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Relato: Sandra 69 (probé el semen)





Relato: Sandra 69 (probé el semen)

Hola, ¿qué tal? Antes
de nada me voy a presentar: me llamo Sandra, tengo 22 años, y soy
de Barcelona. Desde hace un par de meses leo relatos eróticos, y
la verdad es que me gustan mucho. Me encanta acariciarme mientras los leo.
Supongo que algunos de los relatos que he leído son ficticios a
pesar de que indicaban que eran reales. Yo, por fin, he decidido escribir
algún relato, pero eso sí, serán verídicos
(si escribo alguno que no lo es, lo indicaré). Aún así,
algunos detalles los exageraré o manipularé levemente para
un mayor disfrute y goce para todos. Yo, a pesar de mi edad, ya he vivido
unas cuántas experiencias sexuales, algunas de ellas bastante curiosas.
Por esta razón he tomado la decisión de escribir relatos
explicando mis propias vivencias. Espero que os gusten. Aprovecho la ocasión
para deciros que me encantaría que me mandarais e-mails explicándome
lo que sea: comentarios, sugerencias, preguntas, vuestras propias experiencias,
etc. Mi dirección de correo es: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO. Prometo
responder uno por uno todos los mensajes que reciba. Además, también
me gustaría poder chatear con quien lo desee, y poder hablar de
forma más directa y distendida sobre cualquier tema.



Bueno, antes de empezar con el relato,
voy a describirme físicamente, ya que supongo que es necesario dar
una imagen de cómo es una para que os hagáis una idea. Pues
bien, mido 1,70, peso 60 k. Tengo el pelo de un color rubio oscuro; lo
llevo bastante largo, y es totalmente liso. Mis ojos son de color verde,
pero bastante oscuros; de hecho, no se aprecia bien que son de color verde
a simple vista, hay que fijarse más detenidamente. Mi nariz es pequeña,
y mis labios bastante finos. Mis amigos me dicen que tengo una sonrisa
muy bonita, y que mi boca es más bien grande; bueno, si ellos lo
dicen :). Sobre mi cuerpo no me puedo quejar; sinceramente, estoy bien,
y mis amigos no paran de recordármelo. Estoy tirando a delgadita,
con unas piernas bastante largas. Mis pechos están bien rellenitos
y los tengo bien firmes; y mi cintura está de buen ver :), lo que
me deja un culo nada exagerado. Mis medidas, aunque no las sé con
exactitud, son de 95-63-92.



