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Relato: Mamá Z (II - Final)





Relato: Mamá Z (II - Final)

En esas condiciones físicas me sorprendió la llamada de
Lucrecia para acudir a rodar varias escenas de una película que se había
comenzado. Le dije que no estaba en condiciones, pero ella insistió y, ante mi
radical negativa, me sugirió que leyese el contrato. Preocupada lo leí y,
efectivamente, si no cumplía hasta el día del parto podían llevarme a juicio.
Espanto me daba comparecer en un juicio por incumplir un contrato de actriz
pornográfica. Me imaginaba a mi marido leyendo la primera citación.



Me presenté en la casona de rodajes, faltaría más, pensando
que, como no conocía el guión, me volvería a mi casa con unos papeles para
estudiar. De eso nada, me entregaron dos folios para que los leyese rápidamente
con el consejo de que no me preocupase porque el diálogo era prácticamente
inexistente y, además, se doblaba todo después. En caso de olvidar una frase
solamente tenía que simular que hablaba.



Según deduje de mis dos folios mientras me maquillaban, mi
papel era el de esposa en un matrimonio zoofílico que contrataba una criada que,
entre otras tareas, debía atender las necesidades sexuales de los tres perros de
la casa. Además, el matrimonio invitaba el fin de semana a una partida de amigos
para organizar una orgía con los perros incluidos. Mi protagonismo estaba en las
siguientes ocasiones: Al inicio de la cinta comienza la película con unos
primeros planos míos siendo follada por un perro al que auxilia mi supuesto
marido. Después el tal marido se coloca ante mi para que le mame la polla
mientras el perro sigue jodiéndome. Pasado el desenlace de esa escena, en la
siguiente, mi postizo marido y yo recibimos a la nueva criada, a la que, sin
mediar mucho razonamiento, convencemos casi de inmediato de que se preste a
probar la jodienda de nuestros perros para que compruebe si le complace el
puesto de trabajo. Por supuesto le complace. Mi papel es el de ayudante de
penetración - mamporrera, creo que se dice- y preparación masturbatoria del
animal mientras la criada mama la polla del marido. Después yo limpio el esperma
de perro con mi lengua y me lo trago en primer plano.



En otra escena, supuestamente a la mañana siguiente, soy
follada analmente por otro perro distinto y la criada, que supuestamente viene a
despertarme, ayuda a mis orgasmos comiéndome el coño mientra el chucho se ocupa
de mi culo. Mientras sigo leyendo el "guión" advierto que la maquilladora me
coloca un collar de cuero para perro donde se lee en letras doradas MAMÁ Z. Sigo
leyendo y me va gustando más porque ya la cosa deriva en orgía, me calienta
mucho ver que en las suguientes escenas intervienen más de veinte protagonistas
humanos, eso está bien, me embriaga estar al tanto de que mucha gente ve como
soy follada: Yo recibo orgullosa y alegremente a los invitados de la orgía toda
desnuda salvo mi collar y aguantando con las manos mi barriga; Llegan una pareja
y un hombre. Como supuestamente los demás se retrasan, decido entretenerlos con
una exposición de mi fecundada masa que los calienta y acaban haciéndome una
penetración doble los hombres mientras como el coño de la hembra. Llega el
marido que se pone a joder a la mujer por el culo y así nos pillan el resto de
invitados a quienes, por defecto del guión, nadie ha abierto la puerta. Todo el
mundo se pone a follar con todo el mundo y el guión se reduce a decir que "lo
que salga", pero eso sí, acota que la "preñada" debe ser filmada follando con,
al menos, dos perros y al menos, también, diez minutos. Añade: si es posible
follada por la vagina y la boca por dos hombre y por el culo por un perro.



