relatos porno
webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
- 19 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
- 22 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
- Edad 19


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Lucha libre en trío





Relato: Lucha libre en trío

Cuando acababa de cumplir 35 años, me había acomplejado un
poco con el aspecto de mi cuerpo cuando advertí que tenía unos kilos de más, fue
así que decidí hacer un mayor uso de las instalaciones del club de deportes al
que estaba inscripto con toda mi familia. Es que lo usábamos sólo en verano,
cuando los niños estaban en vacaciones.



Decidí entonces ir todos los días un par de horas y empezar a
mover un poco mis músculos para sentirme mejor. Hacía natación. Pero quería ir
entrando en confianza para poder después experimentar con otro tipo de deportes.



Disfrutaba mucho nadando. Iba al atardecer, casi noche. En
los últimos horarios. Por lo que casi no había mucha gente. Cuando entraba a los
vestuarios, me entusiasmaba el hecho de ver tantos cuerpos hermosos, pero sabía
que no debía hacerme muchas ilusiones de pasar a mayores, pues ese era un club
lleno de niños, familias y gente un poco mayor. Jamás había notado ninguna
insinuación, más allá de saludar correctamente a alguien.



Un día, en el bar de la planta baja, conocí a un tipo de unos
40 años con el cual trabamos enseguida una amable charla. Averigüé que se
llamaba Mario y que practicaba con aparatos en el gimnasio. No tenía un gran
físico, pero su cuerpo era armonioso. Tenía un rostro verdaderamente agradable.
Bigotes, pelo oscuro y algo de canas en las sienes. También me comentó que hacía
lucha libre en el salón de arriba, con un amigo que había conocido en el club.



No recibí en ningún momento onda alguna de seducción, por el
contrario, enseguida debió despedirse porque lo esperaba su novia, cosa que
cuidó acentuar claramente. Era de noche, nos saludamos y yo decidí volver a
casa. Pero me quedé pensando en eso de la lucha libre. Era un deporte que me
fascinaba. Pero lo que me interesaba no era practicarlo sino verlo.



De regreso a casa me imaginaba a Mario con su contrincante,
intentando ponerlo de espaldas, forcejeando virilmente. Cuerpos tocándose, manos
tocando partes íntimas, caras en culos, entrepiernas abiertas...



Pasaron dos días y me volví a encontrar con Mario. Esta vez
en un pasillo. Yo iba con una bata de toalla después de mi horario de natación y
él salía de los vestuarios.


-¿Qué tal Mario?


-¿Cómo estás Franco? Venís del agua.


-Así es. ¿Vas al gimnasio?.


-No, voy a practicar un poco de lucha hoy.


-¿De veras?. ¡Qué bueno!.-Dije y empecé a preguntarle cosas
sobre ese deporte, intentando averiguar más, pero sobre todo quería que él
advirtiese cuan interesado yo estaba en todo eso.


-Bueno, si te interesa tanto, ¿porqué no venís arriba para
ver de que se trata?. Yo voy a estar con mi amigo y haremos un poco la rutina de
siempre.


-Encantado. Sólo decime donde es y luego de que me cambie voy
para allá.


Me indicó como llegar. Era un salón que nadie usaba. En el
club no había ningún simpatizante de ese deporte, por lo que habían conseguido
un lugar en desuso, pero libre de intrusos y de cómoda soledad.



Yo estaba muy entusiasmado. ¡Cuantas veces había entrado a
esos sitios en internet donde había fotos de tipos luchando en esas eróticas y
maravillosas poses! Me parecía un deporte de machos, en donde todo se permitía a
causa de esa tenue complicidad del todo vale en el deporte.


Hice lo más rápido que pude y cuando estuve listo subí
siguiendo el camino que me había indicado Mario. Me costó llegar, pues era un
sitio olvidado y apartado en el edificio del club.