Bien, voy a empezar ya con mi relato.
Os voy a contar lo que fue una de mis primeras experiencias sexuales con
mi primer novio. Fue la primera vez que le dejé que se corriera
en mi boca, y por lo tanto, la primera ocasión que probé
el semen. Debo decir una cosa: ya sé que no está muy bien
visto que a una chica le guste que se le corran en la cara y que se trague
el semen, pero quiero dejar claro que esto tendría que ser una cuestión
más o menos normal; y por tanto, espero que no tengan una opinión
equivocada de mí (no soy una guarra o una chica fácil, simplemente
es una cosa más dentro del sexo). Yo ya lo he probado varias veces,
y en verdad, no me desagrada en absoluto, es más, me gusta que me
lo hagan, porqué sé que a los chicos les encanta hacerlo
(en general) y a mí me gusta que ellos disfruten plenamente, de
la misma forma que yo deseo que me hagan gozar completamente también.
Fue hace cuatro años, es decir, yo tenía 18, los mismos que
mi novio. Ya habíamos mantenido relaciones sexuales varias veces,
pero durante un año y medio prácticamente, nunca le dejé
que eyaculara sobre mi cara o en mi boca. Lo máximo que le dejaba
era que lo hiciera sobre mis pechos, que tenía bastante desarrollados.
Normalmente, se corría en mi mano, mientras yo le acababa de masturbar.
Sí que hacíamos sexo oral, ya que a los dos nos encantaba;
pero cuando iba a correrse, me avisaba y le pajeaba hasta que terminaba.
Pero un buen día, nuestra relación sexual llegó un
paso más adelante. Los dos íbamos en la misma clase, y siempre
que teníamos que hacer un trabajo en grupos, pues íbamos
juntos, evidentemente. Así que una noche estábamos en su
cuarto haciendo el trabajo en cuestión. Él estaba sentado
delante del ordenador, y yo estirada cómodamente boca abajo leyendo
un libro, y dictándole lo que tenía que escribir. En cierto
momento, dejó de escribir y se acercó a la cama. Se estiró
a mi lado, poniendo una mano sobre mi muslo. Yo le miré medio riendo,
y ya me imaginaba lo que quería hacer. No me refiero a hacer el
amor en toda su expresión, sino a hacernos toqueteos, caricias,
besitos... lo cual nos encantaba. Yo dejé el libro en el suelo,
y nos miramos. Entonces, mientras él me tocaba la nalga izquierda,
nos besamos. Nos juntamos más, hasta tocar nuestros cuerpos. Luego,
como solíamos hacer, nos desvestíamos, el uno al otro. Empezó
él: me sacó el jersey que llevaba, y quedaron al descubiertos
mis pechos, ya que no llevaba sujetador. Me acarició los pezones,
lo que me puso muy excitada, pero paró pronto para acabar de desvestirme
completamente. Me quitó los pantalones ajustados que llevaba; el
calzado, los calcetines; y me dejó en bragas. Eran de color gris,
lisas y de un tejido bastante grueso. Antes de sacármelas, le desnudé
yo a él: hice lo mismo hasta dejarle sólo en calzoncillos.
Podía apreciar que él estaba muy excitado, ya que la sola
visión de su paquete se hacía evidente. Entonces él
me sacó lentamente las bragas, y mientras lo hacía, yo le
bajé los calzoncillos. Realmente, estábamos los dos muy cachondos.
Vi su pene totalmente tieso. Tenía una polla bien bonita: le medía
17 cm. y era gorda. Empezamos a tocarnos nuestros sexos; él me acarició
con mucha suavidad mi entrepierna, y jugueteaba con mis labios vaginales.
Yo puse mi mano sobre la punta de su polla, y tiré la piel hacia
atrás, dejando al descubierto un reluciente y precioso glande. Pasé
mis dedos a lo largo de toda su verga, y de vez en cuando, acariciaba sus
tiernos huevos. Él me metió un dedo dentro de mi coño,
y empezó a masturbarme de una forma muy delicada. Estaba muy caliente,
y ya me sentía mojada. Entonces decidí pasar a la acción:
me acerqué a él, besé repetidamente su cuello, lamí
sus pequeños pezones, acaricié su sensual ombligo, hasta
que llegué a su erecto miembro. Él se puso cómodo
pensando en lo que le iba a hacer: se estiró totalmente boca arriba
extendiendo los brazos hacia los lados, y abriendo sus delgadas piernas,
dejando su durísima polla apuntando hacia el techo. Ocupaba prácticamente
toda la cama; yo me puse encima de él; nuestros pies se tocaban,
yo estaba puesta de cuatro patas, y mi cabeza quedaba justo encima de su
polla. Acerqué mis labios a su glande. De momento, no usaba mis
manos, lo quería hacer sólo con la boca. Empecé a
darle tiernos besitos en la punta de su polla. Él se estremecía
a cada contacto. Saqué la lengua, y comencé a lamerle su
gran capullo. Le iba dando lametazos; y su polla se balanceaba ligeramente,
pero pronto se ponía de nuevo recta como una estaca debido a su
gran excitación. Fui pasando mi lengua a lo largo de todo su miembro,
hasta llegar a los huevos, que también los mojé bien con
mi saliva. Entonces, empecé a comerme su polla pero por los costados;
le pegaba unos bocados agarrándole su polla con mis labios. Cómo
me gustaba sentir esa dureza y esa calentura entre mis labios. Él
disfrutaba como nunca; cerraba los ojos y gemía débilmente,
aunque de vez en cuando me miraba para ver cómo jugaba con su aparato.
Al cabo de unos cinco minutos, paré un momento, me incorporé
un poco, y me dispuse a hacerle una buena mamada. Puse mi boca encima de
la punta de su polla, abrí tanto como pude mi boca, y fui bajando.
Noté cómo iba entrando su hinchado glande, y seguí
bajando hasta comerme un poco más de la mitad de su polla. Mientras
la tenía adentro, jugaba con su polla con mi lengua. Fui subiendo
poco a poco, adecuando mis labios al grosor de su polla, ya que me encantaba
notar el desnivel de su glande. Durante otros cinco minuto más,
me la fui comiendo sin prisa, y nunca hasta llegar al final. De repente,
él levantó sus brazos, y coloca sus manos encima de mi cabeza,
acariciando dulcemente mi pelo. Tenía media polla dentro de mi boca,
y él me presionó un poco con sus manos para que me la metiera
más adentro. Así lo hice; fui bajando, y su polla iba desapareciendo
en mi boca. Él arqueó el cuerpo, y levantó ligeramente
su espalda y su culito, intentando ponérmela toda adentro.



Aproveché ese momento para
poner mis manos en sus nalgas, e hice un poco de presión, hasta
que mis labios hicieron contacto con su vello púbico y con la parte
superior de sus huevos. La tenía toda adentro; su glande estaba
explorando mis partes más recónditas de mi boca. Hice aún
más presión sobre él; mis labios apretaban su bajo
vientre; y durante cinco segundos me quedé así, con su polla
totalmente enterrada y devorada por mi golosa boca. Yo estaba muy caliente;
a pesar de que no me masturbaba, notaba que tenía el coño
bien mojado. Luego, levanté la cabeza rápidamente, contemplando,
una vez más, su espléndida polla en su máxima expresión.
Me preguntaba cómo podía caberme todo eso en mi boca. Continué
chupándosela, bajando y subiendo a un ritmo dinámico. Cada
vez que bajaba llegaba hasta el final; y cuando subía, me sacaba
el glande de una forma muy sensual. Entonces, cuando ya hacía casi
veinte minutos que había empezado a besarle, lamerle, chuparle y
comerle la polla; me dijo que ya no podía más; que se iba
a correr enseguida. Yo, como era la costumbre, me la saqué rápidamente
de la boca, y dejé de chupársela. Me disponía a pajearle,
y que él acabara en mi mano; como solíamos hacer. Pero se
me pasó por la cabeza que esta vez podríamos hacer algo nuevo;
es decir, pensé en dejarle que se corriera en mi boca y en mi cara.
Aunque a mi no me agradaba demasiado el olor, y el tacto viscoso y gelatinoso
del semen, me dije a mí misma que algún día u otro
tenía que probarlo, y creí que ése era el momento
adecuado. Así que, sin decirle nada, acerqué de nuevo mis
labios a su glande, y me la metí de golpe adentro. Empecé
a bajar y subir deprisa, como si le estuviera masturbando con la mano.
Entonces, recuerdo que él me dijo:



-¿Qué haces, Sandra?
¡Que me voy a correr ya!



Él era muy bueno conmigo.
Me lo repetía por si no me había enterado la primera vez.
Aunque él soñaba con hacerlo alguna vez, me respetaba mucho,
y anteponía mis peticiones a sus deseos. Eso aún me hizo
estar más convencida de hacer lo que ya había iniciado en
ese momento. A pesar de su segunda advertencia, yo seguí mamándosela.
La tenía completamente dura y muy hinchada. Estaba claro que estallaría
de un momento a otro. Viendo que yo no paraba, él se dio cuenta
claramente de cuál era mi intención. Antes de eyacular, sólo
tuvo tiempo de decir:



-Ohhhh, madre mía, Sandra........



Yo tenía más de la
mitad de su polla en mi boca cuando noté su primer chorro de caliente
y espeso semen. Me llegó directamente a la garganta. Intenté
no tragármelo, pero se coló un poco de su leche y bajó
por mi cuello. Al ser la primera vez que hacía semejante cosa, y
al no estar acostumbrada al sabor y tacto del esperma, saqué su
polla de mi boca. Justo cuando salía su glande, soltó un
segundo chorro, mucho más abundante y con más presión,
que se coló por entre mis labios. Con ese lechazo hizo que en mi
boca hubiera un hilera de semen desde mi campanilla, hasta la punta de
mi lengua. No supe que hacer con el semen en mi boca, así que lo
dejé caer encima de la polla de mi novio. Yo continuaba con la cara
encima de su miembro, aún sobresaltada por todas las nuevas sensaciones
que estaba viviendo. Estando en esa posición, vi claramente cómo
se abría el agujerito de la punta de su polla, y cómo salía
de ahí un tercer chorro de semen, que esta vez fue a parar parcialmente
a mi mejilla izquierda. Soltó un cuarto chorro que me dejó
toda mi pequeña nariz repleta de su leche calentita. Luego ya no
hubo más lechazos, pero aún le seguía brotando semen
de la punta, ya sin fuerza. Le cayó una buena cantidad de semen
sobre su propia polla. Le masturbé con la mano para que acabara
de salir toda la leche que llevaba dentro. La verdad es que cuando terminó,
me sorprendí bastante de todo lo que había sacado. Sin duda,
había sido su corrida más abundante de las que yo había
presenciado. Entonces yo no supe muy bien qué hacer. Estaba con
semen en la nariz, en la mejilla izquierda, y tenía algunos restos
en la boca; y mi mano estaba pegada a su polla, llena de semen. No sabía
si debía chupársela otra vez un poco más, o limpiarnos
y hacer otra cosa. Ciertamente, la visión de aquella polla, aún
tiesa, repleta de semen viscoso y pegajoso, me quitó la idea de
volver a ponérmela en la boca. Lo único que hice fue besar
de nuevo su hermoso glande. Me quedaron los labios con restos de leche.
Inconscientemente, me los limpié con la lengua y tragué saliva;
entonces aprecié mucho mejor el sabor del semen, junto con lo que
me quedaba de esperma por entre los dientes y en la lengua, ya que en el
primer chorro que me lanzó fue directamente hacia adentro, y casi
no noté su sabor. Ahora que lo sentía bien, no me desagradó
del todo. Supuse que haciéndolo más veces me acostumbraría
al tacto, al olor y al sabor del semen; y así ha sido, ya que actualmente,
ya no tengo ningún reparo en que me lo hagan. Ni que decir que mi
novio quedó muy satisfecho; y me lo recompensó muy bien,
sinceramente; me estuvo comiendo el coño algo más de media
hora. Pero bueno, lo que pretendía con este relato era contaros
la primera vez que un chico se corría en mi boca y en mi cara, y
la primera ocasión que probaba el semen, y así lo he hecho.
Espero que os haya gustado. Lo que sí os agradecería de todo
corazón es que me escribierais e- mails diciéndome lo que
os apetezca. Recordad que mi dirección de correo es: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO.
Me haría mucha ilusión compartir experiencias, comentarlas,
etc. Os responderé individualmente. Gracias por todo. Hasta pronto.
Un besito a todo el mundo.


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Relato: Sandra 69 (probé el semen)
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