El rodaje supuso cuatro días de sesiones y no se ciñó mucho
al guión, sobre todo porque el capullo del director no previó que alguien se
encargase de impedir la introducción del bulbo en los agujeros. Cada actriz
follada por perro se cuidó por si misma de hacerlo, pero en la escena de la
orgía final, en pleno caos, una chica y yo quedamos atrapadas y el director hizo
que nos aproximásemos para besarnos mientras los respectivos amantes caninos nos
daban la espalda impasiblemente ligados a nuestros esfínteres anales. La
muchacha y yo nos calentamos tanto que acabamos en un monumental 69, escena
final de la película.



En ese rodaje creo haber contado 46 orgasmos en el total de
los cuatro días, por lo menos 11 de media por sesión. Así no es de extrañar que
creciese mi adicción al sexo extremo. Durante todo el tiempo no apareció
Lucrecia. Eché en falta el sabor de los jugos de su coño.



Antes del parto rodé escenas de otra película para la sección
"cazando preñadas", donde me encontré por primera vez follando con cinco negros,
y otra de zoofilia donde, por introducirme dos gruesas bolas chinas en la vagina
mientras me sodomizaba un podenco, me oriné al orgasmar y el resto de los
actores y actrices, contagiados, terminaron orinando en corro sobre mi, ya fuera
en mi ansiosa y abierta boca, en mis grávidas tetas o en mi descomunal barriga.



Quizá por el ajetreo el parto se adelantó dos semanas. Menos
mal que durante él mi marido no estuvo presente y no escuchó los comentarios del
obstetra y la comadrona acerca de mis fogosas y extraordinariamente frecuentes
prácticas sexuales que mi coño delataba para estar embarazada.



Volví a casa con mi bebita dispuesta a olvidar los
aconteceres de los últimos meses y comportarme como dios manda. Mi beba se
criaba sin problemas y me leche era extraordinariamente abundante. Todos los
días debía extraerme parte de ella y tirarla.



Lo que simultáneamente temía y ansiaba se produjo. Poco
después de cumplirse mi cuarentena por el parto recibí llamada de Lucrecia. En
principio se interesaba de parte de la empresa sobre si había recibido en mi
cuenta corriente los honorarios de mi contrato. Inmediatamente me dio un vuelco
el corazón. Imbécil de mi, nunca había pensado en ello. Si mi marido examinaba
los extractos de la cuenta se preguntaría por el origen de los ingresos. Por
otro lado quería saber si estaba dispuesta a firmar un nuevo contrato mucho
mejor remunerado, pero tenía que ser de inmediato porque se quería aprovechar la
leche de mis tetas en las primeras películas. Le dije a Lucrecia que lo
pensaría. Pero la excitación de mostrar mis ubres pletóricas y manando leche ya
me obligó a masturbarme.



Mi primera tarea la día siguiente fue examinar todos los
extractos de cuenta del banco y romper las hojas de los ingresos por mi
actividad sexual: 25.000 euros.



Ingenua de mi jamás se me hubiera ocurrido ganar tanto dinero
por el mero hecho de satisfacer mis depravaciones. Comencé a barruntar que quizá
no era tan deshonroso ser actriz porno. Fui al banco, saqué todo mi dinero y me
abrí una cuenta solo a mi nombre en otro diferente. Los siguientes días debería
estar atenta a la llegada por correo de los extractos para romper el de las
huellas de mi reintegro. Mi marido rara vez miraba las notificaciones bancarias,
pero era un riesgo que, claro, no quería correr.



Llamé a Lucrecia para entrar en contacto con la empresa –me
fiaba más de su intermediación- y aceptar la negociación de un nuevo contrato
siempre y cuando me permitiese estar con mi bebita. Era demasiado pequeña para
dejarla en una guardería. Concertamos otra entrevista con el conocido gerente.
Esta vez mis honorarios eran cinco veces los anteriores y el contrato de
similares características, con la inclusión de una cláusula por la que se
explotaría en las películas la producción de leche de mis tetas y otra por la
que los escenarios de rodaje se seleccionarían de acuerdo con mis obligaciones
de madre lactante y mi niña siempre estaría atendida durante mis actuaciones.



