa, comenzó a bajarme el
pantalón salvando con delicadeza el obstáculo de mi pene. Yo me dejé llevar.
Cuando me los bajó del todo, levanté los pies para que pudiese retirar el
pantalón, con lo cual quedé en calzoncillos ante ella como único atuendo. Vi con
terrible vergüenza, que por encima de la goma del calzoncillo sobresalía parte
de mi pene, aunque mi madre no hizo observación alguna. Yo, pensando que no se
había percatado, traté de cubrirme, pero ella retiró mis manos. Nuevamente
desarmado frente a ella me despojó de esa última prenda, dejando mi cuerpo
totalmente desnudo y mostrando en su plenitud mis atributos masculinos.


Llegado a este punto yo no podía suponer que es lo que mi
madre pretendía en realidad, pues me parecía todo absolutamente irreal, un sueño
fantástico y que despertaría enseguida. No fue así. Yo, avergonzado, no me
atrevía a preguntar nada y mi madre, empujándome suavemente, me sentó junto a
ella en la cama y me dijo que me recostase sobre mi espalda, dejando las piernas
fuera de la cama. Mi pene mostraba ahora toda su extensión y auténticas
dimensiones, que sin ser para nada especiales, si se encontraban en el máximo de
su erección y volumen. Mi madre cogió el miembro con una mano y comenzó a frotar
con suavidad y lentitud. Yo cerré los ojos completamente avergonzado y sin saber
que hacer, pero estaba seguro de que me moriría, pues el corazón me latía como
nunca lo había sentido antes. A los pocos segundos de esta actividad, comencé a
sentir que mi semen llegaba puntual a su cita, lo que me causó mayor turbación
por el hecho de que mi madre se apercibiese de mi estado real, pero no podía
controlar la situación y me dejé llevar. En un momento, sentí que el placer
llegaba al máximo y comencé a moverme rítmicamente al mismo compás que la mano
de mi madre, pero ella, en un brusco movimiento, apretó mi glande con firmeza y
paralizó completamente el proceso dejándome absolutamente desconcertado. La miré
preocupado y me sonrió, llevándose un dedo sobre sus labios e indicarme que no
dijese nada. Mi mirada de curiosidad quedó satisfecha cuando mi madre me
preguntó: "¿Qué te parece, has aprendido como se puede prolongar estos momentos
de placer? Si no se hiciese alguna cosa, se terminaría enseguida, no crees?" Yo
hice un gesto de ignorancia elevando ligeramente mis hombros y ella me empujó la
cabeza para que nuevamente la volviese a apoyar en la cama y comenzó nuevamente
a frotar mi pene. Yo nuevamente me dejé llevar y a los pocos segundos de nuevo
volví a perder el control y a moverme a su compás con violentos impulsos de mis
caderas hacia arriba y abajo, provocando una mayor rapidez en alcanzar el
orgasmo. Nueva parada de mi madre y me ordena con autoridad que no me mueva para
nada, que ella me enseñará como se hace. Yo entre asustado y sobreexcitado,
callé, cerré los ojos y me recline nuevamente sobre la cama, dejándome llevar
completamente por ella, que reanudó su masaje, ahora extendiendo sus caricias a
mis testículos, entrepierna, muslos, bajo vientre… etc., No cabe duda que sabía
hacérmelo bien, pero yo no podía aguanta mas. Se centró de nuevo en el pene y
comenzó una frotación rítmica acompañada de una suave caricia en los testículos
con la otra mano, con lo que el éxtasis no tardó en llegar en toda su extensión.
Sentí un chorro de semen sobre mi vientre mientras mi madre aceleraba la
frotación, hasta dejar de sentir los latidos del placer mas intenso que había
tenido nunca. Ella sin dejar de acariciarme con delicadeza, me preguntó, casi
susurrando y dejándome disfrutar del placer sentido, como me encontraba y que si
me había gustado. Asentí con la cabeza sin abrir los ojos de vergüenza y ella
cogió unas servilletas de papel que tenía preparadas –supongo que de antes de
llegar yo a la habitación-, par limpiarme cuidadosamente.


Sin moverme de mi posición, sentí que me ponía mis
calzoncillos y favorecí su maniobra sin decir palabra y moviendo mi cuerpo para
facilitarle la colocación de las dos prendas, el calzoncillo y el pantalón.


Ella salió de la habitación llevándose el papel sucio y yo
quedé allí, mareado, avergonzado y sin saber que pensar y por qué habría hecho
aquello mi madre. No sabía si salir de la habitación o quedarme allí un rato,
pues me avergonzaba verle la cara a mi madre. Pensaba en mi padre, si se llegaba
a enterar: que pasaría?.


Estuve así un rato largo, pero al fin salí comprendiendo que
el encuentro con mi madre era del todo inevitable. Llegué al salón y allí estaba
ella sentada sobre el sofá esperándome. Me acerqué con la cabeza baja y me cogió
de la mano acercándome a ella para que me sentase a su lado.


Ella, comprendiendo sin duda mi turbación, comenzó a hablar y
explicarme lo que sucedía. Yo, sin mirarle a los ojos directamente, escuchaba
tratando de comprender o encontrar una explicación a todo aquello.


Comenzó un relato que reproduzco a continuación casi al pié
de la letra:


"Verás Jaime; esto que te he hecho lleva ya mucho tiempo
decidido entre tu padre y yo. La razón es que queremos introduciros en la vida
sexual plena nosotros, vuestros padres" –Cuando hablaba en plural supuse que se
refería a mi hermana. Ella debió tener o tendrá otra experiencia similar con mi
padre, posiblemente. Yo alucinaba, pero callé y escuché-


"Hace casi 30 años aproximadamente, cuando murió tu tío
Julián, el hermano mayor de tu padre, sabes que el abuelo, que no conociste,
padre de ambos, se suicidó verdad?. Pues bien la historia es que tu abuelo,
hombre rudo y a la antigua usanza, quiso introducir a sus hijos en la vida
sexual ‘hacerles un hombre’ como él parece ser que decía, de tal modo que
cumplidos 15 años de tu tío Julián, su padre se lo llevó, con la oposición de su
madre que sabía lo que iba a hacerle a su hijo y de él mismo, un chico frágil
físicamente y muy sensible, quizá algo exagerado para su condición masculina,
como digo se lo llevó a una casa de prostitutas cercana al pueblo donde vivían,
en donde forzó a su hijo a mantener relaciones con una prostituta que le eligió
él mismo entre las chicas más jóvenes de la casa, la cual se encargó de cumplir
sobradamente el encargo del padre, a pesar de la resistencia del hijo, que vivió
una trágica experiencia. El hecho es que como consecuencia de aquel
acontecimiento, el chico cayó en una profunda depresión y, además, contrajo una
rara enfermedad –hoy mas conocida-, que le llevó finalmente a la muerte. Su
padre, considerándose responsable de aquello, no pudo resistir y se suicidó
disparándose con su escopeta de caza. El resto ya lo conoces. Tu abuela quedó
viuda con aproximadamente 38 años y tu padre, el hijo menor, huérfano con 13
años.