Cuando entré, vi un lugar algo espacioso alfombrado y con
algunas cajas, bultos y aparatos de gimnasia en desuso. Pero todo estaba limpio.
Mario y su compañero estaban luchando en el medio de la habitación, sobre otra
alfombra rectangular que hacía las veces de cuadrilátero. Una lámpara pendiente
del techo marcaba un haz de luz sobre ellos. Mario llevaba uno de esos
pantaloncitos con pechera y breteles, muy breve y un tanto holgado. Se veían
mejor sus músculos ahora. Casi no tenía vello en el cuerpo. Tenía dos manchones
de pelo oscuro en las axilas y una delicada línea entre los pectorales, que con
su bigote marcaban los únicos puntos oscuros de su blanco cuerpo. De pronto, en
uno de los movimientos, su contrincante quedó frente a mí. Tendría
aproximadamente unos 20 años. Llevaba el pelo casi rapado y una barba de dos
días. Era tremendamente atractivo. Estaba vestido con ropa vieja y rotosa. Una
remera con agujeros y un pantalón corto de algodón con las costuras descosidas
sobre los muslos. Ambos se habían descalzado. Por una ventana se podía ver una
sala en el otro cuerpo del edificio donde había gente haciendo ejercicios.



Me quedé contemplando ese masculino espectáculo.


Mario, que era un poco más grande que su amigo, había
aprisionado a éste y estaba a punto de sucumbir. Él abrió las piernas de tal
manera que pude ver frente a mí, un bulto considerable.


Por fin su amigo cayó de espaldas y Mario lo miró con una
carcajada. Me miró sonriendo.


-¡Bienvenido Franco!. Ya ves, este maricón a duras penas
puede conmigo.


-¡Maricón tu abuelo, cabrón de mierda!. No le hagas caso a
este tramposo, soy yo el que siempre le gano.


-Eso lo veremos en la próxima. Ahora vení que te presento a
Franco. – y dirigiéndose a mí hizo las presentaciones- Éste es mi amigo Andrés,
en fin, es lo único que he encontrado en este lugar para practicar un poco estas
técnicas.-dijo bromeando siempre.


Hablamos un poco, como para entrar en confianza, cosa que
enseguida se dio desde el principio. Andrés era un tipo muy simpático.


-Bueno, venga, a ver si podés conmigo ahora...



Yo me senté en el piso, dejando mi bolso a un costado. Estaba
bien cerca de los dos, y me relajé para ver lo que sería seguramente una
excitante demostración.


¡Vaya si lo fue!


Se pusieron en guardia. Luego de rodearse y estudiarse cómo
se iban a lanzar uno al otro, chocaron entre sí, tomándose de los brazos.


Eran dos tipos fuertes y no era fácil ni para uno ni para el
otro derribarse a si mismos. Yo no perdía en ningún momento la atención.


Las manos agarraban la ropa del oponente cada vez que tenían
que hacer palanca con sus cuerpos. Andrés tomó uno de los breteles de Mario y
los estiró tanto que se salió de su lugar. Un pezón salió al aire y comprobé que
los tenía rodeados de un espeso vello negro.


Mario, mientras tanto había jalado el borde del pantalón de
Andrés y yo podía ver así su entrepierna. Él tenía las piernas muy peludas, pero
ahí tenía la piel sin vello y muy blanca, por lo que podía ver también el
comienzo de su vello púbico, apenas esbozado.



Era un tira y afloja estremecedor. Por fin cayeron ambos de
rodillas. Mario lo tomó por detrás y le hizo una toma en el brazo derecho.
Andrés salió rápidamente de ella agarrando los costados de la prenda de Mario.
Todo eso era muy excitante. Y pasó bastante tiempo, sin que ninguno realmente
cayera al piso de espaldas. Por fin la remera de Andrés cedió ante tantos
forcejeos y se abrió por el costado. Emergió su carne blanca y me mostró la
belleza de su pecho, finamente cubierto de vello.