Ni qué decir tiene que tras firmar el contrato me comunicaron
que mi primera peli empezaba al día siguiente y mis primeras tomas serían en
tres días. Tomé las medidas necesarias para dejar abastecidos de comida y
merienda a mis hijos mayores con la excusa de que el pediatra me había
aconsejado pasear a la bebita por el campo, y me dispuse a ser follada por
quienquiera que fuese, que ganas tenía.



Durante dos meses mis carnes fueron objeto de todo tipo de
atención. Gran cantidad de hombres, mujeres o perros me follaron por todos mis
agujeros, en grupo o individualmente, con su propia "arma" o con una artificial,
de mis pechos se sacó una cantidad de leche incalculable que se regó por bocas,
pollas, tetas, coños, culos, jarras y vasos, tazas de café, e incluso me
filmaron amamantando a cachorros, lechones y cabritillos. Al menos, parte de la
leche que pródigamente dispensé, me fue devuelta en forma de esperma que hizo mi
felicidad.



Mi caché crecía y otras empresas quisieron captarme, lo que
obligó a la mía a subir sus honorarios. Mi cuenta bancaria, en esos dos meses
alcanzaba la cifra de 150.000 euros.



En cada escena en que coincidía con Lucrecia, ésta me daba
siempre el mismo consejo:





  • Cariño, a quien quiera que te pregunte sobre este trabajo
    dile que estás casada, que tienes tres hijos y que lo haces con consentimiento
    de tu marido. No servirá de mucho cuando él se entere y plantee el divorcio,
    pero tus testigos sembrarán la duda en el juez.




Y llegó ese día que temía y deseaba al mismo tiempo. Pese a
que mi marido pasaba de cualquier cosa relacionada con el sexo y por tanto no
hubiera visto ninguna de mis películas, alguien le proporcionó una colección
completa al mismo tiempo que un excelente abogado, un turno de juez severo y
moralizador y la identificación y saldo de mi cuenta corriente. El juez no me
permitió defenderme, no admitió mis testigos, me soltó una reprensión sobre mi
lúbrica conducta bestial que me había conducido a desatender a mis hijos hasta a
privar a la última de su natural alimentación y llegó a decirme que debiera
reimplantarse la pena de muerte para personas como yo. Salí de la sala del
juicio entre sonoros abucheos, divorciada, sin derecho a visitar a mis hijos
jamás por nefando pecado y con todas mis pertenencias y dinero embargado como
indemnización más otra cantidad adicional de 50.000 euros que debiera pagar con
el 50% de lo que ganase en el futuro.



Así, como suele decirse me encontraba en la calle y desnuda.
Lucrecia, que se encontraba en la sala de juicio por si el hombre citaba a mis
testigos -no acudió ninguno más- me invitó a acogerme en su casa, cosa que
agradecí inmensamente ya que ante mi mundo derrumbado no encontraba salida.



La casa de Lucrecia era un acogedor chalecito en las afueras
de la ciudad guardado por dos perros que acudieron a recibirnos. A pesar de mi
aflicción tomé nota de aquella presencia canina.



Dentro estaba su hija, una magnífica chiquilla de 16 años, de
cuya existencia nunca me había hablado. Era mestiza como su madre, de piel
bastante más oscura que ella, de cuerpo escultural y hermosísima de cara, digna
de ser Miss Universo si no fuera por su aspecto punky. Llevaba el pelo corto y
de colores, un piercieng en la nariz con una anilla tan gruesa y ancha que le
llegaba casi al borde del labio superior, una gargantilla de acero con argolla y
en los desnudos brazos, pulseras y ajorcas también de acero.



Sus exquisitas manos, de regordetes pero largos dedos
terminados en deliciosas y cuidadas uñas perfectamente lacadas en esmalte rojo
lucían cada una un solo y ancho anillo de plata en el pulgar, ambos iguales y
con una pequeña argolla solidaria con ellos.