A pesar de que su madre compartía parte de la filosofía de su
marido acerca de la virilidad y todo eso, no fue partidaria de forzar a su hijo
a aquella experiencia, dado que conocía la condición de homosexual de su hijo
mayor y que el padre se negaba a admitir, por lo que cuando tu padre llegó a una
edad similar a la tuya, tuvo la mejor idea que se le puede ocurrir a una mujer
inteligente con ella. Consistía su decisión en educar en el sexo a su propio
hijo llegada la edad de la pubertad y, de camino, ella recuperaría la actividad
sexual que le había sido suspendida prematuramente con la muerte de su esposo en
plena juventud de ambos.


Llegado aquel que ella consideró el momento adecuado, una
noche le pidió a tu padre que le acompañase a su lecho para hacerle compañía,
pues se encontraba sola y recordando a su marido y así consumó una primera
relación sexual plena con su hijo que fue la primera de una serie de ellas y que
se prolongaron hasta que tu padre, pasados los 22 años, le informó a su madre
que tenía novia formal, que era yo, con la pensaba casarse. A partir de ese
momento, su madre le prohibió volver a mantener con ella ningún tipo de
relación, dado que debía mantener fidelidad total a la mujer a la que pensaba
entregarse en cuerpo y alma y puesto que ya tenía pareja estable con la que
satisfacer sus necesidades sexuales sin tener que acudir a parejas ocasionales
con alto riesgo de contraer graves enfermedades. Desde entonces, tanto tu padre
como yo le estamos muy agradecidos a tu abuela que supo enseñar bien a su hijo y
asegurarse de que haría totalmente feliz a la mujer que hiciese su esposa, pues
su experiencia la trasladaría a ella y la haría gozar de unos conocimientos que,
de otro modo, no habría adquirido nunca.


Por su parte, tu padre hizo lo mismo con tu hermana a los 13
años y cuando tuvo su primera menstruación –ya que las mujeres se desarrollan
antes que los hombres-, y desde entonces mantiene esa relación ocasional cuando
tu hermana tiene necesidad de satisfacer su instinto, sin que en ningún momento
haya sido esto causa de disgusto para ninguno de los tres que nos encontramos
totalmente informados y participando de estas maravillosas y excitantes
experiencias que a tu padre le rejuvenecen y que tu hermana le sirven para
mantener un perfecto equilibrio psicológico al tener sus necesidades totalmente
satisfechas y con total confianza y seguridad. A partir de ahora, te podrás
añadir a este perfecto grupo familiar y participar en cuantas fantasías se te
ocurran a ti o a los demás, disfrutando tanto de la experiencia de tu madre,
como de la juventud y pasión de tu hermana, dejándome de vez en cuando disfrutar
de tu padre que, en ocasiones le agota en largas sesiones de sexo para su edad.
Ella, de alguna forma, es la que mas ha insistido en que te pongamos al
corriente de todo lo antes posible, para poder participar contigo de sus juegos
eróticos, así es que prepárate pues mañana por la noche llegarán ambos con la
curiosidad de conocer tu opinión y saber si estas contento con esta nueva
expectativa en tu vida, que yo me encargaré entre hoy y mañana de hacerte ver lo
maravilloso de la misma.


Esa es la sorpresa que te teníamos reservada y a la que
espero te unas sin reservas para disfrutar juntos de nuestra vida familiar
segura y llena de experiencias nuevas.


Y bien, que opinas?


Bueno, mejor aún no respondas, pues debes digerir la noticia
y tratar de verlo sin prejuicios y olvidando cuanto has oído hasta ahora acerca
de la perversión que supone estas relaciones entre parientes cercanos, pues te
puedo asegurar que conocemos muchas familias que lo practican a través de la
consulta de tu padre, pues a una psiquiatra acuden todo tipo de personajes con
las historias mas variadas, unas de ellas constituyen auténticas patologías,
pero otras, que perturban la paz interior de muchas personas, no son sino el
fruto de estos prejuicios que les inducen a pensar que lo que hacen es algo
realmente perverso. No es así y el tiempo te lo demostrará.


Ahora depende de ti el decirme si quieres seguir adelante o
quedarte en donde estás, pues de ser así, no volveremos a hablar del tema y yo
no volveré a ponerte en el aprieto de antes".


Ahora ya no le quitaba ojo a mi madre. Observaba su cara de
total tranquilidad y satisfacción al ver que yo también me había relajado,
primero al saber que mi padre estaba al tanto de todo y no tendría consecuencias
para mí y, segundo, porque esta sinceridad me había relajado y ya no me sentía
tan avergonzado de la experiencia anterior, que ahora me parecía estupenda, ya
que antes se mezclaron dos sentimientos opuestos, el de intenso placer y el de
intenso terror y vergüenza, que no me dejaron disfrutar del todo.


"Bueno, que me dices?. Estoy esperando una respuesta y me
estoy empezando a preocupar"


Yo le contesté simplemente un "bueno, no sé, vale" totalmente
infantil o así me sonó a mí mismo. Ella me dijo que me tomase un zumo de naranja
del frigorífico, pues se me notaba la boca seca y me encontré liberado al no
tener que contestar nuevas preguntas ni que hacer nada, ni mantenerme en su
presencia, de modo es que me levanté enseguida y me marché a la cocina como me
había dicho mi madre. Ella salió tras de mí y por el pasillo la oí alejarse.


Para relajarme encendí la tele de la cocina mientras me
tomaba un zumo fresco que me sentó inmejorablemente. Me serví otro y miraba la
tele sin entender lo que decían, pues pensaba en todo lo sucedido y en la
historia de mi madre. ¿Qué pasaría a partir de ahora? ¿Qué pensarían de verdad
mi padre y mi hermana? ¿Era posible que estuviese sucediendo lo que decía mi
madre desde hacía posiblemente 3 o 4 años sin yo saberlo? En fin, tenía tantas
preguntas que no podía concentrarme en la televisión ni en lo que ocurría a mi
alrededor; sería posible lo de mi hermana y mi padre? No podía imaginarme la
situación que me resultaba impensable. No había duda, su aire de complicidad
cuando me anunciaron mi "bautismo de fuego" para hoy, no dejaba lugar a dudas.
¿Cómo sería una relación con mi hermana? En fin, lo dejé para mas adelante,
aunque no me resultó desagradable este pensamiento; mi hermana estaba
francamente bien, o al menos así me lo parecía a mí.



