relatos porno
webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
- 19 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
- 22 anos


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
- Edad 19


Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Lupita





Relato: Lupita

LUPITA



Quien afirme que la naturaleza es sabia, no sabe lo que dice.
Salvo casos muy excepcionales, en la adolescencia, cuando uno tiene el pito
parado todo el tiempo, no tiene donde meterlo, ni puede hacer con él más cosa
que sacudírselo enérgica o suavemente, según el gusto y el momento, pensando en
cuanta chica conoce. Naturalmente, ese fue mi caso, al menos desde los 12 y
hasta los 16 años, cuando una serie de circunstancias afortunadas, que aquí
relataré, me permitieron cambiar de suerte, y todo, gracias al impenitente vicio
de la lectura: quien crea que leer no trae nada bueno, que siga estas líneas.


Una de las coprotagonistas más recurrentes de mis pajas y
fantasías era Lupita, una amiga de mi madre, que cuando la conocí, dos años
antes de los hechos aquí narrados, tendría unos 35 años y estaba divorciándose
de un profesor de la Universidad de la ciudad de provincia en que entonces
vivíamos. Tenía tres hijos, el mayor de los cuales, Alejandro, tendría seis o
siete años; y luego, en hilerita, separados por cosa de un año, Luisa y Juan
Carlos. Era profesora de física en una secundaria y no la estaba pasando muy
bien. Como yo era Scout, y mi mamá su gran amiga, más de una vez me quedé en su
casa a cuidar a sus hijos, y soñaba y soñaba que algún día me pagaba, y no
precisamente con dinero, pero durante dos años no pasó nada, aunque más de una
vez me quedé a cenar con ella, cuando llegaba a su casa... con ella y los críos,
dicho sea de paso.


Soñaba con ella porque los rumores (ya se sabe, pueblo chico,
infierno grande), le achacaban este y aquel amante, pero sobre todo, porque era
verdaderamente guapa, o al menos, tal me parecía. Algunos viernes o sábados,
aunque no muy frecuentemente, yo le cuidaba a los críos hasta tarde, y me
quedaba a dormir en el sofá de la sala. Eran esos días, por supuesto, los que
más soñaba. No era muy alta, pero sí delgada y con todo puesto, y muy bien, en
su sitio, pero lo que más me gustaba de ella era su cara. De hecho, siempre me
he fijado más en las caras, o primero en las caras, las expresiones, los ojos de
las chicas. Si hay algo que me atraiga es eso. Y no voy a describirla porque
cada lector podrá imaginarla a su gusto.


En fin, esa relación de niñero-amiga de la madre, que no
llevaría a ningún lado, cambió en la primavera del 88, cuando el ingeniero
Cárdenas visitó nuestra ciudad. Unos días antes, algunos antiguos militantes del
Partido Comunista se dieron a la engorrosa tarea de visitar personalmente a
cuantos, en la ciudad y sus alrededores, hubiesen alguna vez participado en
cualquier grupo o acto de izquierdas, y mi madre era de esas, pero no se
involucró ella, sino yo, y ahí estuve, pegando carteles de Cárdenas y
volanteando y tal, en compañía de Lupita y dos o tres más.


Fue entonces que cayó en mis manos el libro que me permitió
pasar de la fantasía a la realidad. Ahora, en la capital, soy lector consumado
de novelas eróticas, pero en el pueblo, ni soñar con conseguirlas, no sólo
porque de entrada es difícil conseguir cualquier libro, sino por el pacato y
puritano ambiente que allá priva, que comparte fielmente el dueño de la única
librería digna de tal nombre; pero en una descolgada a la capirucha me encontré
En brazos de la mujer madura, de S. Viczencey (creo que así se escribe, y si no,
ni modo, esos húngaros de nombre impronunciable). Más tardé en leerlo que en
decidir que seguiría el ejemplo del protagonista, seguro como estaba de que
Lupita jamás lo habría leído (de lo contrario, mi actuación sería más bien
ridícula). Esperaría el primer momento y lo haría.