Sin empacho ninguno, cuando nos presentó su madre -Elena esta
es mi hija Renata- me dio un beso en la boca introduciendo su lengua hasta mi
garganta haciéndome descubrir otro piercing en su lengua.



Lucrecia fue a la cocina a preparar la cena y mientras tanto
traté de conocer a Renata.





  • Dime Renata. ¿Te gusta lo punki no?



  • No.



  • Y como es que llevas ese aspecto con tanto metal y
    piercing.



  • Es la decoración que le gusta a mi hombre.



  • ¡Ah!. Tienes ya novio.



  • No es mi novio, es mi hombre.



  • No entiendo ... ¿estás ya casada?



  • No. Es mi chulo. ... Mi proxeneta.



  • E... e... eres prostituta?



  • Si.



  • Pero si no tienes ni 18 años.



  • Tengo 16, pero soy de la mejores putas.



  • ¿Lo sabe tu madre?



  • Pues claro. Ella también lo es, y tu no?



  • Bueno, yo he hecho de actriz porno.



  • ¿Y qué diferencia hay?. Yo también poso para revistas y
    videos porno de cuando en cuando.




Escandalizada como estaba sentí alivio cuando vino Lucrecia
con la cena y pudimos cambiar de conversación. Pero poco duró mi tranquilidad;
Al poco rato Renata, con cara desencajada dijo:





  • Mamá, Zac no viene y no aguanto más. No puedo cenar. Espero
    en mi habitación, me encuentro mal.



  • ¿Qué le pasa a tu hija Lucrecia?



  • Nada, el muy cabrón de su hombre le puso ayer como castigo
    un cinturón de castidad con un tapón anal y tiene ganas de cagar desde esta
    mañana. Hasta que no venga él para liberarla no podrá desahogarse.



  • Pppero.. ¿como permites eso?



  • Es su hombre.



  • Pero si ella es menor de edad y tu eres su madre.



  • Ella decidió ser puta y tiene que asumir las consecuencias.



  • Pero con 16 años no se tiene aún madurez para elegir algo
    así.



  • En nuestro mundo si, pequeña burguesa bienpensante. Ahora
    qué se ha ido al garete el tuyo que piensas hacer. No sabes hacer nada para
    ganarte la vida, tendrás que ser puta, aunque de hecho ya lo eres desde hace
    meses.



  • No es lo mismo, he sido actriz porno.



  • Llámalo como quieras, tu has prestado tu cuerpo al sexo por
    dinero. Eso se llama prostitución. Se ejerza en privado o ante unas cámaras,
    con humanos o con perros. Me parece que lo tuyo y lo mío es de lo más extremo
    de la prostitución, si crees que la diferencia estriba en iniciarse en el
    oficio por necesidad de dinero o bien por depravación como es tu caso, estás
    equivocada.




Me quedé sin poder responder nada. El silencio era abrumador
hasta que se oyó abrir y cerrar la puerta de la calle. Se presentaron en el
salón un negro muy guapo y altísimo y una chica de unos 22 años, también muy
guapa y alta, bien constituida.



No hubo tiempo para que Lucrecia me los presentase, Renata
irrumpió en la sala y se lanzó a los brazos de negro colgándose de su cuello y
aferrándose a su cintura con las piernas.





  • Zac, Zac por dios, quítame esta cosa que no aguanto más, mi
    amor.




El tal Zac se la quitó de encima con pocas contemplaciones y
le arreó una violenta bofetada mientras le reprochaba:





  • ¿Así te he educado yo?, Pequeña zorra. ¿No ves que hay una
    invitada?. Un poco de respeto con ella.



  • Perdona Zac, estoy desesperada, no aguanto más, voy a
    reventar. ¿quién es la invitada?



  • Esta es Sonia, una chica eslava que he incorporado a mi
    hatajo de putas. La traigo para enseñarla qué le puede suceder si no se
    comporta como debe. Desnúdate para que lo vea.