2ª parte:



La lección del día aún no había terminado y así me lo hizo
saber mi madre cuando desde el salón, me llamó. Acudí a su requerimiento
enseguida y cuando llegué me pidió que me sentase a su lado. Preguntó si ya
estaba mas tranquilo y le contesté que sí. Realmente ya estaba mucho mas
tranquilo y relajado, pero aún tenía mas preguntas que me reservaba para otro
momento, pues me sospechaba que la clase de sexo estaba aún por empezar. No
quería demostrar interés por ello, pero mas por vergüenza que por pasión, aunque
esto no fue necesario, pues mi madre, tomando nuevamente la iniciativa, puso su
mano sobre mi entrepierna, comprobando que yo tampoco había dicho mi última
palabra. Yo agaché la mirada y a ella la vi sonreír de reojo. Me preguntó si me
apetecía seguir, pues de no ser así, me dejaría. Yo contesté rápidamente que sí
me apetecía, por lo que ella descubrió mi pene totalmente erecto de nuevo y
comenzó nuevamente a frotar con delicadeza. Ella lo dejó por un momento y me
bajó a un tiempo el pantalón y el calzoncillo para quitármelos del todo,
dejándome nuevamente desnudo y sentado en el sofá. Ella se levantó y se quitó su
bata de raso blanca que llevaba puesta y que le cubría hasta debajo de la
rodilla. Bajo la misma se me apareció una extraordinaria mujer con un
provocativo atuendo, equipada de la ropa interior mas sexy que había visto
nunca. Llevaba un camisón corto de color verde y totalmente transparente. Le
subía el camisón por encima de la rodilla aproximadamente una cuarta. Bajo él se
apreciaba con total nitidez unas medias negras sujetas por un liguero, también
negro y bajo éste, una braga tanga, que apenas cubría su vello púbico. El
sujetador era igualmente negro muy transparente y dejaba ver claramente unos
pezones erectos y muy oscuros, algo que me sorprendió. Así quedó ante mí, de pié
y yo sentado en el sofá desnudo. Sonriendo me preguntó si le gustaba lo que se
había comprado para la ocasión. Yo sin saber reaccionar dije que sí y tendí mis
brazos instintivamente con la intención de acercarla a mí. Ella se dejó llevar y
yo apoyé mi cara sobre su vientre; mis manos, por detrás de ella, acariciaban
sus nalgas desnudas, pues la braga se reducía a una cinta que recorría su
trasero. Mi excitación estaba subiendo a un límite que yo no conocía y ella lo
notó. Me pidió un momento de calma y se sentó a mi lado, agachándose sobre mi
pene, comenzó a succionar y chupar, algo que me sobresaltó de momento, pero que
no pude evitar… ni quise. Me limité a meter mi mano bajo la parte superior de su
camisón y alcancé sus pechos, mas duros de lo que me imaginaba. Ella paró un
momento para soltarse el sujetador y quitárselo del todo, de modo que mi acceso
a sus pechos fue mucho mas cómodo. No alcanzaba mas allá de su vientre, aunque
ella evitaba que yo llegase mas allá, así es que me conformé con seguir
apretando sus pechos. Ella me pidió que lo hiciese con mas suavidad y volvió a
chupar.


Creí que me iba a correr de nuevo en breve, pero ella se
ocupó de que el acto se prolongase indefinidamente, hasta el punto de que notaba
mi pene dolorido de la dureza que había alcanzado, hasta que ella, apiadándose
de mi tortura, comenzó a chupar y frotar a la vez y nuevamente alcancé un
orgasmo terrible, algo que me hizo temblar hasta el último pelo de mi cuerpo;
ella continuó chupando mientras notaba los espasmos de mi orgasmo y apreciar que
ya mi pene alcanzaba unas dimensiones mas relajadas. En ese momento se retiró y
se limpió cuidadosamente y me limpió a mí que quedé exhausto sobre el sofá. Ella
se marcho a asearse. Yo quedé mareado sobre el sofá y sin saber que me estaba
pasando y que me pasaría a partir de ahora. Recordaba lo que mi madre me había
dicho sobre la fogosidad de mi hermana y pensaba que si lo de mi madre no era
fogosidad, como sería lo de mi hermana!.


Estaría a su altura?. En fin, rápidamente llegó mi madre con
su habitual sonrisa y con su bonito camisón verde, sus ligueros y tanga debajo y
sin sujetador, que había dejado junto a mí, en el sofá. Alegre y tranquila me
preguntó: "Bueno, que tal la segunda lección??" Yo tambien estaba mas tranquilo
y, ahora, mucho mas relajado. La verdad es que había tenido bastante por hoy,
pero lo de la segunda lección me hacía sospechar que quedaba alguna lección mas
que recibir.


Ella, sin mas preámbulo, se acercó de nuevo a mí, que aún
estaba recostado en el sofá, y me preguntó si estaba dispuesto a recibir la
tercera clase particular. Yo alarmado le dije que no podría hacerlo otra vez y
ella me aseguró que ahora, con la pasión en calma, la razón actúa con mas
control y la experiencia será mas larga y gratificante. Me pidió que confiase en
ella en este tema, cuya experiencia, estaba garantizada. Yo le pregunté que
ahora que me iba a hacer y ella dijo tajante: "Ahora serás tú el que me haga
algo a mí, vale, pues a mí tambien me gusta y aún no he empezado, recuerdas?".
No puedo negar que me dio un vuelco el corazón, pues la verdad es que estaba
algo mas tranquilo pensando que aún no había pasado nada irreparable, pero
llegado el momento de hacer el amor con mi madre, habría traspasado la frontera
de lo moral y éticamente correcto y entraría en un camino sin retorno, además
que aún no terminaba de creerme al cien por cien lo de que mi padre estaba al
tanto de todo y conforme con esto que estaba haciendo con mi propia madre.