Tuve, con todo, que aguardar casi dos semanas. Por fin, un
sábado ella me pidió que le cuidara a sus críos. Como otras veces, llegó tarde,
pero esta vez, yo la esperaba despierto. Para mi era obvio que había estado con
un hombre, incluso sospechaba con quien (luego lo confirmé), pero no me importó,
lo cual fue bueno porque, como supe después, favoreció mis avances. Bueno, al
llegar y verme despierto se extrañó y me saludó. Yo estaba agarrotado de miedo
pero perfectamente decidido y finalmente se lo dije: "Lupita, tengo que decirte
algo". Volteó a verme, y le solté: "He decidido que si esta noche no te pido que
hagas el amor conmigo, me suicido". La mirada se le ensombreció y dijo: "¿o sea
que quieres hacerme culpable de tu muerte?" "No –le dije-. Me suicido si no te
lo digo. Como lo he dicho, ya no es necesario".


Lupita, no lo he dicho, llevaba una minfalda naranja. En eso,
como en tantas cosas, iba a contracorriente, porque nadie en los ochenta las
usaba, y blusa y medias negras. Me miró largo y, sin agua va, se acercó a mi.
"¿Has besado a alguna chica?" Preguntó. Yo contesté que no, nunca. Lo primero,
entonces, fue el beso, el largo beso que ella, que sobre los tacones era casi de
mi estatura, empezó a darme. Empezó mordisqueándome los labios y luego introdujo
su lengua en mi boca, mientras sus manos recorrían mi espalda. Yo, que a falta
de práctica tenía una profunda teoría (como D´Artagnan antes de su primer
duelo), solo atiné a tomarla de la cintura, pero eso bastó para que la verga se
pusiera a mil. No lo creía: ¡estaba pasando!


Ella, como me contó días después, había estado bailando con
Alberto, un profesor de la misma universidad en que trabajaban el exmarido de
Lupita y mi madre, un hombre de cerca de 40 años, alto y, sin duda, mucho más
guapo que yo. Lupita y Alberto habían estado saliendo, pero no parecía pasar
nada. Ella se había tomado unas copas, no muchas, y Alberto la excitaba, pero no
se había atrevido a nada, y llegó a su casa con sentimientos encontrados. Luego
me dijo que, de todos modos, lo habría hecho conmigo, pero que el envión que
traía le ayudó a no pensarlo.


En fin, me fue llevando a su recamara, que cerró con seguro.
Iba a apagar la luz, pero ya entrados en gastos le pedí que no lo hiciera.
"¿quieres verme?", preguntó. Asentí con la cabeza, y ella dijo: "desnúdate tu
primero y acuéstate"... empezaban las órdenes, que serían muchas esa noche.


Acostado, la miraba. Se sacó los zapatos y las medias, la
blusa. Tenía un brassiere pequeñito, que dejaba al descubierto más de lo que
cubría, y se lo quitó, quedando sólo en minifalda. No lo hizo con bailes ni
contoneos, sino con una naturalidad aún menos soportable. Entonces dio una
segunda orden: "mastúrbate", y como yo dudara, me miró fijo y agregó: "hazlo, o
te vendrás sin sentirlo, ya, mírame". Me empecé a masturbar mientras ella metía
la mano bajo su falda y empezaba a moverla. Yo no podía concentrarme en lo que
hacía, así que se acercó y dijo: "espera, voy a ayudarte".


Más tardó en tocarme que yo en venirme. Me tiró una toalla y
ordenó: "límpiate". Lo hice, mientras ella seguía parada, al pie de la cama, con
las tetas al aire y tocándose por debajo de la falda. Me ordenó entonces cerrar
los ojos y dijo: "piensa en otra cosa, hasta que se baje entera". No se si lo
logré, ni se cuanto tiempo estuve tirado de espaldas, con los brazos en cruz, y
tratando infructuosamente de contar ovejitas, lo cierto es que de pronto sentí
que con la mano tomaba suavemente mi pene, que de media erección pasó
inmediatamente a estar a toda asta. Ordenó otra vez: "no te muevas", mientras
sentía cómo agarraba más firmemente el miembro, y, de pronto, por fin, empezó a
entrar en su vagina... y entró de golpe, deslizándose suavemente. Muchas... no,
muchas no, pero sí he tenido otras mujeres, suficientes, y pocas veces, muy
pocas, ha estado tan lubricado y bien dispuesto un coñito como esa, primera e
inolvidable ocasión.