  • Renata se desnudó ante la nueva puta sin ningún recato ni
    objeción.




La pobre criatura llevaba puesto un cinturón de castidad de
látex del que por delante surgía un pequeño tubo que me imaginé era para evacuar
la orina, y por detrás, cuando Zac se lo quitó mostrándolo a Sonia –y a mi que
me había acercado muy interesada- , acogía un monstruoso tapón anal que había
sido la tortura de Renata durante 36 horas.



El escultural cuerpo de Renata mostraba otras cosas. Su
pubis, tan completamente depilado como el mío, mostraba un tatuaje que era el
dibujo de un pene erecto sobre el que rezaba la leyenda "SOY PUTA", sus gruesos
pezones rodeados de unas extensas, abultadas y negras aréolas ostentaban unos
gruesos aretes de titanio de los que colgaban, mediante unas cadenillas, unas
pequeñas y pesadas bolitas. Sobre su pecho izquierdo lucía otro tatuaje
representando el cuerno de la abundancia. Sus labios exteriores estaban cerrados
por medio de un pesado candado de grueso calibre que estiraba monstruosamente
hacia abajo sus delicados apéndices vaginales. Perforando el botoncito del
clítoris lucía otro anillo tan descomunal como el de la nariz.



Cuando Zac la giró para que Sonia la examinase mientras
advertía a esta que su decoración como zorra sería similar a lo que veía, tuve
una amplia visión de su soberbio trasero, profanado con una leyenda marcada al
rojo vivo que decía "ZAC" y toda su zona lumbar tatuada con una extensa cenefa
muy artística. En el hombro izquierdo y en los muslos también presentaba
pequeños tatuajes de atractivo colorido.



Pero a donde mi vista no tuvo más remedio que retornar fue a
su agujero anal obscena y persistentemente abierto de forma grotesca por sus
excedidas dimensiones.



Lo que estaba previendo pasó. La pobre chiquilla, con aquel
enorme orificio descontrolado, se cagó.



Zac la tiró al suelo y, desprendiéndose de la correa de su
pantalón comenzó a azotarla cruelmente sobre sus nalgas y espalda rezongando
algo sobre su falta de respeto hacia él y la nueva compañera de trabajo. Cuando
se calmó la envió al baño mientras Lucrecia limpiaba en silencio los excrementos
de su hija.



Zac me preguntó:





  • ¿Tu eres la zorra de buena familia capaz de dar de mamar tu
    leche a los cerdos antes que a tu bebita?



  • - No. Tenía leche suficiente para alimentar a mi hija. No
    soy tan desalmada.



  • - Pero salida eres un montón. Lucrecia me ha mostrado todos
    tus rodajes, incluso las escenas descartadas por excesivas.



  • Si, soy una salida. Y qué?



  • ¿No te gustaría trabajar para mi?. Te conseguiría clientes
    suficientes para calmar tu tórrido coño.



  • Mi tórrido coño solo está ansioso de pollas de perro, como
    habrás podido comprobar. Y solamente por una enfermedad hormonal durante mi
    embarazo. No quiero saber nada de chulos maltratadores de mujeres como tu.




Cuando regresó Lucrecia me alegré, pese a haberla maldecido
por enseñar mis vídeos a aquel canalla, ya que no me gustaba su conversación.



Pero el cabrón de él acudió a otra argucia.





  • Sonia, empieza a ejercer para mi y chúpales el coño a estas
    señoras. Es gratis, pero no hagas nada gratis sin mi permiso. Por eso está
    castigada Renata, por dar su culo a un cliente que le gustó sin cobrar los
    debidos honorarios.




Lucrecia se desnudó de inmediato y la puta Sonia se arrodilló
ante su coño. Yo no estaba dispuesta a seguir el juego a aquel canalla, aunque
el stress del juicio me impulsaba a un buen desahogo.