Mario ya tenía los breteles salidos a los costados, y su
pecho estaba completamente desnudo. Y así, sin sostén alguno, los tirones de su
amigo le bajaban la prenda dejando ver su suspensor. Andrés quedó en cuatro
patas, y Mario sobre él. Ninguno se daba por vencido, ambos luchaban sin
desmayo.



Vi como el pubis de Mario empujaba en el culo de Andrés. Los
dos bufaban y se decían palabrotas, en medio de sonrisas y a veces miradas de
ira profunda.


Andrés, en un esfuerzo por zafarse, manoteó lo que pudo y
tomándolo por detrás tomó la tela del pantalón y esto hizo que se lo bajara
hasta los muslos, dejando al aire su hermoso culo, sólo oculto por las tiras del
suspensor blanco.


Mario respondió violentamente y le rasgó lo que quedaba de la
remera.



Ahí estaban, forcejeando ambos con el torso desnudo,
cubiertos con algo de sudor, resoplando y gritando de esfuerzo puro. ¡Qué
maravilla!.



Se tomaron de frente.


La cabeza de Mario quedó debajo de uno de sus brazos, con el
rostro a poca distancia de su bulto. Andrés intentaba alzarlo jalando de las
tiras del suspensor, las cuales se metieron entre sus nalgas. Tanto se movían
que los pantaloncitos de Mario fueron resbalando hacia sus rodillas, y luego a
sus tobillos. Con el suspensor fuertemente sujetado así, su bulto se marcaba
enorme y prominente.


Mario también lo alzó jalando del pantalón y los glúteos
hermosos de su amigo aparecieron firmes y tensos. Eran extraordinarios, muy
peludos.



Andrés por fin levantó a Mario y éste perdió equilibrio, pero
evitando caer de espaldas quedó con las manos en el piso agarrándose con las
piernas del cuello de Andrés.


Quedaron en una perfecta posición de 69, pero vertical.


Andrés podría haberlo tumbado fácilmente, pero algo me decía
que quería disfrutar de esa posición., pues su cara quedó a centímetros de la
pija de Mario, y viceversa.



Calculé que ambos podrían sentirse los olores que despedían
sus cuerpos de machos en acción, especialmente de sus entrepiernas transpiradas.
Mario hacía mucha fuerza con sus brazos, para no caer. Frotaba salvajemente su
pubis contra el pecho desnudo del oponente.



Y de pronto una mano tomó el pantalón de Andrés, forcejeando
desesperadamente, por lo que el elástico se venció y dejó al descubierto una
zona poblada de pelos hasta la ingle.


No satisfecho con esto, su otra mano hizo lo mismo con el
otro lateral y el pantalón bajó casi hasta sus muslos. Con él había bajado su
calzoncillo y pude ver el comienzo de un tronco bastante sólido, emergiendo de
una maraña de pelos oscuros.



Ambos perdieron el equilibrio y cayeron. Andrés sobre Mario,
que estaba de costado en el piso, había quedado semidesnudo, con sus nalgas al
aire, mostrando como con el esfuerzo, su raya se entreabría dejando al
descubierto su peludo agujero.



Yo me puse un poco más cerca y disimuladamente me tocaba mi
paquete, que había dejado una manchita húmeda sobre la bragueta. Estaba tan
transpirado como ellos, sólo que se debía a la elevada temperatura que estaba
experimentando con la visión de esos hombres en plena lucha.


Aún no habían salido sus miembros de sus desajustadas ropas.
Pero veía que los bultos, por las violentas fricciones, habían crecido en
tamaño.



Mario quedó frente a mi, de rodillas, aprisionado por detrás
por su contrincante.


Por un momento me miró y hubo algo en sus ojos que me
inquietó y me avergonzó. Sus piernas abiertas me ofrecían el espectáculo divino
de su entrepierna abultada. No pude dejar de dirigir mi mirada hacia allí mismo,
y creo que él se dio cuenta.