Le pedí un momento de recuperación y ella se sentó a mi lado
y, sin darme tregua, me cogió mi mano y la acercó a su sexo, permitiéndome lo
que hacía un momento me había impedido. Yo, ansioso, metí mis dedos por debajo
de su braga mientras ella comenzó a soltar las pinzas del liguero. Lo primero
que noté es un vello rizado y fuerte, distinto al que lucía en su cabellera e
inmediatamente localicé su agujerito que se encontraba completamente húmedo y
escurridizo. Metí mis dedos y comprobé un calor especial y que la introducción
era muy fácil, pero ella me retiró la mano para terminar de quitarse la ropa
interior. Se puso en pié y se quitó el camisón. La braga se la quitó y se dejó
puesto el liguero, desprendido de las medias.


Tal y como predijo mi madre yo ya me había vuelto a poner a
tono, mostrando otra vez una erección ejemplar. Yo mismo estaba asombrado de mi
capacidad. Ella, mas que asombro, mostraba satisfacción y no dejaba de sonreír.
En esta ocasión yo le devolví la sonrisa. Le tendí mis brazos invitándola a
unirse a mí y me tendió sus manos. Se acercó, me colocó boca arriba en el sofá y
se montó sobre mí, aunque sin permitir, de momento, la penetración. Yo me
arqueaba buscando y buscando con mi pene su vagina, que pensaba taladrar en el
acto, pero ella me esquivaba con habilidad. Por fin y tras un rato de jugueteo
conmigo en el que me cogía las manos para acercarlas a sus pechos, etc., noto el
calor de su sexo en contacto con la punta de mi pene. Yo comprobé que estaba
totalmente arqueado hacia arriba buscando este contacto, pero ella estaba
decidida a hacerlo a su modo.


Restregaba mi miembro por su zona mas caliente sin lograr
perforarla, pero ella disfrutaba enormemente con este jugueteo ante portam.
Cuando poco a poco y ocasionalmente conseguía introducir parte de mi verga en su
vagina, ella se movía con habilidad perfecta permitiendo la penetración justo
hasta el punto que ella quería y en este éxtasis me tenía cuando, de repente,
sonó el teléfono.


Yo perdí el control por un momento y el sobresalto me
inmovilizó. Abrí mis ojos con espanto como si alguien hubiese descubierto mi
crimen y mi rostro se contrajo del terror. Ella me tranquilizó sujetándome y
diciéndome que la espere un poco, que me estuviese quieto. En cuanto ella se
retiró de encima de mí y se levantó para atender el teléfono, yo instintivamente
y al oír que era mi padre, me levanté inmediatamente tambien y comencé a
vestirme muy asustado. Ni qué decir tiene que mi pene quedó reducido
sensiblemente y yo, sin saber que hacer, comencé a marcharme hacia la cocina,
quizá evitando que alguien me viese junto a mi madre y averiguase lo que
estábamos haciendo, pero ella, al pasar a su lado, me cogió por el brazo y me
impidió que me alejase, acercándome hacia ella. Efectivamente, el interlocutor
era mi padre y yo estaba violento en extremo, sobre todo cuando mi madre, en un
alarde de atrevimiento y picardía, me llevó mi mano hacia su sexo aún ardiente.
Yo trataba de evitarlo, pues tenía la sensación de que mi padre nos estaba
viendo, pero ella insistía y me cogía mi pene y me arrimaba su trasero.. en fín,
un descaro que parecía excitarle a tope. Yo seguía la conversación que parecía
totalmente normal. El debía preguntar como iba todo y ella contestaba que mejor
de lo previsto y parecían reír ambos. Yo enrojecía de vergüenza suponiendo lo
que mi padre pensaría, pero ella insistía sin entrar en pequeños detalles que
todo estaba bien y que esperaba un fin de semana tranquilo y muy divertido,
recalcando estas últimas palabras. El cenit llegó cuando ella dijo que le pasaba
conmigo para saludarle... en fin, yo no sabía que hacer ni qué decir; trataba de
negarme con la cabeza y diciéndole a mi madre que le dijese que estaba en mi
habitación o algo así, pero ella me dijo que mi padre quería hablar conmigo. Por
fin me puse y mi padre, tan normal como siempre, me preguntó que tal estaba. Yo
le dije que bien y el insistió en nuevas preguntas tendenciosas, tales como que
tal lo estaba pasando, si mi madre me había enseñado el "regalo", etc., A todo
esto, mi madre me dio la espalda y agachándose ligeramente, cogió mi pene
semierecto, y lo introdujo en su vagina, comenzando a moverse rítmicamente y
logrando una excitación que me hacía perder el control de la conversación con mi
padre y hasta se me cayó el auricular.


Ella, continuando con su acción, recogió el teléfono y le
dijo a mi padre que le teníamos que dejar, pues tenía en ese momento a su alumno
el clase y no quería que perdiese la concentración... oí reir a ambos y me
tranquilicé, pero, a pesar de todo, aquello era demasiado para mí y yo no
controlaba nada de lo que ocurría a mi alrededor. Estaba avergonzado y muy
excitado. No obstante, yo no dejaba de empujar gozando a tope del momento de
placer que estaba teniendo.


Cuando mi madre se despidió con un beso de mi padre,
comprendí que aquello estaba perfectamente asumido por ellos y a mí me pareció
que, de alguna forma, ya sí de verdad gozaba del beneplácito de mi padre para
hacer con mi madre cuanto nos apeteciese a ambos.


En ese momento mi madre se separó de mí bruscamente,
dejándome con el pene endurecido totalmente y enrojecido como un tomate, en una
pose algo grotesca. Se volvió hacia mí y me dijo que así no iba a ser mi primer
"polvo" ni su primer "polvo" con ella. Ese término malsonante me avergonzó un
poco en boca de mi madre, pero no le dí mayor importancia, pues lo que estaba
esperando y deseando es saber donde consumaríamos finalmente este "polvo".


Me cogió de la mano y me llevó a su habitación nuevamente,
tendiéndose sobre la cama boca arriba e indicándome que subiese sobre ella. Yo
no esperé una segunda orden y en un segundo estábamos otra vez a la faena; yo de
un modo frenético que parecía encantar a mi madre, pues entre quejidos de
placer, sonreía y me pedía cuidado y mas despacio. Yo no podía mas y me había
abandonado a la naturaleza, dejando que el orgasmo llegase sin control y
esperando correrme como nunca antes lo había hecho, pero eso no era lo previsto
por mi madre que, cuando notó que me iba a correr, me ordenó retirarme y
tumbarme yo boca arriba. La verdad es que faltó un segundo para soltar el poco
semen que debía quedarme en los testículos, pero ella supo pararme justo a
tiempo.