Pero volvió Renata y la visión de los siguientes
acontecimientos relajaron mi defensa ante el proxeneta. Tomó las manos de la
esbelta chiquilla y, sacando unos pequeños mosquetones del bolsillo trabó los
anillos de sus dedos pulgares a la argolla del clítoris. Después la colocó de
rodillas ante él y, desnudándose y mostrando el rabo más largo y grueso que
había visto jamás, lo introdujo en la boca de la niña sujetándola por la orejas
mientras ella se veía impedida por la trabazón de sus manos a su clítoris.



Poco a poco iba introduciendo más y más su descomunal pene en
la boca de la chiquilla sin que ésta se inmutase. Noté que seguían un ritmo
acordado o ensayado porque la garganta de ella denotaba con una expansión cuándo
el espléndido mango superaba la faringe para alojarse en el esófago.



El espectáculo de aquellos dos soberbios y perfectos cuerpos
de ébano exteriorizando francamente la absoluta sumisión de ella, me cautivó por
su morbo y no fui consciente de cuando abrí mis piernas, desplacé mi braga, me
metí dos dedos en el coño con una mano y apreté fuertemente mi clítoris con la
otra.



Zac desalojó su polla de la garganta de Renata y se dirigió
hacia Lucrecia y Sonia, indicó a ésta que me auxiliase, volteó a la otra y la
empaló por el culo sin la menor consideración. Aunque me irritaba la petulancia
del proxeneta no tuve inconveniente en que mi coño recibiese la caricia de la
boca de Sonia, máxime teniendo ante mis ojos la perspectiva de la interminable
polla de aquel cabrón entrando y saliendo lentamente de entre las suculentas
nalgas de Lucrecia a la que había aferrado de las cadenillas que llevaba
enganchadas a sus anillos de los labios y clítoris.



Sin desalojar la polla de su agujero el mamón de él sujetó a
Lucrecia de las tetas, la levantó y, con ella en vilo se vino ante mi para que
no perdiese ni un solo detalle de la sodomización de mi madura amiga. La lengua
de Sonia y la visión del taladrado culo de Lucrecia me condujeron a un orgasmo
durante el cual, en mi ofuscado estado, supliqué a Zac el mismo tratamiento
anal.



No tuvo inconveniente y me lo concedió ante la vagina de la
pobre Renata que se estaba, hasta entonces, satisfaciendo por si misma con el
poco margen de maniobra que le permitían sus obstaculizadas manos.



El enorme rabo de Zac dentro de mis intestinos me condujo al
paraíso, el llenado que me procuraba me hacía sentir como cuando estaba encinta.
Más cerca estuve del edén cuando sacó la polla y me la metió en el coño
alcanzando hasta el último extremo de mi cavidad genital. No me extrañaba que,
después de sentir aquella abundancia en su culo, Lucrecia se estuviera haciendo
servir en el mismo orificio, de una follada con el puño por parte de Sonia.



Yo ya no era tan inexperta como para desmayarme durante los
orgasmos extremos. Pero a punto estuve en el último implorando a Zac que me
rellenase donde gustase con su semen.



El hijoputa de él me privó de su poción para volver a embutir
su miembro en la garganta de Renata y vaciarse allí dentro. Tan profundamente
que no hubo ni residuos para nadie más.



Satisfecho el jodido varón, ordenó a Sonia y Renata vestirse
adecuadamente para ir a trabajar, retirando a ésta su candado del coño y
sustituyéndolo por dos anillos del calibre de los otros que soportaba su
majestuosa anatomía.



Antes de que comenzaran a vestirse les advirtió que estaban
demasiado sudadas para trabajar y que era conveniente que se duchasen. Pero como
tenía ganas de orinar, previamente las aprovecharía en ese sentido. Las dos se
arrodillaron frente a él con la boca abierta. Yo fui un poco lenta de reflejos
pero aún así conseguí una buena dosis de su dorado líquido.





- Bien, zorrona vocacional, me dijo, sabes como
comportarte. Creí que serías más estrecha.