Abrí los ojos. Ahí estaba, sentada, a horcajadas sobre mi, yo
dentro de ella. La tome de la cintura acompañando su suave meneo, viendo como se
balanceaban sus pequeños pechos al ritmo de su vaivén, su suave vaivén pene
arriba y pene abajo. Le acaricié suavemente las nalgas, apenas tocándolas. No
tardé mucho en venirme, con un largo suspiro. Ella entonces dejó de moverse y
llevó su mano a su clítoris, frotándolo rápidamente, hasta que alcanzó su propio
orgasmo. Se acostó entonces a mi lado, y recargando su cabeza en mi hombro, dijo
"estoy muy cansada", y se dispuso a dormir. Yo pasé la noche en vela, saboreando
lo que había pasado, acariciando apenas sus pechos, su cintura, viéndola dormir
y, también, sufriendo el dolor creciente en el hombro.


A la mañana siguiente, la despertó el ruido que hicieron sus
hijos, desde temprano. Me pidió en susurros que me escondiera y estuve en el
closet hasta que salieron "a desayunar fuera", les dijo ella, momento que
aproveché para salir. Esa tarde regresé a su casa, y en cuanto los niños no
veían, me dio un largo y delicioso beso, y me dijo: "lo de anoche estuvo muy
bien, pero ahora que ya no eres virgen, échate una noviecita: cuando la tengas,
podremos repetirlo, no antes, y no hablemos más".




POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO


Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 0
Media de votos: 0





Relato: Lupita
Leida: 1233veces
Tiempo de lectura: 6minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes



Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados



Datos Legales de acuerdo con las leyes españolas LSSI e internacionales 18 U.S.C. 2257

Portal de contenido adulto administrado por :

Principal | Libro de Visitas | Contáctanos | Envia tu relato | Mis Relatos Porno.com



pareja joven pornosexo gratis monjaslesvianas guarrillasporno sin penetracionconvenso a mi tia relatos pornoporno rastasnosotras relatos eroticosporno chicas pequeñasinceto pornosexo gratis puritanasprimera relacion homosexualla vecina follandochupadas de peneporn salvajeancianas ardientesmaduras infieles relatosporno gay con historiaporno anal con mierdapinocho pornchicas con perros xxxmadura follando con travestiporno de chochosmobil todorelatosstriper pornofollando con mascotascornudos amatermi perro cogedor relatosver porno transexualeshermano xxxespiando la vecinaabuela cogiendotodorelatos.com categoriasmi abuela se masturbahistorias nudistasla mas puta del barrioreñatos pornomujeres perdiendo la virginidadabuelitas sexoanal primerizapirno gratisrelato erotico mi primera vezpprno maduraspeliculas en la cama masajiandose xxxxxx gratis zoofiliaporno crepusculoporno gay en los bañosblancanieves y los siete enanitos version pornodespedida de solteras pornme coji a mi sobrina relatosmasajes tailandeses pornorelatos eroticos con fotos realesvocabulario pornorelatos eroticos intercambiosfollar a la viejasexo gay en baños publicosembarace a mi madremi mama me follodaniel el travieso xxxporno en despedidasporno enfermerasporno violada por variosprovocando al electricistafotos eroticas lesbicasblancanieve pornoencuentros bisexualesrelatos xxx gratisrelatos feminizacion forzadamadres mui putasfollando compañera de pisotodorelatos gaysorgias en bodasnenas violadasdespedidas de soltera pornfollar mulatarelatos sexo playarelatos liberales