En eso estábamos cuando una mano emergió por debajo de sus
piernas y asida a la tela del pantalón de Mario, tironeó fuertemente. Pese a la
defensa que obtuvo, la tela bajó unos centímetros.


Vi todo el pubis de Mario ante mis ojos. Parecía como si
Andrés me estuviera dedicando esa visión. Noté que Mario me miraba como un
animalito ofrecido en sacrificio. Tenía unos maravillosos pendejos, que bajaban
desde su ombligo y se ensanchaban hacia abajo.


Otro tirón y otra bajada de tela. Esta vez apareció la mitad
de una verga que parecía por si sola querer liberarse de aquella prisión. El
último tirón hizo que la pija saliera disparada hacia fuera. No estaba aún
erecta, pero iba en camino. Tenía poca elasticidad y no era muy larga, pero
complementaba su falta de longitud por un grosor considerable.


Sus huevos colgabas por debajo y a cada movimiento todo ese
aparataje se movía ante mis ojos. Como si estuviera movido por el pudor de
quedar expuesto ante el público, Mario se zafó una vez más y giró rápidamente,
alzando a Andrés por debajo de las piernas. Éste quedó en el piso, casi a punto
de perder la contienda, si no fuera por su brazo que lo equilibró medio de
costado.



Mario estaba como furioso.


Sus prendas habían quedado en sus tobillos y estaba
totalmente desnudo, con su verga colgando pesadamente.


Fue entonces que jaló violentamente a Andrés sacudiéndolo por
completo. Lo tomó por el pantalón que había descendido hasta su ingle, y la tela
no soportó el tirón, rompiéndose desde las costuras.


Lo tenía aprisionado por las piernas y aprovechó entonces
para quitar los restos de ropa que poco lo cubrían. Esto lo hizo adrede, y no
obligado por el ataque del juego. El culo de Andrés subía y bajaba. Pronto se
incorporó y pude ver su verga.



¡Oh, cielos!, estaba en semi erección y se movía tanto que
chocaba una y otra vez con el cuerpo de Mario. Era un miembro de grandes
proporciones, muy armonioso. Era recto, pero tendía a inclinarse hacia arriba en
una curva prometedora.



Mario alzó a Andrés, y en el movimiento, este se volteó por
completo, haciendo que su pija golpeara contra la cara de Mario. Y sus piernas
abrazaron el cuello.


Ahora la boca de Mario rozaba el culo de Andrés. Estaban
desnudos. Mario se deshizo de sus prendas que colgaban de sus tobillos y se
afirmó en el piso.


Volvieron a caer.


Andrés podía sentir los bigotes de Mario en su agujero.


Él se encargaba de refregarse bien. Pudieron ponerse los dos
de pié.



Ahora pude ver sus vergas. La de Andrés estaba casi
completamente dura. Mario ostentaba una anchura aún mayor, pero si bien su pija
había adquirido volumen, no se alzaba en erección.


Varias veces se rozaron entre forcejeos. Las pijas se
chocaban entre sí. Y ahora, sí. Sólo eso bastó para que el miembro de Mario
comenzara a alzarse y ponerse duro como una roca.



Las caras estaban pegadas y podrían haberse besado. Las manos
estaban asiéndose mutuamente por las nalgas, lo que maravillaba mi vista al ver
semejantes agujeros abriéndose al máximo.


Fue entonces cuando Andrés puso un pie que hizo tambalear a
Mario. Este cayó de inmediato y esta vez bien de espalda. Su contrincante se
apresuró a montarse sobre él para que no escapara de ahí, sentándose sobre su
pecho.


Mario forcejeó como pudo, pero quedó aprisionado.


Una pija le apuntaba directamente a la boca, mientras que la
suya se dirigía hacia el culo de Andrés, que había apoyado sus manos sobre los
brazos extendidos de Mario. Andrés quedó inclinado sobre el rostro de Mario,
mezclando los agitados alientos y contemplándose sudorosos.