Me puse boca arriba y ella, de rodillas sobre mí, me cogió
nuevamente en pene dándole un apretón al glande y bajando mi excitación en el
acto. A continuación acercó mi pene a su vagina y comenzó a frotarse su clítoris
con ardor y pasión, algo que me excitaba a mí mas que a ella; así se mantuvo un
par de minutos en los que su cara había perdido la sonrisa y la había sustituido
por una mueca desencajada de placer, apretando los dientes y cerrando los ojos.
Yo le apretaba los pechos y me dejaba llevar. Al cabo de esos minutos, dos o
tres, se sentó sobre mi pene introduciéndoselo totalmente y comenzó a moverse
rítmicamente con una precisión y arte que me hacía enloquecer… posiblemente
tanto como ella. En hábiles posturas que permitían una perfecta penetración y
compenetración y tras varios minutos mas de loco goce de ambos, la noté como se
corría entre muecas de placer y quejidos de gusto y yo, sin poderlo ni quererlo
remediar, me corrí intensamente, tiernamente, largamente, mientras mi madre
continuaba con sus movimientos y rebajando la velocidad e intensidad
progresivamente, hasta parar pasados varios minutos del orgasmo conjunto que
habíamos tenido.


Después de un rato de abrazo conjunto en el que ambos
estábamos sudando y en silencio, mi madre se incorporó nuevamente aún con mi
verga dentro de ella, aunque ya sin la dureza de hacía unos minutos y me dijo:
"Bueno, por mi parte te doy un sobresaliente, y tú que opinas?" Yo aún temblaba
de placer y apenas podía articular palabra, pero contesté que había sido lo
mejor de mi vida. Que me había dado un gusto increíble. Que no me podía imaginar
que hacer el amor era tan maravilloso y mas con mi madre, en casa con toda
comodidad, aunque muy asustado, y sin riesgos de coger alguna enfermedad.


De repente me vino a la mente un problema que no había
previsto y alarmado, le pregunté a mi madre: "Oye mamá, y no te quedas
embarazada?". Ella me tranquilizó informándome de que cuando nací, tanto mi
padre como mi madre su operaron para evitar embarazos posteriores, pues no
deseaban tener mas hijos una vez que ya tenían la deseada pareja. El problema
sería con mi hermana, pues ella no estaba operada pero tomaba eficaces
anticondeptivos para evitar este problema, así es que tampoco en ese caso
debería preocuparme. Parecía estar todo previsto y controlado, lo que me
tranquilizó, especialmente el haberme asegurado de que mi padre era copartícipe
y conocedor de este tema. Finalmente me preguntó si tenía alguna duda mas y
aclarados todos los asuntos por mi parte me dijo que ya podría hacer cuanto
quisiese sin ninguna preocupación, empezando ahora mismo si lo deseaba. Le dije
a mi madre que en este momento lo último que me pedía el cuerpo era repetir otra
vez, pues no podía ni con las zapatillas que llevaba puestas. Ella rió alegre y
me aseguró que me quedaba mas fuerza de la que me creía, a la vista de la
demostración anterior y que solamente eras las 1300 h del sábado y que teníamos
todo hoy, incluida la noche, y todo el domingo para demostrarme lo contrario;
tal y como dijo a continuación : "todo el fin de semana para estar muy juntitos,
tanto que vas a estar dentro de mí casi todo el tiempo…". Aquello sonaba a
amenaza, pero muy agradable.


Era la hora del aperitivo y tras él, mi madre me mandó a la
ducha, haciendo ella lo propio después. La comida la teníamos prevista para las
1430h como siempre, de modo es que aún teníamos tiempo para echar un polvo mas,
calculé. Efectivamente, tras un refresco y una refrescante ducha, mi madre salió
de la ducha, tal y como vino al mundo y se acercó a mí, pidiéndome que me
desnudase de nuevo. En fin, que voy a decir, obedecí como buen hijo que soy y me
fui hacia el salón, pues me dijo mi madre que quería hacerlo allí una vez, pues
le daba morbo. Tanto los términos como el tono me hacían olvidar a la figura de
madre que siempre había representado su persona para mí, empezando a convertirse
en una amante apasionada y que sabía poner a tono a cualquiera, incluido yo
mismo.


La cogí de la mano con firmeza y la arrastré al salón, en
donde le dije se pusiese a cuatro patas sobre el sofá, en cuya posición empecé
mi segundo polvo con toda la energía concentrada en una verga incansable. Ella
tampoco desmerecía. Su conejito parecía moverse solo y ardía; yo empujaba con
fuerza sujetándola de las caderas, hasta que nuevamente me corrí sin control,
esta vez tras un rato aún mas largo de duración, aproximadamente veinte o
veinticinco minutos calculé. Mi madre, en este polvo, se volvió a correr
también, pero antes que yo, por lo que me pidió una tregua para tumbarse en el
sofá boca arriba y pedirme que terminase de hacerle el amor sobre ella. En fin,
otro polvo inolvidable.


Comimos y decidimos echarnos la siesta un rato para
descansar, pero lo que hicimos fue hacerlo nuevamente; eso sí, después nos
quedamos profundamente dormidos, despertándonos de nuevo el teléfono. Era mi
hermana. Habló con mi madre, adormecida y, por lo que entendí, ella tambien
estaba interesada, como mi padre, por conocer los detalles de la experiencia.


Mi madre, ya mas despejada, parecía estar mas dispuesta a dar
detalles de la situación y tras informar a mi hermana que lo habíamos hecho 4 o
5 veces, rió a carcajadas al oír de mi hermana que no me agotase, pues ella
vendría mañana y quería hacerme su propia prueba. Mi madre le dijo que por fin
ya podría, como mi padre, cambiar de montura cuando le apeteciese, igual que
haría mi hermana a partir de mañana mismo. Oí a mi madre decirle a mi hermana
que esperase un poco, pues quería hablar con ella mientras yo la penetraba y me
pareció oír a mi hermana decirle algo así como que era una viciosa, el caso es
que mi madre me dio la vuelta hacia ella y me pidió volver a penetrarla, aunque
solo fuese un poquito para que mi hermana lo oyese, mi madre que se me estaba
mostrando como una auténtica morbosa. Yo lo hice y ella comenzó de nuevo a
gemir. Yo dí un pequeño grito que llegó a mi hermana atenta al teléfono, pero en
mi caso era de dolor, pues tenía el pene completamente escocido y me dolía al
penetrar a mi madre.


Ella me pasó el teléfono a petición de mi hermana, al
parecer, quien me dijo entre risotadas, que guardase algo de fuerza para ella,
pues pensaba adelantar el regreso para el domingo por la mañana y aprovechar el
día para que "follásemos" –sus palabras textuales- los tres, pues le daba mucho
morbo solo el pensarlo. Por la noche, cuando llegase nuestro padre, sería una
auténtica orgía entre los cuatro.