- Y ya sabes, zorra, -le dijo a Renata- ni un polvo
gratis. Avísame cuando tengas el próximo período menstrual para acordar tu
preñado por alguno de mis conocidos.







  • Como ordenes Zac, respondió resignadamente Renata.




Aquello me dejó desconcertada y, cuando se marcharon, cada
puta prendida de uno de sus brazos, pregunté a Lucrecia mis dilemas sobre aquel
semental:





  • Lucre, ¿Por qué Zac trata tan duramente a Renata?






  • La quiere entrenar para que se especialice en el perfil
    sadomaso.






  • Lucre, ¿Y si quiere un hijo de ella por qué no la preña
    él?. ¿Zac es esteril?






  • ... Nnno. Zac no es estéril..... esteeee ... es ..
    jemmm.... Zac es su padre.






  • ... No , ... me mientes, ... Zac no tendrá ... veamos ...
    más allá de 25 años. Tu tienes ya 51, y Renata 16 ... por tanto ....






  • Bueno ... cotilla ... te diré ...no sé como.... Yo tenía 45
    años y tenía que montar un numerito ilegal para una pandilla de vejetes
    pedófilos. Me descuidé. No podía ni imaginar que aquel negrito de 11 años
    fuera capaz de explotar dentro de mi vagina y hacerme un bombo. De ese bombo
    salió mi preciosa Renata.






  • No entiendo como puede tratar así a su propia hija.






  • A ella le gusta y se siente feliz. Pero no sabe que es su
    padre. Si algún día lo sabe por ti te juro que te mato.






  • No te creo. ¿Cómo va a ser feliz tratada de esa manera?






  • Lo es y no quiero discutir las razones. Tu también amarás a
    Zac.






  • ¿Yo?. Ni lo sueñes.






  • Cariño. Zac es el propietario de la empresa que te ha
    contratado para tus películas zoo que te han dado tanto placer al mismo tiempo
    que controla una veintena de prostitutas de distintas razas y edades y con
    diferentes especializaciones sexuales. Tu contrato vence dentro de una semana.
    ... No sé si debieras ... ejemmm ... ser más complaciente con él.




Aquella información, sumada al recuerdo de mis tripas y mi
vagina rellenas por la desmedida polla de Zac hizo que mi estimación por el
cambiase radicalmente.



EPÍLOGO:



Hoy en día, a mis 45 años, soy una más de las 25 felices
prostitutas de Zac. Si recordáis como describí la decoración del cuerpo de
Renata, os haréis idea de la del mío actualmente. Pero mi tatuaje del pubis es
el de la cabeza de un perro y el grosor de mi aro del clítoris batiría el record
Guinnes si se permitiese registrar tamaña obscenidad. Vivo con Lucrecia y Renata
en su chalet, ahora vigilado por dos perros más. Casi siempre trabajo en equipo
con ellas dos para grupos organizados de espectadores: Las tres solemos empezar
con un número lésbico conjunto, después Lucrecia y yo nos encargamos del
espectáculo con los animales y, por último Renata recibe las "caricias" de su
madre o yo con una buena diversidad de instrumentos. Zac está sumamente
satisfecho de los ingresos que le proporcionamos y regularmente nos obsequia con
su adorable polla en alguno de nuestros orificios.


Las películas en las que intervenimos no están en el mercado.
Son de circulación restringida, pero dan más beneficio que las otras. Zac tiene
preñada por segunda vez a Renata y me ha dicho que cuando ella dé a luz,
intentará que me preñen a mi. Le gustaron mis escenas de lactante y quiere
extremarlas con guiones mejor elaborados, aparte de explotarme con una serie de
clientes que pagarán expresamente por alimentarse de mis pechos. Sé por
Lucrecia, que es su confidente, que anda intentando localizar a mis hijos para
que me follen en una peli mostrando la partida de nacimiento y mi documento de
identidad. Eso me pone a cien. Espero que lo consiga.



FIN



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