-"Touché"- dijo Andrés con una suave sonrisa.


Mario, bromeando lo miró cómplice y le dijo:


-Vamos, portate bien que tenemos público.


Andrés me miró.


-¿Viste como le gané?


-Está bien, está bien. Lo admito. Estamos empatados.


Y cayeron extenuados boca arriba en la alfombra.



Yo estaba un poco avergonzado. Poco a poco vi como los
miembros iban descendiendo a su estatura y tamaño normales. Eso me tranquilizó
un poco, pues no sabía que hacer o que decir.


Mario me miró y se dirigió a mí con un gesto.


-Franco, vení, que te vamos a enseñar algunas tomas
sencillas. ¿No querés probar?


-¿Yo?


-Sí, vos. Animate...! – me dijo Andrés, incorporándose. –
dale, vení....



Yo me levanté y fui tímidamente hasta donde ellos estaban.
Mientras lo hacía, vi como los dos habían recogido sus prendas interiores y se
las ponían nuevamente.


Ahí empezamos una serie de movimientos. Yo me fui sintiendo
muy bien, y experimentaba una nueva forma de actividad corporal. Me sentía
guiado magistralmente por ellos. Todo era muy respetuoso y a la vez divertido.
Con risas y bromas, los dos hacían que yo me fuera soltando poco a poco.



-Es como te decía entes, Franco- me dijo Mario- éste es un
deporte en el que te sientes enseguida muy libre. Se empieza desde una cosa muy
tranquila y todo va creciendo hasta sentir que los movimientos se hacen cada vez
más fuertes.



Yo había entrado en calor, entonces me quité la sudadera por
encima de mi cabeza.




-Vamos, Franco, descalzate y ponete más ligero de ropas –
me dijo Andrés.




Entonces me quité las zapatillas y los pantalones. Quedé en
boxers. Mario, sin decirme nada tomó mi remera y empezó a quitármela. Yo estaba
entre los dos, casi aprisionado por sus pechos. Sentía sus olores bien de machos
y sonreí tímidamente, intentando esconder mi timidez.





-Así. ¿Ves?. Lo importante es no sentir ningún tipo de
ataduras.




De pronto me senti de maravillas. Podría haber estado
completamente desnudo ante ellos, sentía como nunca que tenía permiso y sentía
una camaradería sólo experimentable entre varones.



Empecé a practicar con Andrés. Mario observaba y me daba
indicaciones.


Andrés me agarraba y me pasaba las manos con firmeza, pero
teniendo cuidado de no incomodarme, por todos lados. Mi boxer aún tenía la
mancha de mi líquido preseminal. Y el contacto con ese hombre tan apuesto me
había hecho excitarme nuevamente. Enseguida fui vencido por él.


Hicimos varias pruebas y a cada comienzo correspondían nuevas
indicaciones de mis viriles maestros.



Después de un rato fuimos entrando en calor y los movimientos
se hicieron más y más violentos. Yo también tocaba, forcejeaba y hacía tomas
increíbles, sorprendiéndome de mí mismo.


-Bien, bien, se nota que estás aprendiendo muy rápido.-Dijo
Andrés, mirando de reojo a Mario.



Mario vino hacia mí y comenzó a luchar conmigo.


Yo lo agarré por el suspensor y comencé a forcejear,
intentando derribarlo. Él hizo lo mismo y enseguida sentí que un testículo se me
escapaba afuera.


Mario me sujetaba de tal manera que el boxer se me fue
metiendo enteramente en la raya de mi culo.


Fue una sensación maravillosa. Yo me defendí y tironeando más
aún, conseguí separar la parte frontal de su prenda, viendo nuevamente sus
hermosos pelos negros.


Su pija estaba ahí, esperando ser liberada.