La verdad es que yo no creía que llegase a mañana si mi madre
se empeñaba en seguir haciéndolo, pues además de que ya no tenía fuerza alguna,
el pito lo tenía enrojecido y me escocía cada vez que penetraba a mi madre.
Medio dormido le dije que sí a mi hermana y me despedí de ella hasta el día
siguiente.


Mi madre, cuando le dije que me escocía el pene, enseguida se
apresuró a darme una pomada muy eficaz asegurándome que por la noche estaría en
condiciones de nuevo de repetir la faena de por la mañana, incluso se fortalecía
la piel con la aplicación de ésta pomada que ya venía usando mi padre hace
tiempo, desde que comenzó a mantener relaciones sexuales con ambas. El resultado
estaba garantizado y me dijo estar dispuesta a demostrármelo durante toda la
noche, especialmente ahora que mi hermana había anticipado su regreso para
disfrutar del "botín". Yo le aseguré a mi madre que no creía poder cumplir con
mi hermana, pero ella lo dio por bueno asegurándome que así aguantaría mas; que
no tenía importancia, pues estaba en plena forma y mi edad lo aguanta todo.


La tarde, gracias a la pomada que debía reposar sobre la piel
entre 4 y 6 horas, pasó tranquila, viendo la tele y mi madre controlando el
reloj. De vez en cuando se acercaba a mí para comprobar como evolucionaba mi
pene. Con lo reducido de su tamaño y cubierto de pomada, apenas se podía
apreciar la evolución.


Me dijo que iba a la ducha y alrededor de las 2100h y pasadas
ya cuatro horas de "abstinencia", mi madre apareció con otro conjunto
super-sexy, esta vez sin camisión, compuesto de ligueros, braga de encaje blanca
–como los ligueros-, medias de encaje con pequeños agujeros, blancas tambien, y
un sujetador muy apretado que le hacían aparentar los pechos mas grandes y duros
de lo que en realidad eran, aunque su dimensión no tenían nada que envidiar a
los mejores que haya visto, sin llegar a ser exagerados. Yo, habiendo aprendido
la lección, le dije que estaba muy atractiva y que nunca me hubiese imaginado
que mi madre resultase tan excitante; vamos que me parecía un auténtico
"bombón". Ella se sorprendió de mi atrevimiento y me lo agradeció con una amplia
y cariñosa sonrisa, diciéndome: "Pues este bombón, será para que se lo coma
enterito mi niño!"


Inmediatamente comenzó a cuartearse la pomada sobre mi pene y
éste a levantarse despertando de su letargo. Mi madre se acercó y tocándolo, me
preguntó si me dolía o escocía. Yo le dije que no y ella sonrió satisfecha. "Lo
ves como funciona?" Me preguntó. Me dijo que fuese a ducharme y que me lavase
bien el pene, para después echarme ella otra crema lubricante que complementaría
la acción de la anterior e impediría que surgiese nuevamente el problema.
Mientras tanto, ella preparaba algo ligero para cenar y que quería acostarse
pronto indicando, con una pícara sonrisa.. "para descansar, claro!".


Yo me fui a la ducha y cumplí con lo que me madre me había
pedido, regresando a la cocina a comer algo. Allí estaba ella comiéndose un
sandwich y preparándome otro a mí. Estaba de espaldas a la puerta de la cocina y
me llamó la atención verla, casi desnuda y con esa ropa interior tan erótica, en
la cocina, haciendo sus labores domésticas con la misma naturalidad que otras
muchas veces la había visto vestida como cualquier ama de casa.


Yo, mucho mas atrevido y ya menos preocupado de las
consecuencias de esta relación, salí del baño con unos calzoncillos
especialmente pequeños que apenas usaba por incómodos y que precisamente me
había comprado mi madre hacía un poco tiempo y que mostraban mis atributos en
toda su extensión, pues parecían ser tan elásticos que se adaptaban al tamaño de
cada uno. Mi erección era completa y el calzoncillo lo demostraba sin disimulos.


Sin que mi madre lo notase, me acerqué por detrás de ella y
la sujeté con mis manos dándole un empujón con mi pene en su trasero. Ella, con
sorpresa y placer, se llevó un pequeño sobresalto y rió la broma, volviéndose
hacia mí, que seguí apretándola contra mí, ahora con mi pene sobre su vagina, y
me dijo que tuviese un poco de paciencia, que ahora me iba a enseñar otra
lección mejor que las anteriores. Me obligó a sentarme y comerme un delicioso
sandwich mixto que me había preparado y un gran vaso de leche fresca,
diciéndome: "Esto es para recargar la pluma!" y rió de nuevo; yo también lo
hice.


Me comí todo con apetito y deseo de comenzar cuanto antes la
sesión que me tenia preparada mi mamá, y la volví a coger y a tocarle los
pechos, pues me atraían con ese sujetador puesto. Ella se dejó y llevó una de
mis manos, muy despacio, hasta su braga, dejándome a mí que hiciese el resto.
Yo, inmediatamente salve el minúsculo obstáculo y metí mis dedos en su sexo,
comprobando que estaba tan ardiente como antes y tan preparado para un nuevo
encuentro como mi pene. Ella dejó que la manosease cuanto quise. Yo aparté mi
calzoncillo y desplacé su braga hacia abajo para penetrarla allí mismo, en la
cocina, lo que hice con cierta dificultad; comencé a moverme y ella me
acompañaba a mi ritmo, pero yo no me encontraba muy cómodo a pesar de que mi
madre parecía disfrutar mucho, así es que esperé un poco hasta que ella
quisiese. Poco a poco nos fuimos calentando ambos y yo terminé por sentarme en
una banqueta de la cocina y mi madre se quitó la braga y se sentó, de frente,
sobre mí. Ella misma se introdujo mi pene y comenzó nuevamente a moverse, pues
yo no podía hacerlo. Me contenté con quitarle el sujetador y comenzar a chupar
sus tetas, algo que la hizo gemir y jadear. Ella iba aumentando su velocidad y
comprendí que se estaba corriendo, por lo que traté de favorecer su orgasmo
facilitando sus propios movimientos y dándole pequeños mordiscos sobre sus
pezones, pues me había dado cuenta de que se estremecía cuando lo hacía.