Tiré tanto que la pija se le escapó por el costado del
suspensor. Vi que estaba dura, y eso me excitó tremendamente.



Andrés nos miraba, haciendo comentarios y dando indicaciones
a viva voz. Lo miré de reojo cuando se acomodaba su bulto, que casi se
transparentaba bajo su slip.



Mario cayó sobre mi, pero no me tumbó. Él quedó maravillado
de mi fuerza. Su cara rozaba los pelos de mi pecho y yo sentía erectarse mis
pezones al contacto de su aliento. Me jalaba hacia arriba por mi boxer,
intentando alzarme para poder vencerme.



Por fin, mi boxer no resistió al tironeo y con un nuevo
movimiento hizo que se bajara hasta mis rodillas. Mi pija saltó hacia fuera.
Estaba totalmente dura.



Lo que sentí entonces fue increíble.


Una mano me tomó por la entrepierna y fue a dar directamente
sobre mis pelotas. Me levantó desde allí, sosteniéndome desde la base de mi ano.
Yo manché su pierna con líquido transparente. Me levantó y caí a merced de él.
Se puso a horcajadas sobre mi pecho e intentó inmovilizarme.


Su pija, saliendo por el costado de su suspensor, etaba
frente a mi cara. Yo estaba vencido. Me miró con una sonrisa triunfante y me
sujetó las manos. Yo hacía todo intento de zafarme, pero no podía.



De pronto perdí de vista a Andrés.


Pero en ese mismo momento sentí algo insólito.


Unas manos habían tomado los costados de mi boxer, que había
quedado a la altura de mis rodillas y lo estaban deslizando hacia abajo
quitándolo por completo.



Miré a Mario. Su pija estaba erecta y apuntando al techo. No
tocaba mi pecho por esa causa. Pero estaba dirigida a mi boca, a unos cinco
centímetros de su glande. Aún no podía ver a Andrés. Estaba detrás de Mario.


Por un momento nos quedamos quietos y no hubo indicios de
respiración en la habitación. Estaba así, contemplando los ojos de Mario, cuando
de pronto el cuarto quedó en penumbras.


Mario había ido a apagar la luz.


Sólo estábamos iluminados por la que entraba desde la
ventana, era la luz del cuarto cercano. Vi a Andrés venir hacia nosotros. Se
había quitado el slip y estaba con una erección maravillosa. Miré a Mario y él
dejó de hacer presión contra mi. Sus manos se fueron deslizando por mis brazos
hasta llegar a mi pecho.


Tomó mis pectorales entre sus manos y los acarició
suavemente. En ese momento sentí que mi pija era succionada de una manera
sublime. Andrés se había metido toda mi verga en su boca y lamía y chupaba
limpiando todo rastro de transpiración a su paso. Ahora la pija de Mario rozaba
mis labios. Con un suave movimiento la introduje en mi boca. Era muy gruesa y
tuve que abrir bien la boca para tragármela hasta el final. Andrés,
incorporándose, tomó por detrás a Mario y comenzó a besar su cuello. Él se
arqueó y alcanzó a juntar las dos bocas.


Yo los miraba mientras chupaba la verga de Mario. Entonces
éste cambió de posición, me tomó por debajo de los hombros y me ayudó a
incorporar.



Los tres quedamos de pie.


Nuestras bocas se atrajeron hacia el mismo punto convergente
y nos lamimos entre si, en una lucha libre de lenguas. Las manos, activas
siempre, iban tocando todo, las vergas duras, los agujeros abiertos.


Mario descendió hasta quedar de rodillas y juntando muestras
pijas las empezó a lamer por todos lados, los huevos, los rosados glandes, y
cuando ya había mojado todo con su saliva se metió las dos al mismo tiempo
saboreando el doble manjar.



Andrés me besaba escandalosamente tomando mi cara en sus
manos.


Mario nos dejó un momento solos y fue a buscar algo en su
bolso. Cuando volvió nos puso un preservativo a cada uno, cuidadosamente, y se
embadurnó el culo con un aceite para el cuerpo. Entonces nos turnamos con Andrés
para penetrarlo.


Se había tumbado de espaldas en la alfombra y gozaba
conteniendo sus gritos de placer. Andrés se tiró al piso y abrió sus nalgas.
Mario se levantó y poniéndose un condón le metió toda su ancha verga en el culo.



Seguí yo.


Estaba en ese grato trabajo cuando Mario vino por detrás y
lubricando mi agujero apoyó la punta de su enhiesta lanza. Me fue penetrando
lentamente, mientras yo hacía lo mismo con Andrés. Los tres seguíamos el mismo
ritmo y no tardamos en descargarnos en medio de oleadas de placer
inconmensurable.



Era tarde. De pronto no lo habíamos advertido.


Tomamos conciencia de ello cuando la habitación quedó en la
oscuridad más absoluta, ya que el cuarto aquel que se veía a través de la
ventana y nos daba su luz, había quedado desierto y sin ningún deportista.



En la complicidad de la oscuridad nos volvimos a besar y
acariciarnos lentamente, exhaustos y plenos.


En el club ya casi nadie quedaba. Sólo los cuidadores y el
personal de limpieza.


Pero yo poco conocía del lugar y estaba un poco preocupado de
que alguien nos encontrara ahí. Pronto sabría que no corría demasiado peligro
con el personal de limpieza.


Pero en otra ocasión relataré porque afirmo esto que acabo de
decir.



Franco


POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO


Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 0
Media de votos: 0


Si te gusta la web pulsa +1 y me gusta






Relato: Lucha libre en trío
Leida: 498veces
Tiempo de lectura: 16minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes



Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados












relatos eroticos












Webcams Porno Exclusivas


Principal | Libro de Visitas | Contáctanos | Envia tu relato | Mis Relatos Porno.com


porn ancianasrelatos eroticos de vacacionesimagenes porno de doraemonrelatos eroticos triosputas de lujo pornomanoseando en el metrorelatos eroticos con mi compadrerelatos gyrelato sodomizando una gordaporno masajistasrelatos marquezporno caperucitamujeres muy ancianas follandoorgia estudiantiltacones stilettochicos folladosmasturbando a mi perrocura y monja follandorelatos eroticos contadosculazos gordosrelatos de lavativasguarrillas lesvianasrelato xxxporno gay entre maduroscanarias folladascomic porno doraemonrelatos eroticos intercambio de parejasmi tia me violodesvirge a mi bebitafaldas cortas pornorelatos cojeme estoy insatisfecha dijo mi patronarelatos club swingermasturbaciones femeninas xxxrelatos eroticos infiel en el conciertoporno puritinasabuela nieto pornome folle a mi tia tetonaporno en sitios publicosmilitares gay follandoporno despedidas solterasporno abuelos gaychicas follando con sus mascotasporno con masajistarelatos privadosrelatos eroticos el amigo de mi hijorelatos sexuales de abuelas con ganas de tirar vergafolladas de viejossexo relatosmadura vecinaconversacion eroticaporno de enanapaja grupalaguila roja pornopolvos pornosexo gay con madurofotos porno navidaddespedida de soltera follandomasturbando al perrochicas follando en claserelatos eroticos parodiasporno jugueteincestos de madurasporno gay en castellanonieto follando con abuelahijos follando con sus padresviejo sienta en sus piernas ala nena d doce ano relato pornopeliculas eroticas arabeslos cuentos de la chica malaama de casa y el fontanerosexosintabues gay[email protected]misrelatoporno.com de papa la tiene grande y folla asu hija colejalarelatos sexo filialorgias swingermasajes porno.comterminamos follandoestreno analchica sexo con caballofollando nietaa todo gas pornorelatos de vacacionesxxx viejos verdes