En unos minutos ella comenzó a dar auténticos saltos sobre mí
y yo notaba que su flujo vaginal se derramaba sobre mis piernas, mojándome y
llegando hasta la silla en donde estábamos fornicando. Yo, entre algo incómodo
que me encontraba y lo sorprendido que me tenía mi mamá mostrándose como una
auténtica profesional o una viciosa, no podía correrme, así es me dediqué en
exclusiva a echarle un polvo totalmente a su gusto, pues ella lo había hecho
conmigo durante todo el día. Pronto noté unos terribles espasmos en mi madre que
movía la cabeza de adelante atrás y sus caderas moviéndose de tal modo que
propiciaban una total penetración. Yo seguía a lo mío con los pezones y ella
hacía el resto a su gusto –nunca mejor dicho-. Cuando me retiró me cabeza de sus
pechos comprendí que ya se había corrido y aún con los ojos cerrados, inclinó su
cabeza apoyándola sobre mi hombro. Me dijo "Hijo, tengo que confesarte que creo
que éste ha sido el mejor polvo de mi vida!. No creas que con tu padre no estoy
satisfecha, pero él es mucho mas conservador y solo le gusta hacerlo en la cama
y con poca imaginación para las posturas. Tambien es verdad que el tampoco pudo
hacérmelo así, pues debíamos cuidar estas actividades ante ti, que eras pequeño.
A partir de ahora y dado que tu ya estas integrado en nuestra pequeña comunidad
sexual, me gustaría que siguieses haciéndolo como hoy; quiero decir, que donde
me sorprendas y te apetezca, me asaltas sin piedad y allí mismo hacemos el amor,
pues ya nadie se sorprenderá si nos pilla. Me lo prometes?"; yo contesté: "Te lo
prometo mamá. Te sorprenderé todos los días en uno u otro lugar, vale?" Ella,
riendo a carcajadas, me dijo "me vas a resultar un poquito golfo, no?" Yo
también reí la ocurrencia.


Levantando ya la cabeza me preguntó si me había corrido y le
dije que no, pero que ahora no quería, pues me esperaba una larga noche de
insomnio "verdad?" Asintió y volvió a preguntarme si me dolía el pene. La verdad
es que ya ni me acordaba del dolor que había tenido, así es que los dos nos
alegramos de la rápida curación. Creo que comprendió que me había dedicado en
este último polvo a ella y me lo agradeció con sinceridad, pues, según me dijo
luego, no es frecuente en los hombres el sacrificarse a favor de su pareja en
esto del sexo.


Le pedí que se levantase para limpiarme, pues su flujo me
había dejado chorreando y aunque me pidió esperar un poco disfrutando de mi
erección, se levantó en unos minutos, durante los cuales se mantuvo abrazada a
mí y yo, en aquel silencio y quietud, me pareció seguir notando unas pequeñas
contracciones de su vagina apretándome el pene suavemente. Creo que aún
disfrutaba de un orgasmo pleno. Se levantó, nos limpiamos y me dijo que la
acompañase a la ducha antes de acostarnos. Me pareció una idea excelente y una
tentación y juntos nos fuimos al baño.


Mi mamá se quitó el liguero y las medias y llenó la bañera,
poniendo a continuación el jacuzzi que yo no recordaba haber usado nunca. La
verdad es que mi madre se sabía todos los trucos para sacarme hasta la última
gota de mi "pasión". Me tenía del todo encendido. Se metió primero en la bañera
y me invitó a acompañarla. Yo lo hice de inmediato, situándonos muy apretados,
pues la bañera es mas bien pequeña… a pesar de todo supuse que sobraría sitio y
llegado el momento, también cabría mi hermana. Bueno, pues sí, ya comenzaba a
tener pensamientos eróticos con las dos mujeres de mi vida. Por qué no? Ya mi
mamá me había insistido en que en el seno de nuestra familia no existían
límites. Bueno, por ahora tenia mas que suficiente con mi madre y me dispuse a
hacerla gozar otro ratito entre las burbujas del agua de la bañera, así es que
me senté y le pedí a ella que se sentase sobre mí, pero esta vez, de espaldas;
ni qué decir tiene que a ella le pareció de perlas y al momento ya estábamos a
la faena otra vez. Yo con mis brazos le cogía los pechos y les apretaba con
placer y ella, sujeta a las asas laterales de la bañera, parecía hacer flexiones
sobre mí. La postura era algo incómoda para ella, de modo es que, pasados unos
minutos en esa posición, me sugirió ponerse "como una perrita", según ella misma
dijo textualmente y yo, desde detrás, penetrarla de rodillas. También me pareció
bien y enseguida estábamos de esa otra pose. Me gustó especialmente, pues
también así se favorece una profunda penetración, pero yo, que me encontraba
sorprendentemente fuerte y motivado por lo que me había dicho antes mi madre, me
empeñé en hacerla gozar a ella nuevamente, de modo es que cada vez que sacaba mi
pene para volverla a ensartar, le daba un pequeño restregón en su clítoris, y
ella me mostraba su agrado con unos pequeños quejidos de placer. A veces
mantenía el pene fuera de su vagina y sujeto con mi mano derecha, solamente para
frotar sus zonas vaginales mas eróticas, con un resultado extraordinario, pues
ella no dejaba de colaborar en esos restregones moviendo su culito de un lado
para otro. De vez en cuando yo la penetraba de un gran empujón y por sorpresa, a
lo que ella respondía con un quejido de placer cuyo volumen iba en aumento. La
verdad es que empecé a pensar que la oirían en el patio de luces del piso, pues
el baño deba a este lugar y el ventanuco que había cerca del techo del baño,
casi siempre estaba abierto, como ahora.


Me sorprendió sobre todo la enorme capacidad de longitud que
debía tener su vagina, pues mi pene debería rondar los 20 cm. y no llegaba a
tocar fondo. En fin, pensé que eran cosas de la naturaleza.


Posiblemente tras 15 o 20 minutos de hacer el amor con toda
la intensidad, mi madre me pidió, algo violenta, que si no me daría asco
chuparle un ratito su conejito, ahora que estaba limpio del todo. Yo, algo
violento también, de dije que sí, por supuesto, que me encantaría, aunque
interiormente tenía algunos reparos. En fin, sería probar. Me hizo sentarme
–casi tumbarme del todo, pues había ido dejando salir agua sin yo haberlo
notado, en la bañera y ella, de rodillas, se acercó a mi boca, abriendo la
vagina con sus propios dedos, para facilitar la introducción de la lengua,
supuse, así es que me acerqué y comencé a lamer y chupar, un agujerito
tremendamente caliente, pero limpio y no sabía ni olía mal, como llegué a pensar
al principio. Todo lo contrario, resultaba agradable sentir en mi lengua unos
pequeños latidos que daba toda su vagina. Ella me llevó, cogiéndome la cabeza,
justamente donde le gustaba que la lamiese, es decir, su clítoris, que notaba
ahora perfectamente en la parte superior de sus labios menores, del tamaño de
una alubia aproximadamente y endurecido, en contraste con el resto de su vagina
que estaba, abrasando, lubricada y muy blanda. Ella continuó facilitando mi
labor con sus manos, hasta que el placer le hacía perder el equilibrio y se
apoyó en los lados de la bañera dejándome solo en la labor; al instante la
sustituí con mis manos y aquí ya comenzó un delirio y unos gritos realmente
llamativos, por lo que no me quedó mas remedio que pedirle que se controlase
pues nos estarían oyendo los vecinos. Ella bajó el volumen de su voz pero me
pidió que siguiese, por favor otro poco mas. Le prometí estar así cuanto ella
desease y continuamos a la faena. Pasados otros 5 o 10 minutos, mi madre volvió
a estremecerse, ahora mas violentamente que antes, y volví a notar un chorro de
abundante flujo vaginal caer sobre mí, aunque confieso que ni me sorprendió ni
me desagradó. Ella se movía con tanta violencia, que me resultaba difícil
acercar mi lengua a su agujerito. Poco a poco fue bajando la intensidad de sus
movimientos y comprendí que nuevamente se había corrido. Parece que lo hice lo
suficientemente bien como para merecer, otra vez, una exclamación de placer de
mi madre que dijo: "Dios mío, que agustísimo estoy! Hijo, prométeme que me harás
esto un millón de veces mas!" Yo le contesté: "Serán dos millones y esta noche
otras 4 o 5 veces si nos da tiempo!" Ahora sí reía con satisfacción y me dijo
que nos enjabonásemos ambos para ir a la cama, pues ahora me tocaba a mi
disfrutar a tope.


Con tanta actividad y novedad, no había notado que yo ni
siquiera me había subido el gusto, y, por supuesto, no me había corrido, algo
que me extrañó. Eso sí, mi pene mantenía una erección total y mi madre no hacía
sino manosearme el pene, besármelo, restregarlo contra sus tetas, introducírselo
en la vagina y pasárselo por todas las partes de su cuerpo. Daba la sensación de
estar ansiosa de pene. ¿No sería suficiente con mi padre? En fín, ya lo veríamos
mas adelante.


Nos aseamos y nos fuimos a la cama. Eran las 12
aproximadamente, por lo que con los pequeños lapsus entre actos, llevábamos
fornicando unas 3 horas, además de lo que llevábamos ya durante la mañana y la
siesta.


Le pregunté a mi madre, ya en la cama, que cuantas veces se
había corrido, contestándome que aproximadamente 5 veces. Yo le dije que
recordaba 6 orgasmos, pero que en la noche no había conseguido correrme todavía.
Ella me confesó que la pomada que me había dado, además de reconstituyente de la
piel dañada, tenía una alta cantidad de anestésico, para evitar los dolores, por
lo que mi sensibilidad se habría reducido tanto como para impedir el orgasmo,
algo de lo que ella se alegraba muchísimo… y yo también. Pensé en volverlo a
usar de madrugada para estar a la altura de lo esperado con mi hermana, a quien
procuraría darle una sorpresa con mis conocimientos recién adquiridos y mi
potencia, aunque fuese artificial.


Empezó mi madre a hablar, a la vez que manoseaba mi pene y
mis testículos, contándome que hoy había sido el día que mayor placer sexual
había logrado en su vida, incluso en su noche de bodas, que hizo el amor con mi
padre 3 o 4 veces y se corrió otras tantas, no pasó de ser unos orgasmos sin
mayor aliciente, como los de hoy, a los que además de mi estreno, que le daba ya
de por sí un morbo extraordinario –el hacer el amor con un chico tan jovencito
la excitaba a tope y además, sabiendo que era virgen, aún mucho mas-, se unía lo
atrevido que había resultado y lo aficionado a practicar el sexo en todas sus
variantes. Me confesó que el polvo de la cocina, sentados en la banqueta, había
sido el mejor de su vida y quería repetirlo cuando estuviésemos todos, para
disfrute del colectivo. El sexo oral practicado en la bañera, había sido algo
nuevo para ella, por lo que le había resultado tan gratificante o mas que el
polvo de la cocina, aunque me confesó que no hay nada, para ella, como sentir mi
bien dotado pene, llegándole a lo mas hondo de su cuerpo; eso es inigualable.


Me aseguró tambien que desea hacer alguna vez, para probar,
un griego conmigo, pues mi padre se negaba a ello, explicándome, pues yo no
sabía lo que era eso, que era una penetración por el ano. No me pareció muy
atractiva la idea, pero le prometí meterle mi pene por donde ella quisiese y
cada vez que quisiese. Ella rió mi buena disposición y buen humor y me preguntó
si me apetecía hacer el amor de nuevo. Esta vez lo haríamos de la forma mas
convencional: en la cama y yo sobre ella; eso sí lentamente y siguiendo sus
instrucciones de sacar el pene en su totalidad en cada vaivén, para frotarle el
clítoris. Ella esperaría que yo me corriese, para ajustar su momento al mío,
algo que las mujeres son capaces de controlar con casi total precisión.


Sin mas preámbulos y hacia la una de la madrugada, con la
ventana del dormitorio abierta y corriendo una fresca brisa sobre nosotros, o
mas bien sobre mí que, a mi vez, estaba sobre mi madre, como ya era habitual,
comenzamos una nueva sesión que prometía ser algo mas tranquila, aunque sabía
que mi madre se esforzaría por propiciarme un polvo perfecto. Y así fue.
Suavemente, rítmicamente y ya totalmente compenetrados, en cada vaivén frotando
su clítoris con precisión y posterior penetración profunda, mi madre no dejaba
de suspirar, pero ahora yo, totalmente desinhibido ya, también jadeaba de forma
sonora, algo que me pareció excitaba mas a mi madre viéndome gozar y retorcerme
de placer, estuvimos posiblemente una o dos horas, y la exageración no cabe en
un relato cuyo contenido creo que nunca verá nadie, durante las cuales mi mamá
se corrió dos veces conmigo y yo tuve un enorme e intensísimo orgasmo que mi
madre supo hacer coincidir con el suyo, fueron y punto y final de una jornada
increíble, que no fue sino el preludio de otra aún mejor y que contaré en otra
ocasión:



Dedicado a mi querida hermana, quien me ayudó y enseñó cuanto
sabía.



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Relato: Familia com-penetrada
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